Mi madre la puta

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Mi madre la puta

Categoría: Amor Filial Comentarios: 0 Visto: 18969 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 03/05/2010, por: Anónimo

Con Marcelo salimos a reventar la noche. En la esquina de la casa se ató los cordones de los zapatos y tomó las llaves del auto y marchamos a destino. En la ciudad de Ramos Mejía, la gente deambulaba por las calles de un lado a otro buscando diversión. El ambiente se prestaba para cualquier cosa. En Pinar de Rocha, boliche que frecuentaban mis padres hace decenios, pues la multitud hacia fila para el ingreso. Me incomodaba la cantidad de visitantes. Por lo que decidí marcharme a otro lugar. Marcelo empecinado, caprichoso, quiso quedarse para encontrar a su novia. Me fui a otro boliche, VINICIUS. No lo dudé y entré.

Contemplé el lugar y supe que tendría suerte en conseguir alguna mujer. La música enloquecía a la gente, bailaban todos apretados. Me acerqué a la barra y pude divisar grupos de hombres y mujeres solos que disfrutaban del ritmo. Pues contemplé, en la pasarela de arriba, a un grupo de descocadas. Al otro lado, cerca de las escaleras, otras pero disfrazadas. Tomé un trago y me alentó a salir a bailar. Entraba y salía de los grupos que danzaban continuamente. Hasta sin darme cuenta que caí en un grupo de mujeres que fui el hazme reír. Los movimientos que hube dado me provocó nauseas y mareo. Fui al baño y cuando miré al espejo no pude contener a reírme porqué llevaba puesta una mascara de drácula. No sé en qué momento la obtuve. Cuando volví a la pista no sabía dónde estaba parado. Bailaba. Saltaba. Mujeres y más mujeres. Danzaba con una y con otra hasta que alcancé entrometerme en un grupo reducidos de maduras. Mezclaba bebidas. La noche transcurría. Abatido me senté en el sillón. Estiré las piernas y torpemente derribe a alguien que pasaba. Le brindé mis servicios de socorro y se negó porfiadamente. Se sentó junto a mí y no podía descifrar, por la oscuridad, a que personaje parecía la mascara. No obstante quise sacarle la mascara, pero fue inútil. El vestido blanco pegado al cuerpo mostraba una delicia de mujer. Toqué los pechos, el vientre y las piernas. Me arrodillé frente a ella y le chupé los pechos flácidos. La diminuta iluminación prestaba para cualquier escena. Le metí la mano en la concha y enloqueció de placer. Borracho y descontrolado, ni imaginaba la situación. Bajé la cremallera y saqué la verga y se la metí bruscamente. La tomaba por las caderas y empujaba más y más hacia dentro. Lubricados ambos, pues la acomodé de costado y empujaba con fuerza. Metía y sacaba. La mascara me asfixiaba. Se posó boca abajo y seguía moviéndome endemoniado. Cuando logré terminar, pues en la oscuridad estaba ciego, le saqué la mascara y la obligué a que me la chupara. Sin resistirse siguió limpiando la verga, puesto que se levantó y se acomodó el vestido y se fue en la penumbra de la pista. Solo recordaba la mujer del vestido blanco pegado al cuerpo y los zapatos de tacos altos rojos. Pues descansaba solo en el sillón cuando en un momento dado, me saqué la mascara y me zamarrearon por los hombros. Cuando volteé la mirada, el fulgor de las luces me pegó de lleno en las retinas, quedé enceguecido, la mujer que interrumpió fue la madre de Marcelo, doña Herminia. Llevaba en la mano una mascara que no pude reconocer. Trastabillé al pararme. Me tomó de la cintura y salimos del boliche. Me llevó con las amigas y comprobé, en ese momento, que la mujer del vestido blanco era mi madre.
—Hola hijo ¿dónde estabas? —me abrazo mi madre.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Rogaba que me partiera un rayo, que me atropellara un auto.
—No sé, estoy borracho mamá —contesté.
—Mi hijito querido —decía a los cuatro vientos y sus amigas se sonreían entre sí.
La mujer del vestido blanco resultó ser mi madre, la descocada, la puta que engañó a mi padre esa noche. Después de un tiempo me enteré que frecuentaba siempre con amigas, incluso con el consentimiento de mi padre. El dolor que tengo por dentro no puedo arrancarlo. Por las noches cuando cenamos juntos en familia, la miro con cierta bronca, despreció, porque si se entera mi padre no sé que haría.

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