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Una noche de fiesta

Enviado por camilitarod el 30/9/2010

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Una noche de fiesta Publicado el 30/09/2010, por: camilitarod

Varios amigos del Chat me han pedido que escriba este relato porque les he contado esta erótica experiencia y a ellos les ha parecido que vale la pena escribirla y publicarla. José, un amigo me invitó a una fiesta un sábado en la noche en la casa de un amigo suyo a donde iban a asistir otros amigos (hombres solos) y algunas parejitas, o sea hombres con sus novias o amigas.

Me dijo que llevara un vestuario normal pero me advirtió que él quería tener sexo conmigo allí y que su...

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amigo, el dueño de la casa estaba muy interesado en mi, naturalmente se refería a que él también quería tener sexo conmigo y me preguntó que si yo estaría de acuerdo en tener sexo con su amigo, pero naturalmente después de él. Yo le dije que si, siempre y cuando en la fiesta no se dieran cuenta lo que ellos querían conmigo, sino que yo pasara inadvertida en la fiesta para quienes asistieran y me vieran allí y que pensaran que yo era una chica como las demás.

Llegué después de las nueve de la noche junto con mi amigo que me había recogido y quería presentarme como su amiga. Bailamos y nos divertimos, había varios licores y yo bebí varias cervezas. Varias veces baile con el dueño de casa, que no desaprovechaba oportunidad para decirme que yo le gustaba mucho y que mi amigo le había hablado muy bien de mi. Yo le pregunté qué era lo que José le había dicho de mí y simplemente me dijo que sabía que yo era una nena rica y que esa noche me iba a comer. Le insistí varias veces y siempre me dijo lo mismo

Después de la medianoche varias parejas se fueron de la fiesta, claramente se iban a tener sexo, unas chicas que iban solas también se fueron, algunos de los hombres que se quedaron comentaron que ellas se iban a quedar esa noche con sus amantes. En medio del baile mi amigo José me invitó a ir atrás de la casa a una pequeña habitación que tenía una cama y un pequeño baño y que la tenían para la chica de servicio doméstico, pero que como el dueño de casa no tenía servicio doméstico, era el sitio apropiado para llevarme.

Mi amigo José lo primero que hizo cuando estuvimos solos en la habitación fue quitarme la ropa, una blusa rosada, un brasier trasparente rojo, un jean, una tanga hilo roja y unos zapatos de tacón negros. José estaba muy excitado y apenas quedé desnuda me acostó en la cama y comenzó a acariciarme, besarme por todas partes y a decirme cosas morbosas como que yo era la nena que más le gustaba, que le gustaban mis tetas, que le gustaban mis nalgas, que estaba enamorado de mi, y varias frases más que no recuerdo bien porque los dos estábamos bastante ebrios. A mí no me importaba lo que me dijera, pues José siempre me decía esas cosas estando o no borrachos, pues yo ya había tenido sexo con él varias veces antes. Dejé que me morboseara como le gustaba, sólo que cuando su ropa la restregaba contra mi cuerpo, a veces me incomodaba, pero como yo sabía que a él le gustaba eso, simplemente me dejé, me entregué a él, como a él le gusta. Recuerdo que una vez me dijo que yo le gustaba porque era una nena joven y puta, y que a él le gustaban así, jóvenes y putas. Me gustaba sentirme así, como él me decía, y como estaba ebria, me importaba menos, por el contrario me excitaba que me considerara y que me tratara como puta pues recordé que su amigo dueño de casa sería el siguiente en esa cama, después de que él, mi amigo José se divirtiera conmigo.

En medio de las caricias morbosas de José, me abrió las piernas y empezó a chupar mi vagina y mi clítoris y me hizo gemir bastante fuerte, pero como la música de la fiesta aún se escuchaba, no importaban mis gemidos fuertes. Me gustaba que me chupara. Cuando José quiso, se levantó de la cama y rápidamente se desnudó tirando su ropa en el piso y subiéndose a la cama con su verga totalmente erecta, de pie encima de la cama me dijo: "ven a mamar". Me lo dijo mirándome con lujuria y notándose su borrachera, pero sabía muy bien lo que estaba haciendo conmigo y a mí me gustaba. Me puse de rodillas frente a él y se lo mamé desde la punta hasta el fondo desde el primer momento, pues su verga me parece bonita. Mientras se la mamaba, José me acariciaba la cabeza y también me empujaba para que no dejara de mamar, también cuando quería descansar se la agarraba con una de sus manos y me hacía lamer sus testículos, hasta que volvía a decirme que se la mamara.

Luego de un muy buen rato de estárselo mamando me hizo acostar boca arriba, se puso un condón, y sin tanto preámbulo separó mis piernas con sus manos, las puso en sus hombros y me penetró con un poco de brusquedad, haciéndome gritar un poco pero a José no le importó y empezó a mover sus caderas fuerte y rápido. De vez en cuando se detenía para descansar y me decía que todavía no quería botarse. Luego de un buen rato de tenerme así y mover sus caderas mientras me miraba con lujuria, bajó mis piernas de sus hombros y me dijo que mantuviera las piernas abiertas pero en el aire mis pies, pues a él le gustaba tener sexo así, montando a la chica, pero que ella mantuviera sus pies en el aire, sin tocar la cama, eso lo excitaba mucho, y de vez en cuando volteaba mirar si los pies estaban en el aire, y yo notaba que se excitaba más, porque empezaba a golpear más fuerte y más rápido con sus caderas y eso me daba a entender que en pocos minutos, tal vez tres José terminaría.

Cuando José empezaba a gruñir y gemir era porque estaba eyaculando y en ese momento yo podía poner los pies sobre la cama, porque a José ya no le importa. Yo esperaba siempre a que las convulsionadas caderas de José se detuvieran para que luego cayera tendido junto a mi respirando agitadamente. Me excitaba verlo así, y más cuando yo miraba el condón lleno de semen. Por un momento creí que se iba a dormir junto a mi como las otras veces, pero José se acordó de su amigo y dijo: "Juan debe estar desesperado por entrar para comerte", se levantó tambaleándose, se quitó el condón mientras iba al baño a lavarse y cuando salió y mientras se vestía me dijo: "espera así como estás en la cama a Juan". No dije nada simplemente lo miré y me excité de pensar que Juan que apenas me había conocido esa noche y bailado conmigo algunas canciones, entraría y me encontraría desnuda.

Me quedé en la habitación mirando hacia el techo, mirando aquella luz amarilla que iluminaba la habitación, acaricié mi clítoris y sentí que mi vagina estaba bastante húmeda por las penetraciones de José, y dilatada como esperando la verga de Juan. Me excité y sólo esperé a que entrara Juan.

Apenas un par de minutos después de que José saliera de la habitación, entró Juan pues la puerta había quedado entreabierta. Juan cerró la puerta y echó seguro, y apenas me vio desnuda en la cama, borracho y con mirada lujuriosa se lanzó a la cama a besarme, acariciarme y morbosearme por todas partes, metiendo sus dedos por donde podía, naturalmente por mi vagina que era lo que más buscaba. Me decía muchas morbosidades, me decía que yo era una chica como a él le gustaban, y que yo le recordaba a una sobrina que siempre había querido comerse pero que no podía para no meterse en líos. Finalmente me confesó lo que José le había dicho de mí: "huy mamita, José me dijo que tú eres una putica deliciosa, que lo sabes mamar muy bien, y que abres bien las piernitas como sólo las buenas puticas saben hacerlo, y que no te le niegas a ningún hombre, que tienes un cuerpito delicioso como para comérselo a besos, que tienes una rajita especialmente hecha para los hombres...", y no recuerdo qué tanto más me dijo porque yo estaba bastante mareada y aunque no quise seguir bebiendo cerveza, el alcohol ya me tenía suficientemente ebria como para no recordar tantas cosas. Juan empezó a quitarse la ropa y yo simplemente lo miraba como tiraba su ropa desesperadamente el piso para quedar desnudo mostrando su verga erecta.

Cuando quedó desnudo, yo para excitarlo más le pregunté si le gustaban mucho las puticas y me dijo que si, le pregunté si las contrataba con frecuencia para llevarlas a la casa y me dijo que no, que cuando le daban ganas iba a un sitio nocturno en donde había muchas y con frecuencia llegaban nuevas. Le pregunté que si le gustaría verme allí trabajando para él llegar a buscarme y me dijo que si, que cuando yo quisiera me presentaba al dueño del bar, que aunque no era su amigo, él ya era un cliente conocido y con seguridad a mí me recibirían, porque la mayoría de las chicas que había allí eran jóvenes y muy puticas. Juan no quiso seguir esa conversación porque estaba muy excitado y me dijo que se lo mamara, que para eso me tenía allí. Se acostó sobre la cama, y yo me incliné sobre él y se lo mamé bien, al fondo como él me pidió desde el comienzo: "mámalo hasta la raíz, métetelo todo". Yo miraba a Juan de vez en cuando y él siempre estaba mirando la forma en que yo se lo chupaba y veía que a él le gustaba. Tenía bolas grandes, llenas de pelos, aunque creí que me las haría chupar, nunca me lo pidió, pero yo tampoco le iba a decir que me gustaban sus bolas, porque con meterme toda su verga en mi boca era suficiente, me gustaba, y pensaba en su amigo José, en qué estaría haciendo, seguramente bebiendo con sus otros amigos y quizá hablando de mi.

Cuando Juan ya no quiso que se lo siguiera mamando me pidió que le alcanzara sus pantalones para sacar un condón y me dijo que lo destapara y se lo pusiera. Luego me hizo sentar encima de él y me hizo cabalgar con mucha lujuria, diciéndome de vez en cuando que me movía bien, que me movía como una buena puta y acariciando con sus manos mis tetas, mis caderas, mi vientre, mis piernas y mis nalgas, hasta que de vez en cuando me hacía quedar quieta por unos momentos, decía que para no eyacular todavía. Juan me hizo cabalgar varias veces sobre él, y varias veces me dio palmadas en mis nalgas porque le gustaba escuchar el sonido de las palmadas, aunque en el fondo se escuchaba la música. De pronto Juan empezó a moverse y agarrándose de mis caderas noté que estaba eyaculando, hasta cuando me dijo que me bajara. Juan respiraba agitadamente y cuando se calmó un poco dijo: "eres buena para la cama". Su condón lleno de semen me gustaba verlo. Se levantó fue al baño y salió secándose la verga y mirándome en la cama me dijo que le escribiera mi número para llamarme. Juan salió de la habitación y dejó la puerta abierta.

No supe qué hacer pero un minuto después entró José, un poco más borracho que antes y me dijo que había unos hombres esperando su turno para conmigo, me preguntó que si estaba dispuesta a atenderlos como ellos se merecían, y yo le dije que si, y le pregunté cuántos eran, pero José agachándose a la cama me acarició la mejilla con su mano y me dijo: "tú sólo preocúpate por mamar bien y abrir bien las piernitas, que de los hombres me encargo yo". No dije nada, sólo lo miré y le pregunté la hora, pero me dijo: "la hora no importa, lo importante es que seas una buena chica". Le dije que yo soy una buena chica, y él me dijo que eso él ya lo sabía y que por eso me había invitado a esa fiesta, porque las chicas como yo merecían tener buenos amigos, como él, y sus amigos, mientras que con una mano me acarició la vagina y con la otra las tetas. Sin decir nada salió y un momento después regresó con una cerveza, haciéndome beber casi la mitad aunque le dije que yo no quería, pero José insistió. Le pregunté por Juan, quería saber qué había dicho Juan de mí. Me dijo que Juan estaba muy agradecido con él porque yo le había gustado mucho, y especialmente porque me podía llamar para que yo fuera su casa en lugar de ir a ese bar de putas que Juan frecuentaba. José salió tambaleándose de la habitación y diciendo que me quedara allí. Sin embargo apenas salió fui al baño a orinar, pero de pronto mientras estaba orinando entró un hombre al baño pues yo había dejado la puerta abierta y me vio sentada allí, pero no me importó, yo sabía que ese era el hombre que José había enviado para el siguiente turno. No recuerdo su nombre pero tampoco me importaba saberlo porque me sentía bastante mareada. El hombre miraba con lujuria y se acercó a tocarme, me acarició las nalgas y las piernas y creo que dijo: "huy mamita, te ves rica”. Cuando terminé de orinar me llevó de la mano a la cama, pero la puerta del había dejado abierta y yo le pedí que la cerrara. El hombre la cerró y echó seguro. Me excité al sentir cuando pasaba el seguro porque sabía que ese tercer hombre también me iba a comer. El hombre se quitó toda la ropa y la tiró al piso y quedándose de pie junto a la cama me dijo que se lo mamara, yo me arrodillé sobre aquella alfombra un poco sucia pero suave. No tuve que mamar demasiado para que el hombre se excitara mucho, porque aunque tenía erección, no estaba tan duro, pero rápidamente se puso duro. Buscó en algún bolsillo de su saco un condón y se lo puso. Se sentó en el borde de la cama y me hizo sentar encima de él, moviéndome con lujuria encima de él, mientras él me sostenía por mis caderas, y de vez en cuando aprovechaba para acariciar mis tetas y acariciar mis nalgas. Yo subía y bajaba y por lo mareada que estaba, me mareaba más por los movimientos de lujuria sobre él. Después de un rato me dijo que me acostará boca arriba y se montó sobre mi y en unos pocos minutos después de unos frenéticos movimientos de sus caderas gruñó mientras eyaculaba. Cuando terminó se levantó, vi semen en el condón pero no tanto como con José y Juan. Fue al baño y regresó a vestirse. Me pidió mi número de teléfono, y sin despedirse salió diciendo que me llamaría.

Tal vez un minuto después entró otro hombre, el cuarto en aquel cuarto en donde yo mareada por la cerveza estaba dejándome follar por varios hombres, como puta. El hombre a quien tampoco le pregunté nombre, borracho, apenas me vio, se empezó a desnudar y desnudo se lanzó sobre mi a besarme, acariciarme, morbosearme, manosearme y decirme frases, cosas que no recuerdo, pero creo que me decía que yo le gustaba, que yo era bonita, que le gustaba mi piel. Se montaba sobre mi pero no para penetrarme sino para restregarse sobre mi, yo sentía su verga erecta, pero no abrí mis piernas pues no quería que me penetrara sin condón. Finalmente se tiró sobre la cama y me dijo que se lo mamara. Así lo hice no sé por cuanto tiempo pero hasta que el hombre me dijo que ya era suficiente y que quería follarme. Se puso un condón y prácticamente se tiró sobre mi por lo borracho que estaba, y con cierta dificultad le penetró pues no encontraba mi vagina, tuve que ayudarlo poco moviéndome hasta que creo que por instinto de macho sintió mi calor y empezó a moverse como loco sobre mi, al punto de que creí que iba a romper la cama, pues la cama sonaba mucho por sus movimientos fuertes y bruscos, el hombre pesaba bastante, era el más pesado de todos, el hombre empujaba sus caderas con fuerza y sin parar, yo sabía que si lo hacía rápido fuerte el hombre terminaría rápido, no sé cuánto tiempo pasó, pero recuerdo que me abracé a él y empecé a gemir en sus oídos y yo sentía su respiración fuerte, hasta que de pronto noté que eyaculaba, por sus movimientos y por algunos de sus gemidos, suaves pero largos, poco a poco empujaba más despacio pero bastante fuerte, hasta que se detuvo y se tiró a un lado de la cama a descansar. Creí que se iba a quedar dormido mientras yo la miraba el condón lleno de semen, bastante semen y en ese momento me pareció que era el que tenía la verga más grande de los cuatro, aunque no exageradamente grande, aunque tal vez no era por lo larga sino que la mitad era un poco más gruesa que la punta, pero de pronto el hombre se levantó y se fue al baño a lavarse. Me quedé en la cama medio dormida pero el hombre me despertó con una fuerte palmada mis nalgas diciéndome que le diera mi número de teléfono. Lo escribió en cualquier papel que sacó del bolsillo y salió sin despedirse, tambaleándose.

Tuve que volver a ir al baño a orinar pero alcancé a salir y cuando me dirigía a la cama entró otro hombre, también de nombre desconocido, no me importaba su nombre, ya me sentía cansada por el mareo que tenía. El hombre se desnudó rápidamente y se sentó en la cama para que yo se lo mamara, de rodillas en medio de sus piernas, me decía cosas morbosas, no recuerdo muy bien que cosas me decía, pero creo que me decía que yo le gustaba, que yo lo mamaba muy bien, que íbamos a ser buenos amigos, y me acariciaba la cabeza bastante. Creo que ese hombre tenía la verga más blanca de los cinco, pero no era la más larga ni la más gruesa pero recuerdo que me gustó porque estaba bastante venosa o será brotada por las venas y eso me gusta mucho. En ese momento recordé que uno de los hombres tenía la verga totalmente lisa pero un poco curva hacia su derecha, recordé que cuando se lo estaba mamando me hacía presión en mi boca al lado izquierdo, creo que fue el tercer hombre, y en ese momento me sentí muy puta, recordé que en el Chat un hombre me decía que le gustaba mucho cuando una hembra era puta porque mamaba muchas vergas y se la comían muchas vergas, y que a él le gustaría tenerme como su puta sólo para sexo, con el y con todos los hombres que él me consiguiera, también recordé que hace algún tiempo cuando yo no tenía tanta experiencia en el sexo un hombre que conocí por intermedio de una amiga me dijo que a mí sólo me debería importar aprender a mamar bien y a darle mis hoyos a los hombres porque así podría hacer feliz a la humanidad (y se reía) y claramente me insinuó prostituirme. Recuerdo que le pregunté que si le gustaban las prostitutas y me dijo que a todos los hombres les gustaban, sólo que muchos no eran capaces de reconocerlo, recuerdo que me hacía muchas invitaciones a su apartamento y a una finca fuera de la ciudad y poco a poco me presentó muchos amigos suyos. Finalmente yo no le cobraba a él, pero todos sus amigos me pagaban muy bien. Un tiempo después dejó a llamarme y nunca volví a saber de él ni siquiera sus amigos sabían nada. Me excitaba pensar cuántas vergas habría yo mamado, y en ese momento estaba mamando la de un hombre cuyo nombre ni siquiera me importaba.

En algún momento ese hombre se puso un condón y me acosté boca arriba en la cama, el hombre se montó y lo ayudé a que su verga encontrara mi vagina pues su borrachera lo hacía torpe, y el recordé que al cuarto hombre también tuve que ayudarlo. Me excitaba sentir a ese hombre acostado sobre mi tratando de meter su verga con ansiedad, especialmente porque él sabía que antes ya habían pasado cuatro amigos suyos y él insistía. Cuando me penetró se movió con mucha lujuria y mucha fuerza y sin detenerse un instante hasta que eyaculó y dejó de moverse. Se levantó y su verga empezaba a caer pero el condón tenía una buena cantidad de semen. Se vistió y también me pidió mi número de teléfono. Salió sin despedirse, tambaleando.

Un instante después cuando yo esperaba al sexto hombre porque estaba muy excitada aunque mareada, entró José y me dijo: "Nena, se acabaron los hombres por hoy, vístete…". José salió y dejó la puerta abierta. Me sentí demasiado puta, había estado excitada toda la noche en esa fiesta, primero bailando, como exhibiéndome ante unos hombres con los cuales iba a tener sexo y yo no sabía cuáles eran todos los interesados en mi. Me fui al baño desnuda, dejé la puerta abierta de la habitación como esperando a que entrara otro hombre. Me di una rápida ducha y me masturbé con mis dedos, pensando en aquellos cinco hombres a quienes yo les había dado placer pero todos me habían dejado con ganas. Definitivamente los cinco me hicieron sentir muy puta o más bien prostituta. Después de sentir un delicioso orgasmo con mis dedos, salí del baño a vestirme, pero no encontré mi tanga ni mi brasier. Sólo estaban zapatos, jean y blusa. Salí de la habitación y en la sala de la casa había unos hombres durmiendo su borrachera, Juan y José estaban hablando y bebiendo aún más, y los otros tres hombres con los que yo había tenido sexo esa noche ya no estaban, José apenas me vio llamo un taxi por teléfono para llevarme a mi casa.

Mientras llegaba el taxi por nosotros le dije que me habían quitado ni tanga y mi brasier y me dijo que eso no importaba, que él no sabía quién se los había llevado, pero que si se había llevado esa ropa mía era porque yo les había gustado. Durante el recorrido a mi casa José me dijo que le había gustado mucho la fiesta y que iba a organizar otra algunas semanas después. Cuando el taxi llegó a la puerta del edificio donde vivo, José discretamente me dio unos billetes mientras me dio un beso en la boca para despedirse, me bajé del taxi mientras imaginé que el hombre del taxi se dio cuenta que yo no era la novia de José, sino su puta de esa noche. Rápidamente subí al apartamento donde vivo, era un poco más de las tres de la madrugada y me excité otra vez al calcular que había tenido sexo con cinco hombres en apenas tres horas.

Pasó una semana y recibí la llamada de un hombre llamado Rubén, yo no lo conocía pero lo recordé cuando me dijo que él me había comido en casa de Juan el sábado anterior. Me dijo que quería comerme de nuevo y acepté sin negarme cuando me dijo que me daría una muy buena propina, me sonreí y le dije que no me gustaban las propinas, el hombre se rio y me dijo: "no seas tonta puta, yo sé muy bien que las hembritas como tú, hay que pagarles bien". No dije nada más y acepté su cita una hora después. Unos días después me llamó David, que era otro de los hombres de la fiesta, también quería una cita conmigo. Acepté. Otros días después llamó Manuel, era otro de los hombres de la fiesta y me llamaba para lo mismo. Acepté. José no volvió a organizar ninguna fiesta, pero Juan me ha llamado varias veces a su casa y siempre me lleva a la misma cama de la fiesta. José me llama muy poco, pero me ha gustado haber conocido a sus amigos.

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Categoría: Confesiones | Comentarios: 0 | Visto: 4648 veces

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