Para los que no leyeron mi primera confesión, soy maestro en una universidad y me he estado tirando a mi asistente. Ana, no es su nombre real, es toda una mujer, y me atrevería a decir que es más que eso: es una hembra en brama. Joven, de unos veintidós, hace el amor como una diosa y tiene muchísima energía.
Una vez, de las mejores que hemos tenido, me la estuvo chupando casi por media hora, haciéndome gozar con su lenguita lo suficiente para que sintiera que me venía, pero...
luego me dejaba para tentarme más. Estar en su boca tibia y húmeda es delicioso. Cuando ya no soportaba más, ella me comió toda la verga, y me dejó venirme en su garganta. Se tragó todo con un gesto de asco, y luego me dejó follarme su panochita tan apretada. Le pedí que dejara de arreglarse los pelos (tenía mucho morbo de ver su coño sin arreglar, todo peludo) y el resultado fue una verdadera jungla en su coño, casi todo cubierto de pelos enmarañados y perfumados con su olor a sexo. A veces no sé si me deja cojérmela sólo porque soy su maestro-jefe, o porque sí cree en nuestra relación. Como sea, tenerla en cuatro patas, como una perrita caliente, es un verdadero placer. Y la perrita peluda, como todas las veces buenas, se vino con un chorrito.
En todo caso, esta vez pasó algo distinto. Una alumna de intercambio, a la que llamaré Mandy, me fue a buscar un día. Ella viene de Alemania, habla un español muy raro, y me pidió asesoría para una materia (no es la que imparto, pero es del mismo tipo). Ella toma clases con un ‘profesor’ muy pedante, que tiene muchos títulos, posgrados y demás, pero que no tiene verdadera vocación. Yo le prometí ayudarla, porque tenía que pasar un extra, y su ‘maestro’ no le estaba ayudando mucho.
Para que sepan más o menos de qué hablo, respecto a Mandy, ella es una chica de estatura media, alrededor de 1.60. No es muy guapa, ni es delgada, pero tiene unos pechos muy bien desarrollados, y al parecer se viste para presumirlos. Es rubia oscura, de ojo azul oscuro, y tiene un piercing en la ceja.
Estudiamos religiosamente todas las semanas, de dos a tres veces, en la escuela por la tarde. Cuando llegó el momento de presentar el examen, me sentí casi tan nervioso como ella; después de todo, mi trabajo es enseñar y quiero pensar que lo hago lo mejor posible. Finalmente, ella aprobó. Como agradecimiento, me invitó a comer (entre muchas comillas, porque cada quien iba a pagar lo suyo). Acepté y nos vimos en un restaurante Vips. Estuvimos muy bien, platicamos de muchas cosas, y ella me pidió que la llevara a su departamento (de esos que luego rentamos cuando somos estudiantes alguna vez en la vida). Me invitó a pasar, Era muy chiquito, de una sola habitación.
Me agradeció de nuevo por ayudarla, y como quien no quiere la cosa, se quitó la blusa. Se quedó en el sostén, enorme, por supuesto, para cubrir sus senos, y me miró como si fuera una niña inocente. Al ver que no me moví, se puso a provocarme, adoptando poses que me excitaban cada vez más, inclinándose para que viera esas tetotas colgarse, tan grandes que no cabían en mi mano. Se me acercó, menéandolas, y me dijo en alemán cosas que no entendí. Se me puso enfrente y se quitó el bra, dejando caer esas pechugas. Eran más grandes de lo que creía, pero se colgaban bastante. Se le veían gordas, pero ya estaba muy excitado.
Le agarré una sin pensarlo y se la apreté. Me la metí a la boca y le empecé a estrujar la otra. Ella se quejó, pero no me importó. Esos senos estaban muy suaves… nada firmes, pero se sentían bien. Eran como de señora joven… deliciosos. Le fui quitando el pantalón de mezclilla, y comenzé a manosearle las nalgas. Como dije, Mandy era medio llenita, pero eso en parte me ponía cachondo, porque se veía nalgona y tetona. Traía un calzón bien rico, como bikini, pero lo tenía metido casi todo entre las nalgas y se sentía caliente y medio húmedo. Le estuve palpando el culo un buen rato, mientras ella me dejaba besar sus ricos pechotes.
Me desnudé. Nos fuimos a su cama y comenzó el sexo. Ella trató de darme una rusa, y de inmediato comencé a fantasear con la sensación de estar entre esas pechugotas de mamá, pero fue un poco decepcionante, porque no apretaban mucho. Eran muy suaves y me envolvían todo, pero era más el morbo que el placer. Duró poco, porque le pedí que me dejara metérselo. Ella ya tenía los condones listos. ME lo puso y me dio una chupada para que quedara bien puesto. Luego me montó como una diabla. No tenía la energía de Ana, pero cojía como posesa, agitando el culote y las tetas brincándole hasta la cara. La abracé y la pegué a mi pecho, para sentir esas blandas tetotas apretadas contra mí. Ella seguía sacudiendo sus nalgotas, y me excitaba tanto ver ese culo tremendo temblando que le sugerí darle por el ano. Ella se dejó y me dejó sorprendido. Su trasero gordo y apretado me dio mucho placer. Sentía sus nalgotas estrellándose en su cadera y cada embestida sonaba como si la estuviera nalgueando, tanto por sus nalgas chocando conmigo como por sus tetas que se sacudían y chocaban entre sí. ME vine en el condón mientras penetraba su culo, y tras un breve descanso volví a gozar su chochito. LA segunda vez no duré mucho, pero me dejó una tercera y pude gozar su coño una vez más. LA hice venirse, y luego pasé de nuevo a estar entre sus nalgas, metido en su ano. Ella me dejó venirme adentro, y se sintió como el cielo… su anito estaba caliente, muy relajado (parecía como si le hubiera violado la cola por días) y ella apretaba las nalgas para exprimirme el pene. Cuando solté mi leche, su anito se cerró de nuevo, apretando más que nunca, y ella brincó. Me quedé adentro hasta que comenzó a bajar la erección.
Nos despedimos, ella aún en cueros, y me dejó jugar con sus tetas una vez más. Admito que tener sexo con ella fue muy excitante, quedé con ganas de más, pero aunque luego la he vuelto a ver en el campus, no he podido acercarme, y ella no parece muy interesada en repetirlo. Por el contrario, luego baja la mirada cuando la veo, pero a veces se me acerca y me presume sus tetas escapándose del escote. En fin, he tenido que darle a Ana más trabajo para desfogarme.
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