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Mis tias María y Beatrice

Enviado por tanoferoz el 3/2/2010

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Mis tias María y Beatrice Publicado el 03/02/2010, por: tanoferoz

ENCUENTRO CACHONDO CON MIS TÍAS MARIA Y BEATRICE

En un lejano verano conocí las delicias maduras de los cuerpos de las primas de mi padre, María y Beatrice, soslayándome con esas macizas a más no poder.

En realidad, a quien visité con frecuencia durante ese verano y los meses posteriores fue a mi tía María y cada encuentro superaba al anterior en lujuria.

En cambio a Beatrice solo había podido disfrutarla en una ocasión

Han pasado...

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tantos años y sin embargo me acuerdo vividamente lo que el invierno siguiente a ese tórrido verano sucedió una fría tarde de sábado en casa de la tía María.

En plan de que me regocijara con su imponente culo, mi tía María me pidió que fuere a su casa ese sábado por la tarde, aprovechando que su esposo había ido a jugar un torneo de golf, mi prima estaba en el club jugando ténis y mi primo se había ido a pasar el fin de semana a casa un amigo.

Así, solícito, asistí alrededor de las 3 de la tarde, e imaginando la culeada que le iba a pegar a mi tía querida, iba con la verga tiesa como una vara. Toqué el timbre y escuché la voz de María que decía: “pasá Carlo, está abierto, estoy aquí en la cocina”.

Obediente, me introduje en la casa y efectivamente, estaba María en la cocina, de espaldas, con una bata traslúcida, una chinelas con tacón realzándole las piernas y el culo el que a trasluz dibujaba todo su esplendor.

Me acerqué, apoyé mi paquete en los cuartos de mi tía, tomé sus dos pechos con las manos y le dí un lenguetazo en la oreja, percibiendo, al acercar mi nariz, que llevaba un “Chanel nº 5” que la hacía si se puede más atractiva.

“Mmmmmmm….como andás sobrinito, ya tenés ese pitón durito como a mi me gusta” me decía y restregaba las nalgas contra mi empinada verga.

“Si, lo tengo durito por y para vos…. Putita” le decía ya cachondo a más no poder.

Se volteó, poniendose de frente, y vi que bajo la bata abierta estaba completamente desnuda, con sus tetas al aire, sus pezones duros e hinchados luego de mi magreo, y la concha peluda y jugosa.

Me tomó la pija por sobre el pantalón con una mano, apretándola, con la otra bajó el cierre del pantalón hábilmente, luego el elástico del slip, dejando la verga al aire, la sacudió de arriba a bajo y luego el movimiento inverso, después lo hizo de izquierda a derecha y viceversa, logrando que la polla se pusiere enhiesta por completo y se lubricara con líquido preseminal.

“Vamos a saludar al amiguito como se merece”, dijo, se puso de cuclillas y comenzó a mamarla con maestría, primero la cabeza, cubriéndola con la lengua y depositando abundante saliva, luego el tronco, engulléndose no sin dificultad, a pesar de la experiencia habida en chuparme la pija, Se metía y sacaba la poronga de la boca diciendo: “Agggggg….que delicia….. no me canso de chupar ese pedazo de verga…gluppppp…srluppppp….mmmmmm”

La verdad es que cada vez que me la chupaba no podía evitar el deseo de llenarle la boca de lefa, pero como el diablo saber por diablo, pero más sabe por viejo, como veía que me estaba viniendo, se la sacaba y apretaba con firmeza la base de la pija evitando que eyaculara, comenzaba a chupar los huevos, uno a uno, bañándolos en su caliente baba y la sensación era indescriptible, esparcía con su otra mano la saliva hacia el perineo y masajeaba las vecindades del ojete arrancándome suspiros indecibles.

Luego me hizo apoyar el torso contra la mesada de la cocina, abrió mis piernas, y comenzó a pasar la lengua empapada por el canal que separa ambas cachas, terminando con un lenguetazo en el ojete” Ayyyyyyyyy…que me haces putona….chupame el culo cabrona de mierda, comeme todooooooooo….. aghhhhhhhhh”, le decía desesperado y a punto de acabar.

Como no podría aguantar más y lo sabía, me hizo girar nuevamente hasta quedar frente a ella, me sacudió la poronga un par de veces, aspiró fuertemente y recibió la primera descarga de leche en su boca,

“Siiiiiii….dame la leche calentita como a una gatita en celo…..mmmmm que delicia tragarme los moquitos de mi sobrino….”.

Viendo como se la tragaba sin dificultad, luego la sacó de la boca y recepcionó las restantes expusiones de semen en su cara y en su pelo,

“mmmmmm que linda cremita para la cara de esta viejita….embadurname de esa lechita”

me decía la viciosa y luego se volvió a meter la verga en la boca y exprimió los restos de lefa, a pesar de lo cual yo seguí con el miembro bastante duro.

“Ahora me toca a mi, le dije”, la tomé de la mano, le llevé hasta el sofá de dos cuerpos que había en el comedor de diario, la puse en cuatro patas, acomodé las piernas con suficiente abertura para dejar todos sus tesoros suficientemente expuestos, acerqué mi hocico por detrás y comencé a meter lengua en modo harto vicioso.

“Aggggghhhhhh….comeme el chocho y el ojete….mmmmm….siiiiii, puerco, comela toda a la tiita” me decía con voz ronca y excitada, mientras movía acompasadamente el culo de modo de ayudar en mi tarea.

De la concha salía una cremita pastosa y deliciosa, y el culo lo tenía más que resbaloso de la conjunción de sus mocos y mi baba, me daba morbo y no asco.

Alternaba mis besos negros con un masaje en su clítoris y la introducción de dos dedos en su concha que provocaban suspiros, gemidos y quejidos de placer de mi puta tía. Cuando bajaba a su concha metiendo no solo mi lengua sino la punta de mi nariz en el embarrado chocho, le introducía uno o dos dedos en el ojete dilatándolo perfectamente.

Realmente estábamos en plan de vicio tal, que nos pasaba desapercibido todo lo que sucedía alrededor. Fue así que no advertimos la presencia de un tercero. Nada menos que mi tía Beatrice que nos contemplaba con una mano en la cachucha y la otra en una de sus inmensas ubres.

Había entrado como yo, es decir, con la facilidad de una puerta sin llave, sin tranca y sin ninguna otra seguridad y se había dirigido a la cocina atraída por los gemidos, los quejidos y los suspiros de ambos.

Hubiéramos continuado así, sin darnos cuenta de la visita, si Beatrice no decía con voz quebrada por la calentura “Turros, si van e enfiestarse, por que no me invitan”

En forma inmediata no identificamos la voz ronca de nuestra pariente, por lo que nos sorprendimos y asustamos un poco, pero al darnos vuelta, observamos con incredulidad, como Beatrice se estaba dando placer por sí misma, medio en pelotas, manoseándose por sí sus gruesos labios vaginales y sus grandiosos pechos.

Por lo que pude saber ulteriormente, ninguna de las dos se habían contado como se habían encamado conmigo, lo que no impidió, en ese momento, que me compartieran como un trofeo de guerra.

Al ver a Beatrice así, le dije “Vení tía, sumate a la fiesta que para vos también hay pirulines” mientras me zamarreaba la poronga.

Con lujuria en sus ojos, mi tetada tía se acercó al sofá, se sentó en el y comenzó a chuparme la pija con desesperación, mientras se metía dos dedos en la concha encharcada con sus jugos.

María continuaba en cuatro, e inesperadamente Beatrice estiró su mano libre y comenzó a manosear el culo de su prima. Era indescriptiblemente excitante la situación para mi y para María no lo era menos, pues lejos de retirar la mano de su prima, sus palabras y sus gestos fueron de aprobación:

“Si, putarraca, tocame el culo, meteme un dedo en el ojete y haceme la paja” le decía mientras miraba hacia atrás con la boca de vicio y los ojos entreabiertos. Obsequiosa, Beatrice se metió dos dedos en la boca y los empapó con la saliva que en abundancia tenía a causa de la excitación, y lubricados como estaban se los metió en el ojete a María, urgando en el recto de su viciosa prima.

“Agggggg….que me haces yegua putaaaaaa…..seeeeeee……haceme el culito” decía poseída.

Luego de unos instantes de manoseo rectal, Beatrice se tiró en el sofá, boca arriba, dejándome ver el esplendor de sus inconmensurables melones, coronados por aureolas como huevos fritos y pezones erectos como pequeñas porongas, su monte de Venus enmarañado con una mata espesa y cari rubia, brilloso por sus jugos, de modo que me abalancé sobre ella a comerle el chocho y a pura lengua comencé la tarea, metiendome en la boca uno a uno los labios gruesos de su vagina trajinada, provocando placer en mi cachonda tía.

“Uhhhhhhhhh…..siiiiiiii…..comeme la cajeta…..meteme lengua” me decía entusiasmada Beatrice y yo, sumiso, le enterraba la lengua en la concha intentando darle un beso al revés, es decir, metiendosela por la concha y sacándosela por la boca.

Cuando llegué al clítoris, me impresionó su tamaño, no es que no lo conociera, pero me pareció aún más grande de la vez que lo había desgustado en el estío pasado. Lo lamí a conciencia y extraje suspiros insondables de Beatriz pudiéndose escuchar incomprensibles “Ahhhhhhhh….mmmmmm……aggggggggggggg…..” y un contoneo de caderas tendientes a refregar su clítoris contra mi boca y contra mi cara toda.

Mientras estaba en esos menesteres, los que por cierto cumplía arrodillado y con el culo en pompa, fui sorprendido por María quien como una buena marrana que era me metió la lengua en el ojete a la par que me hacía una deliciosa puñeta, por eso quien ahora irrumpió en gemidos de placer y en soeces términos fui yo que le decía a mi muy golfa tía: “Siiiiiiiii…..comeme el culo….. dame esos besos negros putona…..siiiiiiiii….haceme acabarrrrrr…. “ y dicho esto me puse de pie echando los primeros lechazos sobre el cuerpo de la yaciente Beatrice quien comenzó a recibir la lefa con la boca abierta, como esperando maná del cielo.

Antes de terminar de acabar ambas putarracas de tías se sentaron al borde del sillón y abriendo las bocas recibieron las restantes descargas, dejando ver como la leche se les depositaba en parte en sus lenguas expertas, además de sus mejillas, sus cabellos, sus tetas….

Extenuado, me senté en el sofá, en medio de las magníficas maduras, con el guerrero en reposo, pero acariciando con avaricia la anatomía de cada una de mis tías, los globos espectaculares de Beatrice y las piernas embelesantes de su prima María, acercándome en cada caricia a esas nalgas imponentes y su chocho cubierto por una renegrida melena.

Ellas, mientras tanto, hacían comentarios tales como:

“Oye sobrino, a que te gustan las viejitas putas como nosotras más que las chiquilinas, eh” decía María.

“Pues claro que me gustan, más que eso me ponen a mil, la calentura que me provocan las maduras puercas como ustedes dos no tiene comparación, jejeje” retrucaba yo y reíamos los tres.

“Donde viste mercadería como ésta en las pendejitas, eh Carlo?” me decía Beatrice, mientras se manoseaba a gusto las inmensas pechugas que tantas pajas habían provocado en tiempos no tan remotos en mi y seguramente eran el objeto de deseo de toda la platea femenina que la conocía a la muy golfa de mi tía.

A medida que la conversación avanzaba, juventud divino tesoro, mi cipote se erguía desafiando la gravedad y apuntaba al cielo prontamente.

“Mirá a nuestro sobrinito, ya tiene el aparato en condiciciones de volver a la lucha, pues a la arena de ha dicho” dijo Beatrice y comenzó a masajearme la poronga con perversión pocas veces vista. La apretaba, la estrujaba, subía y bajaba con violencia el pellejo, provocándome placer y dolor a la vez.

Cuando María se aseguró que la tenía suficientemente dura, se puso de pie y se sentó a horcajadas sobre mi, metiéndose de un solo movimiento toda la pija en su lubricada concha y comenzó un frenético movimiento de sube y baja. A su lado, Beatrice se le acercó y comenzaron a darse lengua recíproca aumentando mi morbo.

“mmmmmm, primita, que putas que estamos hechas…jajajaja” decía Beatrice y reían ambas al unísono.

En forma inmediata, habiendo transcurrido solo un par de minutos desde que María se había montado aulló de placer, dando cuenta así de un nuevo orgasmo de su parte, acompañandolo de un llanto sonoro que indicaba que había tenido una corrida de campeonato.

Se quitó del medio dejándome con el tronco enhiesto, pues como ya me había echado dos polvos, no acababa fácilmente.

Beatriz se aprovechó de la situación, se puso como perrito y sin pudor alguno me puso a la altura de la cara ese culazo inmenso y blanco que poseía, poniendo la cara en un apoyabrazos del sofá y abriéndose ambos cantos con las manos, dejando a la vista el ojo del culo, marrón y arrugado.

Esa visión me obnubiló, acto seguido babee su ojete, lubricándolo convenientemente, apoyé la cabeza de la poronga también mojada por los restos de semen y el nuevo líquido preseminal que se había acumulado, me así de sus caderas e hice presión suficiente hasta que el glande pasó por los anillos del agujero del culo de mi tía y se perdió en la inmensidad de sus carnes, mientras mi tía decía: “mmmmmm….que hermossssssooooooo….. enterrámela toda….. rompeme el culo por favor”

Sus palabras fueron un nuevo incentivo, así que comencé el mete y saca a ritmo marcial, uno, dos, uno, dos, uno, dos, mientras la madura se movía hacia delante y hacia atrás, dejando ver las gigantes tetas que se bamboleaban de un sitio a otro.

Mientras me culeaba a gusto a Beatrice, María se hacía una soberana paja, así que los tres estábamos dándole gusto a nuestros bajos al unísono, hasta que, también en consonancia, acabamos abundante y ruidosamente los tres cochino, yo le inundé a mi tía mayor la chimenea de crema y María se enchastró las mano de sus mocos, gritando de consuno: “Ahhhhhhh….siiiiiiii….aggggggghhhhhhhhhhhhh”

Pasaron muchos, muchos años desde esa libidinosa tarde de invierno, pero cada vez que lo recuerdo, a pesar de mi edad, se me provoca una erección que me obliga a bajármela con una oportuna paja, en honor y memoria a las viejas más putas y divinas que pudiera haber tenido como tías.

Espero haya sido de su agrado y lo voten

Hasta la próxima, tanoferoz@yahoo.com.ar

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Categoría: Amor Filial | Comentarios: 2 | Visto: 15821 veces

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Lagartito29 lee el verano del 77 aquí en ésta misma sesión y sabrás como empezó todo. Saludos. TanoFeroz

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muy lindo todo el ahhh ahhh pero algo mas real para la proxima uy si es real x lo menos pone cxomo empeso toda esta relacion xq asi yo tambien te pongo si me cogi a mi mejor amiga me lamo fui a la casa y te pongo 45 minutos de lectura de puros ahhh ahh dame mas.... mas pila

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