Tu web de Relatos Eroticos de Fantasias

Relatos Eroticos

Un atardecer muy torrido con mi vecino

Enviado por ambarlor el 2/2/2011

Ingreso de Usuarios Disfruta del mejor contenido erótico ahora mismo !!

REGISTRARME !!
Buscar Relatos

Búsqueda Avanzada
Leer Relato Erótico
Un atardecer muy torrido con mi vecino Publicado el 02/02/2011, por: ambarlor

Hacía cuatro días que las temperaturas no bajaban de los 38ºC, me estaba muriendo de calor, ya no sabía que más quitarme. Por si fuera poco desde mi ventana se podía ver la estupenda piscina del vecino y a su estupendo dueño bañándose cada tarde. Era uno de esos tipos que dan muchas fiestas para gente pija, de esos que se conservan bastante bien para ya tener unos añitos. Cada vez que le veía bañarse mi temperatura corporal subía unos grados de más. Lucia un torso definido y bronceado, unos...

Cams XXX Reales Online

brazos largos y musculados, y se podía intuir el enorme paquete que gastaba gracias a los minúsculos bañadores que se ponía.

Una tarde el calor se volvió más asfixiante de lo normal y no pude remediar cometer una estupidez. Me puse mi diminuto biquini de palabra de honor (queremos que el sol deje el menor número de marcas en nuestro cuerpo) de color blanco que hacía juego con mi preciosa piel color melocotón, y me dispuse a buscar la manera de cruzar el muro que me separaba de la deliciosa y fresquita piscina del vecino. Mi búsqueda concluyo con un banquete alto que había en la cocina, calcule que me bastaría para saltar el muro, y así fue. Pude saltar y colarme en el chalet de al lado, pero me lleve un buen golpetazo y se me rompió la parte de arriba del bikini. No sabía que hacer, me encontraba usurpando la casa de mi vecino medio desnuda, pero de pronto el reflejo del agua incidió en mi vista como si hubiera divisado oro puro. No me lo pensé y me lance de cabeza a la piscina. Uff, fue una sensación de alivio, de placer, de frescura. Mis pezones se pusieron duros al contacto con el agua, era una sensación nueva, estar medio desnuda en una piscina para mi sola. Entonces se me ocurrió que porque no quitarse la otra parte, total él no estaba en casa, nadie me vería. Fue toda una liberación. Comencé a nadar, a bucear como una sirena bajo el mar. Me sentía libre, sin ataduras, sin nada en lo que pensar. En ese momento no existía otra cosa que la libertad.
Se me debieron de pasar las horas volando, ya que cuando volví a ser consciente de donde estaba era demasiado tarde. La puerta del chalet que deba al jardín se abrió. Se quedo parado mirándome fijamente pensando en que hacer. Yo estaba muy asustada, no sabía que iba a ser de mi. Entonces empezó a quitarse la corbata y los zapatos.

- Tu eres la hija de mis vecinos ¿no? ¿Amanda puede ser?
- Si señor.
- Has crecido mucho, ¿Cuántos años tienes Amanda?
- Acabo de cumplir los 18.
- Vaya, vaya, o sea que ya eres toda una mujer.
- Bueno.
- Y dime Amanda ¿Cómo has acabado dentro de mi piscina toda desnuda?
- Pues es que últimamente hace mucho calor y desde mi ventana veo su piscina y hoy no he podido aguantarlo más y se me ha ocurrido que no le importaría si me daba un bañito. Pero ya me iba no se preocupe.
- No si no pasa nada, puedes venir las veces que quieras.
- Gracias, muchas gracias. Podría prestarme una toalla, es que se me ha roto el bikini…
- ¿Pero cómo? Ya te vas, yo pensaba que nos podíamos dar un chapuzón juntos ya que estas aquí.
- Pero es que me encuentro desnuda.
- Bueno entonces lo justo es que yo también me bañe desnudo ¿no te parece?

No me dio ni tiempo a responder, se había ido desnudando poco a poco y se metió dentro de la piscina de cabeza, sin que pudiera decir nada. Salió del agua delante de mí. Nunca le había tenido tan cerca, tenía unos preciosos ojos verdes que le daban una intensidad brutal a su mirada. No tendría más de treinta y pocos, me moría por saber cómo era estar con un hombre de verdad y no con esa panda de imbéciles del instituto.

- ¿Qué te gusta mi piscina?
- Si me encanta, el agua esta fresquita a pesar de que le da todo el día el sol, creo que tiene la temperatura perfecta.
- Yo también lo creo.

Se fue acercando más y más a mí. Me tenía acorralada contra una esquina de la piscina. Mi cabeza me decía que eso no estaba bien, pero mi cuerpo me estaba diciendo que era exactamente lo que necesitaba y quería. No tuve tiempo para decidirlo, me planto un beso y pronto estuvimos abrazados el uno al otro. Su lengua se movía con maestría en mi boca, jamás me habían besado de aquella manera, era fantástico. Dejaba mi boca solo para continuar besándome el cuello y darme tiempo para coger aire y poder seguir besándole.

Pronto pasamos a tocarnos, sus músculos se tensaban y me agarraban fuerte para que no nos hundiésemos bajo el agua. Sus manos retorcían mis pezones haciéndolos bailar bajo el agua. Yo echaba mi cabeza y mi pecho hacia atrás para que pudiera besar mis tetas a su antojo. Me encontraba cada vez más húmeda y pude notar como creía su excitación a gran velocidad. Baje mi mano para comprobar de cual pasta estaba echó. Era enorme y dura, mi excitación no podía ir a más hasta que el metió uno de sus dedos dentro de mí y comenzó a frotar con suavidad. Todos mis sentidos estaban alerta, el roce con el agua, su piel, todo me producía placer. Comenzó a besarme de nuevo y me puso contra la pared. Me abrió las piernas, me sostuvo con sus fuertes brazos y me penetro. Note una fuerte sacudida, era demasiado grande y al principio sentí un poco de dolor, pero que se convirtió en el mayor de los placeres. Parecía que se quisiera hacer paso a través de mí. Me empujaba fuertemente contra la pared una y otra vez. Con una mano me sujetaba el muslo y con la otra me agarraba la cabeza suavemente para poder besarme el cuello. Las embestidas cada vez eran más fuertes, rítmicas y frecuentes. Se formaban pequeñas olas que rompían en mis pechos procurándome un placer que jamás había sentido en el agua. El contraste de nuestros cuerpos calientes con el frescor del agua proporcionaba un clímax inigualable.

Mi placer era casi extremo, pero necesitaba tenerlo más dentro de mí. Empecé a mover mi cadera hacia él para que la penetración fuera lo más intensa posible. Todo su miembro entraba y salía sin dificultad. Subió mis piernas hasta su cuello, lo que nos proporciono un nuevo ángulo y un mayor placer. No aguante más y me corrí. Me corrí como nunca lo había hecho. Pero eso no le impidió proseguir. Parecía que fuese incansable. Esta vez se puso él contra la pared y me monte sobre él para poder subir y bajar con mayor facilidad. Todo mi cuerpo estaba sufriendo increíbles descargas de placer. Sus manos recorrían mi pecho, su lengua se retorcía con la mía, y su pene no paraba de penetrarme dándome el mayor de los placeres. Eche mi pecho para atrás buscando un ángulo mayor de penetración y todo mi cuerpo se vio inundado por otro increíble orgasmo.

Segundos más tarde él también se corrió, llenándome de su semen por completo. Nuestros cuerpos que aun seguían sintiendo sendas descargas de placer, pero se fueron acomodaron el uno al otro. Me abrazó y sostuvo hasta que mi cuerpo paro de temblar. Nos separamos tras un largo e intenso beso de despedida. Me invito a pasar a su casa, a tomar algo y me dio permiso para ir a bañarme a su piscina siempre que quisiese con la única condición de que fuese desnuda.

Aquel verano fue el más caluroso que recuerdo, pero no solo por las altas temperaturas.

Calificación: 5 | Votos: 3
Categoría: Fantasias | Comentarios: 1 | Visto: 8425 veces

Últimos Comentarios Agregados
1

Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí