UN ENCUENTRO DE FIN DE AÑO
Con motivo de las fiestas de Fin de Año, participé de una concurrida reunión familiar. No faltaba nadie, primos, primas, tíos, tías, cuñados y cuñadas, sobrinos y sobrinas, además de la parentela más cercana.
Entre los participantes de la reunión, se encontraba una sobrina política, a quien conozco desde su más tierna infancia, a pesar de lo cual, solo soy quince años mayor que ella.
Anahí, tal su dulce nombre,...
hacía pocas semanas se encontraba separada de su pareja, lo que provocó, tras unos días de tristeza, un relajamiento en su comportamiento, una liberación de sus deseos, manifiesta en su forma de vestir, de mirar, de hablar.
Confieso que nunca había reparado en demasía, que no la había observado como una hembra, más allá de que en alguna oportunidad, pude apreciar su hermoso cuerpo mientras tomaba el sol en mi casa o en la de sus padres, junto a la piscina.
Sin embargo, la situación personal de Anahí antes descripta, la libación de distintos alcoholes en oportunidad de los brindis, el calor reinante y una cierta revolución hormonal, hicieron que posara mi mirada en su figura con otras expectativas.
Observé que Anahí tenía una piernas de infarto que culminaban, hacia arriba, en un culito belicoso, redondo, parado, voluptuoso. Esa visión me obsesionó y provocó en mi un estado de excitación permanente que hizo que recordara mi experiencia juvenil con su madre, Margherita, de la que he ya les he hablado en otro relato.
El estado de excitación mental se tradujo en una reacción lógica en mi cuerpo y, especialmente, en mis genitales. La verga engrosó su tamaño y su capullo se humedeció, permaneciendo de ese modo casi toda la noche del año viejo. Mi esposa, también con alguna copa de más, creyó que ella era la causante de mi empalamiento y cada vez que podía me hacía un masaje sobre la bragueta, prometiéndome una despedida memorable del año que terminaba.
Mi cuñada, Margherita, memorando viejos tiempos, miraba con codicia el bulto de mi entrepierna y pasaba la lengua por la comisura de sus labios.
La que, en principio, no parecía prestar atención al tamaño de la hombría de su tío político, era Anahí.
Como consecuencia de la permanente ingesta de líquidos, la visita a los sanitarios se hacía frecuente por parte de los concurrentes a la reunión.
La fiesta transcurría en mi casa, una construcción cómoda, de dos plantas, con tres baños.
En una ocasión, advertí que Anahí se retiraba para pasar al servicio de la planta baja, que estaba dispuesto de tal modo que a él se podía acceder desde un lugar común y también desde mi habitación. Aprovechando tal circunstancia, mientras la bella fue al baño, yo me dirigí a la habitación y por el agujero de la cerradura pude observar como se ponía frente a la tasa, bajaba su pantalón, luego sus bragas, se agachaba y un potente chorro de orina escurría de su depilado chocho.
No aguanté, eche mano a la cremallera del pantalón, saqué la verga y comencé a hacerme una puñeta que aliviara mi calentura.
Cuando Anahí se limpié los labios quitándose los restos de orín, me corrí de la puerta, me recosté en la cama y continué con la paja que estaba haciéndome.
Grande fue mi sorpresa cuando mi sobrinita, en lugar de salir del baño por la otra puerta, abrió la de mi habitación, encendió la luz y me encontró con los pantalones por las rodillas y el aparato en la mano.
“Epa, tiito, que tenés ahí…… que porongota…..” dijo descaradamente
“Te gusta nena, querés ayudarme con la paja???” le respondí
“Si, la verdad es que una pija así no se ve todos los días…” me dijo y sin más se arrodilló entre mis piernas y comenzó a lamer la pistola con maestría. Pasaba la lengua por la cabeza, sujetándome la poronga con una mano en la base y acariciendo los huevos con la otra mano. Bajaba con su lengua por el tronco hasta llegar a las bolas y volvía a subir hasta la cabeza, esparciendo abundante saliva por toda la zona.
“Mmmmmm….que lindos chiches que tenés tío, con las ganas que tenía de jugar con un aparado como este” me decía cuando paraba para tomar aire, sin dejar de apretarme la verga con fuerza.
“Siiiii….chupame las bolas, comete la pija…meteme la lengua por todos lados…” le pedía en frenesí.
Obediente, Anahí se metía la verga en la boca hasta tocar su campanilla, la sacaba chorreando de mis jugos y su baba y con la punta de su lengua llegaba al agujero de mi culo y lo mojaba golosamente.
Mi pija latía, mis huevos se habían contraído y lo único que deseaba era acabar llenándole la boca de leche espesa y caliente.
La niña no lo era tal y sabía evitar mi eyaculación, disminuía el ritmo de su faena, apretaba la base de la pistola para evitar que acabara y demoraba mi explosión.
Dejándome tendido boca arriba, se quitó sus interiores, se paró en la cama y se puso en cuclillas sobre mi cara, refregando su concha y su culo por todo mi rostro, impregnándome de su olor fuerte y caliente.
Como pude la sujeté y le introduje la lengua en la vagina, provocándole los primeros suspiros, luego que logré ponerla bien caldosa, le metí la lengua en el año, induciéndole de tal modo a lanzar gritos ahogados.
“Grrrrrrr….seeeeeeeee….. chupame todaaaaaaaa, comeme la conchita y el culito….necesito que me cojan con furiaaaaaa…..daleeeeeeeeee”
Sentía como acababa en mi boca y yo también queria acabar, de modo tal que me incorporé, la puse en cuatro patas, me arrodillé detrás de ella, apoyé la cabeza de mi pinga en la puerta de su concha y empujé, sintiendo como se iba introduciendo toda la verga en sus calientes entrañas, comencé a bombear, hacia atrás y hacia delante, mientras con mis dedos hacía el mismo movimiento en su culo.
El ritmo era frenético por lo que no pude aguantar más y me corrí embadurnando su cajeta como mis líquidos, ahogando mis gritos para que no escucharan los restantes huéspedes y sintiendo como la matriz de mi sobrinita se contraía a la par que los chorros de semen la llenaban.
Así había logrado, a lo largo de los años cogerme a mi cuñada y su hija, dejando a toda un rama femenina satisfecha con mi gordo cipote
Tano Feroz
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