Era una tarde casi al anochecer. Todos los estudiantes salían de sus colegios y se dirigían a sus casas. Como la mayoría de colegios se encuentran en otra ciudad casi todos viajan en buses de servicio colectivo. Estaba oscureciendo y cuando entramos mi novia y yo al bus, encontramos uno vacío. Yo me senté en la ventana y ella a mi lado. El uniforme de su colegio era una blusa blanca y una falda verde a cuadros que le llegaba un poco más allá de las rodillas, además usaba medias blancas...
debajito de las rodillas. Ella es algo morocha, el cabello le llegaba a media espalda, de estatura como de 1.6 metros y con muy buenos senos y muy buen derrier.
Al principio no había gente pero el bus comenzó a llenarse y terminó por estar repleto. Cuando partió de la ciudad estaba completamente lleno y todavía había algo de luz natural, pero cuando llegamos a mitad del camino, el bus casi se vació y además ya había caído la noche. Como estábamos casi al medio, y había algunas personas en los asientos de adelante y a la par, decidimos pasar al último asiento para poder besarnos sin que nadie nos viera ni nos escuchara. Entonces el bus arrancó y el piloto puso música, a todo volumen para nuestro gusto, porque entonces nadie nos escucharía.
Todavía faltaba algo así como cuarenta y cinco minutos o una hora de camino, así que comenzamos a besarnos.
Primero la besé suave, despacio, tomaba sus labios con los míos y poco a poco introducía mi lengua en su boca, la suya estaba en la mía, yo la abrazaba, la apretaba contra mí y sentía sus senos en mi pecho y mientras más la apretaba más los sentía y mas nos excitábamos. Al principio tenía mi brazo derecho en su cintura, pero a medida que nos fuimos calentando yo fui bajando cada vez más mi mano hasta llegar a sus muslos, sentía su piel, subía y bajaba mis manos, todavía no había tocado sus braguitas. Poco a poco me fui acercando a sus braguitas y con la yema de mis dedos sentí sus bragas mojaditas, ella gemía pero no se escuchaba mucho porque la música ahogaba los ruidos. Ella comenzó a bajar su mano suave y encontró mi pantalón, desató mi cinturón, luego bajó mi bragueta, y tomó con su mano suave mi pene muy erecto. En ese momento yo tenía mis dedos sobre su braguita mojada, entonces la hice a un lado y comencé a meter mis dedos en su vagina. Podia sentir sus labios super exitados y comencé a buscar su punto g. Metía y sacaba mis dedos en su vagina mientras ella subía y bajaba su mano enrolladita alrededor de mi pene que estaba a punto de estallar. De repente ella lo soltó y comenzó a agacharse.
Comenzó a lamer el prepucio con una suavidad que me hacía llegar al cielo. De pronto se metío todo mi pene a su boca y comenzó a subir y bajar su cabeza, yo la ayudaba con mis dos manos porque ya no alcanzaba su vagina. Aceleró el ritmo y entonces no soporté más y me vine dentro de ella. No tuve tiempo de saber que había hecho ella con mi semen, pero supongo que no pudo escupirlo. Yo había acabado pero ella aun estaba muy excitada, así que le dije al oído que se parara un rato. Cuando ella lo hizo, metí mis manos bajo su falda y tomé su braguita de los dos lados y la bajé hasta sus pies, le dije que se sentara de nuevo y entonces le quité el calzonzito por completo. Lo tomé, todavía mojado y lo metí en mi bolsa como recuerdo de esa gran escena se sexo en la que nos encontrábamos y que solo nosotros podíamos sentir, ni siquiera ver porque estaba totalmente oscuro. Entonces yo comenzé a besar toda su vagina, le introducía mi lengua lo más que podía y estaba buscando su clítoris. Cuando lo encontré comenzé a estimularlo con la lengua a lo que ella respondía con gemidos que ahogaba en su chaqueta, temblaban sus piernas, entonces yo lamía más y más su sexo hasta que ella tuvo un orgasmo que aun no entiendo como logró callar. Ella no dejaba de sacudirse, y yo trataba de detenerla empujándola con sus senos hacia el asiento. Asi que cuando ella terminó, comenzamos a ver las luces de la ciudad en donde vivíamos. Entonces enciendieron las luces de adentro del bus y pude ver que su cara estaba roja a más no poder. Y respiraba como si acabara de correr una maratón. Entonces yo reincorporé y me volví a sentar, y entonces ella se acercó a mi y comenzamos a besarnos de nuevo, muy apasionadamente, luego más suave y más suave hasta que solo quedaron nuestros labios entrelazados. Entonces todos comenzaron a bajar del bus, y nosotros bajamos también. Como ella vive cerca de la estación, la tomé de la mano y la acompañé hasta su casa, no nos atrevíamos a decir nada pero nuestras sonrisas eran señal de un placer imposible de describir. Cuando llegamos a su puerta, ella me dijo “no tengo bragas, no me las volviste a poner, seguro se quedaron en el bus” la ví y en su cara había algo de morbo y temor, porque al limpiar el bus, sabrían quienes nos sentamos ahí por ultima vez y sabrían lo que habría pasado, entonces decidí no decirle nada y guardar como trofeo aquellas braguitas rosas empapadas en sus jugos con olor a mujer.
Me exita ese tipo de historia y tener valor para hacerlo en un autobus
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