Pasó una semana desde que comenzara mi adiestramiento como esclava y sumisa del placer. Mi día llegó. El día en que iba a ser declarada esclava es humillante ceremonia. Yo estaba exhitada.
Ese día, en la mañana (afuera estaba nublado y con lluvia) me despertaron temprano. Me dieron a desayunar, y después de bañarme, las cinco ayudantes de mi amaestradora me pusieron mis tacones de charol con plataforma y aguja de punta, bastante largo.
Me condujeron hacia la...
sala. Mi señora, su amiga y las chicas estaban allí. Ellas reían. Yo estaba apenada. La mistress le dijo a mi señora que cuando quisiera, podiamos empezar con la ceremonia para despedirme de mi libertad.
Yo estaba nerviosa y ansiosa por que pasara todo. Porque ya fuera propiedad absoluta de mi señora. Mi señora le indicó a la mistress que podiamos empezar. Con una mirada que la mistress le dirigió a sus ayudantes, ellas me condujeron al baño.
Permanecimos allí hasta que alguna de las chicas (una de las hijas de mi señora) les tocó. Enseguida, las señoritas me taparon los ojos con una venda. Me dirigieron hacia el sótano. Al llegar, había una valla formada por casi todas, expecto mi señora y la mistress, que estaban al fondo de esta esperandome.
Pasé por la valla (ya con los ojos descubiertos). Me tocaban, me nalgueaban y me decían palabras como "golfa", "puta", "descarada" y otras que al oirlas hacia inevitable que mis pezones vibraran de placer.
Al fin llegué a donde estaba mi señora y la mistress. Mi señora me jaló del cabello hacia abajo, de tal manera que yo me puse de rodillas y mirando hacia arriba. Ella me acarició los senos. Después, me levantaron y me pusieron de pie en la pared.
Al momento en que esto sucedía, ellas formaron un círculo en donde algo murmuraban. Después, se dirigieron hacia mi. Solo me miraban en forma desdeñosa. Me tomaron de ambos brazos y me dirigieron a donde estaba una especie de altar. Me pusieron de rodillas.
Yo tenía que leer una declaración, en voz alta, lo cual hice. La declaración decía así:
"Yo, Jennifer, acepto a mi señora como dueña abosluta de mi cuerpo y de mi alma. Me declaro posesión suya y objeto en cuerpo y alma".
Después, me leyeron todo lo que significaba ser esclava. Yo nunca tendría que tener ingresos propios. Como nunca los había tenido, nunca sabría que significaba depender economicamente de mi misma.
No debía relacionarme con nadie mas ajeno a mi casa, a menos que fuera con permiso de mi señora y en las condiciones que ella quisiere.
No debía vestir nada que ella no quisiera. Solo debía usar la ropa que ella estuviera dispuesta.
Yo solo tendría obligaciones y ningún derecho. Sería un objeto total. Mi placer sería para los demás.
Si yo fuera castigada injustamente, no debía de reclamar, solo aguantarme, ni merecería ninguna disculpa. Y si alguien me acusara de algo, no tendría derecho a tener credibilidad.
Cuando me leyeron eso, yo estaba mojada de placer y deseo. Cuando al fin terminaron, se felicitaron. Por fin era una esclava total. Yo solo me incliné y besé los pies de mi ama.
Me levantaron, me condujeron a la cama y me tumbaron de rodillas cerca de ella. Mis codos apoyaban en la cama. Mis rodillas en el suelo. Yo estaba desnuda, solo con mis tacones.
Me pusieron fotos de mi vida anterior (cuando era escolar). Me pusieron enfrente de la cama un espejo. Yo debía mirar las fotos y saber la clase de vida que "no sería para ti, mi amor". Y el espejo me recordaba que había caido en lo mas bajo.
-Vamonos- dijo la mistress. La dejaremos toda la tarde así.
Se fueron. Me dejaron en esa posición y en esas condiciones. Yo aproveché para reflexionar en torno a la vida que me esperaba. La vida que se iniciaba para mi.
Al fin, en la noche, llegaron por mi. Se sentaron (la mistress y mi señora) a mis lados, acariciandome toda.
Me levantaron y me condujeron a la sala. Me esperaban las demás. Era una reunión para mostrarme la ropa que de ahora en adelante (sin protestar) debería usar. La sacaron. Me ordenaron ponermela.
Además de mis tacones, esta consistiría en una microfalda de cuero negra, la cual estaba tan corta que no cubría mi vagina y mi colita. En la parte trasera, además, estaba abierta hasta la mitad, de tal manera que no podría hacer nada para cubrirme.
De la micro pendería un delantal que me llegaba hasta los senos. Del delantal penderían un brassier que se sujetaba de los brasos. Además, mis pezoneras las traería todo el tiempo. Mi espalda debía siempre estar al descubierto. También mis piernas. Yo no podía creer que llegara a ese nivel mi esclavitud.
Quieren que continue: wrant88@hotmail.com
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