Hola amigos de esta página, les platicaré una historia que me sucedió hace algún tiempo, la viví con una de mis primas llamada Sonia, en ese entonces yo tenía 22 años de edad y ella acababa de cumplir 18. Por esos días estudiaba yo arquitectura en la capital del Estado donde nací, iba cada fin de semana a la casa de mis papás que está ubicada en mi pequeña Ciudad natal; estando un jueves en la universidad nos avisaron que al día siguiente no habría clases, así que por la tarde del propio jueves...
me fui a casa de mis papás, llegué en la noche y me encontré con la noticia de que recién habían llamado por teléfono para avisar que uno de mis tíos había muerto.
Mi tío fallecido vivía en una ciudad que se encuentra a tres horas por carretera de donde nosotros estábamos; nos dormimos mencionando mis papás que por la mañana nos iríamos a esa ciudad para estar presentes en sus funerales. Al día siguiente, muy temprano, mis papás me despertaron diciéndome que habían decidido ir ellos y que yo me quedara, ya que recordaron que para ese día llevarían por mensajería a la casa un paquete que les urgía recibir, idea que no me gustó porque quería estar en los funerales de mi tío, ya que lo estimaba mucho, sin embargo, acaté la orden, mis padres partieron, me quedé acostado en la cama otro rato, estaba sólo en la casa; como a eso de las once de la mañana me levanté, me duché, me vestí y me fui a ver la televisión a la sala, me dio hambre, así que pedí una pizza por teléfono.
Al poco rato escuché que alguien abría la puerta principal de la casa, como mis papás no estaban nadie más podía tener llave para entrar, así que fui a revisar, me di cuenta que se trataba de mi prima Sonia, al verme ella se sorprendió diciéndome: Haay, hola, pensé que no había nadie. Le dije que pasara, mi prima se puso nerviosa, se notaba sonrojada y tartamudeando un poco me mencionó: Pensaras que estoy abusando al abrir de esta forma, pero lo que sucede es que en la escuela me han estado dejando tareas de investigación y a mis papás en ocasiones no les alcanza para pagarme la renta de una computadora, tú mamá se dio cuenta de eso y me dijo que podía venir a utilizar la que está acá en tu casa y me dio una llave para poder entrar cuando no hubiera nadie; y como tus papás en la mañana pasaron por los míos para que se fueran juntos al funeral de mi tío y pensando que tú llegas los viernes hasta la noche no creí que hubiera alguien, por eso me atreví a abrir sin tocar, que vergüenza, creo que mejor me voy.
Le respondí: No me des explicaciones y pasa, a mí no me molestas en nada, si te vas y mi mamá se entera me va a regañar. La tomé de un brazo y la conduje hacia adentro de la casa, ella se resistía un poco y me seguía diciendo que le daba vergüenza haber entrado así, llegamos a la sala, le dije que hiciera el trabajo que venía a realizar, que yo iba a estar ahí viendo la tv, a la cual le bajé el volumen para no interrumpirla, la computadora se encontraba como a cinco metros de los sillones de la sala en donde estaba yo sentado, Sonia se seguía notando nerviosa, aunque ya no me dijo nada, llegó junto a la computadora, puso su mochila escolar en el escritorio que ahí había, se sentó y comenzó a trabajar.
En ese entonces a mi prima la conocía muy superficialmente, ya que cuando íbamos a ver a mis tíos o había reuniones familiares Sonia siempre se la pasaba junto a ellos, no convivía con todos los demás primos, hablaba poco y era muy recatada, durante nuestra vida habíamos cruzado unas cuantas palabras, sólo para preguntarnos algo; lo único que sabía de ella por comentarios de mi mamá era que siempre obtenía buenas calificaciones en la escuela y que ha sus papás nunca les daba problemas. Otra cosa que se hacía notar de mi prima eran sus grandes senos, muchos amigos de ese entonces me molestaban diciéndome que les presentara a mi prima porque se les antojaban sus enromes tetas.
Para mi gusto Sonia era y sigue siendo una chica hermosa, mide como 1.70m. De piel muy blanca, sus ojos son de un color café claro rodeados de unas pestañas rizadas, tiene una mirada tierna, de nariz pequeña, su boca también es pequeña formada por unos labios carnosos de color rosa pálido, de cabello intensamente negro y rizado el cual le llegaba a los hombros; de complexión rolliza, sin llegar a ser gorda, más bien tiene mucha carne bien repartida por todos lados; ese día llevaba puesto su uniforma escolar, el cual consistía en una blusa blanca abotonada, una falda tableada de cuadros rojos y negros que le llegaba a sus rodillas, unas calcetas blancas y unos zapatos escolares negros, sus senos formaban un bulto notorio en su blusa.
De momento no le di importancia a su presencia y seguí viendo la tv, no fue sino hasta que por coincidencia volteé hacia donde ella estaba trabajando cuando me di cuenta que se le veía un buen trasero, ya que estaba sentada dándome la espalda en una silla de oficina de esas que tienen un tubo delgado y hasta arriba una pequeña parte para recargar la espalda, así que le podía ver sus nalgas las cuales se ensanchaban cuando se inclinaba hacia el frente para escribir en el teclado, eso me llamó la atención; sin embargo, traté de no hacerle caso a esos pensamientos lujuriosos.
En ese instante tocaron el timbre de la puerta, me llevaban la pizza que rato antes había pedido, la puse en la mesa de centro de la sala preguntándole a Sonia si apetecía acompañarme a comer, me respondió que no porque quería terminar rápido su trabajo; le dije que le guardaría una porción por si cambiaba de parecer. Fui por una cerveza al refrigerador para acompañar la pizza y me puse a comer, a ratos volteaba a ver las nalgas de mi prima; jamás me había pasado eso, es decir, siempre que veía a una mujer de mi familia nunca me estaba fijando en su cuerpo, no sé por qué en ese momento me causaba morbo el verla ahí sentada.
Al poco rato, Sonia comenzó a imprimir el trabajo que había hecho; luego, apagó la computadora y se dirigió hacia donde yo estaba, diciéndome: Gracias, ya me voy. Le mencioné: Te estoy guardando pizza. Me respondió: No puedo quedarme, a esta hora mi hermanito ya salió de la escuela, debe estar solo en la casa y no ha comido, le tengo que preparar algo. Le dije: Come aquí conmigo, mientras pido por teléfono otra pizza para que se la lleves a mi primo (El tenía en ese entonces como 9 años de edad) y así te evitas el trabajo de estarle haciendo de comer, anda, siéntate.
Puse una porción de pizza en un plato y se lo di, ella tomó el plato pero no se sentaba, seguía insistiendo en irse, le mencione que la pizza estaba rica, que la probara, Sonia terminó por sentarse, sonreía nerviosamente; llamé por teléfono para pedir la otra pizza, luego fui al refrigerador por dos cervezas y le di una. Me pidió que mejor le diera agua. Le dije: Pero no creo que te sepa bien combinar pizza con agua. Me respondió: La cerveza no me gusta, tiene un olor desagradable. Le mencioné: Las cosas no siempre saben cómo huelen, además esta marca es deliciosa, pruébala. Ella comenzó a comer, aunque al bote de su cerveza no le tomaba.
Le volví a insistir diciéndole: Bebe tu cerveza, créeme que esta sabrosa. Sonia tomó el bote y le dio un trago, hizo gestos, aunque no me dijo nada; comenzamos a platicar de nuestro tío fallecido y de otros temas familiares, la conversación se fue haciendo amena, poco a poco se notaba que iba disminuyendo el nerviosismo que en un principio mi prima tenía, le siguió tomando a su cerveza, la segunda que yo me estaba bebiendo me la terminé y me di cuenta que ella después de acabar de comer se empinó el bote muy arriba, señal de que se la había terminado también; me levanté y fui a la cocina por otras dos cervezas más, al llegar y darle una me dijo: Ya no quiero, me sentí mareada. Le respondí: Deben ser tus nervios, por cierto, desde que llegaste te veo muy nerviosa, ¿Te hace sentir incomoda estar acá? Sonia me contestó: No, no es eso, lo que pasa es que heee, soy algo tímida.
Le dije: Somos primos, no debe haber desconfianza entre nosotros, anda, acompáñame con otra cerveza, esto es para relajarse, no para emborracharse. Me respondió: Gracias, pero ya no. Seguí insistiéndole hasta que me dijo: Bueno, pero sólo me voy a tomar una poca. Seguimos platicando y después de un rato me di cuenta que se estaba terminando su segunda cerveza ya que en cada trago que le daba inclinaba más el bote.
Tocaron el timbre y fui a ver, se trataba de la pizza que había ordenado, la puse en la sala diciéndole a Sonia: Aquí la dejo para que se la lleves a tu hermano, me respondió: Gracias, me voy porque ya es tarde. Le mencioné: Me gustaría seguir platicando contigo otro rato y que nos tomáramos una última cerveza, aprovechando que nuestros padres no están. Me contestó: Ya no, me siento mareada. Le mencioné: No lo creo, la cerveza tiene alcohol pero en una cantidad mínima, anda, nos tomamos la última y platicamos otros minutos; antes de que llegaras me sentía deprimido por lo de nuestro tío, me ha hecho bien conversar contigo, además, descubrí que eres muy agradable, porque aunque somos primos, nunca habíamos platicado como lo hemos hecho hoy.
Noté que Sonia no sabía que contestarme, pienso que en realidad ya se quería ir pero le daba vergüenza estarse negando a mis pedimentos; me dijo: Me quedaré otro rato, pero ya no quiero cerveza, si tú apeteces otra tómatela y acá te acompaño. Le contesté: Esta bien, me destapo una y te dejo destapada otra por si decides darle algunos tragos. Seguimos platicando y salió el tema de su escuela, ella estaba estudiando en la misma preparatoria en que yo lo había hecho años atrás, le pregunté por algunos maestros, Sonia me platicó ciertas cosas de ellos, diciéndome que a la que detestaba era a su maestra de biología, ya que en clases los hacía hablar de temas embarazosos.
Le pregunte cuales eran esos temas, ella me dijo: Cosas tontas relacionadas con el sexo y ese tipo de bobadas. Le mencioné: Pero hablar de sexo no es ninguna tontería. Me contestó: Es que resulta vergonzoso discutir esos temas delante de todos los compañeros de clase; por ejemplo, el trabajo que vine a hacer hoy, es sobre el sexo masculino, tengo que exponer esa clase el lunes, lo que yo me pregunto es ¿Porque eso no se los deja a los hombres? Y las mujeres podemos investigar del sexo femenino y así cada uno habla de lo suyo. Le dije: Cuando yo estudié ahí, esa maestra hacía lo mismo, pero esto es a razón de que entiendas más sobre el sexo opuesto del que muchas veces menos sabemos.
Me mencionó: Pero, qué tal si yo, al exponer el lunes digo alguna tontería, mis compañeros se van a burlar de mí. Le respondí: No, eso no pasará. Al estar hablando me di cuenta como ya sin pedírselo ella bebía de su tercera cerveza, luego me dijo: Platicar de esos temas me pone nerviosa, mis papás son muy conservadores y me han educado así.
En seguida me contó que su papá la aislaba mucho, que no la dejaba tener amigas ni mucho menos amigos, que cada vez le costaba más trabajo convencerlo de que le permitiera seguir estudiando, porque él decía que las mujeres nacían para servirle a un hombre y tener hijos y que ella no iba a ser la excepción y que entonces para que estudiar si de todos modos iba a terminar lavando platos y pañales; me platicó también que días atrás uno de sus compañeros le andaba pidiendo que fuera su novia, que ese chico le gustaba mucho pero que su papá se dio cuenta y le dijo a ese muchacho que si no dejaba en paz a su hija le iba a meter un plomazo en medio de la frente, que ese chico jamás se le volvió a acercar; que ella tenía miedo de siquiera hablarle a alguien porque sabía que algo malo les podía hacer su papá, en fin, me contó varias cosas que yo no me imaginaba de su vida.
En esa conversación yo abrí para cada quien otra cerveza, ella ya no replicó nada, al seguirme platicando las cosas que le hacía su papá comenzaron a rodársele lagrimas de sus ojos, le dije que no se pusiera triste, Sonia tomó el bote de su cuarta cerveza y se la bebió casi toda de golpe. En la mesa de centro estaban varias cervezas que rato antes había yo sacado del refrigerador, le di una más y me destapé otra.
Mi prima seguía llorando, me fui a sentar junto a ella, la abracé diciéndole que se tranquilizara, que ese momento teníamos que disfrutarlo; Sonia dejó de llorar, pasado un rato subió sus pies en el sillón y recostó su cabeza en mis piernas, cerró sus ojos y nos quedamos en silencio, su cabeza prácticamente estaba sobre mi pito, el cual comenzó a tener una erección, no lo pude evitar, ella se dio cuenta y se enderezó quedando sentada junto a mí; ese día después de ducharme y como pensaba estar todo el día en mi casa, no me había puesto calzoncillos, sólo un pantalón deportivo de tela delgada, así que se podía notar claramente el abultamiento que ahí tenía.
Los dos estábamos en silencio, me iba a levantar e ir al baño, pero por alguna razón no lo hice, Sonia en instantes miraba disimuladamente el abultamiento que formaba mi pene, al mismo tiempo que le daba sorbos a su cerveza, sus miraditas me excitaron más de lo que de por sí ya estaba, y como consecuencia de ello mi pito continuó erecto a tope, observándose en mi pantalón como una carpa de circo; pensé que ella se levantaría para irse, pero no fue así, ahí permaneció, en ese momento me preguntó: ¿Por qué te pasó eso? Le respondí: No lo pude evitar, el pene es así, cualquier roce lo pone erecto.
Mi prima sonrió nerviosamente, le dije: Estando con alguno de tus novios habrás visto que sin quererlo haya tenido una erección. Sonia sentada junto a mí me respondió: Nunca he tenido novio, hace un momento te platiqué como es mi papá. Luego de hacer una pausa me preguntó: ¿Con tus novias te ha pasado esto? Le contesté: Si, algunas veces. Ella volvió a preguntarme: ¿Y se molestan? Le respondí: No, todo lo contrario, a cualquier mujer le gusta ver un pene erecto. Mi prima me dijo: A mí no, me da miedo.
Le mencioné: No tiene por qué darte miedo, el pene es una parte como cualquier otra del cuerpo de un hombre, si quieres puedes comenzar por ver el mío para que vayas perdiendo ese temor. Sonia volteo a verme con un gesto dibujado en su rostro de cierta sorpresa respondiéndome: Nooo ¿Cómo se te ocurre eso?
Insistí diciéndole: Anda, verás que no pasa nada. Me contestó: Noo, ya te dije que no. Pensé que ahora si se iba a levantar para irse, pero no lo hizo; ya nos habíamos terminado nuestras cervezas, me puse de pie, tomé otros dos botes de la mesa y los destapé, mi pene continuaba bien erecto, mi prima seguía viendo disimuladamente el bulto que este hacía en mi pantalón, le di en su mano un bote y me quedé parado frente a ella, en ese momento me dijo tímidamente: Tú pantalón casi se rompe. Le respondí: Si, me está lastimando. Me mencionó: Será mejor que me vaya para que puedas quitártelo.
Le dije: No hay necesidad de que te vayas, me lo puedo quitar aunque estés acá, te tengo confianza. Se quedó callada. Seguía yo parado frente a ella y sin decirle más de un tirón me baje el pantalón el cual me quedó a la mitad de mis muslos, mi erecto miembro saltó de inmediato. Sonia al ver eso dejó caer al piso la lata de cerveza que tenía, puso sus manos sobre su cara y subió sus piernas en el sillón como si se tratara de proteger diciéndome en voz alta: Nooo ¿Qué haces? La tomé de sus brazos mencionándole: Tranquila, no pasa nada, tenme confianza.
Parado frente a ella fui jalando sus brazos hasta hacerle retirar sus manos de su rostro, bajó sus piernas del sillón y volteó su cara hacia un lado con sus parpados cerrados y apretados, suplicantemente me pedía que me subiera el pantalón, mi pito quedó a unos cuantos centímetros de su rostro; comencé a acariciar su pelo, al mismo tiempo en que le decía: Abre tus ojos y voltea a ver mi pene, si lo haces y te sigues sintiendo incomoda me subo el pantalón, te lo prometo. Sin responderme nada fue volteando su cara hacia el frente, noté como entreabría sus ojos, hasta que los abrió por completo, se notaba nerviosa; sin embargo, fijó su mirada en mi erecto miembro.
Por algunos segundos lo observó y luego volvió a cerrar los ojos, sus manos las tenía colocadas sobre su falda escolar con sus puños cerrados; continué acariciándole el pelo, enseguida, le tomé una mano y le pedí que abriera su puño, con voz temblorosa me preguntaba: ¿Para qué? Sin embargo, lo fue haciendo, sus ojos continuaban cerrados, despacio se la fui dirigiendo hacia mi pito hasta que su palma hizo contacto con él, cuando sintió eso retiró su mano de inmediato poniéndose de pie mencionándome: Nooo ¿Qué haces? Ya me voy. La tomé de su hombro y le dije: Tranquila ¿Por qué te alteras? Si no quieres no toques nada, pero no te vayas, siéntate un momento.
Un tanto forzada volvió a sentarse en el sillón; continuaba parado frente a ella sin subirme el pantalón, le mencioné: No entiendo el miedo que tienes de tocar un pene, no es algo malo ni te pasaría nada, inténtalo. Sonia guardó silencio, seguía sentada en el sillón con sus ojos cerrados, yo ya estaba bien caliente, sin decirle más le tomé una mano y de nueva cuenta se la dirigí a mi miembro, no hubo resistencia de su parte, apretó sus parpados y volteó su rostro hacia un lado, coloqué su mano en mi polla, ella al sentir el roce jaló su brazo, aunque esta vez no lo hizo con fuerza, la palma de su mano quedó puesta en la parte media de mi pito sin que me reclamara.
Le mencioné: Lo vez, no pasa nada, cierra tu puño para que lo sientas. Quedamente me respondió: Me da vergüenza. Continué insistiéndole, fue cerrando su puño abrazando delicadamente mi pene. Le seguí acariciando su pelo y su cara la cual la mantenía volteada hacia un lado con sus parpados cerrados y apretados; luego le dije: Mueve un poco tu mano. Sonia me respondió: ¿Para qué?
A pesar de su respuesta comenzó a moverla masturbándome lentamente; le empecé a acariciar sus muslos a la altura de sus rodillas, al mismo tiempo en que le decía palabras que la tranquilizaran, Sonia continuó haciendo movimientos lentos con su mano en mi pito; las caricias que le daba en sus muslos eran con las yemas de mis dedos, en esas caricias le fui haciendo su falda escolar hacia arriba hasta el punto en que le empecé a ver sus pantaletas las cuales eran de color blanco, su piel era suave como la de un bebe, para mi sorpresa no me reclamaba nada.
Así estuvimos un rato hasta que llegó el momento en que me agaché haciendo con ello que soltara mi pene, me hinqué en el piso frente a ella y metiéndome en medio de sus piernas comencé a besar y lamer sus rodillas y luego sus gruesos, blancos y firmes muslos, cuando subí mi vista observé que mi prima ahí sentada en el sillón miraba para todos lados como no sabiendo que hacer, continué besado el interior de sus muslos hasta llegar con mis labios a sus pantaletas de tela de algodón, las hice hacia un lado y le lamí su entrepierna, observé que tenía una tupida mata de vellos negros y rizados en su sexo.
Sonia al sentir eso se impulso para levantarse del sillón diciéndome: Espera ¿Qué haces? Hincado entre sus piernas la agarre de sus muslos para no dejar que se pusiera de pie y le dije: Dame sólo un minuto por favor. Mi prima seguía haciendo esfuerzos por levantarse mencionándome: No, no quiero, ya no me toques. Al oír sus suplicas dejé de sostenerla de sus muslos, se levantó del sillón, yo también me puse de pie, me acerqué a ella y tomándola de un hombro le pregunté: ¿Qué sucede? ¿Te hice daño? En voz baja y temblorosa me contestó: Ya me voy, estoy muy nerviosa.
Le pregunté: ¿No te gustó como te besé? Parada junto a mí se acomodaba su falda sin responderme nada, le mencioné: Creí que te iban a agradar las caricias que te di, me gustaría que me dejaras tocarte por un minuto, si durante ese tiempo sigues sintiéndote incomoda no te insistiré más, tú ya me tocaste a mí, ahora déjame acariciarte un poco. Me contestó: Ya me tengo que ir. Le dije: Esta bien, pero, no me gustaría que te fueras con una mala impresión de mí, lo único que quería era hacerte sentir bien, siéntate un momento, te tranquilizas y luego te vas. Me contestó: No, ya es tarde, tengo que llegar a mi casa. Le dije: Sólo un rato por favor. Sin decirme más se sentó de nueva cuenta, yo me senté junto a ella.
Se notaba nerviosa, yo continuaba con mi pantalón a medios muslos, por unos instantes nos quedamos callados sentados uno al lado del otro en ese sillón, mi pene ya estaba perdiendo su erección, hubo un momento en que Sonia disimuladamente dirigió su mirada hacia él y al cabo de unos instantes me dijo: Algo te está escurriendo. Al yo mirarlo observé que de la punta le salía un poco de líquido y le mencioné: Es el lubricante que siempre sale, aunque en esta ocasión salió más de lo normal, es que me hizo sentir muy bien cuando me tocaste, por eso yo quería que tú sintieras lo mismo, te aseguro que no te hubieras arrepentido, ojala me permitieras hacerte experimentar muchas cosas lindas.
Se quedó callada por un momento, luego me preguntó tímidamente: Pero ¿Qué es lo que me harías? Le contesté: Es que no puedo explicártelo con palabras, solo te puedo decir que sería algo que te haría sentir bien. Mi prima volvió a guardar silencio hasta que me preguntó: ¿Yo que tendría que hacer? Le respondí: Nada, sólo relajarte y tenerme confianza. Me dijo con voz temblorosa: Pero, es qué me siento muy nerviosa. Me puse de pie y le mencioné: Recuéstate en el sillón, tranquilízate y confía en mí, si lo que te haga no te agrada me lo dices y te prometo que me detengo y ya no insistiría más.
Sonia después de un momento me mencionó: Pero, antes súbete tu pantalón. Le obedecí de inmediato, mi prima se recostó en el sillón boca arriba con sus piernas estiradas y sus ojos cerrados; parado junto a ella le quité sus zapatos, me quité también los míos subiéndome al sillón hincándome en medio de sus piernas, comencé a bajarle una de sus calcetas, Sonia se enderezó rápidamente quedando sentada en el sillón diciéndome: Nooo, no me quites nada. Le mencioné: Sólo las calcetas, anda, por favor.
Sin responderme nada se volvió a dejar caer de espaldas sobre el sillón, le retiré de sus piernas ambas calcetas y comencé lentamente a besarle sus pies, luego sus tobillos hasta que llegué con mis labios a sus rodillas, al mismo tiempo con mis manos poco a poco le iba subiendo su falda escolar, Sonia quedamente me decía: Noo, no me la subas. Sin embargo, ya no se enderezó, solamente agarró su falda de los lados tratando de impedir que se la siguiera subiendo, aunque la fuerza que imprimía era débil; sus piernas se veían hermosas, gruesas y bien torneadas, de piel muy blanca y sin ningún rastro de vellos en ellas.
Le fui lamiendo sus muslos, haciendo con mis manos que abriera un poco más sus piernas, a pesar de su débil resistencia su falda se la subí hasta su abdomen, quedando al descubierto sus pantaletas blancas de tela de algodón, mi prima tenía volteada su cara hacia un lado permaneciendo con sus ojos cerrados y sus puños apretados en la tela de su falda, mi lengua y mis labios siguieron su camino por esos ricos muslos hasta llegar a su entrepierna comenzándosela a chupar, escuché que Sonia empezó a gemir quedamente.
Sin despegar mi boca de su entrepierna hice hacia un lado la tela de su calzón en la parte de su vagina, ella se enderezó tomando mi cabeza con sus manos diciéndome nerviosamente: Nooo, eso nooo. Sin separar mis labios de ahí le dije: No pasa nada, relájate y confía en mí. Sonia despacio volvió a recostarse de espaldas sobre el sillón sin soltarme mi cabeza, mi lengua comenzó a recorrer su velludo y húmedo sexo.
En voz baja continuaba diciéndome que no hiciera eso, al mismo tiempo que lanzaba débiles gemidos, ya no intentó enderezarse, mi lengua siguió recorriendo sus lindos labios vaginales los cuales en su interior tenían un color rojizo que contrastaba con su demás piel intensamente blanca y sus abundantes vellos negros, en mi boca pronto se impregno el sabor de su conchita, sin parar de lamerle su sexo comencé también a frotarle su clítoris.
Sonia ya no me reclamaba, sólo se escuchaban sus gemidos, sus manos las apretó más fuerte en mi cabeza entrelazando sus dedos en mi pelo; como pude me bajé mi pantalón dejándomelo a medias piernas quedando liberado mi pito que para ese instante se encontraba otra vez totalmente erecto, mi lengua continuó recorriendo su vagina y con mi dedo no paraba de frotarle su clítoris; ella empezó a retorcerse en el sillón, sus gimoteos aumentaron en intensidad.
Llegó el momento en que se sacudía, como si le dieran toques eléctricos, arqueaba su cuerpo hacia arriba, pegando su sexo más a mi boca, al mismo tiempo que prácticamente gritando me decía: Haaay, yaaa, primo yaaaa. Siguió gritando sin que yo parara de lamerle su vagina, hasta que se impulsó hacia atrás haciendo que mis labios se separaran de su deliciosa cuevita diciéndome entre jadeos: haaay, ya no, ya noooo.
Bajó sus piernas del sillón quedando sentada acomodándose su falda escolar, yo me senté a su lado, la abracé y luego le pregunté si le había gustado, en voz baja me respondió con su respiración aún agitada: Haay, no pude aguantar más. Le mencioné: Pero dime ¿Te gustó o no? Ella sonrió tímidamente sin contestarme nada, luego recostó su cabeza en mi hombro, guardamos silencio por un rato, pasado un momento noté que observaba mi erecto pito hasta que me dijo: Te bajaste otra vez tu pantalón. Le respondí que sí y le pregunté: ¿Podrías acariciar mi pene? Sonia sonrió nerviosamente contestándome que no, yo insistí diciéndole: Anda, hazlo.
Continuaba diciéndome que no por qué le daba vergüenza. Le mencioné: Estamos en confianza, por favor, acarícialo. Ya no me respondió, seguía con su cabeza recargada en mi hombro mirando fijamente mi pito; pasados unos instantes y sin ya decirle nada, dirigió una de sus manos hacia mi miembro, lo tomó cerrando su puño suavemente alrededor de él y comenzó a masturbarme despacio.
Con esos movimientos mi prepucio se fue bajando dejando libre la roja, inflamada y palpitante cabeza de mi pito; luego de masturbarme un rato soltó mi pene y uno de sus dedos suavemente lo fue pasando por la punta del mismo, la cual estaba humedecida por los líquidos lubricantes que de ahí salían, sonreía nerviosamente; enseguida volvió a tomarlo con su mano y continuó subiéndola y bajándola lentamente.
Voltee hacia ella, busqué su boca y la besé, Sonia recibió mis labios sin hacer reclamo alguno y sin que parara de masturbarme; no sabía besar porque sus labios los apretaba demasiado, sin separar mi boca de la suya le decía que abriera más sus labios, ella lo hizo, nuestras lenguas comenzaron a rosarse, convirtiéndose ese beso en uno muy apasionado.
Al separar nuestras bocas me le quedé mirando y le pregunté: ¿Le podrías dar besitos a mi pene? Sonia lo soltó diciéndome: No, eso no. Le mencioné: Por favor, quiero sentir lo que tú experimentaste hace un rato cuando te besé tu sexo. Con su cara agachada me contesto quedamente: Es que eso sería muy sucio. Le dije: inténtalo ¿Si?
En su cara se le reflejaba nerviosismo. Continué insistiéndole pero se negaba a hacerlo; sin embargo pasado un rato me mencionó con voz temblorosa: No me veas, cierra tus ojos. Le hice caso aunque no cerré mis parpados por completo, con mis ojos entreabiertos observé como con movimientos titubeantes se fue acomodando en el sillón hasta quedar hincada junto a mí, tomó mi pene con una de sus manos, lo miró fijamente y luego se fue inclinando acercando su boca hacia él hasta que le dio un beso, luego le dio varios más, apenas rozaba con sus labios la cabeza de mí pito.
En uno de esos besos que le dio se estiró entre mi miembro y sus labios un hilo de liquido viscoso que me escurría, con uno de sus dedos lo separó de su boca y con su mano se limpió sus labios haciendo un gesto de náuseas; luego, sin decir nada se volvió a inclinar para besarlo otra vez, no metía ni un centímetro de mi pito en su boca, no me tocaba tampoco con su lengua, sólo me daba suaves besitos con sus labios.
Así transcurrieron algunos instantes, hasta que soltó mi miembro y se sentó a un lado mío en el sillón, volteé a verla, ella se limpiaba los labios con uno de sus brazos, me le quedé mirando y le pregunté: ¿No te gustó? Con un leve gesto de nauseas dibujado en su rostro me contestó: Lo que te está saliendo sabe salado. La tomé de su barbilla haciendo que volteara su cara hacia mí fundiendo mi boca en la suya, recibió mis labios sin reclamo alguno; en seguida, pasé de besarle su boca a lamerle su cuello, cuando sintió eso, me dijo: Nooo, no me beses así. Trató de retirarse, sin embargo, sin despegar mi boca de su cuello la seguí lo poco que se arrimó en el sillón, hasta que dejó de reclamarme y resistirse.
Comenzó a gemir, le tomé una de sus manos y se la puse en mi miembro, de nueva cuenta empezó a masturbarme; al mismo tiempo que la besaba le acariciaba sus enormes senos por encima de su blusa, Sonia me mencionaba con voz entrecortada: Nooo, espera. Aunque me decía eso no hacía ningún intento por separarse; sin dejar de besarle su cuello la fui haciendo hacia atrás hasta que quedó recostada de espaldas en el sillón y yo encima de su cuerpo, en ese movimiento soltó mi pito, uní mi boca a la suya, ella respondió a ese beso apasionadamente cerrando sus ojos y abrazándome; sobre su cuerpo moviendo mis piernas me terminé de quitar el pantalón, el cual de por sí ya lo tenía a la altura de mis rodillas, mi erecto miembro se frotaba en su falda escolar.
Estando encima de ella y sin parar de besarla le fui desabrochado los botones de su blusa, Sonia me decía quedamente: Nooo, no lo hagas. Le desabotoné toda su blusa; mis labios descendieron hasta llegar a su pecho, traía puesto un grueso sostén de color blanco, metí mis manos por debajo de su espalda y se lo desabroche, seguía diciéndome que me detuviera, al mismo tiempo puso sus manos en sus senos agarrando su sostén, el cual le había quedado suelto en su pecho, besándole el cuello le quité sus manos de ahí, ella no opuso resistencia, haciendo a un lado ese sostén le comencé a lamer sus enromes tetas.
Las puntas de sus pezones eran de piel suave y estaban completamente erectas, las aureolas que los rodeaban tenían un color café oscuro que contrastaba con la demás piel intensamente blanca de sus senos, se transparentaban en ellos algunas venas verdosas; al estarle chupando sus hermosas tetas empezó a gemir, abrazándome de mi espalda y diciéndome con voz temblorosa: Haaa, haaay, no hagas eso, nooo.
Sin quitármele de encima y sin parar de lamerle sus melones le desabroché el botón de su falda, Sonia movía sus piernas como intentando impedir que se la quitara diciéndome: Noo, la falda nooo. Con esos movimientos lo único que logró fue que esa prenda se le deslizara más rápido por sus piernas hasta salírsele por completo, se tapaba la cara con sus manos diciéndome que sentía vergüenza, mi erecto pito rozaba sus calzones, tenía sus piernas estiradas y cerradas, estando sobre ella continué lamiendo y chupando por todos lados sus lindos senos, al mismo tiempo empecé a acariciarle su vagina por encima de sus pantaletas, la tela en esa parte de sus calzones se sentía mojada.
Sin dejarla de besar metí mi mano por debajo de sus lindos calzoncitos sintiendo su velluda vagina comenzándosela a tocar, Sonia me decía: Noo, ya nooo, haaay. Sin embargo, no hizo nada para detenerme, al contrario, al cabo de un momento abrió un poco más sus piernas; yo continuaba acariciándole su mojado sexo, luego busque su clítoris y se lo empecé a frotar, sus gemidos se hicieron más intensos; no paré de lamerle sus tetas ni de frotarle su clítoris por un buen rato, hasta que llegó el momento en que debajo de mí y prácticamente gritando me decía: Haay, yaaa, ya no aguanto, yaaaa. Gritó y gimió por algunos segundos más, hasta que cerró y apretó sus piernas impidiendo que siguiera acariciando su concha.
Saqué mi mano de sus calzones y la besé en la boca, ella respiraba agitadamente, movía yo mi cintura para que mi erecto pito frotara sus gruesos muslos; sobre su cuerpo y sin dejar de besarla le comencé a bajar sus calzones, Sonia despegó su boca de la mía diciéndome nerviosamente: No, no, no, eso no. Al mismo tiempo que los tomo por los lados para no permitir que descendieran, en ese momento le besé su cuello apasionadamente, ella comenzó a gemir al sentir mi lengua ahí.
Sin despegar mis labios de su lindo cuello le decía que se tranquilizara y que me dejara amarla, Sonia no me respondía, sólo se escuchaban sus gemidos, llegó el momento en que soltó sus calzones, sin parar de besarla, arriba de ella como estaba se los continué bajando, ya no me reclamó, cuando estaban por sus rodillas con mis propios pies se los empujé hacia abajo hasta sacárselos por completo.
Mi prima colocó sus manos sobre su rostro diciendo: Que vergüenza. Me enderecé quedando hincado entre sus piernas, delicadamente le retiré sus manos de su cara, ella la volteo hacia un lado cerrando sus ojos, tomé mi erecta polla y se la comencé a frotar en su vagina, toda la cabeza inflamada y enrojecida de mi pito le recorría de arriba a abajo su rica concha, sentía yo el roce de sus rizados vellos, Sonia con sus ojos cerrados y sus parpados apretados abría su boca, le pregunté si le gustaba, con voz entre quebrada quedamente me respondió: Siii, perooo, ya, ya no sigas.
De nueva cuenta me fui encima de su cuerpo, con sus piernas entreabiertas mi pito quedó colocado en la entrada de su mojada conchita, sus enormes tetas estaban aprisionadas contra mi pecho, le besé sus labios y luego le pregunté si quería que hiciéramos el amor, con sus ojos cerrados y con voz temblorosa me respondió: Tengo miedo. Le dije: Relájate. Me preguntó nerviosamente: ¿Me va a doler? Le contesté: Te prometo ser cuidadoso. Sonia se quedó callada, le continué besando su boca al mismo tiempo que comencé a mover despacio mi cintura para que mi pito la fuera penetrando, cuando sintió eso separó sus labios de los míos quejándose dolorosamente y diciéndome: Haaay, no me metas toda.
Sentí como mi polla iba abriendo los pliegues de su vagina, ella volteo su cara hacia un lado apretando los parpados de sus ojos, se quejaba mucho, yo seguí moviéndome despacio, percibí que la inflamada cabeza de mi pito ya estaba adentro, ahí encima de su cuerpo empujé otro poco, mi prima dio un grito diciéndome: Haaay, me dueleee. Estaba muy estrecha; me seguí moviendo despacio y ella continuó quejándose dolorosamente, hasta que empujé mi cintura con más fuerza, sentí como mi polla se fue hasta adentro de su cuevita, Sonia volvió a gritar mencionándome: Yaaaa, ya nooo, me duele, me dueleeee.
Sus uñas me las encajó en mi espalda, por si sola abrió más sus piernas y las elevó un poco, yo me seguí moviendo sobre ella lentamente, una corta porción de mi polla entraba y salía de su vagina, podía sentir que la tenía toda adentro porque mis testículos golpeaban sus nalgas, con su carita volteada hacia un lado continuaba haciendo gestos de dolor y se seguía quejando, aunque ya no me decía nada, en ese momento le besaba su cuello y le apretaba sus tetas con mis manos; me fui moviendo más rápido, dejó de encajarme sus uñas en mi espalda y sólo me la acariciaba.
Su boca la tenía muy abierta, al mismo tiempo de estarse quejando jalaba aire con ella, poco a poco más porción de mi polla entraba y salía de su apretada vagina, el roce era muy intenso; abrió aún más sus piernas, en ese momento me detenía del sillón con las palmas de mis manos puestas a los lados de su cabeza observando su hermosa cara.
Continuaba sin decirme nada, sólo se escuchaban sus quejidos, con su boca abierta continuaba jalando aire apresuradamente, iba notando como disminuía en ella esa mueca de dolor que en un principio tenía, para ese instante toda mi polla la penetraba a una mediana velocidad, se escuchaba el golpeteo de mis testículos en sus grandes nalgas, hubo un momento en que volteo su cara hacia mí mirándome con sus ojos entreabiertos, le pregunté si le estaba gustando, Sonia jadeando y gimiendo me dijo con palabras entre cortadas: ¿Ya está toda adentro? Le respondí: Sí chiquita. Puso sus ojos en blanco y cerró sus parpados gimiendo aún más fuerte.
Busqué con mis labios los suyos y la besé, Sonia recibió ese beso apasionadamente, enseguida le lamí su cuello, mi polla entraba y salía de su cuevita cada vez más rápido, con sus piernas abiertas colocó sus talones sobre mis nalgas, en su cara se le notaban muecas de dolor y en instantes gestos de placer sin que dejara de gemir y jadear; puse mi boca en sus tetas y se las comencé a chupar por todos lados, sus ojos los abría notándosele una mirada pérdida, luego los ponía en blanco y cerraba sus parpados.
Moviéndome encima de ella le decía que la amaba sin parar de lamerle sus impresionantes senos, mi prima me acariciaba mi espalda y gemía constantemente; en momentos me enderezaba un poco para verle su cara y esos gestos que entre dolor y gozo hacia y luego me volvía a ir encima de ella por completo, besándole todo lo que podía de su cuerpo sin parar de meterle a una rápida velocidad mi polla en su apretada concha; cuando las envestidas que le daba eran más fuertes Sonia pasaba sus manos hacia atrás agarrándose del brazo del sillón gimiendo y gritando intensamente.
Le volví a preguntar si le gustaba, ella con palabras que apenas se entendían dentro de sus jadeos y gemidos me respondió: Haaay, haaa, siii pero, te dije que no toda, haaay, que no metieras toda haaaa. Le mencioné arremetiendo con fuerza en su vagina: ¿Quieres que te la saque? Sonia me respondió: Noo, noo, sigue, sigue. Le continué dando así por otro rato, su boca la abría desmesuradamente, llegó el momento en que su cintura la empujaba hacia arriba y su cuerpo temblaba gritando como nunca me imaginé que lo pudiera hacer.
La estreches de mi prima hacia que el roce entre su vagina y mi pito fuera muy intenso, cuando sentí que mi eyaculación no la podía aguantar por más tiempo saqué mi polla de su concha enderezándome quedando hincado entre sus piernas comenzando a eyacular encima de su estomago, su ombligo se llenó de mi semen y otros chorros le llegaron a sus tetas.
Sonia se quedó inmóvil jadeando y gimiendo con su cara volteada hacia un lado y sus ojos cerrados, todo su cuerpo se veía humedecido de sudor; a los pocos instantes de forma lenta enderezó su cabeza viendo el esperma que tenía en su abdomen y senos, preguntándome aún con su respiración agitada: ¿Qué me echaste? Al mismo tiempo que con uno de sus dedos tocaba una gota de esperma que tenía en sus tetas, sin responderle nada me bajé del sillón quedando parado en el piso, ella también se levantó, tenía su blusa puesta aunque toda desabotonada, su sostén le colgaba en su pecho, de manera apresurada camino y se metió al baño cerrando la puerta.
Me di cuenta que en el sillón había una mancha de sangre, Sonia se había levantado tan rápido que ni siquiera la vio, mi pene también tenía restos de sangre, voltee el cojín del sillón para que ella no se diera cuenta y me limpié el pene; transcurrieron algunos minutos sin que Sonia regresara, fui al baño y le toqué la puerta preguntándole si se encontraba bien, me contestó quedamente que sí. Le dije: ¿Estás segura? Me respondió: Sí, en un rato salgo. Noté en su voz que estaba llorando, oí que abría las llaves de la regadera y le mencioné: Te escucho qué lloras. Ella me contestó: No es nada, me voy a duchar.
En ese instante tocaron el timbre de la casa, quizás era el de la paquetería para entregar el pedido que a mis papás les urgía recibir, pero también podía ser algún amigo o familiar y si entraban corría el riesgo de que vieran a Sonia, así que decidí no abrir, mi prima que también escuchó el timbre entreabrió la puerta del baño diciéndome: No vayas a abrir porque me pueden encontrar aquí. Le dije que no lo haría, cerró la puerta y se siguió duchando; me vestí y recogí del piso la falda, los calzones y las calcetas de Sonia y las puse en el sillón, dejaron de tocar el timbre, a los pocos minutos ella salió del baño con una toalla enredada en su cuerpo, le dije: Me tienes preocupado ¿Te sientes mal?
Se abalanzó hacia mí abrazándome fuerte poniéndose a llorar, le pregunté: ¿Qué te pasa? Me respondió entre sollozos: Estoy asustada, cuando me duchaba me vi sangre en mi vagina. Le contesté: Cálmate, tú sabes que cuando una mujer hace el amor por primera vez sangra, es normal, todo va a estar bien. Se separó de mí y se sentó en el sillón diciéndome aún llorando: No debimos hacer esto, si sigo sangrando voy a tener que ir a ver un médico ¿Y qué le voy a decir? ¿Y si mis papás se enteran? ¿Qué voy a hacer?
Le pregunté: ¿Te puedo revisar tu vagina? Me respondió: No, me da vergüenza. Le dije: Entonces revísala tú y observa si todavía sangras.
Fui por una porción de papel sanitario y se lo di mencionándole: Límpiate con esto. Ella continuaba sentada en el sillón, al agarrar el papel noté que su mano temblaba diciéndome: Voltéate, no me veas. Le di la espalda, pasados unos instantes le pregunté si seguía sangrando, ella me respondió ya más tranquila: No creo que no. Le mencioné: Lo ves, no te preocupes ¿Ya puedo voltear? Sonia me contestó: No espera, déjame ponerme la toalla. Le dije que iría a mi habitación.
Aproveché para hablarles por teléfono a mis papás porque tenía la preocupación de que ya vinieran en camino junto con los papás de mi prima, eran como las cinco de la tarde, me contestó el celular mi mamá, me dijo que acababan de sepultar a mi tío y que se iban a quedar a dormir en esa ciudad; disimuladamente le pregunté por los papás de Sonia, mi mamá me mencionó que también ellos se iban a quedar y que al otro día por la mañana todos se regresarían juntos.
Sonia entró a mi habitación y le platiqué lo que mi mamá me había mencionado, me respondió: Eso me tranquiliza un poco, aunque mi hermanito debe estar preocupado de que no he llegado a la casa ¿Me permites hablarle por teléfono? Le dije que si, ella ya estaba vestida, se sentó en la cama y marcó del teléfono de mi habitación, escuché que habló con mi primo diciéndole que había tenido que quedarse en la casa de una amiga haciendo un trabajo escolar pero que ya iba para allá.
Colgó el teléfono, se quedó sentada en la cama con su cabeza agachada, me senté a su lado diciéndole: No estés triste. Me respondió en voz baja: Debes pensar que soy una cualquiera por permitir que hiciéramos esto. Le mencioné: No, no pienso eso de ti, al contrario, creo que eres una chica muy hermosa y especial, además, lo que acabo de pasar ha sido lo más extraordinario de mi vida ¿Para ti fue desagradable? Tímidamente me contestó: Se que nunca debió haber sucedido, perooo, creo que fue lindo, siempre lo voy a recordar.
Nos abrazamos durante un rato y luego me mencionó: Me tengo que ir, mis padres pueden hablar por teléfono a mi casa y mi hermanito va a decirles que no he llegado y me van a dar una buena tunda cuando regresen.
Le dije: Porque no le vas a dar de comer a tu hermano, esperas a que se duerma y voy por ti para pasar acá la noche juntos, y mañana temprano te llevo a tu casa antes de que lleguen nuestros papás. Me respondió: No, no me atrevería a hacer eso, además hoy es viernes y como mañana mi hermanito no va a la escuela siempre se desvela con sus video- juegos, si lo trato de obligar a dormir, no lo va a hacer y mañana me va a acusar con mis papás, es un niño consentido.
Luego me preguntó: ¿Y para que quieres que pase la noche aquí? Le respondí: Porque me gustaría estar más tiempo contigo ¿A ti no te agradaría? Con un gesto de timidez reflejado en su rostro me contestó en voz baja: Mmm, sí, creo que sí. Nos quedamos callados hasta que Sonia me mencionó: Si quieres podemos ir a mi casa, entramos por el patio cuidando que mi hermano no te vea, te escondes en el jardín, le digo que vaya conmigo a la cocina para calentar la pizza y en lo que come te voy a abrir la ventana de mi habitación y por ahí te metes, estamos otro rato juntos y cuando él se duerma te vas.
Acepté gustoso su propuesta; llevamos a cabo ese plan y todo resultó bien, estando escondido en el jardín me abrió la ventana de su habitación y por ahí ingrese sin que su hermano se diera cuenta, encendió la tv con volumen bajo, me dijo que iba a estar un rato con su hermano en la cocina, se salió de la habitación poniéndole seguro a la puerta por dentro y pidiéndome que le abriera cuando tocara; pasado un rato oí que sonó el teléfono y mi prima lo fue a contestar en una repisa que está cerca de su habitación por el lado de afuera, esto lo sé porque muchas veces había estado en esa casa cuando visitábamos a mis tíos, por la conversación que ella tenía en el teléfono me percaté que eran sus papás y que le estaban diciendo que iban a llegar hasta el otro día , Sonia les mencionaba que no se preocuparan que todo estaba bien.
A la habitación de mi prima entré por ahí de las seis de la tarde, ella desde esa hora se estuvo con su hermano hasta más o menos las ocho de la noche en que fue y quedamente tocó la puerta, le abrí y al entrar cerró y volvió a poner el seguro por dentro diciéndome: Disculpa la tardanza, pero es que mi hermanito es algo especial, aparte de que tuve que esperarlo hasta que terminara de comer, se le ocurrió que le ayudara con su tarea escolar, si me hubiera negado mañana les dice a mis papás y me habrían regañado, pero ya se metió a su cuarto y se puso a jugar, le mencioné que me venía a dormir porque estaba muy cansada.
Ambos nos sentamos en la cama, por un instante guardamos silencio, volteé a verla, me di cuenta que miraba hacia abajo, la abracé preguntándole porque había puesto una cara triste, me respondió: No estoy triste, quizás un poco nerviosa, aunque, por otro lado, me siento contenta de que me estés acompañando. Los dos nos miramos y nos fundimos en un beso.
Nos recostamos en su cama sin parar de besarnos, sus zapatos cayeron al piso, los míos también, aún traía puesto su uniforme escolar, ambos quedamos a la mitad de la cama, estaba encima de su cuerpo; sin dejar de besarla le fui desabotonando su blusa hasta dejársela abierta, mis manos llegaron a su espalda y le desabroché su sujetador, mi prima no decía nada, le comencé a besar sus tetas, al mismo tiempo en que le acariciaba su vagina por encima de sus pantaletas, Sonia gemía débilmente.
Luego, me enderecé hincándome a un lado de ella, le pedí que se recostara boca abajo, mi prima se resistía a hacer eso, me preguntaba para que quería yo que se pusiera así, aunque terminó por cumplir mi petición, estando boca abajo le levanté su falda escolar hasta dejársela replegada en su cintura quedando a la vista sus grandes nalgas cubiertas por su calzón blanco, se lo fui bajando lentamente, Sonia se enderezó un poco volteando hacia mí diciéndome que no lo hiciera, sin embargo no me detuvo, le dejé sus pantaletas a medias piernas y le comencé a besar sus exuberantes y suculentos glúteos de piel suave y firme, ella recostada boca abajo, en voz baja me seguía diciendo que no hiciera eso, mis labios recorrieron cada centímetro de esas inmensas nalgas.
Enseguida le besé la parte de atrás de sus piernas al mismo tiempo en que le terminé de quitar su calzón, Sonia me reclamaba un poco; le pedí que se pusiera de perrito, se negaba diciéndome que no sabía cómo hacerlo, al final accedió y lentamente se fue acomodando hasta ponerse de esa forma, con sus rodillas y las palmas de sus manos puestas sobre el colchón, yo la ayudé a colocarse así, su falda estaba arremangada en su cintura, en esa posición su frondoso trasero se le veía hermoso.
Hincado atrás de ella le comencé a besar la tersa piel de su espalda, al mismo tiempo en que le acariciaba sus tetas que le colgaban como dos grandes badajos de campana, con mi lengua llegué otra vez a sus nalgas lamiéndoselas apasionadamente; Sonia me mencionaba quedamente que le daba vergüenza estar así; le separé un poco sus piernas y por la parte de atrás le empecé a lamer su vagina, la cual se le veía hermosa en esa posición, con voz temblorosa me decía que no hiciera eso, sin embargo, continué chupándosela.
Empezó a gemir, abrazó una almohada y ahí recargó su cara; con mis dedos le abría sus labios vaginales para meter lo más que podía mi lengua en su cuevita, succionando y saboreando los ricos jugos que de ahí salían; luego, separé mi boca de su sexo e hincado atrás de ella como estaba le introduje un dedo en su preciosa vagina comenzándoselo a meter y sacar, haciéndolo cada vez más rápido, al mismo tiempo que con un dedo de mi otra mano le frotaba su clítoris, Entre gemidos me decía: Haaay primo ¿Qué me haces? Haaay. Sus fluidos vaginales eran abundantes, algunas gotas le escurrían entre sus piernas.
Al mismo tiempo de estarla masturbando le besaba sus nalgas, comenzó a temblar, apretaba la almohada de la que estaba abrazada lanzando fuertes gemidos, yo no paraba de introducirle mi dedo y de frotarle su clítoris; hasta que se dejó caer boca abajo en la cama.
Retiré mis dedos de su sexo quedando hincado en medio de sus piernas las cuales estaban estiradas y abiertas; recostada boca abajo durante algunos segundo más continuó jadeando; me acosté boca arriba junto a ella, su falda escolar seguía arremangada en su cintura con sus hermosas nalgas al descubierto, sin que intentara cubrírselas, su cara estaba volteada hacia el lado contrario de donde yo me encontraba.
Le dije: Quiero que ahora tú beses mi pene. Sonia con voz adormilada me contestó: No, eso no. Le pregunté cual era la razón por lo que se negaba a hacerlo: Quedamente y sin voltear a verme me respondió: Me da vergüenza, además, me penetraste, tu pene debe estar sucio.
Adentro de la habitación había un baño, así que le pregunté: Y si me ducho acá en tu baño ¿Lo harías? Me respondió: Ya te dije que no. Ambos nos quedamos callados, pasados unos instantes me dijo: Si quieres ducharte puedes hacerlo. Sin preguntarle más me bajé de la cama, entré al baño, me desnudé y me metí a la regadera, pasados unos minutos Sonia tocó la puerta del baño mencionándome: Te traigo una toalla. Abrí quedando desnudo frente a ella, ya no llevaba su uniforme escolar, se había puesto unos lindos shorts y una playera, se notaba que no traía sostén, el bulto que hacían sus tetas en esa playera era impactante, tampoco llevaba zapatos ni calcetas, se veía hermosa.
Me dio la toalla con una de sus manos, tomé la toalla pero también jale su mano y la abracé, riendo me dijo: ¿Qué haces? Me estas mojando toda. Acerqué mis labios a los suyos y la besé, mi pito quedó pegado a sus shorts, le acariciaba su espalda, ella afianzó sus manos en mi cabeza continuando con ese beso el cual se fue haciendo muy ardiente, sus ojos los tenía cerrados; luego, separé mi boca de la suya y le subí su playera sacándosela por su cabeza, Sonia me decía: Noo, espera. Sin embrago, no impidió que hiciera eso; le comencé a lamer sus enormes tetas, al mismo tiempo en que con mis manos se las acariciaba y apretaba, ella echó su cabeza para atrás lanzando algunos gemidos.
Sin parar de besarle sus senos y de chuparle sus hermosos pezones, jalé una de sus manos y se la puse en mi pito, mi prima sin ninguna replica empezó a masturbarlo, mi miembro ya estaba totalmente erecto y duro como una piedra, le continué lamiendo sus tetas, ella seguía gimiendo; me enderecé y mirándola a los ojos le tomé sus shorts y de un tirón se los bajé hasta medios muslos, no traía puestas pantaletas: Sonia nerviosamente me mencionó: Haay ¿Qué haces? Yo totalmente excitado le dije: Chúpame mi polla. No me respondió nada, se notaba sorprendida de lo que le había mencionado, cuando le bajé sus shorts había soltado mi pito, se le quedó mirando fijamente y lo volvió a tomar con una de sus manos.
Nerviosamente se fue inclinando hasta quedar hincada sobre la toalla que me había llevado, la cual estaba tirada en el piso, todo esto lo hizo sin decirme nada y sin soltar mi erecto miembro, me masturbó despacio por unos instantes observándolo fijamente; luego, acercó su boca, sacó su lengua y la pasó lentamente por la inflamada cabeza de mi pito, fue llevando su lengua por todo el tronco hasta llegar a mis testículos y luego de regreso, haciendo eso varias veces, enseguida, subió su vista hacia mi rostro preguntándome tímidamente: ¿Así está bien?
Le respondí: Sí, pero también mételo a tu boca. Volvió a mirar mi pene con su mano afianzada en él, abrió su boca y se lo introdujo en ella comenzándomelo a mamar, sus ojos los tenía cerrados, sus labios despacio se deslizaban hacia atrás y hacia adelante, succionando solamente la cabeza de mi pito; así me lo chupó por un rato hasta que se lo sacó de su boca levantando su vista diciéndome quedamente: ¿Te gusta? Le respondí: Sí, me encanta, síguelo haciendo. Sin soltar mi pene me menciono en voz baja: Pero ¿Qué hago? ¿Lo beso o lo meto en mi boca? Le contesté: Has todo lo que tú quieras con él.
Sonia sonrió nerviosamente, sacó su lengua y fue recorriendo con ella cada milímetro de mi pito; pasado uno momento se lo volvió a meter a su boca mamándolo despacio, cada vez succionaba más porción del mismo, el roce de sus carnosos labios era muy intenso ya que su boca era pequeña, mi pene apenas cabía en ella, lo seguía teniendo agarrado con su mano deslizando sus labios en él, sus ojos estaban entreabiertos; le pedí que con su otra mano me acariciara mis testículos, sin sacarse mi polla de su boca llevó su mano hacia ellos comenzándomelos a tocar y a acariciar.
Sus mamadas se hicieron más rápidas, en instantes en sus ojos entreabiertos sólo se notaba lo blanco de ellos, sus enormes tetas se balanceaban en el vaivén que su cuerpo hacia; luego, comenzó a sacarse mi pito de su boca, lo lamía por todos lados y se lo volvía a meter para continuar mamándolo, esto lo hizo varias veces. En una de las ocasiones en que se sacó mi miembro, puso sus labios en mis bolas y empezó a besármelas.
Yo no podía creer que Sonia por si sola estuviera haciendo eso, me lamio y besó mis testículos por un rato y luego volvió a comerse mi miembro haciendo que la mitad del mismo entraría y saliera a una rápida velocidad; el verla ahí hincada frente a mí con sus shorts a medios muslos, con sus tetas balanceándose para todos lados en esos movimientos que ella hacía, con esos gestos eróticos y sensuales que se le notaba en su cara y con mi polla metida en su boca, era demasiado excitante.
El ruido de las chupadas que me daba se escuchaba claramente; las ganas de eyacular aparecieron en mí, le dije: Prima, voy a terminar. Sonia no me respondió y continuó mamando mi polla de manera rápida; a los pocos instantes sentí como chorros de semen salían de mi pito. Ella apretó los parpados de sus ojos sin que parara de deslizar sus labios en él, recibiendo toda la descarga de esperma caliente que me salía, yo gritaba de placer; al terminar de eyacular la tomé de su cabeza haciendo que disminuyera la velocidad del mete y saca diciéndole: Yaaa chiquita, yaaa.
Mi prima detuvo sus movimientos, dejó de apretar sus parpados y lentamente se fue sacando mi miembro de su boca hasta retirárselo por completo, tosió varias veces y se puso de pie, volteo a verme diciendo: Upss, creo que me pasé todo. Su cara estaba totalmente sonrojada, le di un beso en su frente y la abracé, Sonia me dijo quedamente: Haay, estoy muy avergonzada. Le respondí: No te preocupes, fue muy lindo.
Al ponerse de pie sus shorts que los tenía a medios muslos se deslizaron por sus piernas hasta llegar a sus sus pies, sin decirle más la cargué en mis brazos, con esos movimientos sus shorts se le acabaron de salir quedando tirados en el piso, no me reclamó nada; totalmente desnuda la llevé y deposité en su cama boca arriba, me acosté a su lado; al igual que ella yo también continuaba desnudo.
Le besé todo su cuerpo, luego abrí un poco sus piernas lamiéndole sus blancos muslos, mi prima estaba en silencio, sus vellitos negros y rizados que partían de su vientre hasta su vagina formaban un hermoso triangulo; me subí sobre ella y busqué sus labios para besarla, Sonia volteó su cara mencionándome: No, no me beses la boca. Le pregunté porque me decía eso, me respondió: Está sucia, déjame levantar. Me quité de encima de su cuerpo, desnuda como estaba se bajó de la cama y se metió al baño sin cerrar la puerta, al poco rato fui a verla, tenía la boca llena de pasta dental y se cepillaba sus dientes.
En el baño había un foco que emitía una fuerte luz, la desnudez de Sonia se veía espectacular, jamás había observado una piel tan blanca y tan perfecta, no se le notaba en ella ninguna mancha o lunar; al escupir la espuma de la pasta dental en el lavabo se inclinaba hacia el frente y dejaba ver su enorme trasero, redondo y bien delineado; terminó de lavarse y nos salimos del baño, nos sentamos en la orilla de la cama, continuábamos desnudos, con su mirada hacia abajo me mencionó: Lo que me echaste me dejó un sabor extraño en mi boca. Le pregunté: ¿Es un sabor desagradable? Ella sonrió nerviosamente respondiéndome: No, sólo es raro.
Le dije: Perdóname, no fue mi intención eyacular en tu boca ¿Estas enojada por eso? Sonia me contestó: Me siento avergonzada. Le pregunté: ¿Quieres que me vaya? Recargó su cabeza en mi hombro diciéndome: No, quédate otro rato. A los pocos instantes me mencionó: Hace frio, vamos a meternos a la cama. Adentro de los sarapes y siguiendo ambos desnudos Sonia se volteó de costado dándome la espalda y me dijo en voz baja: Abrázame. Me acomodé de lado y la abracé por atrás.
Al tenerla abrazada por su espalda mi pito quedó pegado a sus grandes nalgas, en cuestión de instantes se puso totalmente erecto, me imagino que ella se dio cuenta, sin embargo, no se movió; le comencé a besar su nuca y su cuello, al mismo tiempo pasé una de mis manos hacia sus colosales tetas acariciándoselas; fui moviendo mi cintura frotándole mi polla en su enorme trasero; después de un rato ella se volteó boca arriba buscando mi boca, me subí sobre su cuerpo y la besé en los labios ardientemente.
Al estar sobre ella con mis propias piernas le abrí las suyas, mi pito quedó colocado en la entrada de su húmeda vagina, sin dejar de besarla me comencé a mover despacio, mi erecta polla la fue penetrando, Sonia despegó sus labios de los míos haciendo su cara hacia un lado diciéndome con voz temblorosa: Haay, estoy lastimada. Le respondí: Te lo voy a hacer con cuidado. Le lamía su cuello y con mis manos le acariciaba sus senos, al mismo tiempo que mi pene se iba abriendo camino en su apretada concha.
Su cara la mantenía hacia un lado haciendo un gesto de dolor, con sus puños apretaba las sabanas de la cama; me continué moviendo encima de ella hasta meterle toda mi polla, mi prima pujaba y se quejaba en cada movimiento que yo hacía, sus piernas estaban abiertas y estiradas, los sarapes con los que nos encontrábamos tapados ya se habían hecho hacia abajo dejando al descubierto nuestros desnudos cuerpos.
Sin sacarle mi polla me enderecé quedando hincado entre sus piernas, se las tomé con mis manos a la altura de sus tobillos levantándoselas al mismo tiempo en que se las abrí; así hincado continué moviéndome, Sonia seguía con un gesto de dolor dibujado en su cara, no me decía nada, sólo se escuchaban sus quejidos y pujidos cada vez que mi pito le llegaba hasta el fondo de su apretada vagina; sin soltarle sus piernas me fui moviendo más rápido, sus quejidos se fueron convirtiendo en gemidos y jadeos, sus gestos de sufrimiento iban desapareciendo.
Comenzó a abrir su boca para jalar aire, en ese momento las embestidas que le daba eran fuertes, mis testículos revotaban contra sus enormes nalgas, en cada mete y saca sus monumentales tetas se le meneaban voluptuosamente, su cabeza la movía para un lado y otro con sus ojos cerrados y sus puños apretados a las sabanas de la cama gimiendo y jadeando; le solté sus piernas y tomándola de sus brazos la jalé hacia mí, me hice para atrás quedando recostado boca arriba con mi prima sentada encima de mi cuerpo.
Sus enormes nalgas estaban sobre mis muslos, sus rodillas las tenía puestas en la cama con sus piernas abiertas y con todo mi pito dentro de su apretada y caliente vagina, Sonia volteaba para un lado y otro como no sabiendo que hacer, le dije: Ahora muévete tú. Sin mirarme a la cara me pregunto: Pero ¿Cómo lo hago? Le respondí: Mueve tu cintura. Muy despacio ella comenzó a menear su trasero, aunque lo hacía sin ritmo.
En esa posición sus enormes tetas se le apreciaban en todo su esplendor, no resistí la tentación y enderezándome comencé a lamérselas, quedé sentado en la cama con mi prima encima de mí, Sonia me abrazó de mi cuello y yo la agarré de sus nalgas, al mismo tiempo en que me movía debajo de ella para hacer que mi pito la continuara penetrando, mi prima entendió de lo que se trataba y también empezó a moverse, sus gemidos y jadeos aparecieron otra vez, le chupaba sus senos y en instantes le lamía su cuello, sentía el roce de su enrome trasero en mis muslos.
Así estuvimos un rato hasta que me volví a dejar caer de espaldas en la cama, Sonia sentada sobre mi cuerpo siguió moviéndose por sí sola, haciendo que mi polla la continuara penetrando, su cabeza la echó hacia atrás gimiendo y jadeando, en cada sentón que se daba sus tetas se le meneaban para todos lados, era excitante ver eso; la jalé hacia mí y la besé en la boca, ella respondió a ese beso de manera ardiente, al quedar inclinada sus enormes y suaves senos se oprimieron contra mi pecho, puse mis manos en sus carnosas nalgas y fui yo el que debajo de ella me comencé a mover sin que paráramos de besarnos.
Me fui moviendo más y más rápido, toda mi polla entraba y salía de su caliente y estrecha conchita, Sonia con su boca pegada a la mía gemía fuerte, llegó el momento en que dejó de besarme, sus gemidos se convirtieron en gritos a la vez que me decía: Haaa, haaay, siii, siiii, haaay. Sin soltarle su enorme trasero debajo de ella me estaba moviendo lo más rápido que podía, se escuchaban los fuertes golpes que mis muslos le daban a sus nalgas, hubo un instante en que gritando y jadeando me mencionó: Yaaa, yaaa, primo yaaaa, estoy sintiendo, estoy sintiendoooo. Abrazándome se apretó a mi cuerpo, sus grandes tetas parecía como si se fueran a reventar en mi pecho.
Detuve mis movimientos, con su cuerpo temblando siguió meneando su cintura sobre mi erecto pito durante algunos segundos más gritando y jadeando; fue deteniéndose poco a poco hasta quedar inmóvil abrazándome fuertemente con su cara recargada a un lado de mi cabeza y con toda mi polla metida dentro de su cuevita, solamente se escuchaba su agitada respiración.
Estábamos empapados en sudor, le pedí que se bajara de mi cuerpo, Sonia se dejó caer hacia un lado como desmayada, le dije que se colocara en la posición de perrito, ella no me hacía caso, se lo volví a solicitar, se fue enderezando en la cama entreabriendo sus ojos mencionándome quedamente: Haay, estoy cansada. Con movimientos lentos quedó colocada en cuatro patas, la terminé de acomodar ya que estaba muy encorvada.
Hincándome atrás de ella puse mi pito en la entrada de su vagina y tomándola de sus enormes nalgas se lo metí de golpe, Sonia gritó diciéndome: Haaay, despaciooo, huuuy. Comencé a moverme de forma rápida, luego me puse en cuclillas agarrándome de sus hombros dándole fuertes embestidas, ella gemía y gritaba: Haaay, primooo, haaay. Mi abdomen rebotaba en su trasero y mis testículos chocaban contra su mojado sexo; si su hermano estaba despierto era seguro que la escuchaba, pero a ella al parecer no le importaba.
Así se la estuve metiendo por un rato, las arremetidas que le daba eran tan fuertes que poco a poco la fui empujando hasta que la tiré totalmente boca abajo sobre la cama quedando con sus piernas estiradas y abiertas y yo encima de su cuerpo sin que parara de penetrarla; sentí que estaba a punto de eyacular, así que detuve mis movimientos sacándole mi pene de su vagina hincándome a un lado de ella. Sonia continuó boca abajo respirando agitadamente; la tomé de su cintura y la volví a colocar en cuatro patas, ella parecía de trapo, como si no tuviera fuerzas.
Hincado atrás de ella tomé mi pene humedecido de sus propios jugos vaginales, se lo puse en la entrada de su ano y se lo comencé a meter, Sonia de inmediato volteó a verme diciéndome: Nooo ¿Qué haceeees? Por ahí noooo. Le pedí que se relajara, diciéndole que le iba a gustar, para ese instante toda la cabeza de mi pito estaba dentro de su colita, mi prima dejó caer su pecho y cara en la cama levantando más su trasero, sus brazos los estiró hacia el frente rasguñando con sus uñas las sabanas; seguí empujándole mi polla, al mismo tiempo que con uno de mis dedos por debajo de su vientre le frotaba su clítoris.
En pocos instantes todo mi miembro estaba dentro de su ano; comencé a moverme, cada vez fui tomando más velocidad, Sonia gritaba y jadeaba diciéndome: Haaa, haaay primoooo, haaaay ¿Por qué así? Haaaa. Sentía que mi pito me iba a reventar por lo apretado de su cola; le pregunté si le gustaba, ella no me respondía, sólo gritaba, se enderezaba y luego volvía a dejar caer su pecho y cara en la cama, con sus puños golpeaba y arañaba el colchón.
Sin dejarle de frotar su clítoris hincado atrás de ella hacía yo que todo mi miembro entrara y saliera a una rápida velocidad de su ano, hasta que llegó el momento en que entre jadeos, gritos y gemidos Sonia me decía suplicante: Haaay, yaaa primo, yaaaa, haaa, no aguantooo, no aguantoooo. Mi pito todavía la embistió varias veces más hasta que agarrándome de sus nalgas comencé a eyacular dentro de su colita, le eché hasta la última gota de semen que me salió; poco a poco fui deteniéndome, hasta quedar totalmente quieto, estaba extasiado, Sonia permaneció en cuatro patas con todo mi pito dentro de su culo, respirando agitadamente con sus brazos y manos estirados hacia el frente y con su cara recargada sobre el colchón, le saqué mi pene de su ano y me recosté a un lado de ella.
Mi prima se dejó caer boca abajo con sus piernas abiertas y estiradas, la abracé, ella se pegó a mí cuerpo, sin decirnos nada nos quedamos dormidos, al cabo de un rato el frio me despertó ya que estábamos totalmente desnudos, los sarapes se habían caído de la cama, Sonia seguía dormida, me levanté, recogí los sarapes del piso y la tapé; me di cuenta en la ventana que estaba amaneciendo, la desperté diciéndole que ya me iba, mi prima se volteó hacia mí, adormilada y con voz ronca me dijo: No te vayas. Al mismo tiempo me tomó de uno de mis brazos y recargó su cabeza en él.
Le hice saber que ya amanecía y que en cualquier momento podían llegar nuestros padres; me vestí y nos despedimos con un amoroso beso en los labios, salí de su casa cuidando que no me viera su hermano, eran las siete de la mañana, como a las tres horas llegaron nuestros padres; nadie supo nada de lo que había sucedido.
Mi prima y yo tuvimos a escondidas varios encuentros sexuales más, hicimos el amor de muchas maneras, se convirtió en una excelente amante; pero eso llegó a su fin, ya que no era posible seguir; Sonia actualmente tiene una carrera profesional y está casada, en ocasiones nos vemos en reuniones familiares, me he dado cuenta que trata de evitar quedar a solas conmigo, pero en su mirada, cuando se entrecruza con la mía, noto que al igual que yo, no se le borran los ratos lindos y apasionados que pasamos juntos.
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P.D. Ya estoy registrado como miembro de esta página, mi nombre de usuario es carlitoslopez, por lo que les pido dejen visible mi correo electrónico. Gracias.
te felicito, me ha encantado tu historia, la haz escrito muy bien y es todo un ejemplo a seguir, me pusiste a mil, gracias
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