De uniforme verde con falda, gorra y cartucheras, la mujer policía se arrodillaba en un cuartucho, sometida frente a un sonriente vejete sentado. Era un tal Piotr, quien le había quitado el revólver y la veía mover la cabeza arriba y abajo, acompañando el vaivén con el ruido de sus chupetones.
Ella lo había seguido para arrestarlo, pero en cambio, él la tenía sufriendo desde hacía media hora. “¡Mhh.. aguanta mucho!”, pensaba ella succionando el enorme pene, “¡no puede ser......
mhh...!”
-¡Gánate la medalla! –reía él- ¡Me atrapó, oficial!
Dando empujones hacia arriba con la pelvis, hacía saltar la cara de la mujer policía, que sorbía el miembro contra su voluntad, jadeando de temor. Las piernas le dolían por llevar arrodillada media hora.
La agente llevaba seis meses siguiendo al gángster y conducida con engaños a su guarida, éste la hacía desquitar haciéndola sorber un miembro que casi no le cabía en la boca. “¡No, no...!”, se lamentaba ella.
La guardiana del orden trataba de hacerlo eyacular para terminar sus sufrimientos. El gángster no le había dado tiempo. La mujer policía se tachaba de tonta. El mafioso la había atrapado con un truco. Siguiéndolo hasta el edificio, subió las escaleras con el revólver en las manos. Vista desde abajo la guardiana lucía bien en el ceñido uniforme verde, que mostraba sus piernas trabajadas y la placa de POLICÍA en el pecho, bajos anteojos oscuros y la gorra.
Llegó a un corredor y pasó cerca de un anciano en silla de ruedas, afuera de su apartamento. Otros cuartuchos cerraban sus puertas.
-¿Vio pasar a un sujeto? –susurró ella.
-Allá... –el anciano señaló el fondo del pasillo.
-Bien –dijo ella, viendo al frente-, entre a su... ¡aah...!
La sorprendió enormemente una mano que se le coló por la espalda, entre sus piernas firmes. El anciano le tomó ferozmente el pubis sobre las pantaletas, subiéndole la falda hasta las nalgas. La mujer policía giró para sacarse la mano que la apresaba. El contacto la enfureció, pero en la inquietud de la persecución, las cejas se le arrugaron encima de los lentes oscuros, de sorpresa y de un placer inesperado.
-¡... aahh...!
Sin soltarla, con la otra mano el anciano le quitó el revólver, tan rápido que ella no se dio cuenta cómo. Él la apuntó con el arma y la empujó con la mano en el pubis. La mujer policía protestó gimiendo de desconcierto a pasos titubeantes. En la silla de ruedas eléctrica, la metió a un cuartucho con una mesa, un catre y botellas de cerveza en el suelo.
La hizo hincarse en el catre, con las rodillas en el piso. Hábilmente él le apartó las bragas con los dedos y le insertó dos en la vagina hasta los nudillos. La policía gritó y se desencajó de desconcierto. Los anteojos oscuros se la bajaron a la nariz.
De nalgas, la falda verde del uniforme se agitaba con la mano del anciano debajo. La mujer policía bufaba y se retorcía por la intrusión de los dedos humedecidos entrando y saliendo de su sexo.
El vejete era hábil con las manos. Muy pronto la tuvo congestionada de la cara por la rápida entrada y salida de los dedos de la vagina mojada, agarrándose de las frazadas que olían a tabaco.
Empujadas por la entrada de los dedos, repentinamente las nalgas de la mujer policía se sacudieron en espasmos. Ella gritó palabras incomprensibles, abriendo mucho los ojos tras los anteojos ahumados, contorsionada por el orgasmo forzado.
El anciano la lanzó al suelo, donde la guardiana del orden cayó como un saco. La gorra rodó más allá.
Jadeando ruborizada con las bragas en los tobillos y el uniforme hasta los muslos, , sobre un codo la mujer policía no se ocupó en cerrar las piernas, quedando enfrente del vejete. Cuando salió de su desfallecimiento lo miró.
Era el gángster, que había vuelto a sentare en la silla de ruedas que usaba como disfraz. Vaciando el revólver en el suelo, él le explicó con acento ruso de erres marcadas, que se llamaba Piotr y organizaba peleas de perros y administraba saboteadores de huelgas. Le enumeró negocios ilegales. La confesión no iba a servir a la policía, estando en sus manos.
Sin querer, la mujer policía vio el hinchado bulto en la sábana que cubría las piernas del gángster, pensando en la penetración que acababa de sufrir con sus dedos, causándole un orgasmo, a lo que ella se había entregado desconcertada. Estaba muy confundida.
-Mis kamarradas están en otrro kuarrto –anunció él-. Estarrán muy kontentos de follarrte porr kuatrro o cinko días... eso o te aplikas akí, (policía en ruso).
“¡No, no...!”, pensó ella. Sin aviso, se lanzó entre las piernas del gángster y se puso a remorderle el bulto en la sábana para mostrar que estaba dispuesta, pensando “¡Debo hacer lo que sea, pero que no los llame...! ¡Debo ganar tiempo para escapar!”
-Ajajá... ¡prefieres quedarte conmigo, cabrona!
Ella abría bastante la boca, royendo el endurecido abultamiento en la sábana. La vagina le latía por la brutal penetración. Alarmada por la idea de que llegaran más de la banda a hacerle lo mismo, estimulaba la erección con los dientes.
-¡Muy bien agente, te daré permiso de que la mames! –rió él.
La mujer policía le bajó la sábana y observando el rígido miembro, le pasó la lengua de arriba abajo.
-¡Sabes lo que te conviene *!
La mujer policía abrió la boca lo más que pudo, rodeando la erección del maleante. Se enderezó con el miembro en la boca, viéndolo sumisa.
-¡Ahh... las mujeres policías maman bien, ya las había probado!
-¡Mhh, mhh..!. –con los labios como ventosa, ella aplicaba los labios al grueso tronco, sorbiéndolo con fuerza.
De rodillas frente al vejete, la agente le chupaba el miembro recorrido de anchas venas. Con la boca desfigurada por la prolongada erección, la mujer policía comenzó a resoplar, con las pantaletas en los tobillos. No solamente obedecía. Impresionada por el tamaño, comenzó a probar el miembro a potentes chupetones. “¡Mh! ¡Qué es esto!”, se dijo alterada, “¡es enorme...!
-Ajájá -rió él-... ¡te está gustando mamarme la verga!
-Mh.. mh... -la sofocada mujer policía soltó unos gemidos, succionando la firme erección.
-Así, así... me los vas a sacar –sonrió él, tomando de la cabeza a la congestionada policía, casi asfixiada por el gran tamaño del miembro.
El gángster eyaculó como fuente en la boca de la mujer policía, que se bebió la eyaculación jadeando extraviada.
Tomando a la agente del cabello le hizo la cabeza hacia arriba, sacándole el miembro de la boca. Ruborizada, ella tomó aire gritando.
-¡Ohh... ohh...!
-Te explicaré –sonrió el mafioso, desabotonándole la blusa con la placa de POLICÍA, liberando los senos-. Cuando una zorra como tú intenta atraparme, le muestro quién manda.
Levantándose de la silla, la tomó de las caderas y la tumbó en el desvencijado catre, quitándole del todo las pantaletas. La sujetó de los tobillos, doblándole las piernas hacia arriba, exponiéndole la vagina. La mujer policía cerró los ojos cuando él le encajó el miembro entre los labios del sexo. “¡Mejor que él haga esto!”, se dijo.
Con los párpados cerrados y las rodillas raspadas por el suelo, casi en la cara, la guardiana del orden se sofocaba con el vejete empujando encima, sonrojada por la entrada del grueso miembro en su sexo. Ella soltó varios suspiros.
-¡Oh...! ¡Oh...!
El gángster dejó caer su peso. La agente se aplastó contra el catre que rechinaba, estremecida por el tamaño de la erección.
-¡Ohh! –la mujer policía enrojeció más- ¡Ohh!
-Así te quería, zorra... con las piernotas abiertas...
-¡Ohh! -ella frunció el ceño ante los empujones- ¡Ohh! ¡Ohh!
Las protestas cambiaron pasado un rato. Debajo del sonriente gángster, la sometida mujer policía comenzó a lanzar profundos gemidos de placer, recibiendo el enorme miembro de su abusador. “¡Oh! ¡Es bueno...! ¡Oh...! ¡Qué camote! ¡Ohh...!”
Los pechos de la mujer policía saltaban cuando otro malhechor entró al cuarto.
-Eres un cabrón –sonrió-, allá afuera se oyen los gritos de la vieja.
-¡Llegas a tiempo, camarada, ésta quiere fiesta!
-¡No... no...! -jadeó ella, sacudida por los empujones del gángster,
-Le haremos el favor.
Los pezones de la mujer policía eran grandes y el vejete se los dobló levantándole el busto. El otro mafioso se le acercó.
-Mhh... ¡quiero probar esas tetas!
-¡N-no! ¡Eso no! -la mujer policía lanzó un gemido cuando el mafioso le extrajo el miembro.
El compinche la inmovilizó por las muñecas. Ella apartó la cabeza, suplicando. Piotr le desabotonó la casaca, dejando los erguidos senos al aire. Ella veía angustiada sus pechos descubiertos, anticipando lo que le harían los mafiosos.
-¡... por favor... no aguanto eso... deveras, no lo aguanto...!
Cada uno la tomó de una muñeca, pasándoles la lengua a los costados se los senos. Ignoraban ls peticiones de ella de que pararan. La agente del orden tenía los pechos muy sensibles. Sus pezones se irguieron al recibir lametones, descomponiéndose de la cara. Retorciéndose para zafarse, colocaba mejor los senos humedecidos por las lamidas. La mujer policía gimió entecortadamente cuando le remordieron la base.
-... a-ahh... n-no... a-ahh...
Tomada de las muñecas, la mujer policía cerró los ojos pesadamente cuando los malechores le aplicaron la boca a los pechos.
-¡No, no me las mamen...! ¡No me las mamen...!
La mujer policía lanzó un involuntario alarido de placer al recibir la succión en ambos pechos. “¡Ahh! ¡Me voy a volver loca!”, pensó, “¡ahh.. ahh!”
Retorciéndose en el catre, la mujer policía arqueaba la espalda, viendo sus senos en la boca de los maleantes, rogando que se detuvieran. Golosos, trataban de abarcarlos completos.
-¡Ah... ahh.... paren, paren...! ¡Dejen de chuparme las tetas...! ¡No... no sigan, por favor...! ¡Ohh, ohh! ¡Me desmayo!
Jalando los pechos con la boca, los estiraron ocultando la cara de la mujer policía, que gritaba. Sin poder defenderse, le bajaron la falda del uniforme.
-¡Me gusta el coño de las policías!
-El otro agujero también debe estar bueno, probémoslo.
-¡Oh! –la mujer policía se ruborizó más, temiendo lo que seguía.
La despojaron de la ropa y del sostén, dejándole la gorra verde con la placa de POLICÍA y la cartuchera negra en las caderas.
Bocarriba, el compinche se la puso a horcajadas y le hundió el miembro en la expuesta vagina. La mujer policía gritó. Detrás de ella, Piotr le clavó la punta del miembro en el orificio del ano y empujó, haciéndola engullir el miembro entre las nalgas. La agente lanzó un gemido más largo por aquella intrusión.
La guardiana del orden estaba aprisionada entre los dos gángsteres, resoplando por ser sometida a penetración doble. Las protuberantes nalgas de la policía se bamboleaban por las embestidas de los mafiosos adelante y detrás. El miembro del compinche de abajo entraba y salía frotándose en los labios vaginales. Más arriba, el otro pene se incrustaba en el reducido orificio del ano. La cartuchera saltaba en las caderas de la mujer policía.
-¡... ayy... ayy...!
Los maleantes sacudía a la ruborizada agente con empujones secos.
-O-ohh... ohh... -ella gemía.
Sacudida por el miembro de los dos malhechores, la mujer policía lanzó gemidos destemplados, inmovilizada por el abrazo con que la retenían.
-¡Ohh! ¡Ohh!
-Muévete, vamos, haznos terminar!
Obligada a sacudir las caderas, la mujer policía recibió las cuantiosas eyaculaciones en la vagina y el ano, donde las erecciones se incrustaron completamente.
-¡Ayy, ayy!
Los mafiosos se quedaron dormidos y la mujer policía, medio desnuda, bajó de la cama y recogiendo el uniforme se vistó corriendo en el pasillo.
Mareada y magullada, fue a rendir el parte en la Jefatura. Su superior estaba inclinado en el escritorio revisando los últimos reportes.
-¿Por fin atrapó a ese ruso infeliz, oficial?
-No, mi comandante –respondió ella, yendo a la marmita del café-, logró evadirse.
-¿Y porr ké te fuiste tan rrápido? –le susurró el comandante al oído- ¡Todavía no terrminaba la fiesta!
Extrañada y atemorizada, la agente volvió la cabeza. Nerviosa, no lo había sentido acercarse. Al ver a su superior, la mujer policía sintió volverse loca.
Detrás de la puerta cerrada de la Jefatura, se oyeron los gemidos de la mujer policía.
En el suelo, la mujer policía le enterraba las uñas en los brazos del que tenía encima, que había vuelto a bajarle las pantaletas y la pentraba brutalmente.
¡Ahh! ¡Ahh! –gritaba ella- ¡Me matas! ¡Me matas!
-¡Ahí la tienes, zorra! –sonrió Piotr el mafioso- ¡Es toda tuya!
Excitante relato el tuyo bangabandu. Te felicito. Me ha gustado. Un saludo.
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