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De susto a placer

Enviado por Xverzzo el 22/4/2013

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De susto a placer Publicado el 22/04/2013, por: Xverzzo

Hola, mi nombre es Nicolás, tengo 42 años y el relato que les contaré es de cómo me follé a la amiga de mi hija y a mi hija.
Mi hija tiene 19 años y ya se ha marchado a estudiar en otra ciudad, lo que les contaré sucedió un año atrás, meses antes de que se fuera. Ella es una chica brillante, tiene una astucia para todo que sorprende a cualquiera. Siempre está haciendo algo, si no está estudiando, está inventando cosas en el patio, tiene algo de hiperactividad que tal vez heredó de mí....

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Además de eso, ha crecido muy guapa, aunque es bajita, tiene muy buen cuerpo, una cintura delgadita y un culo ancho, que hasta yo me lo quedaba viendo a veces, sus tetitas aún no han crecido del todo pero están redonditas y en su puesto, lo sé porque entre mi hija y yo hay mucha confianza y cuando entraba a su cuarto y se estaba cambiando la veía desnuda sin sentir el más mínimo pudor, incluso le ayudaba a escoger ropa.
En fin, ella es muy unida con su amiga Sthefanía, son uña y carne, cuando mi hija estaba en casa, era casi seguro que también estaba Sthefanía. De la misma edad, el mismo tamaño, el mismo físico, aunque sí es un poquito más gruesecita, y su tez de piel era moreno a diferencia de mi hija que es blanca como la leche.
Y hablando de leche, Sthefanía despertaba en mi cierta curiosidad y gusto. Ella estaba muy seguido en casa y mientras mi hija se cambiaba o se duchaba, ella conversaba conmigo en la sala y cuando era verano, solía venir muy ligera de ropas y sus tetas, mas grandecitas que las de mi hija, parecían salirse de su blusa y yo trataba de no desviar mucho la mirada. Con tanto tiempo en casa, empezamos a tener más confianza, a pesar de mi edad, no tengo nada de gruñón ni machista, los jóvenes hoy día andan como quieren pero... ¿Quién dijo que nosotros no fuimos así también?
Y hablando un poco de mí, soy moreno, en buena forma (al punto de no tener panza que ocultar), y estoy divorciado y tan buen padre que me quedó la custodia de Laurita, mi hija.
En los días posteriores a su graduación, Sthefanía estuvo más seguido en casa, incluso se quedó varias noches. En el patio hay una pequeña piscina que era su pan de cada día, todos esos días.
Una tarde, mientras preparaba la comida, entró corriendo Sthefanía y como estaba toda empapada, se resbaló y cayó al suelo dándose un gran golpe en la espalda. Enseguida dejé lo que estaba haciendo y fui a levantarla, tomándola por el torso. Ella se había puesto boca abajo y al alzarla, su cuerpo se resbaló en mis manos y cuando ya estuvo de pie, me di cuenta que mis manos estaban sobre sus tetitas y su cuerpo pegado al mío.
-¿Estás bien? -pregunté-
-Sí, sí. Está resbaloso aquí -me respondió entre risas-
-¿Segura? -insistí mientras mis manos resbalaban hacia abajo, a su puesto original- Te he oído caer muy fuerte.
-No, ha sido porque estoy mojada. A veces pasa. -Seguía riendo nerviosa-
-Vamos al cuarto para que te eches alguna crema, mira, hasta has cambiado de color.
-Pero si no me duele, es el solo susto, Don Nicolás. -replicaba-
-Vamos, que si te sale una marca luego vienen tus padres y no quisiera más visitas por hoy.
En eso entró Laurita un tanto preocupada.
-¿Pasó algo?
-No, amor, termina el almuerzo, que esta amiga nuestra parece aún no aprender a caminar. Vamos a ponerle algo en la espalda y a ver que tiene. ¿Vale?
-¿Hacer comida? Aaahs! Pero no te quejes luego. Sthefani, que tonta que eres. Le dije como mil veces que no entrara corriendo. ¿Ya ves lo que pasa por no hacer caso a la dueña de casa? jajajaja...
Y enseguida subimos al cuarto. Mi cuarto está en la planta de arriba, al final de pasillo. Por lo que tenía que estar atento a si el almuerzo estaba preparado. Le dije a Sthefanía que se acostara boca abajo mientras yo buscaba en las gavetas algo que sirviera, un mentol o algo.
Cuando voltee a verla, me di cuenta de que se estaba quedando dormida y esa curiosidad y gusto que antes sentía, volvieron a perderme, enseguida supe que era una oportunidad para hacerla mía. Le dije que iba a buscar la crema a otro cuarto, que esperara allí. Bajé a la cocina a despistar a Laurita.
-Amor, Sthefanía se ha quedado dormida. Yo voy a darme una ducha, cuando vuelva quiero comida lista ¿eh?
-Pero, ¡Papá...!
-Nada, así aprendes algo antes de irte. Luego me lo agradecerás. -Y le asenté un beso en la frente-
Volví enseguida al cuarto y como lo esperaba, Sthefanía ya estaba bien dormidita. Salí al baño para abrir la llave de la regadera y volví al cuarto y cerré con llave. Y me senté a su lado. Puse mis manos sobre su espalda y al ver que no despertaba, bajé mis manos hasta su short y lo baje sin mucho reparo, comprobando que tenía debajo solo un hijo naranja. Bajé su short hasta las rodillas y girando mi cabeza, le lancé a besar aquellas nalgas sustanciosas. Ya yo no era dueño de mí, en ese momento sentí el deseo de poseerla a cualquier costo. Mi lengua se paseó por la raja de sus nalgas unas 10 veces antes de quitarle su hilo. Y mientras lo hacía, mi "sorpresa" fue que ella había despertado y me miraba con fuerte asombro. Terminé de halar su hilo que salió junto con su short.
-Don Nico, ¿Qué hace?
-Esto. -dije antes de agarrarla de sus mejillas y besarla-
Al principio, entre el susto y el despertar, me acepto el beso, mi lengua no encontró resistencia pero cuando mis manos soltaron su sostén...
-¡No! Esto no está bien. ¡Pare!
-De cualquier forma lo haremos. Si quieres, lo disfrutarás, y si no, lo disfrutarás aún más.
Y rápido bajé mi mano a su conchita, sobándosela mientras ella cerró las piernas y me tomó del brazo. Inútilmente hacía fuerza mientras mis dedos comenzaban a sentir la humedad de su conchita. Le besaba el cuello al tiempo que ella susurraba entrecortada que estaba mal, que la dejara, sin embargo, no era lo que su cuerpo quería. La agarre de sus mejillas y mirando sus ojitos le dije:
-Sthefani, me gustas desde que entraste a mi casa, tu cuerpo, tus labios, tus tetitas, ¡todo! Me has provocado siempre y no perderemos esta oportunidad.
-También usted pero esto está mal. Pare ya que me… ¡aaaaahhhhjjj!
Se calló apenas un dedo mío entro en su conchita. Pude sentir sus juguitos resbalar por mi dedo hasta mis nudillos. Volví a besarla y esta vez no hubo resistencia de su parte, al contrario, me rodeo el cuello con los brazos y me concedió su lengua la cual succioné con las ganas que desde siempre le había tenido.
Sin sacar mi dedo de su conchita, la agarre con el otro brazo por la cintura y la alcé de la cama, me senté y la senté a ella sobre mí. Se podrán imaginar ya mi erección al tenerla sentadita, desnuda sobre mis piernas con su cuerpo aun frío por haber estado tanto tiempo en la piscina. La tome de la cintura ya con ambas manos y mientras la besaba la hacía restregarse sobre mi verga ya marcada en mi short hasta que ella solita empezó a moverse y yo apretaba sus nalgas, subía mis manos por su espalda hasta sus tetitas que cabían completitas en mis manos; rodeaba sus pezoncitos con mis dedos y los lamí con gusto para enseguida succionarlos.
Ella cada vez estaba más entregada a mí, tenía sus manos en mi cuello y jugaba con mi cabello. De pronto, reaccioné y recordé que mi hija aún se encontraba en la cocina preparando almuerzo. Como no tenía noción del tiempo en ese momento, rápidamente bajé mi short al tiempo que me giraba para dejar en la cama a Sthefanía y en un segundo ya tenía mi verga apuntándole la cara a la amiguita de mi hija: un sueño hecho realidad.
Me miró entrecortada con sus ojitos, como si no supiera que hacer. Entonces, poniendo mi mano en su cuello le indiqué que se pusiera en el piso, al pie de la cama, arrodillada y aun algo preocupada. Tomé mi verga y la paseé por sus labios, ella abrió la boca pero no dejé que se la metiera; ella entendió el juego y empezó a besarme todo el tronco hasta mis testículos y subía besando hasta la punta. Le dije que pusiera boca de patito, como dando un beso y se la restregaba por sus labios. Después que abriera la boca y ahí si se la encajé hasta donde entrara.
Tocía y me hacía sacársela, pero rápidamente se la volvía a meter.
-Tú puedes amor, vamos, solo trágala, es un helado grande –le decía.
Y en unos segundos agarró el ritmo y tomando su cabecita, pequeña para mis manos, empecé a follar su boquita. Sus ojitos lloraban y no dejaba de mirarme, le gustaría ver mi cara de placer por lo que ella me daba. Cuando se la sacaba, se saboreaba, respiraba, me la besaba y volvía a metérsela lista para otra ronda de embestidas.
Cuando me la dejó bien mojadita, la tomé de los brazos rápidamente y la puse de pie (pensando que ya llevábamos mucho tiempo ahí, mi hija podría subir en cualquier momento) limpie su barbilla, sus cachetitos y la besé mientras la empujaba hasta la puerta, puse cuidado hasta oír ruidos en la cocina y supuse que tendríamos aún mucho tiempo. Allí mismo volteé a Sthefanía, recostándola contra la puerta, y empecé a besar su cuello, mientras mis manos subían por su vientre hasta sus tetitas y mi verga se restregaba contra sus nalgas y para eso tenía que agacharme un poco, ya que soy más alto, y ella me pedía que se la metiera entre suspiros y suspiros. Y al pedido no tardé, haciendo que arqueara su cuerpito hacia atrás, logré metérsela en su conchita.
Todo era tan perfectamente delicioso, su conchita estrechita, podía sentir mis propias palpitaciones en mi verga; el olor de su cabello mojado, su cuerpito húmedo, su gemido ahogado… todo era perfecto. Respiraba entrecortada tratando de evitar los gemidos y yo ayudaba metiendo y sacándosela suavecito, aunque cada vez más adentro. Sus uñas rasgaban la puerta y apretaba sus dientes soltando suaves y agudos chillidos. Me encantaba tenerla así, entonces empecé a empujársela más y más fuerte, con mis manos tomando su cintura, en cada embestida se ponía de puntitas y por medio segundo se separaba del piso.
La intensidad se volvió frenética al punto de que sin darme cuenta, ella estaba completamente en el aire con sus piernas dobladas hacia atrás aferrándose a mis muslos y su cuerpo estampado como un afiche contra la puerta. Volví a mis sentidos y pude escuchar la puerta sonar al ritmo de mi verga entrando y saliendo. Con una mano debajo de sus tetitas sosteniéndola, aproveché la otra para sentir su vientrecito suave, y bajar mi mano a su conchita. Me excitó mucho más sentirla tan mojadita y comencé a masturbarla.
Sthefanía no aguantó más y soltó un largo gemido al tiempo que sus piernas se desparramaban y su cuerpo se tensaba y se aflojaba cada segundo. No la solté y seguí dándole hasta sentir mi mano, la que tenía en su conchita, completamente mojada. Le saqué mi verga, todavía dura, y la cargué hasta la cama, acostándola boca arriba. Yo le separaba las piernas y ella las volvía a juntar diciéndome que me esperara.
-¡Ya va, ya va! –me decía
-Tranquila amor, mi lengua te la calmará. Déjame para que estés lista más rápido. –La consolaba entre besos y besos.
Finalmente me dejó ponerla al borde de la cama con sus piernitas abiertas de par en par y me lance a comer aquella conchita deliciosa, completamente depilada al igual que mojadita. Lamía de abajo hasta arriba, hasta su clítoris asomadito y lo empujaba y restregaba con mi lengua. Sus muslos comenzaron a cerrarse y presionar mi cabeza, yo solo me agarré de ellos y se la mamaba con más ganas. Succionando cada gota, cada partícula, cada pedacito de humedad que ella me daba. Apretaba fuerte sus muslos para despistar su cuerpo y volvía a lamérsela por todos lados, en todas direcciones: asentía y negaba, con mi lengua bien recostada sobre ella hasta que no aguante más y la metí dentro... ¡Ummmmh, que delicia! Ese sabor, huequito tan delicioso y suave...
Recuerdo haber afincado mi cara hasta más no poder y sacado mi lengua hasta sentir que mi quijada se quebraba, todo por aquella delicada conchita. Una y otra vez empujé mi cara contra ella empapando mi barbilla, mis labios y hasta ya punta de mi nariz. Podía sentir como sus muslos apretaban y aflojaban a mi ritmo.
¡Mi hija! Recordé que seguía afuera así que me apuré, levantándome rápido y acostándome al lado de Sthefanía para luego decirle que se subiera sobre mí. Quería que ella llevara el control por unos minutos, quería saber de qué estaba hecha.
Su cara era un poema: mordía su labio inferior y fruncía el ceño al tiempo que me miraba a los ojos como esperando una aprobación. Le dije que se meneara adelante y hacia atrás, así que apoyó sus manitos sobre mi pecho arqueaba su cuerpo como le indiqué, lo hacía primero suave y en cuestión de segundos pasó de tierna a salvaje. Sus uñas se clavaban en mi piel y se daba contra mi verga muy rápido. Con mis manos sobre su cintura disfrutaba como cogía, sentía que en cualquier momento acabaría y ella con sus ojos cerrados y apretando sus dientes se cogía mi verga con todas sus fuerzas hasta que de nuevo un largo gemido detuvo su cuerpo que cayo rendido sobre mi pecho pero yo todavía no acababa y quería hacerlo YA. Así que baje mi mano y le saque mi verga y empecé a restregársela por la raja de sus nalgas rápidamente, ella me dijo abriendo los ojos “¡no, no, no!” creyendo que se la iba a meter pero cuando sintió que descargaba toda mi lechita sobre su culito solo soltó otro gemidito, más suavecito y se volvió a echar sobre mi pecho… mi leche salió durante unos segundos más, llegando a sus nalgas y su espalda, y luego resbalando hasta su conchita.
Quité el cabello de su rostro y volví a besarla, esta vez los dos estábamos algo exhaustos y escuché pasos que se alejaban de la puerta. En ese momento no tenía fuerzas para levantarme. Además esa será otra historia.

Calificación: 5 | Votos: 1
Categoría: Confesiones | Comentarios: 1 | Visto: 3604 veces

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Xverzzo

Pronto les daré la segunda parte. ;)

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