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Mi otra cuñada (I)

Enviado por topipe el 12/8/2010

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Mi otra cuñada (I) Publicado el 12/08/2010, por: topipe

Como ya he contado antes (en “Mi cuñada 1, 2 y 3”), el pueblo de mi novia es un sitio “muy animado” en verano. La verdad es que no hay mucho que hacer, y quizá por eso me guste, porque te deja tiempo para otras cosas...

Hoy os quiero contar mi primera historia con “mi otra cuñada”. Esta si, la de verdad, la hermana de mi novia.
Un viernes cualquier, de un verano de tantos, yo salí a festejar con mis amigos y conocidos cerca del pueblo de mi novia. En un pueblo un...

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poco más grande, pero muy animado. No recuerdo a que hora llegué, pero sí que iba bebido, y me metí en la cama, mí cama, porque en la casa de mi novia dormimos por separado.
Tampoco sé que hora era cuando me despertó mi cuñada, Ana. Por lo que me contó, aunque no lo recuerdo muy bien, todos los demás se habían ido a la ciudad de compras, y estábamos solos ella y yo. Tenía miedo, y quería seguir durmiendo conmigo. Le dije que dormía desnudo, como siempre hago, pero me dijo que no le importaba. En lo que si me fijé, pues por suerte tengo buena memoria fotográfica, es en su pijama. Un ligero pijama de verano, con una camisetita y unos shorts rosas, tan ligeros, que me permitieron ver que dormía sin ropa interior. Su pijama me mostró unos pechos grandes y bien contorneados y un vello púbico bastante abundante, aunque perfectamente rasurado en los extremos.
Se metió en la cama conmigo. Yo me giré y 10 segundos después volvía a dormir profundamente. No sé si ella se durmió o no, sólo recuerdo la forma en la que me desperté. Yo estaba dormido dándole la espalda, pero cuando me desperté ella estaba mirando hacia mi. ¿Qué me despertó? Eso es lo interesante, su mano. Una mano menuda, pero suave, de delgados dedos y rosadas uñas, cuidadas hasta la obsesión, y es que mi cuñada es muy coqueta. Su coquetería la lleva a cuidarse demasiado. Intenta hacer ejercicio todos los días, cuida lo que come y controla mucho el resto de vicios. Eso ha hecho que sea una mujer bien torneada, menuda pero de curvas sensuales, de liso vientre y piernas esculturales. No es muy alta, pero sólo su enorme pecho desequilibra su helénica figura, aunque debo reconocer que para mi esto es una virtud, y no un defecto.
Fue su mano, esa mano de princesa, la que me despertó mientras acariciaba mi pene. Pensando que mi sueño era lo suficientemente profundo, había aprovechado para agarrármela y empezar a meneármela. Sin saberlo, en el sopor del entresueño, mi rabo reaccionó a sus caricias, y cuando tuve la sensación de su cándida mano en mi polla, ya tenía una considerable erección. Me quedé en la posición que estaba, intentando situarme y pensando que debía hacer. Todo se aclaró cuando logró entender que ella se estaba masturbando, que bajo ese transparente short, su otra mano estaba acariciando su cuidado vello, entrando en su coñito, y haciéndola disfrutar de tener mi rabo en su mano. Su respiración era acelerada, y pequeños suspiros se escapaban de su boca, aunque ella intentara disimular.
Tras un par de minutos me giré hacia ella, mirándola a la cara y descubriendo su graciosa expresión de incredulidad. “Lo siento” atisbó a balbucear, e intentó salir de la cama, soltando mi falo con celeridad. La agarré de esa misma mano, y la retuve. “Creo que ahora no puedes irte; no me puedes dejar así”. La volví a tumbar en la cama, aparté la sabana, y le llevé la mano a mi entrepierna. Me tumbé de lado, y le ordené que siguiera lo que había empezado. No opuso mucha resistencia, y pronto su delicada mano volvía a meneármela, una mano que parecía más pequeña en mi rabo empalmado. “Tú también, como antes”. Su otra mano volvió a deslizarse dentro de su short y a empezó a frotar con más ganas su almejita. El ser descubierta no la amedrento, sino que la excitó más, y pronto pude ver como se mojaba su pantaloncito, a medida que su humedad salía de su coño. Le levanté la camiseta y empecé a lamerle las tetas, a succionar sus rosados pezones, duros de excitación. Mi cuñada, aunque morena guapa de ojos negros, no liga mucho, por lo que no tiene mucha experiencia, y no tardó en correrse, mojando hasta las sábanas.
Mi polla iba a explotar, pero no quería que fuera así, deseaba correrme en ella. Retiré su pijama, que molestaba, y empecé a besarla por todo el cuerpo. Su cuerpo tiene un sabor que es mezcla de inocencia y mujer deseosa, huele suave, a perfume de rosas y dulce, una mezcla extraña pero agradable. Absorbí su olor y saboreé cada parte de su cuerpo, un cuerpo preparado para la ocasión, limpio y cuidado, de una mujer que quiere entregarse y complacer, y que ha premeditado lo que va a hacer. Su cuerpo reaccionaba con cada caricia, con cada beso que mis labios le daban. No creo que nadie la hubiera comido entera, y yo quería ser el primero en probar aquel manjar. Me detuve en su entrepierna, miré para recordar cada centímetro de su coñito y empecé a comérmela. Lamí suave, primero sus labios, y después su perlita, roja de deseo. Sus gemidos pronto inundaron la habitación, mientras mis manos y boca exploraban esa cueva de placer, ese orificio que estoy seguro, nadie antes había disfrutado como yo. Pronto tenía varios dedos dentro de ella, dedos que se deslizaban en su interior, aprovechando sus movimientos y buscando en cada rincón el punto de placer que la hiciera volver a correrse. Mi lengua seguía lamiendo, tenía la boca llena de sus flujos y en un instante sublime, en una exaltación de su sexualidad, mi cuñada se corrió en mi boca. Sus movimientos, ahora incontrolados, esparcieron en mi cara y manos toda su feminidad, toda su incontrolable pasión reprimida. Su corrida, gemidos y calentón, hicieron que mi polla se hinchara más, si eso era posible. Fue un orgasmo largo, intenso, que la dejó exhausta.
Jadeante como estaba, aproveché para colar mi rabo en su conejo. MI verga traspasó sus fronteras, y mi pene penetró hasta lo más profundo de su ser, abriendo para mí su jardín de las delicias, su cerrado orificio más oculto y personal. Sin embargo, no me pude disfrutar durante mucho tiempo de aquel placer. Cuando recuperó el aliento, y aunque ya empezaba a sentir mis buenas embestidas, me mandó parar, empujó mi cintura hacia atrás y se incorporó. “De eso nada, hay no vas a terminar, lo siento cuñadito!!”
Sin dejarme tiempo para reaccionar, me agarró la polla y se la metió en la boca. Comenzó a mamar, profundo y mojado. Su lengua, delgadita y hábil, lamió mi glande, chupó mis huevos y recorrió cada centímetro de mi polla. Se metía y sacaba la polla de la boca continuamente, intentando tragarla entera... y lo consiguió. Toda mi polla estaba en su boquita, ahora llena con mi rabo y húmeda de su saliva y flujos, pues limpio mi rabo de su propia corrida. Me tocaba los huevos, y se comía mi polla, hasta que notó que me iba a correr, que toda la leche de esos huevos que acariciaba le llenaría la boca. Se saco mi polla y se tumbó en la cama. Me coloqué sobre ella y me la empezó a menear. Parecía que quería terminar como había empezado, haciéndome una buena paja. Mi rabo explotó, soltó toda mi leche sobre sus tetas, su vientre, su cara y su moreno pelo liso. Sus ojos se abrieron y captaron cada detalle, lo guardaron para si, para disfrutar cuando se acariciara sola, para recordar cuando quisiera, mi polla soltando leche, salpicando su bronceado cuerpo.
Cuando toda mi lefa estaba sobre ella, baje mi mano a su coñito y comprobé que estaba mojado, todavía u otra vez, no lo sé. El juego volvía a empezar, pero... “se acabó”, dijo en tono cortante. Cogió su pijama y se levantó de la cama. Me besó en la mejilla y me digo, “gracias, necesitaba pasarlo bien. Te volveré a buscar, y quizá la próxima vez tu polla descubrirá nuevos agujeros”.
Se fue al baño y le escuché ducharse tumbado sobre la cama mirando al techo. Cuando terminó se marchó a su habitación. Entonces me volví a dormir, entrando en un sueño placentero y relajado, soñando, quizá, con la próxima vez que tuviera a mi cuñadita (como a ella le gusta que la llame).

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Categoría: Amor Filial | Comentarios: 0 | Visto: 7496 veces

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