El agua sostenida en un cielo encapotado se fragmento de golpe en mil pedazos. La lluvia empezó a caer con mucha fuerza. Hacía mucho frió. Lucía y Lucas fueron a refugiarse de la lluvia entrando en el edificio donde vivía ella con sus padres. Una vez dentro cerraron con llave. Se habían empapado en apenas unos segundos. Dejaron las bebidas alcohólica, el tabaco, el bolso y los hielos ya derretidos en la escalera. No había nadie. Estaban en penumbra, bajo estos escalones se encontraba la tenue...
luz que se colaba por el ascensor. No se oía a nadie mas. Solo existían el y ella. Él mirando como las gotas caían desde la raíz del pelo de Lucia hasta su barbilla, se dio cuenta de una cosa; de nuevo había llovido solo para ellos dos.
Ella tampoco podía dejarlo de mirar. Lucia tenia muchas ganas de que la besara. Entre ellos había nacido algo especial, eso saltaba a la vista, pero todavía no habían traspasado los limites de la pura amistad. Empezó a reír, le gustaba que él la mirara con tanta ternura.
Lucia necesitaba más, mucho más. Por dentro ardía. Notaba como se humedecía, se le estaba mojando la braga. Sus pupilas se habían dilatado, ahora eran mucho mas grandes, y pedían a gritos que la follara. Lucas supo interpretar el lenguaje no verbal de ella a la perfección. Se acerco decidido. La sujeto por el cuello, y acerco sus labios contra los de ella de forma brusca, ya no había salida. Durante unos segundos los labios de ella permanecieron sellados, pero a él no le importo. Apretó con mas fuerza hasta que consiguió ganarse la entrada al palacio. Ella separo sus labios y estiro su lengua en busca de gente como ella, y no tardo en encontrarla. Se saludaron, con delicadeza, rozándose, después empezaron a discutir acaloradamente hasta darse empujones, cada vez mas fuertes. Era una batalla. La lengua de él era mas larga, pero estaba siendo vencida. Jamás había disfrutado perdiendo una pelea. Esta vez no le importaba.
Ambos respiraban de forma agitada. La mano derecha de Lucas bajo desde el cuello de ella hacia abajo. Como buen explorador, palpaba cada centímetro con detenimiento, pero por los pechos de ella apenas se detuvo unos segundos. Ella continuaba vestida. La mano de él seguía bajando por encima de su ropa mojada. Se paro debajo de su falda. Sin prisas, acariciaba despacio, avanzando con cuidado. Primero por encima de su tanga, después solo con esa mano cogió la goma y tiro de ella para poder bajarla por sus muslos y sus bonitas piernas hasta dejarlas por los tobillos, por encima de los tacones que todavía llevaba puestos.
Volvió a subir la mano con rapidez hasta llegar a debajo de su sexo. Ahí continuo avanzando, pero mucha mas despacio, todavía no quería entrar en la gran sala acorralada.
La mano izquierda que hasta ahora había estado observando desde el cuello bajo hasta sus grandes senos, y con brusquedad tiro de la camiseta hacia abajo sujetando al mismo tiempo el sujetador, dejando así, los dos bonitos pechos a la vista. Eran perfectos.
Las uñas de su mano izquierda empezaron a dibujar líneas oblicuas por encima de ellos, mientras dos dedos de su mano derecha pasaban con sumo cuidado por encima de su sexo, sin introducirse, y a continuación acariciaban su clítoris.
Ella estaba ardiendo de deseo, tenia los ojos cerrados, no quería hacer el mínimo ruido, pero no podía controlarse. Su respiración y ritmo cardiaco se aceleraban al unísono, pequeños gemidos intentaban salir de su boca. Lucía estaba contra la pared con ambos brazos inutilizados.
Se preguntó si él notaria como la temperatura de su cuerpo subía varios grados de temperatura, desprendiendo a su alrededor un inconfundible aire caliente. Notaba un suave cosquilleo en su vagina, al mismo tiempo que continuaba lubricándose a borbotones.
La respiración de Lucas también estaba acelerada, la podía escuchar a escasos centímetros de su propio cuerpo, cada vez mas cerca de ella, hasta que por fin poso sus labios en su cuello para besarlo con pasión. Lucía estaba fuera de sí, y en medio de la niebla soltó algo que ella en estado de conciencia jamás habría dicho:
- Méteme los dedos en mi coño... - temblaba- por favor
Él dejo un segundo de besar su cuello para sonreír, después continuó con los besos, mientras los dedos de su mano derecha abrían los labios mayores de su vagina. Introdujo despacio el dedo índice . Primero solo la punta del dedo, después cada vez introducía mas parte del dedo. Lo metía y lo sacaba, no demasiado rápido, ni muy lento.
- Méteme dos dedos, por favor
Lucas obedeció inmediatamente. Introdujo los dos dedos hasta el fondo y comenzó acariciar la pared superior de la vagina. Cada vez mas fuerte, sin sacar los dedos. Con la otra mano bajo hasta la pelvis, presionando con fuerza para notar así sus dedos de dentro de la vagina. Ella se retorcía de placer.
A él le estaba volviendo loco verla así, tenia de ella una imagen de chica tímida e inhibida.
La polla se le ponía dura y se le marcaba en el tejano todavía mojado. Quería sacársela del pantalón, metérsela en la boca, hasta la garganta, después penetrarla y follarla duramente, pero debía esperar todavía quería notarla mas húmeda, que ella se lo suplicara a él. Retrasar al máximo el momento de la penetración para que fuese el éxtasis, los fuegos artificiales.
Llevaba mucho tiempo esperando ese momento, masturbándose pensando en ella.
Lucía tenia una relación dese hacía muchos años. Solo había conocido dos pollas en su vida. De la primera, hacia ya muchísimos años y solo fue una vez que la vio. La segunda que conoció ya la tenia demasiado lamida y follada, no le mojaba igual que al principio.
Lucía deseaba ver una polla nueva, con otro tamaño y otro olor. Solo por una noche, después ella volvería con la polla de siempre, y de vez en cuando se masturbaría recordando la noche de hoy.
Lucas pensó que ya era el momento de ayudarse de la boca para masturbarle, y así hizo. Bajo su boca hasta el clítoris y empezó a chuparlo, mientras el dedo índice y el corazón de su mano derecha seguían dentro de su sexo, acariciando las paredes internas de la vagina, estas cada vez estaban mas húmedas y calientes.
Justo en el momento que Lucas se metió su clítoris en la boca, Lucía creyó que iba a morirse de placer. Lo tenia como un perro a sus pies, chupando y lamiendo el clítoris, y con su mano derecha acariciando el coño. No podía mas, quería que se sacase la polla de una puta vez y la follara contra la pared como a una perra en celo. Lucas pareció leerle de nuevo el pensamiento, porque al cabo de menos de un minuto se puso de pie, y mientras la miraba a los ojos se quito el cinturón, los zapatos y los tejanos en un santiamén. Ella abatida contra la pared lo miraba con ansias. Por ultimo, él solito se quito los calzoncillos dejando su gran y gorda polla al aire libre, saludando a la damisela que esperaba su llegada entre palmas y silbidos.
Era mucho mas grande que la de su novio, debajo le colgaban unos grandes testículos, y no estaba depilado. Ya era hora de que probara a un buen mulato, pensó ella y sonrío con disimulo. El seguía con la polla en la mano, observándola sin decir nada, con una sonrisa malévola en la cara.
Lucía no entendía que quería ahora él. ¿ Acaso Lucas esperaba que ella pudiese meterse esa cosa tan enorme dentro de la boca?, ganas no le faltaban, de chupar una polla negra, lamerla , escupirle en el capullo, volver a metérsela en la boca, pero si él le cogia de la cabeza a ella y le daba por follarle la garganta se iba ahogar seguro. Tenia una mezcla entre miedo y deseo que le excitaba como jamás lo había hecho el idiota de su novio.
A Lucas le encantaba que le chuparan la polla, sobretodo las mujeres blancas. Le ponía a mil, inocentes chicas que cuando le quitaban la ropa se quedaban boquiabiertas, tal como le había pasado a ella. Pero en este momento le tenia demasiadas ganas. Quería follarla contra la pared. Se acerco a ella decididamente le dio la vuelta con dureza. Tanta que Lucía por poco se cae al suelo. Puso ambas palmas contra la pared para apoyarse, saco el culo en pompa. Lucas sujetaba su cintura mientras observaba la imagen que tenia frente a el. Lucía estaba que temblaba, meneaba el culo, se moría de ganas porque él la penetrara. Tenia los ojos cerrados, y se le escapaban pequeños gemidos, previos al éxtasis que sabia que tardaría poco en llegar. Su cuerpo decía '' folláme empotrador''
Lucas se chupo dos dedos de su mano derecha, y los introdujo despacio dentro de su vagina, acariciando suavemente. Unos segundos mas tarde, saco los dedos y metió la polla, despacio, sin prisas, hasta el fondo, donde sus testículos chocaron con su sexo.
Después comenzó a acelerar el ritmo, bien cogida por la cintura. En un par de minutos Lucas estaba dándole semejantes pollazos que en la escalera no se oía nada más, que el chocar de sus cuerpos y el gemido de ambos. El gemido de Lucas contenido, el de Lucia a grito pelado. De vez en cuando intentaba contenerse tapándose la boca o tapándosela él, pero era inútil porque estaba gozando como una perra.
Los dos lo sabían. Lucía le pedía que por favor no parase, que la follara, todavía mas fuerte, que al día siguiente quería sentir dolor y acordarse de como le follaba.
Perdieron la noción del tiempo. El sudor empezaba a caer por la frente de él. A ella le temblaban las manos, por dentro ardía. Cada embestida de Lucas era para Lucía una mezcla entre dolor y placer, y no tardo en explotar, un orgasmo que resonó en todo el edificio. Él noto como su vagina se mojaba a chorros.
Lucía lo tuvo claro, y le pidió que no terminara todavía, que se corriese en su boca.
Lucas saco la polla de su coño, le dio la vuelta, le ordeno que se pusiera de rodillas y abriese la boca. El semen cayo en su cara, y dentro de su boca. Se lo trago todo, se relamía los dedos con los que se limpiaba los restos. Lucía se sentía una perra, infiel y sucia, eso le encantaba en esos momentos.
Jamás volvieron a verse, ella nunca lo olvido, el tampoco a ella.
Reyes y Molinos
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