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Sé que tambien me amas.

Enviado por erosnovato2007 el 31/8/2010

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Sé que tambien me amas. Publicado el 31/08/2010, por: erosnovato2007

Sé que también me amas.
Uno
Vestida de negro te encuentras, compungida del dolor, dolida por la terrible pérdida, al pie de la tumba de tu esposo, mi hermano. El sol ya cae y las sombras de la noche se tornan aliadas en contra de tu fortaleza y a favor de esta terrible soledad que nuestras almas empiezan a sentir.

La compañía de los deudos parece no sincera, todos los rostros se ven ajenos, sus...

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ocasionales lágrimas se sienten fingidas, es verdad, no comparten nuestro sentimiento; es verdad, estamos solos, solos los dos, solos contra el mundo y la fatalidad: yo, el hermano menor del difunto, tú, su adorada esposa, su fiel compañera.

A punto de desfallecer te siento, presuroso te ofrezco mi brazo derecho, tus frágiles manos al asirse, me transmiten la desesperación del náufrago en busca de la salvación ansiada, tu cuerpo busca cobijo y sin demora te lo ofrezco. Estamos de pie junto a la tumba del ser que ambos amamos. Tu proximidad me cae bien, me identifico con tu dolor en forma plena y me fortalezco….. y enciendes en mí una vez mas esa llama ardiente, aquella que desde tiempo atrás tengo escondida muy dentro mío.
Siento brotar en cada sollozo el calor de tu cuerpo, que a través de tus desesperadas manos se transmite como una ráfaga en el mío. Cada sollozo acompaña un estremecimiento y cada uno de ellos es energía pura que inunda mi cerebro. En cada latido de tu dolido cuerpo, deseo febrilmente estrecharte y mostrarte mi leal apoyo……. Mi protección sin condiciones.
Te veo de reojo, toda de negro, el rostro cubierto por el velo de la muerte que maximiza tu singular belleza, tus bien cuidados dedos, manejando nerviosos el maltrecho pañuelo, tus castaños cabellos luchando con el estricto luto y con el viento. Tus labios carmesí en el vano intento de retener el llanto…. Tus hermosos ojos que a través del delicado velo fugazmente me miran y percibo en ellos un brillo intenso, una luz que con magia me atrae hacia la vida, porque es la luz de la vida frente a la terrible sombra de la muerte que nos envuelve.
Se ha dicho la última oración, el último discurso, el último adiós. La última rosa roja ha sido depositada por tus manos sobre la tumba del ser que amaste con fidelidad, tu esposo muerto. Giramos nuestros cuerpos dando la última mirada juntos, es la final despedida, siento que desfalleces, mientras partimos rumbo a la casa, antes de ustedes…. ahora la nuestra.
Dos
Sobre la cama, aún con el traje negro puesto, mi cuerpo reposa en el dormitorio que hacen muchos años ocupo y que está junto al tuyo. Los acontecimientos así de agolpados no me dan tregua, pretendo entender lo sucedido, aprecio lo complejo del asunto, ahora mas que nunca, aún ya muerto, él de ti me separa, por la inmensa tristeza que tu corazón embarga, sin darle tiempo ni espacio para percatarte siquiera de mi presencia.
Del otro del otro lado de la pared físicamente te encuentras, pero tus sentimientos te llevan muy lejos, donde no logro alcanzarte. La muerte del ser que amaste, de tu eterno compañero, nos separa y sé que no siento lo que tú sientes. Los dos lo queríamos, tú porque fue el hombre que te despertó al amor y con el quien formaste una familia, sin la bendición de los hijos por desgracia. Yo, el hermano menor desvalido que a la pérdida del padre, recibió fraternal y sincera protección del hermano mayor. Ambos a él unidos estamos, en su ausencia el triángulo parece afirmarse, su presencia es inevitable, tu soledad me mata, mis deseos crecen hasta el delirio.
La noche es plena, la soledad también. Las ideas se agolpan, todo es confusión, siento tus sollozos y tus gemidos en la alcoba contigua, sé de tu dolor inmenso y consolarte no puedo. Mientras sufres tu soledad, sufro yo con mi conciencia. En mis pecaminosos deseos, contaba también con su partida, lejos, muy lejos, pero no tan lejos como la muerte.
En mis largas noches de insomnio, en mis largas jornadas de tristeza en mi lecho, cuando él aún estaba vivo, rodeado de mi soledad, sufría el delirio de sus cuerpos en contacto….tus jadeos, tus frágiles gemidos, tus incontables suspiros y tu tremendo placer; al hacer el amor con tu marido, mi hermano……. Arrepentido confieso que también su muerte he deseado……sé que fue algo muy cruel, no calculé tu dolor, se me fue la mano. Murió enfermo, es mi único consuelo.
Ahora lloras amargamente, siento que el deber me llama, algo debo hacer… ¿pero qué?, ideas me faltan. No encuentro siquiera palabras, ni ademanes, ni siquiera atino el mínimo movimiento. Estoy vacío, no estoy preparado para esto, no sé consolarte, mentirte no pretendo. Es cierto que a pesar del sufrimiento que me embarga, confesarte quiero que mi amor por ti hizo que deseara este momento. Mi amor por ti me llevó lejos, me siento culpable, culpable de tu tristeza.
Nervioso me incorporo, me dirijo a tu dormitorio, silenciosamente abro la puerta: tendida estás, dándome la espalda, tu rostro perdido entre tus manos, el frágil velo ahora abandonado, tu pelo alborotado sobre las almohadas, el elegante vestido negro un tanto suspendido, dejando libres tus hermosas piernas cubiertas por las finas medias de seda. La posición de tu cuerpo me deja ver lo que mas anhelo: tu hermoso y saliente culo en la posición de "indefenso", sacudiéndose levemente al ritmo impreciso de tu llanto.
Perdóname Dios mío, imploro angustiado, perdóname por desearla ahora y haberla deseado siempre. Piedad por este sentimiento malsano que me tiene dominado, misericordia por tan infeliz pecador que ha caído en las fauces del deseo, del deseo de lo prohibido, de la mujer de su hermano. Perdóname tú mi reina por no respetar la intimidad de tu dolor, por entregarme a mis deseos e irrumpir en medio de tu llanto…… en busca de mi satisfacción. ¡Entiéndalo todos de una vez por todas: no es simple deseo, es amor sincero!
Tres
Han pasado ya dos meses que parecen siglos. Las jornadas son largas, las noches insufribles. Los momentos a solas impensables, tu condescendencia imposible.
Atrás han quedado los recuerdos de tus largas faenas de sexo con tu esposo mientras expectante en mi dormitorio sufría cada movimiento: Al despertar para despertarme, al mediodía para confundirme, por la tarde para desesperarme y por las noches para despedazarme. Y en cada encuentro, tu fogosidad por delante, tus impulsos, tus deseos, tus jadeos, tus gritos, el ruido de tu cuerpo entregándose íntegro, tus pedidos de mas y mas sexo, tus gemido con el "ya casi" y tus gritos embebidos de los fluidos de sus cuerpos. En fin tus incontables orgasmos. En fin, mis innumerables muertes en un solo día.
Y en cada mañana, cada tarde y todas las noches, mi complicidad, mi respeto, mi resignación, mi bronca por no ser el dueño, mis deseos reprimidos al extremo del dolor agudo y mis pajas en silencio, acompañadas por el delirio de tus jadeos y coronadas por el ardor de tu deleite.
Pero eso es el pasado, el presente es distinto…..
Una mañana de tantas, tímido me animo a pedirte que hablemos. Serena me contestas, que sí, “te escucho”, la curiosidad te inunda. "No es nada grave", te digo aún temeroso. Es simple: afrontar la vida a pesar de lo que perdimos, con valentía compartir la tristeza, de juntar fuerzas y vivir el futuro e intentar juntos olvidarlo. Es lo que siento.
Vuelven los recuerdos, de las tardes felices, solos tú y yo compartiendo las labores de casa mientras él (tu esposo) trabaja. Las faenas en el jardín, cuidando las plantas, tu cuerpo inclinado sobre el césped, tus cortitas faldas, tus hermosas piernas luciéndose ante mi mirada, tus diminutos calzones cubriendo aquel tesoro entre tus piernas que furtivamente alcanzo a ver sin despertar sospecha. Tus turgentes senos sin protección del corsé al vaivén de tus habilosas manos, tus pezones duros del contacto directo con tus ropas, tu hermosa cabellera sobre tu arqueada espalda, tus labios, tus blancos dientes, tu jugosa lengua, tus brillantes ojos a manera de esmeraldas. Tu redondo culo sobresaliendo de todo y brindándose indefenso, rendido ante mi dura verga…. Pero claro, no era nada mas que un sueño, no había duda de tu fidelidad hacia tu esposo, mi hermano.
Cada movimiento, cada gesto, cada cuidado y cada descuido por mis ojos aprovechados. Mientras soñaba tener tu cuerpo, mientras anhelaba tener tu alma y deliraba con hacerte mía, por tener tu culo por mi verga penetrada. Me perdía en el abismo de los deseos de adolescente precoz y enamorado.
Es eso lo que mas extraño, nuestra vida rutinaria. Tú como ágil danzarina por mi alrededor brincando, yo como aprendiz perro guardián, celoso cuidando de aquello que sabía no era mío, pero que lo sentía mío, aunque llegada la noche, me demuestres lo contrario, al entregarte ansiosa a tu verdadero dueño.
Ahora que hay luto, la situación es contrapuesta, no hay risas, ni alegría, ni deseos acumulados durante el día. Y en la noche, no hay gozo ni deseo satisfecho. Los días transcurren en silencio y tristes son las noches.
Apesadumbrada pasas por mi lado, vistiendo tu luto obligado. Mas la naturaleza no puede con esta farsa ni con este improvisado teatro. Tus movimientos son sensuales, tu belleza indomable, tus ojos que brillan detrás del dolor, tus senos que brincan detrás de la oscura ropa, tus piernas que ágiles se mueven de un lado para otro, dejando en el camino una estela de deseo contenido, tu cabellera suelta en la espalda y tu hermoso culo que ni el mas estricto luto disimular puede su sensual meneo que hacia él me lleva. Con el olfato sigo tu rastro de hembra triste pero ardiente. Te encuentro por ratos en la cocina haciendo la triste comida (ahora solo para dos), en la azotea con la mirada perdida en el horizonte, frente a la tele fingiendo buscar algo interesante, ante el espejo pretendiendo reencontrarte y a veces frente a un libro que sé no lees.
Curioso atisbo a la hora de dormir la siesta o antes de ir a la cama, a través de la puerta entreabierta de tu solitaria alcoba. Siempre triste y sollozante, siempre de espaldas ofreciendo tu culo a este pobre pecador, siempre jugando con la lucidez de mi mente…… me arrastras tras el pecado, quiero dejarme llevar cual dócil cordero rumbo al sacrificio.
Cuatro y último
Sobresaltado despierto en medio de la oscuridad de la noche en mi dormitorio, siento otra vez tus gemidos en la alcoba de al lado. ¿Otra vez tu llanto acaso? Sigiloso me dirijo a la puerta que abrirla logro al no tener seguro. Oscuro el ambiente, oscura tu ropa, oscuro tu rostro, oscuras las medias de seda que tus piernas cubren, oscura tu arremangada falda larga, oscuro el pelambre de tu cocho que sensualmente acaricias con ambas manos.
Mi cuerpo entero de temor y deseo tiembla, mientras te observo dar vuelta en la cama, dejando a mi sacrílega vista tu hermoso culo en medio del sensual movimiento, simulando un mete y saca, con la lujuriosa zanja en el medio de tus blancas nalgas, por ratos abierta y por otros cerrada; a veces arriba y a veces abajo, abriendo las piernas para dejar ver tus ansiosos dedos tu cocho acariciando… y de repente, un último envión hacia el encuentro del placer buscado, un último impulso hacia la verga imaginada, tu culo muy cerca de mis ansiosos ojos, pero mas cerca de la verga en tu mente figurada.
En silencio me alegro, en silencio mi solidaridad florece, en silencio observo, en silencio me retiro para hacerme una silenciosa paja. Respetando tu intimidad al milímetro, pero sin poder evitar la imagen de tu rostro mientras acaricio el tronco de mi verga, tus turgentes senos al sobar mis peludas bolas, tu hermosa concha mientras espero el chorro de mi semen expulsado y …… la voluntad me traiciona mientras en medio de violentas empujadas, dejo escapar en forma involuntaria, tu nombre mi amada.
Me abandono a la autocomplacencia, confiado en que la puerta está asegurada, pierdo los recatos, pienso en tus batientes senos, en tu jugoso cocho prisionero de tus propias manos, en tu pecadora mirada, en tus labios que dicen que "me amas"……. Y en medio de gritos te digo que también "te amo", que estoy loco por hacerte mía y solo mía ¡Ahora que ya no hay obstáculos!
Y por fin, con la imagen de tu hermoso y blanco culo que caprichoso viene hacia mi y se me escapa, que viene en procura de mi dura y latiente verga, de mi miembro que en verdad es tuyo; recibo el ardiente chorro anhelado, sin evitar que una vez mas tu nombre escape de mis labios, tu hermoso nombre mi amada.
Una fugaz sombra se aleja de mi ventana….. "que descuido, las cortinas"…… siento apenas audibles pasos en el pasillo que camino de tu alcoba en medio de la noche se escabullen, siento la puerta tras de ti cerrase, ……. Nuevamente "que descuido": sé que viste mi ardiente paja.
Amanece y nos levantamos muy temprano. Es otro día pero no como los de siempre. Un ambiente de complicidad extrema se siente en el aire. Sé que me viste (y me avergüenza), pero también te vi (y es mi consuelo, mi esperanza).
Las tareas de la casa de pronto de avivan, vuelve tu alegre ir y venir por toda la casa, me preparas un desayuno de ensueño, sugiero cambios en tu alcoba, "para que a olvidar te ayuden". Animada participas y nos dedicamos a los arreglos y cuidados del lugar donde duermes, donde sueñas, donde sufres y donde anhelo tenerte mi bien amada.
Preparas un delicioso almuerzo y también me involucro, veo que llevas un hermoso delantal de colores sobre el estricto luto, te imagino con el mismo delantal pero sin nada mas encima y me entusiasmo nuevamente (y mi miembro también se entusiasma). Imagino tu hermoso culo sin ninguna tapadura y sin nada que te proteja de mi bestial arremetida y el aire me falta.
Por la tarde y como no sucedía desde hacen ya tres meses, al jardín retornamos. Esta vez tu vestimenta es diferente, aunque mantienes el riguroso negro, vistes unos pantalones de licra muy ajustados y me regalas con el mas bello espectáculo, tu cuerpo de rodillas sobre el césped, dando cuidado a las flores, tus espaldas levemente arqueadas, tus senos colgando muy difícilmente sujetados y tu hermoso culo sobresaliendo de entre todo. En silencio toco el cielo con tu inesperado regalo, mi reina adorada
Me pongo en mejor posición para deleitarme, y veo entre tus piernas, tu hermoso y abultado cocho que emerge cual almeja ahora completamente negra, por el luto que conservas.
Por la noche, te propongo preparar yo la cena y me complaces. Juntos en la cocina, nuestros cuerpos encontrándose a cada rato, nuestros nerviosos alientos que se confunden, nos llevan a una especie de vida en la muerte, del amor en medio del pecado, de las ansias en medio del miedo. La mesa está hermosamente decorada, no falta el candelabro con las velas de rigor, ni el vino ha sido olvidado.
Silenciosos cenamos, mientras una romántica música por ti elegida llena el ambiente. No nos dirigimos palabra, en silencio de la comida disfrutamos.
Sirvo el vino, del tinto por las circunstancias, te propongo un brindis "por un nuevo comienzo" y te sonrojas…. y me animo: "Por los dos y por nuestro futuro", te digo y me miras mas nerviosa; "porque me des la oportunidad de llenar el vacío que ahora sientes", te digo, y bajas la mirada mientras una lágrima traicionera se te escapa.
Sin levantar la mirada me tomas de la mano y de la mesa te levantas. Mis tiernos 18 abriles perecen ante tus 34 expertos años. Me dejo llevar al sacrificio, sin mirarte a los ojos, sin decir palabra, para no entorpecer el mágico momento. Enfilas los pasos hacia tu alcoba, aquella que por la mañana preparamos, cerrar la puerta tras de nosotros intento, me lo impides y la dejas completamente abierta, no dices palabra mas entiendo: "no hay nada que esconder, nadie que nos mire, nadie que viva para ser obstáculo: para amarnos".
Me dejas sentado sobre la cama, silenciosa te diriges hacia el vestidor y al cerrar la puerta corrediza tras de ti me diriges esa pecadora mirada y entiendo, mas solo atino a recostarme, nervioso espero a que tú salgas. Vestida de negro apareces, hermosa seda cubre tu dolido cuerpo, pero tu alma es blanca, blanca como en el altar, blanca y pura para mí, para tu dueño, tu bien amado.
A quitarme la ropa me ayudas, toda de un solo esfuerzo, descubres las sábanas y me ordenas recostarme. Haces lo mismo a mi lado, te apoderas de mi miembro que está listo para la lucha, me acaricias lentamente y siento que me amas…."te amo" me dices precisamente. Respondo con un beso y fundimos nuestros cuerpos en las caricias por tantos años esperadas.
Entreabres las piernas y me invitas a penetrarte, dudo por un momento, tengo una mezcla de temor y deseo. Temor por el muerto tan reciente y deseo, deseo ardiente de incursionar en tu bello cuerpo y hacerlo mío, mío de veras y mío de una vez por todas, ¡¡¡¡Mío, siempre mío!!!!
Mi instinto puede mas que nada, beso tus labios, tu cuello, tus turgentes senos, tu ombligo, tu cintura y decidido dirijo mi temblorosa mano a tu peluda concha donde me pierdo mientras tú, al borde del éxtasis suspiras.
Saboreo ese tesoro, mi tesoro, ahora mío ya que no es de nadie. Exploro su interior con mi tímido dedo y te estremeces del puro gusto. "Hazme tuya", me ordenas y me apresto a cumplir tu deseo. Siento un tono autoritario en tu pedido y me gusta, me traes a la memoria las órdenes tajantes de mi madre al imponerme algún castigo cuando era niño y, simplemente obedezco.
Verificas si mi verga está lubricada y la acaricias otro tanto y la diriges hacia tu oscuro hueco, y me dejo llevar arrastrado por esta vorágine del pecado. Te penetro, una y otra vez, gozo de tu cuerpo, de tu concha peluda que me aprisiona entre gritos, de tus batientes senos que se mueven a mi entero capricho. De tu hermoso rostro ahora poseído del mas sublime gesto de placer, de tus bellos ojos que de vez en cuando me miran y parecen quemarme, en fin de todo tu cuerpo que ahora estoy convencido: ya es mío.
Te estremeces, te desesperas aumentando el ritmo de tus movimientos, gritas mientras tu concha somete a sensual tortura mi verga, gimes como cuando lo hacías con mi hermano muerto, "te amo" me dices y te vienes en un sonoro orgasmo que sabe a gloria, mientras tus apretados labios carmesí evitan decir mi nombre por temor a equivocarse.
Me siento hombre y me deleito con tan bello espectáculo. Cesan mis movimientos, guardo silencio y en medio de ese sagrado silencio, respetuoso tu cuerpo entero en éxtasis observo, y siento que te amo aún mas, porque eres lo que tanto he soñado.
Me invade un tremendo deseo de hacerme dueño de lo más íntimo de tu cuerpo, de lo mas profundo de tu sexo y pienso en tu hermoso culo, del espectáculo que me regalaste anoche, cuando pude ver sus exquisitos movimientos, mientras te hacías la paja. "Date vuelta" te imploro temeroso de que no te guste, "Si mi amor, te lo doy todo" me respondes y con ágil movimiento tu dichoso culo me entregas. Te penetro aún de costado y el sensual ritual empiezo, mi verga perdiéndose entre tus nalgas mientras el sonido del golpeteo de mi vientre contra tus caderas llenan el ambiente. Sintiendo mi prisa nuevamente te estremeces, te mueves cual culebra, (la del pecado) y en pecado gozas nuevamente mientras con tu mano aprietas tu peluda concha por delante.
Te disfruto al máximo y con un suave movimiento te pongo boca abajo. Obedeces. Penetro nuevamente tu ardiente cocho, sensualmente expones tu indefenso culo ante mi viril verga y te disfruto, grito y te estremeces, me vacío en ti y con fuerza empujas para muy dentro recibir mis fluidos, esos que llevan todos mis deseos, todo mi amor y mi vida entera.
Estoy al borde del llanto por los sentimientos encontrados, volcando el rostro para atrás me besas, "te amo", digo en medio de un susurro, "nos amamos" me respondes. "Quiero casarme contigo" te pido ya entre sollozos, "aún eres un niño" me respondes. (Escriban a mi correo: erosnovato2007@yahoo.es)
Fin

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Categoría: Amor Filial | Comentarios: 0 | Visto: 8258 veces

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