Tengo 40 años y soy casado desde hace 15 años. Mi suegra de 60 siempre tuvo atenciones para conmigo, no se si por complejo de edipo o porque su relación con mi suegro es una desgracia y no le da atención. Mi suegra es super simpática y abierta, a mi siempre me gusto. Es de estatura más bien baja, con su leve sobrepeso, que se encarna principalmente en sus tetas y su culo. Al saludarla siempre fue expresiva y en ocasiones de felicitaciones o saludos suele dar unos abrazos con todas sus tetas que...
particularmente me encantan. Hace algunos años comencé a aprovechar esos momentos para sobarle y acariciarle el resto del cuerpo, sin tocarle lo principal obviamente. Otras veces cuando cargaba a mi hijo, hacía que este le de un beso y mis manos quedaban a la altura de sus pechos, ahí si le acariciaba disimuladamente mientras mi hijo se destapaba en abrazos.
Todo transcurría así, entre un leve coqueteo, pasando por comentarios levemente sexuales, y una que otra mandada de mano escondida. Pero todo cambió desde el día en que estaba de visita en nuestra casa y después de comer llevé algunos platos a la cocina y le encontré lavándolos, yo le dije que en su casa ella lavaba, que en la mía me tocaba a mi y le quise arranchar los platos, ella los cubrió con su cuerpo dejando mi mano colocada en su teta, como no le podía arranchar los platos me quedé rodeándola con mis brazos, punteándole con mi pene y con mi mano en su seno. Ella me dijo muy sutilmente que no me los iba a entregar a pesar de que le tenía agarrada de ahí! Yo me sorprendí, pero le respondí rápidamente que como lo estaba disfrutando, podíamos esperar así todo el día. Después de un momento y con una sonrisa de complicidad los soltó. Desde ese momento comenzamos una cosa más de frente. Los roces accidentales eran mas frecuentes, yo le saludaba con besos directos lo más cerca de la boca y abrazándola y sobándole la cintura. Y cuando estabamos solos nos sonreíamos cómplicemente.
Algunas veces en que entré a su habitación y como premio a la curiosidad encontré en su cesto de ropa sucia calzones usados por ella, yo los olía y me regocijaba con sus perfumes de mujer. Algunas veces lo conseguí casi recién quitados, estos ligeramente humedecidos tenían un olor especial.
Hasta que un día se nos dio. Mi mujer había salido y estábamos los dos con mi hijo jugando en la alfombra de la sala. Al enano se le dio por jugar a las luchas y en una de esas nos vimos involucrados los tres y quedamos mi suegra encima mío y casi besándonos, el movimiento era más bien lento, nos miramos y no dijimos nada por el enano, pero seguimos abrazados y contorneándonos suavemente por un rato. Nos pusimos a mil, con el sudor de la lucha y el fuego que se enciende al estar abrazado de una mujer, comenzamos a acariciarnos discretamente. Mis manos recorrieron sus nalgas, espalda, muslos… ella por su parte me acariciaba la espalda, bajaba hacia las nalgas y cerraba sus ojos como entregada al momento. Mi hijo como que se dio cuenta y para el la lucha era con más acción nos hizo parar y jugar separados. Como ya era tarde dormimos al enano, ella le puso la pijama, yo subía la cocina por el biberón hasta que zas, se durmió, cuando ya estábamos seguros de que no se despertaría, comenzamos a mirarnos, algunas sonrisas, y casi sin pensarlo fuimos caminando hacia la sala y comenzamos a besarnos apasionadamente, nuestras manos se dispararon con caricias por todas partes, nuestras lenguas recorrían nuestros cuellos, le besaba los labios, cuellos hasta llegar a sus pechos. Fue cuando la ropa era ya un estorbo, nos fuimos desnudando rápidamente hasta encontrarnos en un 69 intenso y fogoso. Mi lengua recorría su ligeramente peluda vagina, redondeaba sus labios y saboreaba los jugos que le fluian a borbotones. Lamí todo cuanto podía, me acerqué a su ano y metía ligeramente mis dedos en él y los remojaba en su vagina, lo que hacía ese movimiento cada vez más fácil. Ella por su parte me estaba dando una mamada deliciosa que recorría mi pene, los testículos y todos sus alededores. Lo estabamos disfrutando a millón!
Poco a poco fuimos girando hasta que su mano dirigió mi pene y en un movimiento delicioso llegué hasta el fondo, ella gimió casi hasta gritar, pero no podía hacerlo para no despertar a mi hijo que dormía plácidamente mientras su papá se comía a su adorada nona. El acto se consumaba con el más fuerte vaivén, mi pene entraba y salía con toda facilidad y mis manos agaraban todo cuanto alcanzaban. Ella me decía hazme lo que quieras, después giraba y me ofrecía su enorme culo, yo no me hacía de rogar y lo embestía con fuerza, pero siempre abrazándola y rozando todo mi cuerpo en ella. No hubo posición que no hiciéramos, nos hicimos “pedazos” por casi una hora y media hasta que todo confluyó en un orgasmo conjunto, los dos totalmente abrazados, con ella casi llorando de placer, los dos sin aliento, sentimos el calor del semen llenándola; quedamos exhaustos, felices y casi dormidos. Nuestra mútua atracción tubo un término increíble.
Poco a poco la culpa comenzó a rondar, pero el inmenso placer que sentimos lo superó ampliamente. Estuvimos abrazados semi dormidos una media hora. Después nos levantamos, arreglamos todo lo que nos dimos el gusto de desordenar y cada uno se dirigió a la habitación de huéspedes y yo a la mía. Desde ese día cada que podemos nos damos el gusto. Amo hacerlo con mi suegra!
Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí





© RelatosEroticos.com 2010 Relatos Eroticos no tiene vinculación alguna con los links exteriores , y se exime de toda responsabilidad respecto a sus contenidos. Web para uso exclusivo de adultos. Todos los relatos de RelatosEroticos.com son enviados por los navegantes y usuarios de la web.