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Carolina y la lluvia

Enviado por dafo2011 el 19/10/2011

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Carolina y la lluvia Publicado el 19/10/2011, por: dafo2011

Carolina es una mujer atractiva.

Carolina es mi jefa, lo que teniendo en cuenta las circunstancias, puede ser un problema.
Bueno, para ser sincero, el problema es que Carolina es casada, igual que yo.
Yo soy discreto. Muy discreto. Ni mis amigos más cercanos conocen lo que llamo "mi segunda vida".

Esa segunda vida comenzó con Carolina. Huau, cuando pienso en ella me olvido que tiene 47 años y 3 hijos adolescentes. Tengo un fetiche con las mujeres...

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maduras.

Es una mujer fantástica. Mide 1,70, con hermosas formas. Quizá con un par de kilos de más, pero bien llevados. Su cabello es negro azabache, ligeramente enrulado, le llega por debajo de los hombros. Una frente amplia, uno labios jugosos, Ojos café. Manos pequeñas, Un busto pequeño (no me gustan muy pechugonas), unas amplias caderas y barriga firme y delicada.

Un todo que es un paquete de los dioses. Su voz es suave y cantarina. Me gusta su risa. Sus modales te hacen sentir cómodo y cercano. Algunas mujeres dirían que es "toquetona" porque cuando se acerca a tí, busca la forma de tener contacto físico, tocándote con sus hermosas manos.

No me malinterpretes. No es una "buscona" en el sentido normal. Todo esto ha sido una casualidad, una extrañeza. Un destino inexorable.

A veces te sientes impulsado por el viento o la oportunidad. Nada hubiera pasado si no sucedían una sere afortunada de acontencimientos.

Carolina tenía que dar una charla. En su rol de jefa departamental, debía viajar rápidamente a un par de cientos de kilómetros. El problema es que no manejaba con soltura los datos de mi oficina. Es una buena jefa, y sabe delegar. Conocía los datos globales, claro, pero no los detalles mínimos. Y era muy seguro que se los preguntarían en su exposición.

Así, natural y sin medias tintas, me preguntó si podíamos ir juntos ya que yo era el especialista. Le dije que sí, claro está. Sin saber en que ese viaje cambiaría nuestras vidas.

A la mañana del jueves siguiente, viajamos en mi auto. El suyo quedó con su marido para que pudiera llevar los críos a la escuela, así es que me pareció natural compartir el viaje. A ella no le pareció mal.

Para el mediodía, casi llegando la tarde, y ya almorzados, la charla había sido un éxito. Carolina no sólo es hermosa ¿no te dije que también es brillante? Pues... lo es. Y es un gusto trabajar para ella.

Lo cierto es que llovía copiosamente. Como estábamos en una localidad de montaña, los pasos estaban inundados. La policía lugareña aconsejaba viajar al día siguiente. Mala suerte.
Convinimos en buscar un par de habitaciones en un hotel cercano mientras les avisábamos a nuestras familias.

No quedaron muy contentos su esposo ni mi mujer, pero había que rendirse a lo evidente. No podíamos abandonar la locación.

Llegamos al hotel que resultó ser una posada y quedamos en que iría a buscarla a su habitación después de bañarnos y descansar un rato.

Luego de un par de horas, el cielo seguía cerrado y llovía copiosamente. Descansado, limpio y de buen ánimo, compré en la cocina del hotel un par de cafés (Carolina lo prefiere con crema), algunos trozos de torta de chocolate (¿a quién no le gusta?) y con una bandeja prestada, fui a su habitación a conversar y pasar un rato hasta el anochecer.

Se suponía que cenaríamos en el comedor de la posada.

Cuando Carolina me abrió la puerta, con su amplia sonrisa, tenía el pelo algo mojado. El perfume de su piel me llegó suavemente y una sensación de bienestar me embriagó inmediatamente. Ella tiene ese efecto en mí.

Siempre reacciono así con Carolina. Creo que a un nivel inconsciente yo ya sabía que estaba enamorado. Y creo que a nivel inconsciente también, a ella le pasaba lo mismo.

Se disculpó porque vestía sólo una bata (la ropa se le había mojado), y después de cerrar la puerta, me senté en un pequeño sillón frente al televisor, mientras ella lo hacía en la cama.

Tomando el café comentó lo tensa que estaba luego de la charla, por lo que le propuse darle un masaje en el cuello para relajarla.

Tuve que convencerla, porque al principio dudó un poco.

Creo que cedió por el hecho de conocerme desde varios años atrás, al ingresar a la empresa. Carolina es inteligente y atractiva. Como tal, siempre está a la defensiva porque muchos hombres se le acercan con dobles intenciones. No era mi caso. Yo realmente me siento cómodo cuando ella está presente.

Me senté a su lado y mientras Carolina inclinaba la cabeza lentamente hacia adelante y giraba suavemente para darme la espalda, comencé a frotar su hermoso cuello al tiempo que acariciaba su cabello y el aroma de su cuerpo me envolvía en la tarde gris y lluviosa.

De su boca salían muy suavemente algunos sonidos de placer inocentes. El ruido de la lluvia susurraba suavemente a través de la ventana mientras la brisa húmeda llegaba hasta nosotros.

Me dejé llevar. Seguí masajeando intentando avanzar a sus hombros. Me dí cuenta que no tenía el corpiño puesto. Seguí deslizando mis manos. Mi mano derecha desnudó finalmente su hombroy la bata se deslizó dejando parte de su torso desnudo. Mientras intentaba adivinar su reacción noté que inclinaba su cabeza suavemente a la izquierda, intentando apretar dulcemente mi mano entre su cuelloy su hombro.

La respuesta no dejaba lugar a dudas. Carolina reaccionaba a mis caricias. Una de sus manos se deslizó por mis brazos. La atraje hacia mí para que su espalda, ahora desnuda, se apoyara sobre mi pecho.

Al mismo tiempo mis labios buscaron su cuello, besándolo suavemente mientras aspiraba el perfume de su piel. Mis brazos la rodearon mientras buscaba la cinta que sostenía la bata para desatarla. Al abrila, sentí la piel cálida de su abdomen.

Con movimientos suaves, acaricié su barriguita mientras deslizaba los dedos hacia abajo, hasta llegar al terciopelo de su sexo. Abrí las piernas suavemente y comecé a acariciarle los muslos al tiempo que mis dedos llegaban a la entrepierna.

Parecía un sueño o una fantasía. Mi corazón latía acelerado como el suyo.

Sentíamos la libertad de lo prohibido sin consecuencias.

Lejos de nuestras familias y nuestros hijos, podíamos expresar lo que siempre habíamos sentido el uno por el otro. Nadie podía vernos. Nadie podía acusarnos.

Sólo estábamos ella y yo, mientras la lluvia sonaba cristalina y suave.

El murmullo de un viento ya nocturno, refrescaba nuestros cuerpos desnudos.

Esa fue nuestra primera noche juntos.

Seguimos siendo amantes.

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Categoría: Erotismo y Amor | Comentarios: 0 | Visto: 877 veces

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