La zorra de mi hija

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La zorra de mi hija

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Ajustar texto: + - Publicado el 29/04/2009, por: Anónimo

Tengo 45 años, estoy casado con una hembra bien caliente y fogosa, muy satisfecho con ella en cuanto al sexo, y ella conmigo, lo sé, me lo dice: “tienes una buena polla y me follas muy bien” y tengo dos hijos, un chaval de 23 y una chavalita de 18. De ella os voy a hablar. Mi hija hasta hace un par de años o así iba bien en el colegio, se portaba bien, era una buena chica, vestía con moderación y no como las hijas de mis amigos que me daban vergüenza de lo putas que iban. Mi hija afortunadamente no salía con esas, apenas salía de fiesta, estudiaba mucho y de vez en cuando salía con alguna amiga de fuera del barrio, yo le decía medio en broma que tenía amigas bien, como de familia con dinero y tal, pero ella se reía. Yo la verdad es que prefería verla así que con las del barrio, con esas minifaldas escocesas que casi van enseñando las bragas si las llevan las muy zorras, o con esos labios pintados hasta de negro como si fueran a trabajar al puticlub de la esquina, en fin…me pongo negro cuando las veo por ahí.
Por eso me enfadé tanto cuando mi hija empezó a vestir así, a frecuentar las zonas del barrio por donde antes no iba nunca, los jardines donde se reunían al botellón y a fumar porros y a meterse mano en los bancos, que más de una vez he visto a dos chavales poniendose ciegos con una golfilla en medio de ellos, metiendole mano por todas partes a la muy zorra. No me cabía en la cabeza que mi hija hubiera cambiado como si nada, o es que yo no me dí cuenta a tiempo o no sé qué pasó, pero lo cierto es que sus notas cada vez eran peores y sus salidas nocturnas hasta la mañana siguiente más frecuentes. Se lo decía a mi mujer y ella me intentaba tranquilizar diciéndome que estaba en la edad, que teníamos que dejarle divertirse un poco y ya se centraría en los estudios otra vez, que si esto que si lo otro pero yo no estaba tranquilo y un día exploté.

Era un sábado caluroso por la tarde y mi mujer había salido a comprar y el chaval se había ido por ahí (este sí que era un golfo ya desde pequeño, pero eso es otra historia). Mi hija llevaba varias horas en el baño, para variar, después de una ducha bien larga, a arreglarse como si fuera a una recepción por el tiempo que tarda, porque por la ropa que lleva… más bien parece que va a hacer de fulana a cualquier callejuela!!!. Yo la verdad es que ya estaba fastididado, quería entrar en el baño y no podía, no hacía más que decirle que se diera prisa, que tenía que entrar y tal pero ni por esas. “Ya voy, ya salgo papi” es lo único que decía, y así más de diez veces…en fin, que salió, vaya que si salió, y cómo salió!!!! Al pasar por el salón, donde yo estaba tirado en el sofá, para ir a su habitación pasa la niña con un vestido que podía ser para una niña de diez años, pequeñísimo, blanco, medio transparente, marcandole todo, las tiras del tanguita por detrás, la minúscula braguita que le tapa el chochito por delante, el sujetador casi ni se nota porque se le marcan unos pezones de infarto en el vestido, vamos, que la miro y me pongo como una furia. “¿Y para esto, tanto tiempo ahí dentro? Pero si vas medio desnuda, como si fueras una puta.”

Me contesta “pero ¿qué dices, viejo?” y ya me salgo de mis casillas, encima contestona e insultona la niña. Ahí ya me perdí. Me levanté y la zarandeé, no la pegué ¡ojo!, la cogí del brazo y la zarandeé diciéndole que era una maleducada y que parecía una buscona, que no podía salir así de casa y me contesta que “hago lo que me da la gana que ya soy mayor de edad”. Sí, en efecto, acababa de cumplir los 18. Y le dije “ ¿Y así es como lo vas a celebrar, yéndote a putear por ahí?” “Voy donde me sale del chocho”, me dice mi hija. Y entonces yo ya me vuelvo loco. ¿Cómo puede ser que una niña buena y estudiosa se haya transformado en una vulgar putilla de barrio, deslenguada y ofensiva en un plis plas? No me lo podía creer. Tampoco me podía creer que en todo ese barullo de forcejeo, palabrotas y zarandeos yo me hubiese puesto casi sin querer todo burro, todo tieso quiero decir. Llevaba un chándal sin calzoncillos, me gusta ir así por casa para cuando viene mi mujer darle una sorpresa en la cocina por detrás, ya me entendéis, me bajo el chándal y se la clavo en un segundo, ella siempre va caliente…y por lo que pude comprobar después, debe ser genético porque la puta de su hija que es la mía también va siempre ardiendo.

Así que me di cuenta de que estaba todo empalmado y yo sin enterarme, me miré abajo y me quedé perplejo y en el segundo que me quedé sin palabras y sin acción, mi hija también miró hacia donde yo miraba, es decir mi polla tiesa bajo el chándal y entonces me dice la muy zorra “Eres un cerdo, mira cómo te has puesto, luego me dices a mí”. Ya casi me da algo, el corazón me iba a mil por hora, estaba fuera de mí, tenía el látigo a punto, irritado y excitado al mismo tiempo por culpa de mi hija, que la tenía a un paso de mí, vestida de putita barata mientras me insultaba y me provocaba. Me volví loco, le dije “ahora te vas a enterar zorra, ¿no te gustan las pollas, pues toma polla” y me bajé el chándal y le saqué la minga, gorda, larga, estoy muy orgulloso de mi polla, roja de pasión, con las venillas a punto de explotar…”¿no quieres una buena polla? ¿es que acaso no ibas a salir por ahí con esa pinta de guarra para comerte una? Pues tomate esta que es la más grande que vas a ver, zorra”.

“Cabrón, no eres más que un cabrón” me contesta mi hija mientras me mira llena de ira y de rabia pero al mismo tiempo excitada, y lo supe porque era la misma expresión en su cara que la de su madre cuando me provoca para que me la calce. “Chupamela, vamos” le dije y entonces pasó lo increíble, cada vez que lo recuerdo me pongo a mil, la de polvos que le he pegado a mi mujer desde entonces recreando ese instante brutal y lleno de lujuria incestuosa que es cuando mi hija, mi dulce hijita de antes, mi putísima hija de ahora, se arrodilla delante de mí, clavando sus ojos en los míos y con la boca abierta se dispone a tragar mi polla, a engullir mi pollón moviendo su cabeza hacia delante hacia atrás, casi sin caberle en su boca, no hizo falta que la cogiera de la cabeza para empujarla, ya empujaba ella sola, no la violenté lo más mínimo, fue ella quien cogió mi gran polla con sus manos y empezó a chupar, a lamer, a pasar su lengua caliente por toda mi polla, por mis huevos, a hacer diabluras con sus labios de fuego, a pajearme con una mano, con la otra, no daba para tanta polla, estaba como loca, yo la miraba fuera de mis órbitas, a punto de darme un infarto, el corazón iba a cien mil por hora, ella gemía y hacía sonidos con su garganta a punto de atragantarse…”¿te gusta cabrón? ¿te gusta?”…me decía mientras tomaba un poco de aire para seguir tragando polla, la mía, la de su papi como ella me llamaba cuando era una buena niña…”¿te gusta cómo te la chupa la puta de tu hija?”…Ya no pude más…al oir estas últimas palabras casi me da algo, pegué un grito que yo creo que lo oyeron todos los vecinos, me corrí como un loco, expulsé a buena distancia medio litro de leche lo menos, salpicó por todo el salón, por los muebles, por las sillas, en el suelo…a la putita de mi hija apenas le llegó unas gotas pero le debieron gustar porque no hacía más que relamerse de gusto, con su lengua todavía caliente y sus labios rojos excitantes y perversos…se levantó y me dijo “Ahora ya sabes lo puta que soy, voy a arreglarme y a vestirme como quiera, no me jodas más”…pero sí la jodí, ya lo creo que la jodí…pero eso será en la próximaentrega, guarrillos y guarrillas!!!!!

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