Roberto y yo ya llevábamos más de 1 año de ser novios y había regresado de España para pasar Navidad y Año Nuevo con mi familia.
- Princesa, mis papás quieren invitarnos a cenar a su casa, quieres venir?- preguntó un poco nervioso.
- Claro, no hay problema – respondí de al manera más natural.
- Pero también irán mis primos y mis tíos, importa?- preguntó acelerado, me dio la impresión que esperaba un NO de mi parte.
- No, no hay...
problema…sólo avísame a qué hora y si pasas por mí o le digo a Sergio que me lleve.- repliqué ansiosa.
- Cómo crees? Yo paso por ti a eso de las seis – dijo y noté que tenía gente alrededor suyo, sólo le dije que estaba bien y colgué.
La idea de estar con su madre no me aterraba, tampoco con su padre, pero estar con toda la familia Medina en un solo lugar, era despreciablemente horrible e inspiraba pavor. Me llevó casi 2 horas realizar la estupidez en la que me había metido, pero no me quedaba de otra, más que hacerle frente a la situación y con mi mejor cara posible. Tomé mi teléfono y le llamé a mi mejor amigo para contarle el último suceso. Él, muy alentador, como siempre, se puso a reír y yo estaba histérica porque en realidad le llamaba para que me dijera "todo va a salir bien"; sólo lo que quería escuchar.
Me metí a la ducha y, en el frenesí del nerviosismo que me atacaba, decidí lavarme el pelo. Salí de la ducha y puse música para relajarme mientras me ponía la ropa interior. Al cabo de un rato, me di cuenta que me había lavado el pelo y ya casi eran las seis y Roberto ya venía por mí y estaba histérica porque me catalogué como una total tonta. Ni modo, me sequé el pelo a medias y me puse el primer jeans que agarré, la primera blusa roja que vi, no muy escotada, y los primeros zapatos que agarré.
Mi hermana vio todo el proceso y yo sólo veía que ella se tiraba las carcajadas y no le dí importancia hasta un momento antes de salir.
- No es que te vas a ir a cenar con Donald Trump… no es tan malo, si te quieren conocer, es por algo, no? – me dijo mi hermana en tono burlón.
- Ya quiero ver cuando la familia de Gustavo te invite a comer, "solo para conocerte mejor"…vas a estar igual o peor que yo, Didi- le dije, tratando de devolverle la burla.
- Ay, si de todas maneras la mamá de Roberto ya te conoce, el papá también, todos te conocen…cuál es el problema?- preguntó.
- No tengo nada raro en la cara?- le pregunté un poco con sarcasmo.
- A parte de cejas, boca, ojos y nariz…?- preguntó.
- Ando toda cachonda desde hace como una semana, se me nota que estoy en necesidad de sexo desesperadamente, no?- pregunté de regreso.
Mi hermana se tiró otra carcajada de la manera más vil pero, gracias a Dios, Roberto llegó en el momento preciso para salvarme de las garras de mi hermana menor.
- Están contando chistes?- preguntó Roberto al aire.
- Boba! Ja ja ja…lo que pasa es que mi hermana anda con fiebre – le dijo entre su risa estrepitosa y con un guiño de ojos.
- Te sientes mal, Princesa?- preguntó preocupado.
- No, mi hermana está loca… ya necesita su dosis de calmantes para la hiperactividad- le dije entre mi risa mientras hacía el esfuerzo de besarlo en la boca pero opté por besarle en ambas mejillas.
- Bueno, váyanse ya, par de enamorados… ustedes me enferman de tanto amor que derraman.- dijo mi hermana, con ansias de quedarse sola en casa.
Después que mi hermana nos echó de mi cuarto, Roberto trató de besarme y yo me le retuve, me sonrojé. Fuimos todo el camino, hasta la casa de sus padres, charlando de manera civilizada sobre su trabajo y sobre la haraganería que yo había estado derramando desde la mañana.
- Me veo bien? – le pregunté a Roberto un poco nerviosa.
- Ja ja…para nada, te ves hermosa, Princesa – me dijo, agarrándome de la cintura con sus manos y acercándome hacia a él.
- No te quiero besar para que no te queden restos de lápiz labial – le dije, poniéndole una excusa, sabía que si lo besaba, iba a terminar violándolo.
Me sonrió con esa carita de niño, esa carita que me mata, la que me relaja aún en momentos de adrenalina total. Me tomó de la mano y entramos a la casa. Toda la familia estaba ahí, tuve que saludarlos a todos. Me senté entre Roberto y su hermana, platicamos muy a gusto y, conforme el tiempo pasaba, el nerviosismo se iba desvaneciendo. Cuándo anunciaron que la comida estaba lista, y que pasáramos a la cocina para servirnos, todos fueron y sólo Roberto y yo nos quedamos en el jardín.
- Estamos solos…- le susurré.
- Ya lo creo, quieres hacer algo?- me susurró de regreso al oído y puso su mano sobre mi pierna.
- No sé, no me parece apropiado…- le dije un poco sonrojada, aunque por dentro gritaba ‘SI’ con euforia.
Me sonrió, me miró fijamente y, sin desviar la mirada de la mía, me comenzó a acariciar la pierna con su mano, cada vez se acercaba más a mi entrepierna. Me abrió un poco las piernas y, de nerviosismo, bajé la mirada y contemplé su mano haciéndose camino.
- Cuidado, puede que una bomba cause un incendio cerca de tu mano…- le dije sin el más mínimo esfuerzo de hacer contacto visual.
- No te preocupes, tengo una manguera para apagarlo…- me dijo en tono burlón y pícaro.
Le sonreí y, cuando vio que estaba desprevenida, me plantó un beso de lengua. Estábamos en el punto máximo, de besarnos, que Roberto me acariciara la pierna y un poco la entrepierna, cuando apareció uno de los hermanos de él y se aclaró la garganta para hacernos saber que ya había gente presente. En ese instante sentí que todo el mundo me miraba, pero sólo estaba él. Pedimos disculpas y nos dirigimos a la cocina. Éramos los últimos en la fila, Roberto estaba atrás de mí y aprovechaba cada instante posible para tocarme las nalgas o pegarse a mí. Cuando sólo quedábamos nosotros en la cocina, Roberto aprovechó y me abrazó por detrás y me comenzó a besar el cuello.
- Tienes hora límite en tu casa?- me preguntó.
- Mis papás están fuera del país, recuerdas?- dije. Roberto asintió. – Entonces no tengo hora límite, por qué? Tienes algo en mente?- pregunté juguetonamente.
- Ya verás. Sólo háblale a la Didi para que sepa que no llegarás a dormir- me dijo mientras salvajemente abusó de mi entrepierna con su mano.
Se me escapó un ligero gemido y Roberto me miró con misterio, el misterio que tanto me atrae en él. Luego sirvió comida para los dos y fuimos a cenar. Mientras cenábamos, Roberto me acariciaba ligeramente la pierna, me costaba comer porque me hacía cosquilleos que no podía mostrar públicamente, tenía que disimularlos. Al terminar la cena, nos despedimos de su extensa familia y salimos en cuestión de nanosegundos, desesperados por estar solos. No pude ni llegar al carro para besarlo como loca y tocarle su pene sobre el jeans. Esos 10 minutos que hay entre la casa de sus padres y su apartamento, fueron eternos, sentí que pasaban horas y ninguno de los dos tuvo el valor de decir algo en el camino, en lo único que yo podía pensar, era en lo cachonda que me sentía y en lo necesitada que estaba.
Entramos al elevador, íbamos como dos completos extraños, no nos volteábamos a ver, tampoco nos hablábamos, me imagino que el intruso, que se interponía entre lo que hubiera sido una achuchada erótica, se dio cuenta de la tensión pero no dijo nada.
Llegamos al apartamento, al fin, y entré encendiendo luces para poder tener el ambiente adecuado y me dirigí, por inercia, a su cuarto. Roberto venía detrás de mí, me vio parada al borde de su cama y cerró la puerta.
- Hoy si, qué quieres hacer?- le pregunté, esperando algo erótico por respuesta.
- No sé…- dijo con una pausa mientras caminaba hacia mi y se quitaba su camisa. – tal vez hacerte el amor cómo un endemoniado!- me dijo y me agarró de frente plantándome un beso extremadamente lujurioso.
La tensión era agresiva pero me encantaba. Me dio la vuelta y me comenzó a desabotonar la camisa desde atrás mientras me susurraba todo lo que me haría. Me deslizó la camisa hacia fuera y me besó los hombros, estaba más tranquilo pero podía sentir su vibra de lujuria y pasión.
- Eso que me hiciste en casa de tus padres, el acariciarme la pierna sin importar quién nos viera, me excitó a morir- le dije mientras luchaba por quitarle su jeans.
Logré bajarle el jeans, su boxer ajustado se veía increíble, a mis ojos su erección era perfecta, sentí que me mojaba cada vez más de solo verlo.
Me acostó con delicadeza en la cama y me sacó el jeans junto con mis bragas.
- Te voy a hacer gozar…- me dijo de manera extasiada.
Me quité el sostén con dificultades, Roberto miraba mis senos detenidamente. Se acercó a mi y me besó cariñosamente en la boca, fue bajando por el cuello hasta llegar a mis senos. Los tomó en sus manos, los masajeó un poco y comenzó a jugar un poco con ellos con su lengua. Me encantaba la sensación, a veces sólo pasaba su lengua por mis duros y pequeños pezones, y a veces los mordisqueaba ligeramente para hacerme estremecer un poco. Soplaba mis pezones después de haberlos mordisqueado para jugar con la temperatura.
Comenzó a pasar sus dedos por mi vulva, calientita, rosadita, depilada y muy mojada. Roberto me sonrió y comenzó a estimular ágilmente mi clítoris. Bajó hasta tener mi vulva frente a su cara, besó alrededor de ésta y le dio unos lengüetazos superficiales que me provocaron un leve cosquilleo, pero a la vez me excitaron más. Me abrió un poco más las piernas y suspiró.
- Parece que se está incendiando, lo apago o dejo que se siga incendiando?- preguntó de manera juguetona.
Le tomé la cabeza y lo acerqué más a mi vulva, queriéndole decir que quería que me hiciera gritar de placer. Me frotaba el clítoris de manera rápida pero acertadamente. Había aprendido una nueva técnica para tener orgasmos más fuertes por medio de masturbaciones, puse en práctica la contracción y soltura de las paredes vaginales en cuento metió 2 dedos en ella. Se quedó metiéndome los dedos y rozando mi clítoris con su lengua.
- Ahhh…qué rico, Amor!- gemía con frecuencia, con mis caderas al aire.
Me sacó los dedos de la vagina y me los frotó de manera rápida y eficaz sobre mi clítoris. Me movía de manera inestable, Roberto hizo contacto visual conmigo, lo cual me excitó más, y me dejé llevar profundamente por la excitación, teniendo como resultado mi anhelado orgasmo, fue exquisito. Sentí una gran liberación, miré a Roberto y vi su mirada de niño bonito, estaba extasiado por haberme dado tanto placer.
- Por favor, dime que no termina aquí- le supliqué.
- Claro, que no, apenas empieza, así será toda la noche- me respondió con una sonrisa de oreja a oreja mientras todavía pasaba sus dedos por mi vulva.
Me senté de nuevo para besarlo. Roberto me cargó y me llevó al sofá nuevo.
- Con intensiones de estrenarlo, no?- le pregunté un poco desubicada.
Asintió y me volvió a abrir las piernas. Me contuve, las cerré y me senté. Roberto, confundido, se quedó parado y yo, aproveché el momento para quitarle su boxer y ver su pene, el que tanto me gusta.
- Hola, amiguito!- dije en voz baja, tomando su pene en mis manos.
Le di un beso en el glande y recorrí, con mi lengua, todo su pene, de arriba abajo varias veces. Me metí unos instantes su glande a mi boca y Roberto me recostó sobre el sofá de nuevo. Contemplaba su pene con deseo, ese pene que me volvía loca, tan grande, tan perfecto, con ese glande divino…
Me pasó su glande a lo largo de mi vulva por unos momentos, cuando rozaba mi clítoris era inevitable no gemir. No sabía para donde ver, no sabía si verlo a él, su cara de emoción, o a sus manos sosteniendo su pene que me rozaba mi clítoris con ligereza, cualquiera que viera, me excitaría aún más. Tomé mis senos en mis manos y seguí viendo su pene recorrer mi vulva, una y otra vez, pero nunca me aburría, hubiera querido que nunca parara.
- Me encanta cuando estás así de mojada, cuando tienes esa carita de deseo y lujuria, me encantas…- me dijo Roberto guiando su mirada para enfocarse en cómo yo jugaba con mis senos.
- Penétrame ya, quiero sentirte adentro!- le grité desesperada, pero él me dio una mirada que me indicó que tenía algo más planeado para mí.
Sacó un artefacto no conocido por mi persona de una gaveta. No podía quitarle la vista de encima a esta especie de huevo miniatura.
- Esto te va a encantar, lo compré especialmente para ti. – me dijo dándome un beso en mi vulva. – Relájate, te va a encantar, lo prometo.- terminó.
El aparato comenzó a hacer un tipo de ruido, ya no sabía ni qué pensar. Acercó el artefacto a mi clítoris y pude sentir las ondas vibratorias. Lo colocó suavemente sobre mi clítoris y me metió 2 dedos de nuevo en la vagina.
- Mmmmm…Ahhh…carajo, qué rico eso que me haces, Amor!- grité despavoridamente.
Siguió dándome placer con el vibrador, mi clítoris muy sensible, mi vagina se contraía y se aflojaba de manera inconsciente.
- Me vengo, me vengo!- gemí con dificultad, excitación y satisfacción. – Exquisito, demasiado bueno- le admití al recuperarme.
Me plantó un beso apasionado en la boca. Me hizo al lado y se acostó detrás de mí, levantó un poco mi pierna e introduje su pene en mi vagina. Comenzó despacio y no me penetraba tan hondo. Estaba en las nubes, le pedí que me lo hiciera más rápido, más rudo, y así lo hizo. Metió todo su pene dentro de mí y me hizo gemir, de un dolor hermoso y de placer inaudito. De alguna manera, sabía que era bastante placer el que estaba recibiendo, pero quería más placer y, al mismo tiempo, quería sorprender a Roberto. Me coloqué encima de él, le daba la cara, introduje su pene sin cortar el contacto visual… comencé a penetrarme y en algunos segundos, comencé a gemir de nuevo. Llevé mi mano hasta mi vulva y comencé a tocarme el clítoris. Roberto me miró de la manera que esperaba, sorprendido e intrigado. Dejé de penetrarme y sólo me tocaba mi clítoris, tal y como lo hacía cuando me masturbaba. Sentía el pene de Roberto en mi interior, tornándose más erecto y duro, los ojos de Roberto no se apartaban de mis dedos en mi clítoris.
Me incliné, dirigiéndome a su oído. – Mmmmm…- le susurré. Luego le planté un beso en la boca y me quedé en esa posición, gimiéndole de cerca. Volví a penetrarme sin dejar de tocarme el clítoris, Roberto gozaba como niño emocionado. Me cansé de penetrarme entonces él me comenzó a penetrar de la manera más suave y tierna, me seguía tocando. Me apoyé con un brazo por la parte de atrás y dejé ver toda mi vulva y mis senos de manera paralela a Roberto. Ahora, él podía apreciar mi autoestimulación.
Le dije que quería que me penetrara desde atrás, me puso en posición de perrito y primero me rozó su pene contra mi vulva. Agarré su pene y lo introduje de nuevo, me volví a estimular el clítoris. Me comenzó a penetrar bastante fuerte, tal y cómo lo había prometido, me estaba haciendo el amor como un endemoniado, me penetraba hondamente y me daba nalgadas de cuando en cuando.
- Amor, me vengo de nuevo!- grité e inmediatamente me vine. Roberto no paró de penetrarme. Me encantaba escuchar el choque de nuestras pieles, escuchar que me penetraba y escucharlo a él decir mi nombre.
Me cambió de posición y me puso de misionero. Estaba totalmente con su cuerpo sobre el mío, nuestras respiraciones se cortaban y yo sentía ni poder abrir los ojos de tanto placer, tenía abrazado a Roberto para sostenerme de algo, sentía delicioso que mis pezones ligeramente rozaran su pecho. Me miró, me plantó un beso y me penetró como nunca, más rápido que nunca, más rico…se quedó paralizado con mi mirada, entendí que era su momento. Asentí, lo tomé de las nalgas y lo presioné contra mí, eyaculó. Se dejó recostar sobre mí. Lo abracé y jugué con su pelo.
- Te daría 20, pero sólo llega hasta 10- le dije en voz baja.
- Yo te diera más, me has dejado boquiabierto con tu actuación- me dijo un poco más calmado. – Me tomaste por sorpresa, pero te digo, se veía de lo más sensual, me encantó.- terminó de decir, mientras se acostaba a mi lado y me abrazaba.
Nos levantamos al baño a bañarnos juntos rápidamente y nos acostamos desnudos en su cama. Me abrazó, hablamos por un rato mientras me acariciaba mis senos con sus dedos. Me dio un beso en la frente y a los minutos me quedé dormida.
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