A la mañana siguiente me desperté con la carpa armada, como casi todos los días. Sin embargo ese día la erección era impresionante, se ve que el ejercicio de la noche anterior había hecho sus efectos. Cuando me moví un poco, ella también se despertó. Me miró, me besó, y comenzó a acariciarme. Cuando bajó la vista y vio mi tremenda erección no pudo contenerse y se precipitó directamente sobre el niño. Lo tomo con ambas manos y lo acarició mientras lo miraba y le pasaba la lengua...
recorriéndolo desde la base hasta la cabeza, donde se detenía para dar unas profundas chupadas apretándolo con sus labios y su lengua.
Al igual que la vez anterior no me dejó jugar a mí, ella gozaba viendo como sus juegos hacían que yo me estremeciera de placer. Eso duro unos largos y entretenidos minutos en los que hacía que llegara al cielo y luego se detenía para hacer durar un poco más la cosa, hasta que no pude más y llené su boca con una catarata que fue casi incontenible.
Tuve que pedirle que dejara de acariciarme como queriendo empezar de nuevo. Ahora me tocaba a mí. La acosté de espaldas y comencé a besar desde su nuca hasta sus pies, haciendo unas insinuantes paradas en su cola, hacia donde volví luego y empecé a besarla separando sus piernas lentamente. Instintivamente me entregaba su trasero, arqueando su cintura, para que tanto su ano como su conchita quedaran al alcance de mi lengua.
Jugué un buen rato con ellas, alternando entre los besos, los deditos y las apretadas con los labios.
Luego se dio vuelta quedando boca arriba lo que me daba más espacio para abarcar con toda mi boca su sexo completo y mientras recorría sus pliegues con mi lengua, apretaba y succionaba su conchita. Esto parecía encantarle dado que apretaba mi cabeza con sus piernas y se movía para todos lados. Así estuvimos un buen rato, en los que ella tuvo varios orgasmos. A todo esto, el niño quería participar, y no lo podíamos dejar de lado.
Mientras buscaba un condón, veo que saca del velador una botella de vaselina y me dice que quiere probar por el culito. Ella mismo puso el condón luego de dar unos besitos al niño para la buena suerte y lo llego de vaselina, se puso en cuatro y lentamente se dejo penetrar. Al principio la cosa fue despacio y en cosa de minutos estábamos en un ritmo frenético.
A esta altura ella quería dirigir la cosa, pero desde allí no podía, así que nos separamos, y se subió encima mío pero dándome la espalda. Que placer ver su culo con mi pene entrando y saliendo, mientras ella rompía en un tremendo orgasmo, que fue unos segundos anteriores al mío. La abracé tomando sus pechos como queriendo que nunca acabara tanto placer junto.
Nos llevó varios minutos poder levantarnos e ir a la ducha. Nos enjabonamos juntos, con caricias y besos, pero a esa altura ambos estábamos muy agotados para intentar nada, aunque ganas no faltaban. Nos cambiamos y salimos, eran las 11 de la mañana de un domingo espectacular.
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