Durante la cena noté una pierna que me rozaba, levanté la cabeza y abrí los ojos al máximo, para demostrar a mi cuñadita que se había equivocado de pierna, y que su novio estaba a mi lado, pero después comprobaría que no fue una equivocación...
Al terminar la cena, con el ambiente bastante animado, la fiesta empezó por todo lo alto. La gente bebía, bailaba y se movía por el pueblo y las peñas disfrutando del día de fiesta. El alcohol empezaba a causar efectos y María se...
acercaba cada vez más a mi, sin tener mucho reparo en la presencia de mi novia y su hermano. Ellos dos estaban bastante borrachos y no tardaron en enterarse poco de lo que pasaba.
Una hora más tarde María acompaño a su novio a la cama y yo hice lo mismo con mi novia, que había bebido demasiado. La metí en la cama y mientras la besaba me acarició el paquete y me susurro al oído, ten cuidado con María, cuida de ella que mi hermano está borracho. Jamás imaginé que tuviera que vigilarla tan de cerca.
Volví a la fiesta, y me serví otra copa. Charlaba con la gente mirando el reloj, esperando a que apareciera María, pues intuía lo que podía pasar, teniendo en cuenta su comportamiento durante toda la noche. Tardo como media hora, con lo que me imagino que había estado pasándolo bien. Su sonrisa al entrar me confirmaron lo que pensaba, su brillo en los ojos y su cabello despeinado no dejaban lugar a dudas, había follado con su novio. Aquello me desilusionó un poco, pues pensé que se le habría pasado el calentón que había demostrado toda la noche, pero me excité imaginándomela desnuda, a horcajadas sobre su novio, con el coñito húmedo y gimiendo de placer.
Desvié la mirada de ella y continué escuchando la estúpida conversación de los que estaban conmigo. Mientras tanto, no podía dejar de seguir con la mirada a María, que se estaba sirviendo otra copa, tras lo cual se acercó a nosotros. Se unió a la conversación y la cambió completamente, hizo subir la temperatura del grupo sólo con sus palabras. La noche avanzaba y ella manejó el grupo, casi todos chicos, con una soltura increíble. A mi siempre me había parecido que era inocente, pues era más pequeña que yo, y siempre se mostraba tímida y tranquila. Estaba claro que escondía algo, que esa “niña” inocente que despertaba ternura, tenía demasiadas cartas consigo, seguramente escondidas entre sus atributos más secretos.
No sé cuanto tiempo paso, pero al final nos quedamos los dos solos en el grupo. La mayoría de la gente se había marchado y ella se acercó a mi para bailar. El juego era sencillo, ella bailaba inocentemente, pero se acercaba a mi todo lo que podía, me rozaba con sus pezones, me pasaba la pierna por mi entrepierna, hasta que al final se junto su cuerpo contra el mío y deslizó su mano hasta mi paquete, acariciándolo por encima del pantalón. Mi cara debió de cambiar por completo, porque se me acercó a mi oído y me susurro: “¿No te gusta?, porque yo lo estaba deseando”. Me separé, no quería que nos viera nadie, aunque la situación era muy excitante. “Me voy a la plaza”. “Te acompaño” dijo sin pensarlo dos veces.
Salimos del local y empezamos a caminar. El pueblo no está muy bien iluminado, y antes de llegar a la plaza hay un descampado, muy bien resguardado, me agarró de la mano y me llevó con ella. Cuando pensó que estábamos protegidos tiró la copa al suelo y me abrazo para besarme. Yo no lo pude resistir, hasta aquel momento no me di cuenta de lo que la había deseado, de las veces que sin querer había pensado en algo así, era mi oportunidad. La correspondí, y pronto nuestras manos estaban recorriendo nuestros cuerpos.
“Mira como estoy”, su mano agarro la mía y me la metió en su tanga, su vello caliente y mojado, me invitaba a entrar en su cuerpo. Mi dedo se dobló y entró en su coñito húmedo como estaba. “Pensé que nunca me harías esto, cuantas veces me he acariciado pensando en ti, y que tu polla estaba dentro de mi en lugar de la de mi novio”, me dijo mientras empecé a masturbarla. Se notaba que me deseaba, pues su cuerpo se movía rítmicamente con mi dedo, que pronto estuvo empapado y que se deslizaba sin problemas. Metí otro dedo y después el tercero, hasta que su coñito explotó, mojando mis manos y su tanga. Sus gemidos dieron paso a una frase que me sorprendió “No te creas que hemos terminado, quiero tu polla en mi boca y que me metas tu rabo, pero no aquí...ven!”. Nunca pensé que fuera tan caliente, siempre discreta y sonriente, aquello me excitó todavía más.
Con mi polla saliéndose de mis pantalones, salimos del descampado y nos dirigimos fuera del pueblo, hacia el río. Allí, entre los arbustos, acabó lo que habíamos empezado.
Empezó a besarme, y es que en todo momento me dominó y yo la dejé hacer, estaba cansado de tener que tomar la iniciativa con las chicas, y aquello era genial. Sus manos no tardaron en meterse en mi pantalón y buscar mi polla. La encontraron, dura como estaba y empezaron a menearla. Le quité el top y el sujetador y empecé a acariciar sus tetas y a besarlas, suaves, jóvenes y ardientes, sus pezones entraban en mi boca acompañados de sus pequeños gemiditos. Su mano se movía con habilidad y mi polla respondía con una erección increíble. No podía aguantar más, tenía que comprobar si estaba caliente, si su conejo respondía a mi polla. Mi mano se coló por debajo de su falda, que le subí hasta la cintura, y apartando su tanga, comprobé que su coño, ese que hace un momento nos había mojado, volvía a estar húmedo. Otra vez mis dedos entraron, pero después de un rato, María no se conformó.
Me bajó los pantalones y me tiró en el suelo. Me quitó los bóxer, y se sentó con habilidad sobre mi polla. “Para, no tengo condón”. “Je, je, se rió de mi. Yo pongo otros métodos, aunque tu cuñadito nunca me ha gozado así”. Increíble, quería sentirme completamente, si nada entre los dos, y eso se notaba; Su coñito se contraía con cada embestida, con cada movimiento de sus caderas que hacía que mi polla entrara más y más. Allí estaba ella, con sus preciosos pechos moviéndose al compás de sus caderas, con mi polla en su coño y con mi mano en su clítoris. Mi polla entraba sin problemas, María estaba muy caliente, mi polla iba a estallar y ella lo notó, porque aceleró sus movimientos y se puso tan caliente que se corrió de nuevo, mojando mi rabo. Noté como sus flujos resbalaban por mis testículos al tiempo que sus jadeos de placer acompañaban su bamboleo. Cuando terminó cayo rendida sobre mí, y me beso apasionadamente.
Yo no había terminado y María me regaló la mejor mamada que he tenido nunca. Me hizo levantar y se arrodilló delante de mi. Yo estaba muy caliente. Me agarró los huevos y se metió toda mi polla en su boca. Su lengua, larga y hábil, relamió cada rincón de mi pene, hasta que me iba a correr. Se la saque de la boca “Para que me voy a correr”, “Eso es lo que quiero”, y se volvió a meter mi polla en la boca hasta que empecé a correrme. Mi semen se le salía de la boca, pero ella no paraba. Ver a María, la inocente, con toda la boca llena de mi lefa, y con mi polla dentro, fue el mejor regalo de aquella noche, aunque hubo más. Chupó hasta que mis espasmos pararon. Se saco la polla y dejó caer toda mi lefa al suelo. Se limpió y me pidió que me tumbara con ella...
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