Eylin, con su altura de 1.76, pechos medianos y trasero prominente, decidió llevarme a pasar un buen momento a casa suya. Sin pretexto alguno lo hice, y a cada alto que marcaban los semáforos la besa con enorme pasión, escuchando sus gemidos cerca de mi oído que me excitaron.
Toqué su pierna bien torneada mientras nos besábamos, no podía dejar de sentir la sensación caliente de su sexo que impregnaba mi mano. Eylin volvió a arrancar el automóvil dio unas cuantas vueltas y llegamos a su...
casa algo grande.
- Siéntete cómodo- dijo tomándome de la mano. Caminaba frente a mí, y podía ver como su bonito trasero subía y bajaba cuando caminaba, la tela de sus jeans se estiraba por la figura exclusiva.
Disfrutábamos juntos del juego de nuestras bocas, mis manos comenzaron a resbalarse por su cintura curvilínea. La pasión nos invadía.
- Debo llevarte a la cama, Eylin, eres una verdadera diosa- dije suavemente.
- Es lo que deseo, no pares de besarme mientras te llevo.
Llegamos a su cama tan cómoda, comencé a quitarle la playera azul eléctrico que llevaba, ajustada a su figura. Siguiente metía una mano en el bolsillo trasero de sus jeans ajustados y pude sentir la curva de su nalga izquierda lentamente la apretaba hasta sentir como la erección llegaba a su máximo. Eylin me besaba el cuello y me sacó la ropa.
- Hazme el amor como jamás a nadie, juega conmigo a lo “inmoral” soy tu sensación tu mi cariño, hazme sentir hoy mujer querida.
Con su cuerpo desnudo, la tomé sobre la cama, mis labios succionaban cada parte de su cuerpo. Sus pechos rosaban mi abdomen, mi sexo, todo mi cuerpo.
- Ahora descubre el tesoro preciado de las mujeres, que aunque un gran valor ya no tiene te llevará al gozo.
Lentamente mi sexo se convino con el suyo mientras sus gemidos se hacían fuertes.
-Ah, ah, ah, ah, ah
Uno y dos, de adentro a fuera, silenciamos los gemidos en un profundo beso, ella estaba sobre mí, lo que me permitió deslizar mis manos por toda su espalda, curvas y trasero prominente, su morena piel tersa.
- ¿quisieras intentarlo?- Eylin se puso a cuatro ofreciendo su sexo entero, sin preámbulos lentamente comencé a meter mi sexo en el de ella, era la sensación exquisita que jamás ha sentido mi líbido.
- ¿Te gusta? ah, casi ocurre.
- Ah, ah, no pares, ah
Sus pechos medianos danzaban y se oía como mi pubis golpeaba su piel a un soniso “plaf, plaf” prontó llegó una eyaculación.
- ¡Si! Ahhhhhhhhhhhhh
Quedamos recostados en su cama cuando ella tuvo su extasis, nos besamos y toque sus pechos, desnudos bese sus pechos y ella se recostó sobre mí, dejé mis manos en su mayor atributo, y pegados el uno al otro nos quedamos dormidos.
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