Lo peor que llevaba mi madre no era pensar que se acostaba conmigo, con su hijo, si no el deseo que yo le despertaba y el morbo que ella tenía conmigo que la avergonzaba. Siempre que terminábamos haciendo el amor y ella se relajaba al terminar se comportaba como tímida, como asustada, luego con los días se le iba pasando, pero había momentos que no lo entendía, aunque cuando estaba conmigo excitada se abandonaba a mi por completo.
Ella vivía conmigo la mayor parte del tiempo...
desde su viudedad, mis negocios hacía que fuese el más asentado de mis hermanos y ella me ayudaba con mi tarea y se sentía útil. Un día salimos de compras y al entrar al Corte Inglés fui directo a la planta de señoras y ante uno de los grandes diseñadores le dije que eligiese el que quisiera que se lo iba a comprar, a regalar. Se negó pero para no liar el espectáculo ante mi insistencia accedió y eligió un traje de chaqueta gris muy bonito y elegante.
Tomamos café y tras agradecer mi regalo me dijo que en la ciudad le daba corte que le comprase ropa y al pagar fuese yo quien lo hiciese, que le parecía que el dependiente podía pensar cosas raras……..La miré y le dije muy serio que de su ropa me encargaría yo a partir de ahora, que ese gasto corría de mi parte en agradecimiento a su ayuda y por que mi situación económica me lo permitía. Me costó explicárselo pero al fin accedió.
Al fin de semana siguiente la llevé a Sevilla a ver la ciudad y a pasar allí el fin de semana y tras almorzar en el centro y tras tomar café entramos a un centro comercial y en la planta de señoras la cogí del brazo y le dije al oído, “mamá quiero regalarte algo.”
¡”El qué hijo!” Quiero que compres tres bragas negras para que vayas renovando tu lencería y quiero que las elijas tú modernas pero para señoras de tu edad y quiero que elijas las que más te gusten, cuesten lo que cuesten.
Ella accedió en silencio y se dirigió al stand de ropa femenina y le dije: “Dile que te atienda esa dependienta”_
Ella totalmente avergonzada se acercó y le dijo: “por favor, quisiera que me enseñase modelos de braguitas negras como para mí”. La dependienta la miró y se fue a por modelos y la cogí de su mano y le dije: “Mamá, cuando las elijas y te vaya a cobrar le dices que yo pagaré por ellas”.
La dependienta volvió y comenzó a abrir cajitas y a mostrar las braguitas a mi madre, eran discretas como para su edad pero muy elegantes. Se notaban que eran caras. Mi madre vio como 20 modelos de bragas y las tocó mientras opinaba con la dependienta sobre ellas delante de mí con naturalidad.
“Bueno pues me quedo con estas que son muy elegantes y con estas dos que son las que me quedan bien” Gracias”.
La dependienta las guardó, las metió en una bolsita y dijo: “125 euros señora” En ese momento le dije: “Pago yo señora, yo se las compro!”Mi madre no sabía donde meterse al oir eso y al sentirse una puta pero le excitó muchísimo. Era esa sensación que la embargaba y la perturbaba pero que le unía a mí, sentirse tan deseada permitía que pudiese llevar esto en su conciencia.
Mi madre ya sabía de mi pequeña fortuna y decidió que el gasto en ropa no sería algo alarmante para mí y encima descubrió que le excitaba, así que se dejó llevar.
Cogí la bolsita con las bragas nuevas de mi madre y nos dirigimos a la zapatería y allí la senté y al llegar el dependiente ella mismo le pidió unos zapatos negros de tacón para ese traje. El dependiente trajo cuatro modelos y se los dejó a mi madre y ella se los probó ante mí y al terminar me dijo:¿Cuáles quieres que me compre hijo mío? Elígelos tú para que yo me los ponga cuando tú quieras”.
Decidí comprarle unos negros de tacón alto pero cómodos para una mujer de 59 años. Lo decidí por que ella al probárselos sentada me subió sus piernas y me los mostró. Luego se levantó y paseó con ellos ante mí, estaba preciosa. Me encantaba vestirla y ella empezaba a disfrutar con eso.
Al llegar el dependiente ella lo miró sonriendo y le dijo: “a mi hijo le gustan estos, es más si no le importa me los llevo puestos”. Pagué la cuenta y salimos caminando hacia nuestro hotel. Ella subió y yo paré en la cafetería a tomar café. Subí a la media hora y entré en nuestra habitación. Ella salió del baño vestida con la ropa nueva. Estaba preciosa, su cara demostraba que se excitaba llevándola, yo diría que se sentía más unida a mi, que comenzaba a “dominarla”.
La besé en los labios y la abracé por su cintura pegándomela a mí. No llevaba sujetador ni medias, no llevaba nada que yo no hubiese pagado. La conduje al baño y la puse frente al norme espejo y me pude detrás de ella abrazándola. Ella se miraba en el espejo.
“Desabróchate la chaqueta mamá”. Lo hizo y se la quité. Debajo de su camisa blanca de seda se marcaban sus pezones. Tres hijos criados se lo habían dejado gordos y usados, bien usados y mi padre hizo el resto.
La abracé y le dije mirándola: “Súbete la falda mamá”. Ella lo hizo y yo saqué mi miembro sin quitarme el pantalón. “Apártate las bragas”. Flexioné las piernas y acerqué mi miembro a su vagina y la penetré con dureza. Mi madre entendió que yo la usaba cuando quería y eso le gustaba, además vestida por mi se sentía una puta.
La humedad de su vagina permitió que mis penetraciones fuesen muy duras, secas y profundas. Miraba a mi madre a la cara, de pie tras ella y manteniéndola derecha y empalándola.
No dijo nada pero sentí como al momento de estar penetrándola, sentí como sus piernas temblaban y como su vagina se contraía. Eso era lo que la hacía no entender lo que le pasaba. Estaba corriéndose con su hijo de pie, vestida por mi y con la viudedad muy reciente aún. Pero mi pasión la podía y ella se sentía mujer de nuevo.
La sujeté del pecho y comencé a empujas más fuerte aún, la dureza se reflejaba en mi rostro y en de ella y comencé a correrme dentro de mi madre sin dejar de mirarnos a los ojos. Cuando terminé de eyacular y recobré la respiración salí de ella. Ella puso sus bragas en su sitio y bajó su falda.
“Maquíllate mientras me visto, voy a invitarte a cenar en el restaurant del hotel.” La invité a cenar sabiendo que llevaba mi semen dentro. Estaba preciosa vestida por mi, y ella encantada. Es un placer vestir a tu madre.
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