Hace un par de años en la cena de empresa a la que asistimos mi mujer y yo, nos pasó una historia que realmente me parece surrealista. En la sección empresarial de mi mujer trabaja una compañera veinte años más joven que nosotros, que ya tenemos los cuarenta y tres ambos, se llama Azucena y es lesbiana con pareja de hecho, una chica de treinta que se llama María y que acudió a la cena acompañándola.
Pues bien, yo sabía que Azucena y mi mujer se llevaban muy bien, pero sin más...
aunque en ocasiones y mientras hacíamos el amor fantaseásemos con la posibilidad de que ellas lo hiciesen mientras yo miraba. A quién no conocía yo era a María, una mujer con pinta de marimacho y por lo que me contaba mi esposa, que traía a mal vivir a Azucena, que no lo he dicho, pero es lo que ahora dicen un pibón con un cuerpo y una cara espectaculares. El caso es que por afinidades nos sentamos juntos quedando María a mi lado, por lo que durante la cena hablamos bastante, congeniando estupendamente a pesar de mis prejuicios iniciales hacia ella debido a lo que me contaban de como trataba a Azucena.
La velada trascurrió como todas estas cenas, con gentes pasadas de copas haciendo el ridículo y después de los postres decidimos abandonar el local y tomarnos algo en otro lugar los cuatro, como el piso de ellas quedaba cerca y no lo habíamos visto decidimos ir allí y tomarnos una copa. Nos trasladamos en su coche, conducía Azucena y mi mujer iba de copiloto ya que se marea en la parte trasera, María y yo nos situamos atrás y seguimos hablando de nuestras cosas, a pesar de su apariencia física, más de hombre que de mujer, puede intuir un par de pechos muy sugerentes y en cierta forma sus rasgos faciales me atraían, en un momento Azucena dijo en broma que cuidado con las manitas y los cuatro nos reímos de buena gana, pero el caso es que estaba yo tan metido en conversación con María que no me había dado cuenta de que mi mujer y Azucena llevaban su cachondeo de una forma muy íntima, tanto, que por un momento creí ver como Azucena al cambiar de marchas llevaba su mano al muslo de la pierna de mi mujer, pero como ya llevaba alguna copa encima pensé que la imaginación me había jugado una mala pasada, lo que no evitó eso sí es que una calentura me fuese invadiendo todo el cuerpo provocándome una erección que difícilmente podía pasar desapercibida para María.
Llegamos a su residencial y tras aparcar el coche subimos al piso, un lugar muy coqueto que apenas habían estrenado hace poco, lo que hacía que le faltasen algunos detalles y que eso centrase en un principio el tema de conversación, aparte de en su dormitorio tras un comentario mío, en el que hice referencia a lo bien que se tenía que hacer el amor en su cama. Nos servimos unas copas y María y yo abrimos una botella de buen vino tinto, ya que ambos nos reconocimos degustadores de los buenos caldos.
Nos sentamos en los sofás del salón y no sé si por casualidad pero otra vez yo quedé ubicado al lado de María que, por cierto, se había cambiado de ropa y ahora lucía un chándal que dibujaba sus formas delgadas y sus pechos con unos pezones apuntando al cielo, en un momento determinado Azucena decidió ponerse también algo más cómodo e invitó a mi mujer a que la acompañase a la habitación mientras se cambiaba de ropas, las dos se fueron todas contentas y en ese momento ya intuí que mi percepción en el coche no era errónea, conozco a mi mujer y caminaba como una gata en celo, y aunque su cuerpo no tenía nada que ver con la belleza del de Azucena al ser más regordeta que esta, me pareció el contraste entre ambas muy erótico, claro que solo eran principios de fantasías, pero eso hizo que una vez más sufriese una erección brutal y esta vez era seguro que María estaba al tanto, ya que sin disimular y tras desaparecer nuestras parejas tras la puerta de la habitación puso su mano izquierda sobre el bulto que sobresalía en mi pantalón, y sin decir nada bajó la cremallera dejando libre mi miembro, yo de forma instintiva la frené en seco y ella ante eso me besó en los labios diciéndome que antes del amanecer terminaríamos jodiendo juntos, así, utilizando la palabra jodiendo que tanto me excita.
Seguimos hablando y bebiendo mientras escuchábamos voces en la habitación, no sé qué estarían haciendo mi mujer y Azucena pero regresaron las dos con cara de sofocadas, mi mujer casi ni se atrevió a mirarme a la cara por lo que deduje sin lugar a dudas de que en la habitación habían hecho algo más que charlar un rato, Azucena por su parte miró a María como desafiante, parecía que se sentía amparada por nuestra presencia para poder desinhibiese sin los celos de esta, aunque no entendía el por qué entonces María había procedido como lo había hecho anteriormente conmigo, me sentí un poco un peón de un juego en el cual poco pintaba, aunque luego pinté de lo lindo.
Mi mujer me pidió en un momento que la acompañase a la cocina a por más hielo, yo la seguí y nada más entrar me abrazó y me besó con una pasión de putita en celo, estaba que se rompía de las ganas de echar un polvo y no lo disimulaba, yo le dije si quería que nos fuésemos a casa a follar pero me contestó que no, que lo haríamos allí, con Azucena y María, ya que hace unos días ambas habían discutido por los cuernos que María le ponía a Azucena y que ante las amenazas de esta de hacer lo propio, María se había burlado y ahora, Azucena quería follar con nosotros dos delante de su novia, todo eso me descolocó, ya que sabía que Azucena jamás había tenido relaciones con un hombre, por eso mi mujer me explicó que precisamente ahí residía todo, quería demostrarle a María que ella también podía acostarse tanto con mujeres como con hombres, además de tirarse a mi mujer, aunque eso entre ellas ya lo habían hablado.
Regresamos al salón y entre nuestras amigas solo se cruzaba un silencio que se cortaba, Azucena miró a mi mujer de forma cómplice como para preguntarle si yo estaba al tanto de todo, al ver que sí se levantó del sofá y cogió a mi mujer de la mano, la besó en los labios y mirando para María le dijo; Ya que a ti sí te gusta tirarte a hombres, yo me voy con Lucía, que a todo esto es el nombre de mi mujer, tú te puedes quedar con Alfredo, que soy yo, pero no te ilusiones, luego vendré a por él y te prometo que esta noche perderé la virginidad con un hombre.
En todo esto mi mujer y yo parecíamos dos comparsas, aunque Lucía sabía mejor su papel ya que se abrazó a Azucena y juntas se fueron a la habitación pero sin cerrar la puerta del todo, yo que estaba de pie me quedé un poco bloqueado, miré a María, esta me sonrió y dijo; Ves, ya te dije que esta noche terminaríamos jodiendo, además la niñata necesita acostarse con alguien que no sea yo, que descubra que la vida tiene más coños que el mío, y dicho esto me preguntó, ¿Has follado alguna vez con algún hombre? ¡No sabes lo que te pierdes! Eso me hizo pulsar el interruptor de desbloqueo mental y dejarme llevar, me acerqué a María que alzó una pierna por encima del reposabrazos del sofá dejando sus piernas bien abiertas aunque con el chándal puesto, era toda una invitación que no desaproveché, en absoluto, liberé mi falo y lo acerqué a su boca, ella mi miraba fijamente sin perder de vista mi cara, la verdad es que mis pelotas estaban para estallar de júbilo y el pene lo tenía duro como una roca, con un gesto vampiresco lo introduzco en su boca tragándolo con fruición, me sentí como si un succionador me estuviese ordeñando, llevó sus manos a mi culo y con una sabiduría inmensa me fue despelotando sin dejar de chuparme el miembro, yo alucinaba, reconociendo que tenía además una dosis de alcohol en el cuerpo que me hacía desinhibirme de todo, miraba a María, como sus labios rodeaban mi polla y sus facciones de marimacho obraban en mí una suerte de sortilegio que me empujaba a disfrutar de todos mis instintos más primarios.
Jadeé como nunca y temí correrme de un momento a otro, en otra circunstancia ya lo habría hecho, pero me sentí fluir en la escena, como diluido entre sombras, sudor y unas ganas terribles de sexo como nunca antes, luego supe que María nos había introducido un alucinógeno sintético en la bebida que nos haría casi inagotables durante un buen rato, por eso yo no me corría a pesar de la maravillosa mamada que me estaba haciendo.
En un momento ella se desnudó apartándome un instante, dejándome con el miembro erecto, hinchado y con más ganas de joder, María tenía un cuerpo delgado pero esbelto, dos pechos muy bien esculpidos con, efectivamente, dos pezones puntiagudos, marrones, preciosos, parecía el cuerpo de un transexual que al hormonarse ve como su pechos le van creciendo en un cuerpo de hombre delgado, de hombre con las facciones faciales afiladas, de un hombre que es mujer y que yo me iba a tirar sin más demora, pero antes ella se llevó un dedo a su boca en señal de silencio, yo agudicé mis oídos y entonces percibí los sonidos que sin duda María quería que escuchase, provenían de la habitación en donde dos mujeres se estaban amando, María me cogió de la mano y con cuidado de no hacer ruido me llevó a la puerta de la habitación que estaba solo entornada y por la que vi sin trabas como el cuerpo macizo de mi mujer estaba tumbado desnudo en la cama, con las piernas alzadas y bien abiertas mientras Azucena se afanaba en chupar su clítoris e introducía una mano en su coño, haciendo movimientos circulares que sin duda volvían loca a mi mujer, que tenía su mano izquierda en las cabeza de Azucena como presionándola para que la comida de coño resultase más explosiva, mientras que con la derecha se estrujaba los grandes pechos con un deleite que jamás le había visto, jadeaba y abría la boca como un pez intentando respirar fuera del agua, la muy cabrona estaba recibiendo la mejor comida de coño de su vida mientras yo lo miraba todo como en una nube celestial, con María delante mío, con su cuerpo desnudo pegado al mío, con su brazo derecho rodeando mi cuello y su mano izquierda pajeándome con suavidad, yo la abracé por atrás sujetando sus pechos, regodeándome en el gesto hasta que se volvió y me besó en la boca envolviendo su lengua en la mía, la muy golfa jadeaba como mi mujer y se retorcía esperando su fiesta mientras por un momento mis ojos cruzaron la mirada con los de mi mujer, esta se pasó la lengua en círculos por sus labios y levantó la cadera buscando más y más la lengua de Azucena, esta que se dio cuenta de la escena, se levantó, se acercó a la puerta de la habitación para cerrarla con una sonrisa burlona, pero antes se acercó a mi oído para decirme que follase a María, pero que dejase algo de mí para ella, ¡ah! Y que le diese por culo a María, eso la perdía, luego me besó en los labios, a mí y a María, disfruta zorra le dijo antes de cerrarnos la puerta.
Mi situación era kafkiana, mi mujer disfrutando como una golfa con un pibón veinte años más joven y yo con la novia de esta, un marimacho goloso que me atraía un motón, como no tenían otra habitación María me condujo de nuevo al sofá del salón, contorneándose al caminar, se sentó en el mismo sitio que antes y con el mismo gesto alzó otra vez una pierna dejando esta vez su coño a mi vista, un coño depilado cien por cien con unos labios vaginales bien rosados y un clítoris grande que parecía querer salirse de la escena, nobleza obliga y en seguida me arrodillé ante ella, sin preámbulos y como ella había hecho con mi polla, me lancé a chuparle su coño como un vampiro en busca de la sangre de su víctima, ella lanzó un suspiro profundo al recibirme, un suspiro de triunfo mientras alzó sus caderas para ofrecerse entera.
La noche era maravillosa, el sabor de su sexo producía una fragancia en mis labios, en mi boca, que me anestesiaba de todo, me lancé a lamerle el clítoris, a introducirle mi lengua en su vagina, introduje mis manos por debajo para alzarle el culo, ella colaboraba en todo, nos compenetramos como dos almas malditas en un aquelarre de éxtasis diabólico, me hablaba, me ordenaba que le comiese el coño, era su cabrón y tenía que montarla, ¡Dios!
Mis manos acariciaban su culo y poco a poco el instinto me hizo deslizar un dedo a su ano, recordaba las palabras de Azucena que me lo recomendaba, fóllale el culo, le encanta. María se dio cuenta de mi intención y con un movimiento propio de un contorsionista hizo que sus piernas se alzasen hasta tocar sus hombros, así todo el coño y el agujero del culo estaba a mi alcance, comprendí sus intenciones y me lance a lamerle aquel agujero que nunca antes había lamido a nadie, ella ayudaba con sus manos abriendo sus carnes, haciéndome sitio y dirigiendo con su voz las operaciones, así estuve un rato hasta que intenté incorporarme para penetrarla, pero ella me paró, - no mi amor, aún no, debes esperar- Mi cara de desesperación pareció ablandarla un momento ya que cogiendo mi polla con su mano la llevó a la entrada de su raja, estaba tan mojada que de un solo golpe de riñones la introduje entera haciendo que mis pelotas chocasen en sus labios vaginales, se le pusieron los ojos en blanco dando un suspiro de gozo, yo sentía el tremendo calor de su interior y su humedad envolviendo mi miembro, pero cuando quise seguir con la penetración me frenó en seco, se la sacó y dirigió la punta hacia su culo, sus manos abrieron todo lo que pudieron la entrada y me suplicó que la metiera como antes había hecho en su vagina, introduje mi polla con algo más de dificultad pero hasta el fondo echando ella un grito que retumbó en toda la casa, un grito gutural de placer primitivo que me hizo perderme, empecé el mete y saca de forma irracional dejando fluir los instintos, María jadeaba, gritaba y daba golpes en mis nalgas con la palma de sus manos acompañando el gesto con palabras soeces, me dejé llevar por el éxtasis, estaba empapado en sudor, nublada la conciencia por el alcohol y por lo fuera que me echara en la bebida, pero sobre todo me encontraba como un gran macho montando a su hembra, que me miraba esbelta en la locura de aquel apareamiento irracional, me estaba follando su culo, mi primer culo ya que ni siquiera había conseguido follar el de mi mujer, y lejos de que todo acabase solo acababa de empezar.
Sentí la necesidad de correrme, algo que ella percibió ya que me frenó una vez más en seco sacando de su culo mi polla, aquello produjo un dolor en mis huevos increíble, había sido una marcha atrás a lo bruto y mi miembro quería reventar, protesté pero no me dio tiempo a más, María se levantó, se puso detrás de mí empujándome hacia el sofá bruscamente, tuve que apoyarme para no darme un buen golpe pero para entonces ya era otra vez un títere de María que me obligó a ponerme de rodillas encima del sofá dándole la espalda, así me rodeó con su mano izquierda volviendo a pajear mi polla, ahí lancé un suspiro hondo de tremendo placer, pero ella frenó una vez más mi delirio, ¿Qué pretendía? Abrió bien mi culo y sin poder discutir lo siguiente tenía su lengua en mi agujero y ahí la sorpresa me desvaneció, era un placer total y me dejé llevar hasta correrme de gusto, aunque eso no hizo que ella parase, simplemente me corrí y seguí disfrutando convulsionando mi cuerpo de placer como nunca antes, el tiempo se fundió y perdí la noción de todo hasta que no sé cuánto tiempo después mi polla estaba erecta de nuevo, yo estaba sentado en el sofá y María me montaba a toda prisa jadeando, chillando, tocándose ella misma el clítoris, volví en mí con el mayor de los placeres y la agarré con fuerza llevándola hacia mí, la bese con deseo, ella recibió todo aquello sin disimulado gusto, quería más y al recordar lo anterior la paré esta vez yo, me levanté aún con ella encima de mí y me acerqué a la pared penetrándola de pie, su serpenteante cuerpo todo lo soportaba y aquella noche yo era un dios del infierno con mil falos en mi cuerpo, pero de repente noté una irresistible ganas de beber, tenía la boca seca y me separé de golpe, los dos jadeábamos y sudábamos, le di un beso en la mejilla y fui a por algo a la nevera, ella lo intuyó y me siguió, cogí una cerveza, la abrí y antes de llevármela a la boca ella frenó mi mano, cogió un pequeño recipiente trasparente con un líquido color miel e introdujo unas gotas del mismo en la cerveza, no pregunté y dejé hacerle, además, María se introdujo los dedos en su coño para luego pasarlos por el borde de la boca de la botella, me la ofreció y bebí un buen trago que me supo a gloria, ella hizo lo mismo y me la pasó de nuevo, mientras apuraba el contenido de la botella me sorprendí de las ganas que aún tenía de seguir follando, me acordé de mi mujer y de Azucena, María pareció darse cuenta porque cogiéndome de la mano me llevó a la habitación, se escuchaban unos jadeos bestiales, los vecinos tendrían que flipar en colores.
María abrió la puerta y entramos en la estancia, olía a sexo y sudor y lo que vi apuró mi corazón resucitando mis primitivas ganas de follar, la escena lo merecía, mi mujer estaba tumbada en la cama de medio lado introduciéndose un vibrador negro bestial mientras Azucena detrás suya la penetraba por el culo con uno de esos accesorios que se adhieren a la cintura con unas correas, parecía que no eran conscientes de nuestra presencia, con los ojos en blanco sus movimientos eran cadenciosos, María se puso detrás de Azucena acariciándole la espalda y me indicó que me acercase a ella por detrás, me metí en la cama como ella quería y enseguida la penetré mientras ella se pegaba más a su novia, esta penetraba a mi mujer y los cuatro parecíamos un trenecito de esos de bailar la conga, pero con vagones folladores, el caso es que la nueva situación me permitió al estirar el brazo acariciar a Azucena, tocarle uno de sus senos y esta al volverse y mirarme me sonrió, paró la penetración a mi mujer que pareció protestar un segundo, pero Azucena le dijo algo al oído, le besó la oreja y se separó de ella, Lucía siguió introduciéndose el consolador negro como una chica obediente, Azucena se puso de pie al borde de la cama, se desenganchó el artilugio que llevaba adherido a su cintura y con un gesto se lo pasó a María, esta lo recibió con agrado mientras yo la seguía penetrando, pero todo esto significaba un cambio de escenario, pensé que Azucena me llevaría con ella al salón para cumplir con su amenaza de follar conmigo, pero no, María se separó de mí y se puso el aparatito como antes lo llevaba Azucena, la cama era inmensa por eso al estar mi mujer en un borde de la misma había espacio para que ahora María fuese a su encuentro y relevase a su novia en el acto de penetrar a mi mujer, lo cual me dejó por un instante una pregunta en el aire, ya que a mí jamás me lo había consentido, pero poco tiempo tuve de hacerme preguntas, Azucena se tumbó a mi lado, su cuerpo era de largo el más bello de las tres, aunque su pelo lo tenía teñido de color cobre sobre su coñito una mata de pelillos negros dibujaban un pequeño corazón, cosas de mujer coqueta, es delgada sin caer en los extremos y sus pechos simplemente magníficos, la cintura de avispa y una cara angelical capaz de corromper a cualquier célibe, levaba el pelo alborotado y el sudor recorría todo su cuerpo, respiraba con fuerza alzando sus pechos, me miró con sus ojos verdes, dulces faros de lujuria, noté rápidamente que con ella no sería como con María, estaba nerviosa ya que de verdad yo era su primer hombre, le cogí una mano y se la llevé a mi pene, noté su piel caliente e indecisa, pero enseguida se acomodó a la situación, pareció quedarse atrapada mirando mi miembro mientras me masturbaba, yo que no quería desperdiciar la ocasión la besé en la boca, ella con algo de miedo al principio correspondió.
Nuestras lenguas jugaron y pareció entender que era lo mismo que con una mujer, intenté entonces ponerla en situación para comerle el coño pero ella al adivinar mis intenciones me frenó con un no rotundo, después me dijo, y tumbándome boca arriba se puso encima de mí para llevarse con una mano mi pene a la entrada de su cueva, se lo introduzco muy despacio, no por miedo a hacerse daño, ya que estaba acostumbrada a los vibradores, sino para recrearse en algo nuevo, jadeó a cada centímetro introducido y su mirada era muestra de su gozo, se quedó un segundo con todo el pene dentro mirándome con unos ojos vidriosos de felicidad, llevó sus manos a mi pecho y comenzó a su ritmo con el mete y saca, se le notaba excitada y deseosa de más y ahí mi experiencia jugó a mi favor, llevé una mano a su boca para ofrecerle un dedo que chupó con ganas, luego toda la mano, Azucena estaba descubriendo conmigo en ese momento, con su novia y mi mujer follando a nuestro lado, que no solo era lesbiana y yo era el agraciado, de todo lo que me ocurrió esa noche ese recuerdo perdura y lo hará indeleble en mi memoria, su cuerpo moviéndose al compás del deseo, su boca chupando mis dedos, sus pechos balanceándose y mi otra mano en su culo penetrándola con un par de dedos, me abrazó, me besó con furia en la boca y la penetré con todas las ganas que aún me quedaban, a nuestro lado nuestras consortes habían cambiado de postura, mi mujer estaba a mi lado tumbada como yo, boca arriba recibiendo las envestidas de María y su aparatito, nos miramos y sonreímos, nuestras manos se entrelazaron aprobando todo lo sucedido.
María la besaba, Azucena me besaba a mí, luego se besaron entre ellas hasta que un grito de placer de Azucena desgarró la habitación, había tenido un orgasmo, su primer orgasmo con un hombre, rápidamente se separó de mí y la reacción de María fue hacer lo propio de mi mujer para lanzarse a chuparle el coño a su novia, que molida por tanto sexo se dejó de buena gana prolongando su éxtasis, mi mujer se unió a ellas besándola en la boca y en los pechos y yo que no quería ser menos me cambié de lugar para coger a mi esposa por detrás, esta me recibió con júbilo y la penetré por el culo iniciando una alocada penetración que nos llevó a los cuatro a fundirnos en un orgasmo compartido que nos dejó exhaustos sobre la cama, y eso no era todo.
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