Voy a comenzar con algunas cosas obvias, pero que necesito decir. Soy profesor en una universidad. La verdad tuve suerte, me ayudo a entrar un maestro que ya tenia allá posición, que me conocía (tomé varios de sus cursos). Al final, lo que importa es que entré a dar clases sin tener casi experiencia. También aclaro que cuando comencé a dar clases yo no tenía intención de que nada sucediera. Lo digo porque respeto mi profesión, y cuando decidí dedicarme a la enseñanza no lo hice con malas...
intenciones.
En fin. Por el tipo de materia que imparto, la mayoría de mi grupo es de mujeres. Al principio no me interesaba, pero las cosas han cambiado. Yo no soy ni diez años mayor que ellas, por lo que ver tanta mujer con los jeans apretados no me ayuda mucho a concentrarme. La mayoría de ellas son chicas comunes, pero hay algunas muy guapas y que parecen salidas de una revista.
Como era maestro nuevo, me costó trabajo entender algunas cosas de la escuela. No es como la universidad donde yo estudie. Aquí hay otras cosas... se fomentan otras cosas: valores, convivencia con los alumnos. Casi te piden que seas amigo de la clase. Por estas razones, y porque me pareció más fácil hacerlo así, decidí tomar una asistente. Esta chica, llamémosla Ana, actúa como mi adjunta, me ayuda a revisar algunos trabajos y en general hace las cosas que le pido, en el buen sentido. Pero también en el malo. Ana es una chica guapa. No es la más guapa, pero sí tiene el mejor cuerpo. Senos medianos, firmes, unas nalgas hermosas y caderas perfectas.
Continúo. Al mes casi de fungir como mi asistente, Ana ya me tenía mucha confianza. Yo nunca le insinué nada, pero siempre me pareció una chica muy autosuficiente y muy linda. En todo caso, se me ocurrió hacer un examen diagnóstico (el nivel del grupo estaba muy disparejo), y Ana me ayudó a revisar los exámenes. Fuimos a mi casa, y estuvimos revisando papeles y papeles hasta que se hizo tarde.
Ana llevaba puestos unos pantalones de mezclilla pegados, a la cadera, y un top de un concierto de Britney Spears. No había llevado ni suéter ni chamarra, y comenzaba a hacer frío. Sin querer, viendo el estampado de la blusa, me fijé que se le notaban los pezones erectos. En seguida se me comenzó a parar. Quise evitar la situación, pero esos pezoncitos se habían puesto como balas, y era imposible no notárselos. Me pregunté si no traería sostén a propósito, pero admito que me dio miedo preguntarle a ella. Por menos que eso me pueden correr.
Ella no se dio cuenta. Seguimos trabajando un rato, pero no tardé en proponerle un descanso. Debían ser las siete de la tarde/noche. Le preparé un café, y uno a mi. Nos pusimos a platicar: resultó que llevaba como mes y medio soltera, que quería ser profesora también, y dedicarse a la investigación. Cada vez que podía, le miraba los pechos. Los pezones seguían parados. De pronto, ella se levantó, para dejar la taza en la cocina. Aunque quise, no pude evitar mirarle el trasero. No me gusta ser vulgar; no dejo de tenerle respeto a Ana, pero ese precioso culo atrapado en el pantalón se veía exquisito. ME dieron ganas de nalguearla, de manosearle todo. Ella seguía como si nada. Verla caminar me puso durísimo, y tuve que cambiar mi postura para que no lo notara.
Cuando regresó, le pregunté que qué pensaba de mi. Me dijo que le gustaba mi clase, que le parecía buen maestro. Le insistí, le dije que en un plano más personal. Ella evadió la pregunta. LE pedí que me pasara mi portafolios, excusa para mirarle las nalgas otra vez. Ella fue por él hasta la sala, y antes que lo trajera le pedi que sacara unos papeles. Mientras los buscaba, me puse detrás de ella y le arrimé todo. Le puse mi verga dura en el culo, y ella se dio cuenta de inmediato. Al principio no me dijo nada, pero se puso de pie y se alejó. Me acerqué y le agarré la cintura.
No iba a abusar de ella, pero tenía muchas ganas de tener sexo con ella. Le agarré uno de sus pechos, y sentí de inmediato que no tenía sostén. Nada más que la blusa de Britney le tapaba las tetas hermosas. Ella no dijo nada, pero se dejó tocar. Le metí las manos a la blusa y le seguí tocando los senos. La besé en el cuello, olí su perfume y su pelo y me excité más.
Ella no se resistía, pero me pidió que no dijera nada. Le quité la blusa y le agarré las tetas con fuerza. Le besé los pezones, se los chupé... ella se dejó hacer todo. Luego, le agarré el culito rico, le di unas nalgadas suavecito, sólo para sentir lo suaves que está ese trasero. Le quité el pantalón, los cacheteros chiquititos que traía, y su conchita suave me estaba esperando. Ana tiene bastante vello, pero se depila para que le quede sólo en el pubis.
Esa noche fue la primera vez que me la cogí. Se la metí con fuerza toda la noche, y la hice gemir hasta que se vino (se chorreó, de hecho). Gritó como una verdadera putita, y no lo digo por humillarla, sino porque no me lo esperaba. Al final, ella se quedó a dormir conmigo y en la cama no dejé de agasajarme con su cuerpo, sobre todo con sus nalgas, pero también con sus senos. Ni dormí, porque tenía muchas emociones juntas: Ana me excita terriblemente, y esa noche fue la primera que tuvimos sexo, por lo que estaba que me llevaba el carajo de gusto, pero también me daba algo de miedo que me fueran a correr, que ella dijera algo y me despidieran. Pero más miedo me daba quedar mal ante todos los que me conocen. Repito: Amo mi profesión y lo que pasó con Ana no me hace en modo alguno peor maestro, fue sólo algo que pasó.
Como sea, al día siguiente llegamos juntos a la escuela. En el camino, por tanto tiempo como pude tuve mis manos pegadas a sus nalgas, y de momento le acaricié uno de los pechos. Ella, muy seria, se comportó como si nada cuando llegamos. Pero desde entonces he estado gozando con ella. Terminé escribiendo esto porque ya no aguanto el secreto. Las cosas se siguen poniendo más calientes y, aunque reconozco que mi conducta podría considerarse reprochable, también me provoca un placer especial. Estar con una de mis alumnas (acto prohibidísimo, que yo mismo critiqué algunas veces) me excita mucho. Han pasado cosas que (contaré después) me han abierto un universo de posibilidades antes desconocidas.
Esta situación, que ha cambiado mi vida, necesitaba decírselo a alguien. Por eso escribí este relato. Necesito compartir esto que siento con alguien, porque guardármelo me estaba volviendo loco.
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