Allí estaba. La vio, y supo que ella sería su zorrita particular. Llevaba el uniforme escolar de cuadros, la camisa y los calcetines de media pierna, las coletas rubias y los pechos grandes ocultos tras la blazer azul.
Vertió el cloroformo en el pañuelo, y se lo guardó en el bolsillo. Esperó hasta que ella se separó del grupo de amigas.
-Hola, ¿tienes hora? -dijo. La joven sonrió y se miró el reloj.
-Las cinco de la tarde.
-Muchas gracias -dijo con una sonrisa...
falsa-. Huy, me temo que tienes algo enganchado en el cabello.
-¿Ah si? -se tocó el pelo, pero el tio fue más rápido: colocó el pañuelo con el cloroformo en la nariz de la chica, y cuando esta dejó de debatirse, la metió en la furgoneta gris.
Laia despertó con migrañas. Llevaba un collar de perrito atado al cuello, y este estaba atado a la pared con una cadena. Comprobó que no llevaba ropa interior, y que su camisa era más ajustada y su falda parecía sacada de una película hentai. Las medias eran de liguero, y sus zapatos, de plataforma rojos. Llevaba las coletas, y no parecía maquillada. Estaba en un sitio estrecho y de cemento, sin ventanas, como única iluminación habia una bombilla brillante colgando del techo. La puerta era metálica, y tenía una ranura por la parte de abajo. También habian consoladores de distintas formas y tamaños, una televisión y una pila de revistas porno y videos de la misma tematica.
Laia giró la cabeza cuando se abrió la puerta. Un hombre, de unos cuarenta años, entró en la estancia, desnudo.
-Hola, Zorrita. –le dijo. La niña no lo reconoció, pues se había quitado la peluca y las gafas falsas.
-¿Zorrita? –preguntó, extrañada.
-¿Cuántos años tienes?
-13.
-¿Eres virgen?
-No, soy mártir.
El hombre la miró con desaprobación, y cogió un látigo. Azotó en el coño a la niña, que gritó de dolor.
-A tu amo no se le contesta.
-Si, Amo.
El hombre le azotó más veces en el coño.
-Ahora, di que eres una puta hambrienta de polla.
-Si, mi Amo –dijo. Empezaba a sentirse excitada.
-Soy una puta hambrienta de polla, mi Amo.
El Amo palmeó.
-Muy bien, vas aprendiendo. Ahora, contesta a esta pregunta: ¿eres virgen?
-Si, mi Amo, y tengo ganas de follar contigo, mi supremo señor.
El Amo sonrió lascivamente. Abrió de piernas a la chica y empezó a toquetear el clítoris.
-Hum, te tendremos que depilar ese coñito…
Dicho esto, cogió una crema de afeitado y una cuchilla, y empezo a afeitar el coño de Laia, desde el pubis hasta el culo. Quedó blanquito y suavecito, como a él le gustaban.
Cogio unas pinzas, y una la colocó en el clítoris de chica, que gimió de placer y dolor. Empezó a estirar de la pinza, provocando sollozos en la niña.
-¿Te gusta, eh puta?
Laia asintió con los ojos cerrados.
-Eres una pequeña zorra. ¿Cómo puedes llevar una falda tan corta? –le dijo, mientras le deshacía la camisa.
-Si, Amo, soy una zorra a la que le gusta provocar a los hombres.
El Amo lamió los pezones pequeños y erectos de la joven mientras estiraba de la pinza del clítoris.
Le ató las manos para que no se pudiese masturbar y le colocó unas bragas de castidad.
La arrodilló frente a él y le colocó la polla enorme delante de su boca.
-¿Te gusta mi polla, zorra sumisa?
Laia lo miró con cara de viciosa y asintió.
-Si, mi amo, quiero chuparla como la cerda que soy, y quiero que me insultes como a una puta de mierda.
Continuará…
pues me gusta tu relato no hagas caso aver como esta el sig relato felicidades
Teniendo en cuenta los relatos que hay aqui expuestos, me parece desacertado tu comentario, pues esto se debe de mirar desde el punto de vista erótico o porno, no como algo real.
mmmmm, me parece desacertada la temàtica del secuestro de una niña. No creo que lea la segunda parte si es que la hay.
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