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MI PRIMITA QUE METIO EL DIABLO EN EL INFIERNO: 1ra. parte

Enviado por xarturoy el 31/8/2010

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MI PRIMITA QUE METIO EL DIABLO EN EL INFIERNO: 1ra. parte Publicado el 31/08/2010, por: xarturoy

La historia se desarrolla hace poco más de tres años atrás en un pueblo de la selva a donde yo, un joven estudiante de literatura de los primeros ciclos, me marché a pasar las vacaciones de verano aprovechando que ahí vivían un tío paterno con su mujer y su única hija. Ellos eran comerciantes de ropas por lo que muchas veces estaban fuera de casa por algunos días para comprar mercadería en la capital, y cuando estaban en la ciudad, casi todo el día estaban en sus tiendas atendiendo los negocios...

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y verificando el buen desempeño de sus subordinados.

Anteriormente ya había pasado mis vacaciones con ellos –en total habían sido 4 veces, incluso antes que ingresara a la universidad– quienes me llamaban a fin que les cuidara la gran casa que tenían casi a las afueras de la ciudad, así como para ocuparme de los distintos quehaceres, a cambio de que me dieran cada quincena una nada despreciable propina; esto sucedía por cuanto mis tíos si bien tenían una empleada todo el resto del año, a esta siempre le daban los tres primeros meses del año como vacaciones a fin que viera a sus padres que vivían en la sierra.

Cuando llegué al terminal terrestre, noté algo distinto a los anteriores años, pues antes me esperaba uno de mis tíos acompañado de su menor hija, la pequeña Vilma vistiendo ropas pequeñas y cómodas para el clima de la selva, pero esta vez, mi prima ya de 14 años recién cumplidos, estaba totalmente diferente, pues tenía puesto un largo vestido color gris que apenas dejaban distinguir sus zapatitos negros, así como una holgada blusa del mismo color, de mangas largas y cuello cerrado, pareciendo más una monja que una adolescente. Esto, sumado a que ni siquiera quiso abrazarme como antes, apenas me dio un pequeño beso en la mejilla para alejarse de mi, todo lo contrario a la mujer de mi tío que me abrazó entusiasmadamente apretándome contra sus grandes pechos, situación que me provocó una dolorosa erección contenida por mi bóxer.

Más tranquilo, le pregunté a mi tía qué le había ocurrido a la antes graciosa Vilmita; ella me mencionó que cierto día del año pasado un poco antes que empezaran las clases en su colegio, pero después que yo me había regresado a Lima, mi prima les refirió que había tenido un sueño en la que Dios le decía que debía de servirlo haciéndose monja para evitar las tentaciones del demonio y desde entonces nos insistió tanto para cambiarle a una escuela religiosa de mujeres, que finalmente tuvimos que cancelar su matricula y mover cielo y tierra para que la aceptaran en un colegio así, en donde empezó a cambiar todas sus costumbres anteriores, incluso haciéndose más parca con todos, empezando a vestirse como ahora la veía a pesar del calor, pero rezando a cada rato del día y asistiendo a misa puntualmente todos los domingos en la mañana y en la tarde, todo lo cual ha hecho que por la ciudad la empezaran a llamarla “la santita”. Me quedé maravillado con la explicación que me dio mi tía, y al preguntarle a la misma Vilma sobre lo ocurrido, ella sólo se limitaba a contestarme tajantemente que era la voluntad del señor, con lo que daba por concluido nuestra poco comunicativa conversación.

Al llegar a casa, me volvieron a explicar que debía hacer lo mismo que los años anteriores, pero con la diferencia que ahora tendría que cuidar también a mi prima Vilma, pues desde que se le metió en la cabeza lo del asunto religioso, ya no quería acompañarlos a las tiendas, pues prefería quedarse en casa rezando a menos que fuera domingo, uno de los pocos días en que salía, pero sólo para ir a la iglesia como les conté.

Los primeros días de la semana pasaron sin mucha novedad. hacía los quehaceres de la casa, con mi prima encerrada en su habitación sin decirme casi nada durante todo el día; pero el primer domingo que pasé ahí, por la mañana, mientras descansaba, al verla llegar de la iglesia, me comenzaron a entrar ciertas ganas por curiosear qué hacía mi prima en su cuarto. Con mucho cuidado de no hacer ruido me acerqué hacia la puerta y pegué la oreja tratando de escuchar lo que decía, pero sólo conseguía oír pequeños gemidos que luego de largo rato terminaron en un pequeño gritito como si algo le estuviese lastimando. Comencé a pensar que quizá mi prima estaba inflingiéndose dolor al igual que lo hacían antiguamente los fanáticos en la creencia de purificarse de los pecados, y estaba en estas reflexiones, aún con la oreja pegada a la puerta, cuando sentí que ella abría la puerta. Rápidamente me aparté escondiéndome en un murito cercano.

Para mi suerte Vilma pasó por otro lado, en dirección al baño, a donde ingresó cerrando la puerta, pero dejando la de su cuarto abierta. En ese momento, más impulsado por la curiosidad que por morbosidad, entre para comenzar a ver qué tenía dentro, haber si encontraba algo que confirmara mis sospechas sobre su fanatismo, pero no habiendo pasado mucho tiempo, y justo cuando me disponía a salir sin haber encontrado algo comprometedor, escuché que Vilma salía del baño, lo que me desconcertó y no teniendo más ideas, me escondí debajo de la cama, pensando en salir a la menor oportunidad y esperanzado en que mis Tíos no volvieran sino recién en la tarde para no pasar por más apuros.

Desde bajo de la cama, que era amplia, de dos plazas, podía ver parte de la puerta de la habitación, logrando de esta forma mirarla entrar al ambiente cerrando la puerta, poniéndole incluso cerrojo. Yo estaba realmente asustado pensando en lo que podría decir ella a sus padres en caso me descubriese, así que me resigné a lo que pudiera ocurrir. Noté que mi prima se sentaba en la cama para luego arrodillarse frente a ella diciendo algunas oraciones, en las que pedía para que nunca sea tentada por el diablo a hacer cosas malas y que si eso ocurriese le diese fuerzas para derrotarle y arrojarle a lo más profundo del infierno. Luego de esto, se puso de pié y se empezó a quitar la ropa… al notar esto, primero pensé que quizá así le vería las marcas del castigo auto impuesto en su cuerpo, pero más pudo la morbosidad y tentación de verla desnuda a escondidas, que evitar aquello por el hecho de ser familiares, exactamente primos hermanos, además de su ahora condición de beata muy devota; así, con cuidado de no hacer ruido alguno, me deslicé lo mejor que pude bajo su cama para poder verla mejor a través de los flecos dorados de su cubrecama que colgaban del borde.

Se quitó toda la ropa, primero se bajó su larga falda negra, luego se quitó su calzoncito blanco que tenía una rosita como adorno; después de quedar sin nada abajo, procedió a desabotonarse su blusa negra de mangas largas y de cuello cerrado también; se lo sacó, quedando con un polito rosado de mangas cortas que utilizaba cuando era más pequeña, por lo que le quedaba más apretado al torso, resaltándole sus senos que ya tenían un tamaño regular –lo que me llevó a pensar que cuando fuera mayor, los tendría incluso más grandes que su madre quien los exhibía orgullosamente en sus indiscretos escotes–. También se quitó el polito, dejándome verla totalmente desnuda. Su piel era muy blanca en comparación a lo bronceada que estaba antes, el año pasado; su pequeño pubis totalmente lampiño aún, resaltaba entre sus delgadas y largas piernas –no digo que fuese alta, pues no superaba el metro cincuenta de estatura, sino que tenía piernas largas en comparación al resto de su estilizado cuerpo–; tenía una delgada cintura plana que ya comenzaba a marcarse respecto de sus crecientes caderas de futura mujer; y sus pechos, como sospeché al principio, ya eran lo suficientemente grandes para abarcar a plenitud dos grandes manos.

Realmente era una experiencia muy excitante esta, tanto que no le quitaba los ojos, ni parpadeaba a fin de no perderme de ningún detalle de su cuerpo, que dicho sea de paso, no tenía marca alguna de sufrimiento, cosa a la que ya no le daba ni la más mínima importancia, más bien, este espectáculo ya me había empalmado tanto que me estaba comenzando a doler el miembro que se apretujaba contra el duro piso; sin embargo, si bien la vista no podía ser mejor, no pude decir lo mismo de lo que comencé a oler de su cuerpo: el desagradable olor de sus pies inundó toda la habitación, olor al que se le sumó el de su sudor, seguramente proveniente de sus partes íntimas poco aseadas por mi prima que aunque su cuerpo empezaba a cambiar, tenía la mente de una niña. Estando ya totalmente desnuda, se envolvió en una larga toalla y con temerosidad abrió un poco la puerta, como para percatarse si había alguien que la pudiese observar. Al ratito, recogió de su mesita de noche sus implementos de baño, volvió a mirar de reojo por la puerta y salió raudamente cerrando la puerta y apagando la luz. Pensé que seguramente estaría yendo al baño a darse un duchazo, así que esperé un momento prudente para salir de mi escondite y una vez seguro que no estaba cerca, salí de su habitación, pasando por el baño donde escuché que se estaba bañando.

Esta experiencia me dio un vuelco total, respecto a la forma que tenía en ver a mi prima, pues antes lo hacía como lo que era, una pequeña niña, sin tener ninguna clase de pensamientos subidos de tono, es más, recientemente la veía como a una santa, pero después de verla desnuda y hermosa, aunque también asquerosa, nació en mi un deseo por poseerla, deseo que aumentaba más y más a pesar de ocuparme en otras cosas y de evitar cruzarme con ella, salvo a la hora de desayunar y almorzar los dos solos, y de cenar conjuntamente con sus padres, cuando no estaban de viaje.

En esta disyuntiva me encontraba, debatiéndome entre suprimir estos pensamientos o de entregarme placenteramente a ellos, siendo al final el victorioso el de imaginarla haciéndole el amor de mil maneras. Así estuve toda la siguiente semana, satisfaciéndome en pensarla, pero luego de saber que mis tíos saldrían de viaje muy pronto por un poco más de dos semanas, el creciente deseo hizo que empezara a pensar la manera de tenerla sin crear un verdadero problema.

Como les conté, soy estudiante de literatura, y como tal, ya había leído muchas novelas clásicas, siendo una de ellas “el decamerón”, y precisamente en ella hay un cuento llamado “sobre cómo Alibec aprendió a meter al diablo en el infierno”. Fue este cuento el que me inspiró sobre la forma cómo podría satisfacer con ella mis más bajos instintos. Pasé toda una noche pensando el plan, como para no dejar nada a la desconfianza que podría nacer en ella respecto de mi. En definitiva, si bien la casa estaba algo apartada de otras, siempre había el riesgo que alguien apareciera por ahí y echara por tierra mis aspiraciones, por lo que antes que mis tíos partieran, les pregunté si debía preparar algo para recibir a alguna visita que tuviéramos, lo que me contestaron que no era necesario pues nadie les había avisado que llegarían, respuesta esta que me alegró mucho y que sumada al hecho que mi prima tampoco solía recibir visitas de amigas –que parecía no tener–, tenía muchas opciones de realizar mis deseos. Dadas así las cosas, aún no era un plan infalible, pues mucho también estaría determinado por lo que mi prima pudiese saber al respecto de las relaciones sexuales, así que primero debía conocer que tan ingenua era ella.

Comencé al día siguiente del que mis tíos viajaron, y mientras desayunábamos, comencé a decirle que yo también tuve alguna vez una experiencia similar al de ella, que tuve una visión cuando era más joven, en la que Dios me decía que debía de servirlo siendo un gran escritor, momento desde el cual le ponía muchas ganas para realizar tal designio del señor, y que siendo así, me alegraba mucho que ella también estuviera siguiendo el camino que le había indicado el señor.

Esto hizo que mi prima empezara a tener nuevamente la confianza reflejada en el trato que me diese antes de su “visión”. Esa misma mañana incluso se ofreció en ayudarme en algunas cosas por hacer en casa, lo que acepté de muy buena gana y sin olvidarme de “dar gracias al señor” por aquello. Fue así que vi que todo estaba marchando satisfactoriamente, por lo menos por el momento. Luego, el mismo día, durante el almuerzo, y luego de seguir ganando confianza, empecé a contarle que antes me había sentido molesto con Dios por haber permitido que una enamorada que tuve y a quien le había dicho que la amaba más que a Dios mismo, me dejara por otro chico, pero que luego comprendí que aquello fue mi castigo por haberme atrevido a amar a una persona más que a Dios, lo cual me hizo sentirme muy arrepentido, haciéndome el firme propósito de no fijarme de esa forma nuevamente por una simple mortal. Mi prima se mostró muy de acuerdo con lo que le conté, proponiéndome una oración para no volver a caer en aquella horrible tentación, y así, y asa, continuamos diciendo cosas por el estilo, todo para que tuviese más confianza conmigo.

Fue en la noche, mientras cenábamos, que con el pretexto de haberle contado yo sobre una chica, le pregunté si alguna vez a ella también le había gustado un chico. Se puso muy roja, pero luego de darle más confianza, al fin me dijo temerosa, no sin antes hacerme prometer que no me reiría de ella, a lo que prometí solemnemente no hacerlo. Me dijo que hasta antes de tener su visión –realmente me hacía mucha gracia el hecho de que mi ingenua prima dividiera ahora toda su corta vida como un “antes de” y “después de”, obviamente de su visión– yo le gustaba mucho a pesar de ser su primo, y esto fue porque era un muchacho simpático y muy caballeroso, lo cual le impresionaba sobremanera.

Realmente antes que reírme de aquello, me sorprendí mucho saber eso, pero fiel a mi plan, le dije que debíamos orar para purgar aquel mortal pecado de amar como hombre a un familiar de forma diferente a amarlo por ser familiar, lo que también encontró eco en mi prima. Al terminar, también le confesé que antes me gustaba mucho ella, poniéndonos nuevamente a rezar con mucho fervor hasta muy tarde para luego irnos cada uno a nuestros respectivos dormitorios a descansar, pero no sin antes despertar en ella la necesidad de purgar de una manera efectiva nuestros pecados, diciéndole que existía una manera más eficaz, pero ultra discreta de conseguir el verdadero perdón de Dios; de inmediato me preguntó cuál era esa manera, pero le pedí que tuviera paciencia, que quizá mañana le diría, pues debía estar seguro de hacerlo, teniendo que pensarlo mucho ahora.

Al día siguiente, durante el desayuno, la atmósfera ya era muy distinta a la que existía antes, ahora incluso bromeábamos, demostrándonos más confianza cada vez, lo cual aproveché para comenzar a preguntarle muy discretamente sobre ciertos conocimientos elementales del sexo, pero siempre haciendo la salvedad que era para purgar nuestros pecados –Claro que no les explicaré al detalle esto, puesto que muy bien podrían utilizar estas técnicas para hacer cosas malas a sus pequeñas primas, si desean saberlas, entonces estudien pues, jejeje–, al termino de los cuales, pude saber que no tenía ni la más mínima idea sobre la real diferencia sexual entre un hombre y una mujer, y de cómo funcionan cuando están juntos, lo cual resultó ser lo que estaba esperando de ella a fin de concretar mi plan basado en el mencionado cuento del Decamerón.

Al día siguiente, habiendo terminado ambos de desayunar, le pregunté si su voluntad por servir a Dios de la mejor manera era inquebrantable, a lo que me dijo que si, y sin dejarme hablar, me preguntó si ya lo había pensado bien para contarle y luego poner en práctica aquel método discreto pero más efectivo de obtener el perdón de Dios; le dije que habían muchas maneras de servirlo, pidiéndole que me mencionase las que sabía que luego yo también le diría las que yo sabía a fin que juntos nos complementemos mejor.

Cuando terminó todo lo que se acordaba, empecé yo, pero concluí diciéndole que la mejor manera de servir a nuestro señor, manera que era la que finalmente decidí contarle, era arrojando al diablo en el infierno, metiéndolo en lo más profundo del infierno para que pague por sus pecados, hasta quedar purgado totalmente, momento en la que pierde toda la soberbia que lo caracteriza y que atormenta a los hombres, recalcándole que “pero sólo a los hombres” más no directamente a las mujeres, quienes deben ayudar al hombre a derrotar al demonio.

Una vez concluí con mi argumentación, Vilma quedó maravillada, pero muy entusiasmada con la idea, rogándome para decirle la forma de hacer aquello de meter al diablo que tanto hace sufrir a los hombres, en el infierno, pues ella como mujer, estaba dispuesta ha hacerlo, si fuera posible eternamente. Le dije que se lo explicaría a medida que lo hiciéramos los dos juntos, pues deseaba tanto también que ella me ayudase a quitarle toda la soberbia al diablo metiéndolo en el infierno, pero que previamente, debía de saber y hacer ciertas cositas para estar bien preparada a fin que no se vea sorprendida.

En primer lugar, le dije que debía librar a su cuerpo totalmente de cualquier impureza, debiendo de bañarse lo más diligentemente que podía, cosa que también haría yo, y justo al decir esto, ella comprendió que ambos debíamos bañarnos juntos, lo cual me dijo no estaba bien porque alguna vez se lo dijo su mamá, a menos que se hubieran casado. De inmediato le dije que cada uno debía de hacerlo solo si lo deseaba, a menos que necesitara ayuda, cosa que no era necesario. Con esto se tranquilizó para luego preguntarme qué más debía de hacer, entonces le expliqué que los hombres y las mujeres tienen ciertas diferencias para poder arrojar al diablo al infierno, diferencias que le mostraría después de asearnos lo mejor posible. Mi prima, entusiasmada, ni bien me escuchó decir aquello, se fue corriendo a darse un duchazo, y cuando terminó, seguí yo, diciéndole previamente que se pusiera una ropa cómoda, que limpiara y ordenara su cuarto, y que rezara con mucha devoción hasta que llegara.

Una vez me di el baño, también me puse ropa cómoda, fácil de sacármela y me dirigí al cuarto de mi prima Vilma con mucha alegría y emoción. Toqué la puerta y ella me abrió rápidamente, diciéndome que le daba cierta vergüenza el hecho que ingresara, pero tranquilizándola mencionándole la misión que haríamos en nombre del señor, me dejó pasar...

Calificación: 5 | Votos: 1
Categoría: Amor Filial | Comentarios: 3 | Visto: 14802 veces

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xarturoy

Jajaja, Camus, ahí está el desafío y la intriga!!! en lo desconocido... mentira, basta con saber educación sexual y aprovecharse de la ignorancia e ingenuidad... en eso conozco a muchos abogados y abogadas, jajajaja, Un abrazo. PD: por si las moscas, eso funciona en la ficción, pues en la realidad puedes terminar en la carcel... claro, a menos que seas abogado, jajajaja.

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Camus_jp

Oye brow como q no quieres dar las tecnicas Apoya con eso o dime d donde lo saco Ahhh, muy buena la historia ya leere lo demas

Fotografia de xarturoy
xarturoy

Ya pues amigas y amigos, comenten, soy nuevo en esta página y no sé qué les parece la historia, pienso dividirla en cuatro partes. Supongo que esta es la parte más "suavesita" asi que no se aburran los más enfermos (entre los que me incluyo, jejeje). Un abrazo a todos, pero con un gran beso a las chicas!!!

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