Hola. Mi nombre es Jennifer. Soy de España.
Soy una golfa, una puta, una inmoral y una mala mujer. Soy una descarada y una pecadora. Por eso mismo, ahora tengo que vivir como esclava durante casi toda mi juventud.
Soy de 1.74 de estatura. Mi cabello es negro hasta los hombros. ondulado. Mi cara es hermosa y soy de piel blanca. Soy de complexión delgada, de pompas y caderas amplias. Mis piernas son largas y hermosas. Mis senos son mas o menos grandes (notorios,...
pero no demasiado amplios).
Desde mi pubertad, mi único pariente es una tía. Ella es de carácter apacible y muy conservadora.
Mi historia comenzó en abril de 2004. Estudiaba en la escuela. Unas amigas y yo (seis conmigo) fuimos de vacaciones fuera de la ciudad (en otra). Una noche, fuimos a un bar, y conocimos a varias personas. Entre ellas, yo conocí a una mujer de aproximadamente 30 años, que me echó el ojo y me conquistó.
Yo siempre he sido lesbiana. Me gusta ser una descarada. Siempre me ha atraido el sexo. Esa noche, mi nueva conquista me invitó a la habitación de su hotel. Yo acepté y me despedí de mis amigas.
Fuimos a su habitación. Ella y yo hicimos el amor. Después, ella me comenzó a someter. Yo estaba excitada. Acepté ser su esclava. Me hizo ded todo (nalgadas, bofetadas, caricias, me ordenó besarle los pies arrodillada). Esa noche nunca la olvidaré. Regresé a la habitación en la mañana.
Pasó el tiempo. Dos años después, me había graduado y trabajaba en un cine. Una mañana en que iba llegando, una mujer de mas o menos 45 años me llamó por mi nombre. Yo estaba sorprendida, pues no la conocía. Cuando me dirijí a ella, me invitó a su coche.
La señora me dijo que me conocá. Me contó que ella y su hija vivían en compañía de otra mujer amiga suya y de sus dos hijas. Ellas deseaban tener una esclava sexual que las complaciera en todo.
- Naturalmente, te escogimos a ti, querida. Eres hermosa y joven. Asi que dinos cuando te vienes a vivir con nosotras.
Yo no podía creer lo que escuchaba. Rechacé la oferta. Cuando me disponía a salir, ella me tomo de la mano, y me dijo:
- De acuerdo, querida, pero antes de que te retires, observa estas fotos.
Observé las fotos. No lo podía creer, era yo en aquella noche de placer. "Dios mio, que es esto" expresé.
-Solo es algo que le enseñaremos a tu tía, si no aceptas nuestra proposición, corazón. Imaginate la vergüenza de ser exhibida como una puta, lo que eres. Y no solo a tu tía se las enseñaremos, sino también a tus compañeros y a todos los que se relacionen contigo, mi amor.
Después, ella me dijo:
-Te damos cinco semanas para que te decidas, mi amor. O tu reputación, o tu cuerpo y alma. Adios querida.
Estaba asustada. Durante gran parte del trabajo, no sabía que hacer. Sin embargo, por alguna razón, la situación (el que estuviera entre mi reputación o mi esclavitud) me comenzó a gustar. Estaba excitada de ser chantajeada. No lo podía creer, me estaba volviendo una puta. Me dirigí al baño a masturbarme.
Esa noche, después de cenar, recibí una llamada a mi celular. Era ella. Me ordenó que me asomara a la ventana. Estaba su carro, y ella con dos jóvencitas observandome. Me caí al suelo de la deseperación y la excitación. Esa noche tuve fantasías.
Pasaron cinco semanas. Cinco semanas de llamadas constantes recordandome mi deber. La última noche, decidí aceptar.
Esa noche, le conté a mi tía que me iría a vivir con unas amigas. Ella aceptó, pero me dio su bendición y me dijo que la visitara cuando pudiera. Prometí hacerlo.
Les llamé. Les dije que acepté. Quedaron de ir por mi.
Al día siguiente, como a las doce del día, llegaron. Eran las tres muchachas. Le dijeron a mi tía que eran viejas compañeras de mi escuela. Se despidieron de ella. "No se preocupe, señora, que nosotras la cuidaremos" dijo una de ellas.
Me subí al carro, en medio de las dos que conmigo iban atras. En el trayecto, comenzaron a acariciarme. Una de ellas me dijo: "Ai mi amor, te va a ir muy pero muuuy mal". Yo estaba excitada. Deseaba ser esclava. Me gustaba estar chantajeada.
Llegamos a una amplia casa Una casa elegante y cómoda (con calefacción para el invierno, jacuzzi y todas las comodidades). Cuando entré, me recibieron la señora de la otra vez y su amiga. Me ordenaron desvestirme. Me dieron mi nueva ropa: unos tacones negros de charol y punta amplia, con plataforma, una microfalda negra de cuero, una tanga y un brassier, acompañado de una chaqueta negra de cuero (todo el conjunto era negro).
A continuación, me dieron las siguientes reglas: solo podía comunicarme con mi tía por teléfono con alguien vigilándome, no podía jamás relacionarme con hombres, ni vestirme sin la autorización de ellas. No debía tener empleo ni ingresos propios (renuncié a mi empleo en el cine). No debía votar en elecciones, ni salir sin estar acompañada de cuando menos dos de ellas. Y en todo caso, debía obedecerlas sin protestar. Si me ordenaban ir a la cama a las 6 de la tarde, tenía que obedecer (así como tenía que obedecer en cuanto a si dormía con alguien o sola, desnuda o con ropa, etcétera). Esas condiciones me parecieron humillantes, pero el que así me parecieran me hacía sentir placer. Soy una descarada y pecadora.
Tenía que ser la sirvienta todos los días.
-Y sabes mi amor, serás nuestra en las noches. Te aplicaremos sesiones de castigos, mi amor.
Después, mi señora me dijo que yo sería la esclava de su hija. Que no se me ocurriera desobedecerla, o sería castigada. Acepté cuanta orden humillante me dijeron. El haber sido esclavizada para alguien me traía loca.
Si quereis conocer lo que pasó después, escribanme a wrant88@hotmail.com.
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