Hacía días, semanas, y creo que más de un mes que no tenía sexo con mi mujer. Fue una situación insostenible. La última noche que fuimos a la cama, no había pasado nada. Me excuse que estaba preocupado por las deudas, que estaba cansado y muy nervioso, que temía perder el trabajo. Otro día por la noche, ella inició la actividad sexual con besarme apasionadamente el cuello, sabiendo que eso me enloquecía. Me bajó la cremallera del pantalón y comenzó a chupar la verga. Pasaron minutos y seguía...
chupándola. Pero nada, no se paraba. Le pedí disculpas aduciendo que en mi cabeza estaba pasando cosas que no entendía. Aunque Mónica fue muy comprensiva, me abrazo y me dijo que me amaba mucho, pues con un tono quizá desanimado me dijo al oído, no te preocupes hay cosas peores.
Al día siguiente, como todos los jueves por la mañana llegaba Nacho, el jardinero. Poco supe de su trabajo que realizaba en mi casa, tampoco me interesaba. Mónica ama y jefa de la casa, ordenaba y desordenaba a su antojo los quehaceres cotidianos. Pero ese día me llevé la gran sorpresa de mi vida. Además Nacho es una persona mayor de unos cuarenta y tantos años, canoso de físico bien conservado, emprendedor para cualquier trabajo que se le ofrezca. Sin embargo esa mañana salí temprano, como de costumbre, al trabajo. Ya sentado en mí escritorio, me sentí mareado y con dolores de cabeza. Me levanté tanteando la pared y le avisé a mi jefe que me retiraba, que me sentía muy mal y que iría al medico. Pero omití ir primero al médico y fui directo a casa. En la calle arbolada de mi barrio, busqué lugar para estacionar el auto en la puerta de mi casa, pero me fue imposible porque la cantidad de vehículos que estaban estacionados no me permitieron hacerlo. Lo mejor que hice fue dejarlo a la vuelta.
Cuando entré por la puerta del garaje, había hecho el mínimo ruido. Puesto que pase por el jardín para saludar a Nacho y no estaba. Supuse que estaría arreglando alguna que otra cosa dentro de la casa. Presentí que sucedía algo. Pasé por el ventanal del comedor, apoyé la cara sobre el vidrio y con ambas manos me cubrí los costados de la cara para poder ver mejor y no había nadie. Seguí caminando por el costado de la casa. Cuando llegué a la puerta trasera de la cocina, desde la ventanita, puede contemplar a Mónica sentada en la mesada sujetando pues con las manos los cabellos y con los pies apoyados en los hombros de Nacho. La impotencia me hacia ecos dentro de la cabeza. Se me helaron las manos. Mi cuerpo empezó a tomar escalofríos. Apreté los puños bien fuerte para equilibrar la sensación. Pero un nudo en la garganta me dejo sin respiración. No podía creerlo. Seguí mirando. Nacho dejó de moverse. Sin duda, se agachó y se perdió entre las piernas de Mónica. Arrodillado tomando los muslos con las manos, empezó a chuparle la concha. No los interrumpí; los dejé que siguieran. Di media vuelta y advertí que estaba solo. Volví a espiar a través de la ventana sin reparo. Ahora Mónica le chupaba la verga desesperadamente. Con las manos sostenía el pedazo de verga de Nacho. Lo agitaba como si estuviera festejando con una botella de champán.
Mientras tanto con la punta de la lengua jugueteaba en los testículos desérticos. Ella lo miraba a los ojos. Nacho emitía gemidos de satisfacción. Al ver esa imagen comprobé que Nacho la tiene más larga y gruesa que yo. Entre dientes, murmuraba para mis adentros: ¡Hija de puta! ¡Por qué lo hizo! ¡No le falta nada! Pero me di cuenta que cualquier mujer no se perdería ese pedazo de verga. Salí corriendo buscando la salida. A tientas manoteando los árboles de la acera, trastabillé y me caí. La gente me miraba asombradas.
Cuando subí al auto di vueltas y vueltas por la ciudad. Sollozaba sin parar. Me reprochaba: ¡Eres un imbécil! ¡Cornudo de mierda! ¡Hijo mil de puta! A pesar de que tenía los ojos rojos, seguí dando vueltas por las calles pero lo hacia caminando. Decidí reclamarle a Mónica lo sucedido. Quizá fuera conveniente o no. Puesto que había pasado varias horas cuando llegué a mí casa. Entré y desde la abertura advertí a Mónica cerca de la piscina. Fui a buscarla y la tomé por los hombros y ella se dio vuelta y me abrazó. Te amo me dijo con un cinismo descarado. Nos sentamos en el césped. Desde el árbol central divisamos el cielo celeste. Abrazados la miré a los ojos intentando descifrar el pensamiento. De pronto, sonrió, si aquella mueca era digna de llamarse sonrisa.
mira yo la dejaria que siga disfrutando..a mi me a pasado de que no se me paraba en alguna oportunidad y lo he hablado con ella ..y de comun acuerdo que si tenia oportunidad de acostarse con alguien .. no lo dude que lo aga .. incluso nos calienta si se da el caso..si tu la quieres tendrias que dejarla disfrutar de una buena verga..
Zeus y diegorues, pues a raíz de este asunto puedo disfrutar más del sexo. No sé si lo que me pasa es normal, pero me ayuda en vida sexual. Ver a mi esposa provocando a otro hombre me vuelve loco. Gracias por sus opiniones.
esa impotencia q sentiste debio ser horrible. no se xq no hiciste nada. yo fuera entrado y le doy una pela al tipo. si tu mujer te quiere pudo ah ver esperado o preocuparse mas x ti. ahora si lo sigues aguantando vas hacer un tremendo cabron. es mi opinion.resperto la tuya.
bueno, pero mira si lo tomas por el otro lado pues puedes chantajear a tu mujer y convencerla ke tu lo hagas con ella y otra vieja y asi gozar tu y ella y ps hacer lo mismo con el otro cuate y ser felices disfrutando del buen sexo mi estimado amigo... bueno eso pienso yo, no se ke piensen los demas lectores,,,
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