Mis amigos me habían metido en problemas y yo siempre hacía de chivo expiatorio por su culpa. Tampoco era soplón, mantenía mi palabra de compañero. Lo que daba como resultado su nulo respeto hacia mí.
- Hoy, tus amigos de clase y tú se han portado bastante mal. - Me hizo saber Kimi, la secretaria del Sr. Franco, dueño de la mercadería de la escuela y administrador de la misma. - ¡Ésta tienda es mi negocio!
- Sí, Kimi, lo siento... - Contesté, tímidamente, con la...
cabeza gacha.
- ¡Eso dicen todos, todos los ladrones! - Continuó, dando un golpe a la mesa. - Hacen de las suyas y luego se disculpan.
Me sentía avergonzado de mí mismo y sólo estaba allí, sentado en un banquillo, oyendo las palabras de Kimi, con los ojos cerrados y la cabeza hacia abajo. Mientras ella seguía con su molestia, de brazos cruzados, justo delante de mí:
- Me parece que no te va demasiado mal en la vida... A muchos otros les cuesta más vivir y no van haciendo éstas cosas, por ahí...
- Sí... - Respondí, levemente. - La verdad, lo siento muchísimo.
- Tienes mucha suerte, el jefe no vino hoy, por su resfrío. - Agregó ella. - Si te hubiera descubierto robando, te aseguro que hubiera llamado a la policía.
- ¡¿Qué?! - Exclamé. - ¡¿A la policía?!
En ese momento, si alguien se enteraba, me vería más que muerto. Así que sólo hice lo que más y mejor sabía hacer: suplicar. Entonces, me tiré del asiento y me postré a sus pies, implorándole:
- ¡Por favor, no le diga nada a su jefe! ¡¡POR FAVOR!! - Exclamaba, con ayuda de lloriqueo fingido.
- De acuerdo. Sólo si prometes obedecerme en todo lo que te diga. - Agregó ella, arrodillándose para verme cara a cara.
- ¿Qué? ¿Obedecerte? - Interrogué, sorprendido, sin saber de qué estaba hablando.
- Si prometes obedecerme, no le diré al jefe nada de todo ésto, pero... - Fue lo que dijo, hasta que la interrumpí inmediatamente, creyendo que me salvaría sin problemas futuros de esa situación:
- ¡Sí, te lo prometo!
- Entonces, te voy a dar la primera orden, ahora mismo. ¿Está bien? - Propuso, al levantarnos del suelo.
- Está bien. - Respondí.
- Quítate la ropa, ahora mismo.
Yo miraba a Kimi con cara de "¡¿Eh?!". Me sentía nervioso y raro. Si lo hacía, ninguna autoridad se enteraría de lo de mis amigos y yo. Si no, me veía en un correccional de menores. Así que sólo obedecí.
- No veo el lugar más importante. - Señaló Kimi, indicando que tenía mis manos cubriendo mi entrepierna. - ¡Quita de ahí las manos!
Obedecí. La tensión que yo sentía era tanta, que mi pene se encontraba flácido. En eso, se me acerca y me la toca con la mano, diciendo:
- Vaya. La tienes totalmente pequeña. Así no vamos a poder usarla. Es como la de mi ex-novio.
En ese momento, me agarra fuertemente de mi miembro y comienza a masturbarme, cada vez más y más rárido y fuerte. Y yo no lo resistía.
-Ésta debe ser tu primera vez. Está gustándote, ¿Verdad? Y pensé que a nadie le gustaría mis trabajos manuales. - Ella era la única que hablaba, mientras yo sentía cosas extrañas.
No pude aguantarlo y me corrí.
- Me manchaste con tu sémen. - Dijo ella, con la cara embarrada de sémen.
- Lo siento, me ha gustado tanto que... No podía más. - Agregué, como echándome culpa.
Se limpió el sémen que tenía en la cara y en la mano, con la boca. En eso, se sienta sobre el escritorio, se quita su pollera, su braga y se habre de piernas. Y se levanta su blusa, mostrando sus enormes pechos. Momentáneamente, me indica que le de sexo oral. Y, haciéndoselo, ella habla:
- Clávame la lengua dentro de la vagina. Eso es, chúpamela, de punta a punta. Me encanta que un chico como tú me coma así la vagina.
- ¿Qué tal, Kimi? - Pregunté. - ¿De verdad no pensabas que iba a gustarte tanto que alguien como yo te chupe la vagina?
- No, no es eso. - Respondió. - Está bastante bueno. Vamos, ahora por el ano.
No me detuve con mi lengua en su ardiente y mojada vagina. Ella lo disfrutaba tanto.
- Así que... - Dice ella. - Ya está bien. Prometiste obedecerme y no le dirás ésto a nadie. Hoy voy a ser tu exclava sexual... ¡¡Y ES UNA ORDEN!! - Exclamó, volteándose, invitándome con su ano.
Esa orden me mató sin la necesidad de haberme disparado. No lo pensé ni medio segundo y ya le introduje totalmente, en su culo, mi erecto pene.
- ¡Es genial, hacía tanto tiempo! ¡Cómo noto cómo me la clavas! ¡¡QUÉ PENE TAN RICO!! - Exclamaba, con sus gemidos de orgasmo. - ¡Oh, sí!
Yo presionaba tanto que me iba a venirme, otra vez, en cualquier momento. Kimi decía que aguante un poco más, pero era bastante pedir. Kimi lo sobregozaba, quizás más que yo, sus gritos de excitación eran casi retumbantes.
- Disculpa, Kimi, te he manchado todo el culo. - Le dije, al detenerme, por haberme corrido.
- Muy bien... - Contestó, intentando recuperar el aliento. - Sí, está bien. A partir de ahora, será mejor.
Esa fue la primera (Y no la única ni la última) vez que lo hicimos. Después de las vacaciones del Sr. Franco, Kimi tomó provisoriamente las tareas de su jefe. Y, raramente (Sólo para mis amigos), me metía en problemas, yo solo, justo en esa sección de la escuela.
MUY BUENO . YO QUIERO QUE ME PASE A MI .JA.JA.JA............
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