Chupó hasta que mis espasmos pararon. Se saco la polla y dejó caer toda mi lefa al suelo. Se limpió y me pidió que me tumbara con ella...
Hablamos un rato, pero pronto sus manos estaban en mi polla otra vez. Parece que el polvo con su novio y las dos veces que se había corrido conmigo no eran suficientes, que caliente. Nunca la imaginé así, pero no puedo negar que eso me ponía más.
Decidí probar su coño, el coño de una diosa que se abría para mi. La besé...
lentamente por todo el cuerpo, que ya estaba desnudo y saboreé su piel, que olía a sexo y excitación. Cuando llegué a su clítoris empecé a lamer. Sus manos me agarraron la cabeza y me apretaron contra ella. Mi lengua la empezó a calentar, mientras mis dedos acariciaban su conejo. Pase mi lengua por su coño y comprobé que le encantaba. Su cuerpo se movía y tensaba con mi lengua en su coño. Continúe lamiéndola, saboreando su coño, que sabía a sus flujos y corridas, su clítoris, que respondía a cada lametón. María colocó sus piernas sobre mis hombros y se levantó para acercarme más su coño. Noté como se ponía cada vez más cachonda. Me chupé un dedo, y lo deslicé hasta su culo, ese culo redondo y bien prieto que tanto me había encandilado. Ella se sorprendió y apretó las nalgas al principio, pero después decidió probar. Metí el dedo suavemente en su culito, mientras mi lengua relamía cada parte de su coño. Un pequeño chillido de dolor se le escapó cuando mi dedo entró en su culo, pero enseguida se relajó y yo no notó como le gustaba, pues su conejo estaba cada vez más húmedo y ella se movía cada vez más. “Me vas a hacer enloquecer, no pares cabrón”...Sus gritos aumentaron hasta que no pudo más y la mayor corrida de mujer que he visto nunca me inundó la boca. Sus espasmos, increíbles e incontrolables, la hicieron doblarse de placer, mientras sus gemidos inundaban el aire. Estoy seguro de que alguien la oyó gritar, pero eso no importaba, tenía el coño de María en mi boca, mi dedo en su culo, y sus jugos empapándome, mi polla volvía a reaccionar.
Cuando terminó de correrse estaba exhausta, pero no se olvidó de mí. Me tumbó y se tumbó de frente a mí, con su magnífico culo delante de mi polla. Me agarro el pene, levantó una pierna, y se metió mi polla dura en el conejo. Yo empecé a penetrarla, primero suave y con calma. Mi mano acarició sus tetas, duras como estaban mientras mi polla le abría el coño con cada embestida. Ella empezó a acariciarse el clítoris y a tocarme los huevos de vez en cuando. Cuando me tocaba, yo notaba como le temblaba la mano de placer, y como su mano estaba mojada con sus flujos. No me lo podía crear, era más caliente que cualquiera de las mujeres con las que había estado. Mi polla continuaba follándola hasta que ella se me paró. “Quiero que me des por culo”. No me lo podía creer, era demasiado para la primera vez, pero los dos sabíamos (aunque después no fue así), que puede que fuera la última oportunidad, así que queríamos aprovechar al máximo.
La puse a cuatro patas y la moje el culo con mi saliva. Le metí primero un dedo, y después el segundo. Ella se relajó enseguida y pronto estaba preparada para recibir mi polla. Se ve que el recuerdo de su última corrida le gustó, y que quería probar no sólo un dedo, si no toda mi polla. Despacito, la fui desvirgando el culo, metiendo mi glande poco a poco hasta que estuvo todo dentro. Aprovechando que estaba muy caliente, me moje bien la polla con saliva y se la metí entera. Jamás pensé que gimiera así. Cada vez que mi polla le rompía el culito, ella lo apretaba y gritaba. Mi mano acarició su clítoris. Pero no duró mucho. Le debía de doler bastante, aunque estaba claro que le gustaba, porque me paro. “La tienes muy gorda para ese agujero, que mala suerte”, “no te preocupes, el otro me encanta”, y ella soltó una carcajada que relajó el ambiente. Saque la polla de su coño y me la limpié bien.
La tumbé de lado y le levanté una pierna. Me arrodillé delante de su cueva, y agarrándomela con la mano, se la metí suavemente. Pronto empecé a metérsela más rápido, mientras mi polla se contraía sin poder reprimir la corrida. “No pares, quiero notar como te corres dentro de mi”. No paré, yo siempre hago caso a las mujeres en estos casos, y un momento después mi lefa estaba inundando su coño. “Que gozada, que caliente, me voy a correr otra vez, sigue, sigue...” y mientras mi polla soltaba las últimas gotas de mi corrida, su vagina se contrajo de nuevo, acariciando mi rabo, para dar a María su último orgasmo de la noche.
“Ha sido increíble, ya follara mi novio como tu”.
“Je, je. Ya follara su hermana como tu”.
Los dos nos reímos durante un buen rato. Después nos vestimos y nos fuimos por separado al pueblo. Antes de despedirse de mi, me beso, un beso todavía caliente, y me pidió que si volvíamos a tener la oportunidad me la follara. Como ya he dicho, en estos casos nunca llevo la contraria a una mujer, y asentí con la cabeza, pensando que ojala fuera pronto, y que su coñito se volviera a abrir para mi muchas mas veces.
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