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Cuatro Amigos

Enviado por pulido el 7/4/2009

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Cuatro Amigos Publicado el 07/04/2009, por: pulido

Trigésima primera parte: Dillon empieza a caminar...y Trigésima segunda parte El aniversario…

Antes de seguir, debo dar algunas explicaciones, varias, en verdad lo de dejar el relato es una decisión que revoqué en virtud de los comentarios y de los correos que recibí. Los agradezco, sinceramente…mucho más de lo que pudieran creer…

Lo que me impulsó a intentar renunciar es que se apoderó de mí la sensación de que la historia se hace banal y sin sentido, y que en mi...

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intento estaba cayendo en el fracaso y mis personajes caen demasiado fácil en el sexo, llevándome al convencimiento que mi intento original se iba diluyendo en algo trivial e insignificante. Lo que quería y aún quiero, (y no sé si lo logro) es mostrar el cómo se experimenta el amor humano, (heterosexual u homosexual) con todas sus vicisitudes, conflictos, triunfos y fracasos, y me fui perdiendo en una historia confusa en que el protagonista principal es extremadamente complejo; de verdad que tratar a Marcelo dentro de marcos que corresponden a un joven de sólo catorce años se me ha escapado de las manos. Se me hace muy adulto. Además he usado una técnica literaria muy compleja, (inexperiencia) sólo un punto de vista, el de Marcelo; ése ha sido mi más grande error, me deja atado de manos para saber qué les pasa, qué sienten los demás actores de este novelón que, como decimos los chilenos, es "cebollero" (así me ha parecido de pronto). El escritor omnisciente, que todo lo sabe y está en las almas de todos los personajes, tiene esas ventajas. He tenido que dejar a Marcelo y su forma de ser, reaccionar y sentir, sólo infiriendo lo que le ocurre a los demás y me he negado yo mismo la posibilidad de mostrar plenamente lo que he tenido como intención desde el principio: el experimentar el amor como lo experimentan los humanos, con momentos mágicos, felices, feos, mediocres, triunfantes o en el fracaso absoluto.

Espero las más severas críticas, dado que se podría pensar (legítimamente) que he usado un truco sucio para atraer la atención sobre mi relato. No, estimados lectores, no ha sido ésa mi intención. Al fin y al cabo es sólo para divertirse.

Desde ya mis saludos y agradecimientos a sus comentarios, (incluso las críticas duras) espero que esta "cebolla" que escribo, no pase a una descomposición penosa.

***

La ya clásica precaución (que a muchos enerva):

***

Esta es la continuación de la historia de Marcelo y Camilo, de Danilo y ahora de Dillon. Varias personas me dijeron que lloraron a Gio, lamento haberlos entristecido. Le rindo homenaje a mi héroe suizo-italiano. En algún momento pensé matar a Danilo, pero este tipo "da más jugo" que el joven Giovanni, sin embargo, Gio permanecerá durante todo el resto de la historia.

Entonces, de nuevo la advertencia: esta es esencialmente una historia de sexo homosexual entre púberes. Esta parte está casi enteramente dedicada a los jueguitos iniciales de Di y Marcelo, también se darán cuenta que Marcelo es muy histérico (como casi todos los homosexuales – o bisexuales –), lo que ya se auguraba en capítulos anteriores. Si no tiene edad legal para leer este tipo de relatos, o es ilegal en su localidad, no siga adelante. Otra advertencia, si no le agradan las relaciones homosexuales no lo lea tampoco.

El uso de condón en estas descripciones se omite, pese a ello se recomienda fuertemente su uso en la realidad, máxime si sólo es sexo ocasional o no se conoce bien a la pareja. Igualmente los protagonistas hacen uso de drogas como aliciente, las que recomiendo usar en forma moderada, responsable y sólo bajo claras condiciones de seguridad. Jamás use drogas cuando maneja, de ninguna naturaleza. Los nombres y apellidos son pura ficción, las coincidencias son sólo eso. Vamos adelante.

***

Yío era tan inquieto fuera del vientre de Natalia como lo había sido en su útero, a veces un poquito desesperante. Aún estaba muy colorado y su pelo como pelusa era de un rubio casi blanco, los ojos de un gris acerado, "se volverán azules", había afirmado el pediatra. El mocoso era una quimera entre Nat, yo, papá y mamá, succionaba los pechos de Natalia como un cerdito. En una sesión muy tensa conversamos por fin con el pediatra y debimos invocar los secretos profesionales para que guardara su silencio respeto de la relación entre nosotros los papás del bicho este. El hombre se vio en problemas para aceptarlo, pero finalmente se vio obligado a guardar silencio, dijo que el escenario cambiaba y ordenó una batería de exámenes, desde sangre a ADN, radiografía y escáneres, desarrollo osteológicos y de órganos. Sentimos chillar a nuestro hijo cuando lo pincharon en su pequeño brazo.

Al cabo de los exámenes, con una gran sonrisa, dijo que el chico era un "torito" sano y fuerte, y que el tiempo diría acerca de las habilidades mentales del muchacho, pero que hasta ahora todas sus capacidades de desarrollo motor y conductas eran perfectas. Papá y mamá, suspiraron aliviados.

Natalie apareció por casa un día, luego de avisar, traía su van repleta de cosas, con ropas que le durarían hasta los cinco años, juguetes hasta las próximas tres navidades y los doce cumpleaños siguientes, y una cuenta a nombre de Yío Walsh Birthway, por 50 mil dólares (con sus respectivos intereses acumulativos) a los que tendría acceso a los 18 años y que debieran ser usados sólo para su educación. Se nombraba albacea de los fondos a Nat.

Ya estábamos cerca de cumplir dos año de noviazgo con Camilo, planificamos desde irnos a la playa, a Villarrica y hasta Mendoza, idea que los papás de Camilo resistieron y decidimos no presionar. Pese a ello, y para nuestra frustración, habían concedido encantados autorización legal a Danilo para que fuera a Italia, por semanas, con los Giordano para que todos juntos paliaran su dolor por la muerte de Giovanni. El argumenta era que si había dejado de ir al colegio por tanto tiempo, y pese a ello con gran éxito académico, dos semanas más no harían daño.

Mis padres estaban tan entusiasmados con Yío que volaban a la casa luego de cada jornada de trabajo y pasaban horas con nuestro hijo, malcriándolo por supuesto. Natalia reclamaba, pero era más bien un protocolo, ella ponía sus pechos, todo lo demás lo hacían las empleadas, mis viejos contrataron a dos empleadas más, y empezaron a llamar "príncipe" al jovenzuelo, que parecía creer que eso era.

Decidimos con Camilo que daba lo mismo donde fuéramos o hiciéramos en nuestro aniversario, era suficiente el hecho de estar juntos. Ver juntos a Camilo y papá cada vez más frecuentemente, no me preocupaba. Di estaba subiendo en mi espíritu como la espuma y apagaba mis crecientes celos.

Mi novio y yo decidimos volver a la cordillera, pese al feo accidente en la oportunidad primera, esta vez se comprometió a no hacer tonterías, y que todo iría bien. Y fue todo muy bien, nos gozamos el uno al otro y aún nos dimos tiempo de alguna fantasía…

***

Pasaba a buscar a Di en la mañana y lo dejaba en la tarde a la entrada de su casa. Llevaba todas su cosas en una mochila un poco grande, quizás en él se veía grande, Di medía un metro cuarenta y dos, pesaba 45 kilogramos, más bien flaco. Pequeño para doce años. Sus ojos azules chispeaban, y su agilidad era definitivamente asombrosa. Muy rápido de mente cuando estaba en ambientes de confianza, esta habilidad se apagaba por una timidez casi anormal, hablaba lo justo y suficiente, aunque yo notaba que conmigo era mucho más locuaz que con cualquier otra persona.

Un día lo dejé a la entrada de su elegante casa. — ¿Quieres tomar "el" merienda conmigo?, mis papás no están, pero yo "pueda decirlas" que den me permiso para que usted pueda ir a casa. — me dijo en su mal español. Me sorprendió que tuviera que pedir autorización para que pudiera ir a su casa. Pero yo no juzgaba las costumbres de los hogares de mis amigos y conocidos (había conocido algunos mucho más extraños) y que Di pidiera autorización era casi normal. Luego de hablar por teléfono me dijo — Mum, dijo que no hay problema, que dejemos limpio, ¿si? —

Entramos a su casa, (todas estas putas casas tienen perros, y grandes, y algunos viciosos) de extraordinaria elegancia y buen gusto; había un pequeño problema: demasiado ordenada, demasiado perfecta. Di me pidió que esperase en el living mientras iba a la cocina a preparar la merienda, sobre un aparador vi un florero de cristal (no me cupo duda, checoslovaco o algo así) con flores carísimas, incluida una orquídea tropical, todo en simetría perfecta, me acerqué a mirar con más detalles. Al borde del pie del florero había dos marcas en el mueble, que coincidían perfectamente con sendas marcas poco notorias, casi imperceptibles, en el pie del fino cristal; saqué mi regla, medí las distancias desde las marcas hasta los bordes del fino mueble, encina sin duda. Las distancias eran perfectamente simétricas, el florero estaba centrado exactamente en el mueble.

Me sorprendí. Miré a mi alrededor: TODO era perfecto, todo estaba dispuesto según medidas, cuadros perfectamente aplomados, todos a 1,45 m desde el suelo, se me ocurrió contar las volutas de una cortina, exactamente 34 a cada lado, todas sin una arruga en simetría perfecta. Me divirtió, pero también me preocupó, me parecía antifisiológico. Di me llamó mientras yo estudiaba los detalles de la habitación, al llegar a la cocina lo vi dejar un librito rápidamente entre los platos, tenía la mesa dispuesta como para una fiesta, una fuente con cereales, exactamente con igual contenido, una fruta cortada en cuatro, servilletas idénticas, en fin, miré las cosas dispuestas en la mesa. Eran casi idénticas, salvo el vaso de leche. El de él tenía un poco menos. Me dijo muy cortésmente que iba al baño y volvía enseguida, que lo disculpara. En cuanto salió de la cocina me levanté como un rayo a mirar el librito, lo hojeé. Decía en inglés "Dos personas: dueño de casa a la cabecera, visita a la derecha, siempre. Y abajo un esquema, lo comparé con la mesa, eran iguales, en el esquema salían medidas, desde la distancia del plato de cereales hasta la cucharilla, y la distancia de las servilletas al borde de la mesa. Guardé rápidamente el librito pues oí venir a Di. "Estos están definitivamente locos" pensé para mí. Di apareció con el rostro despejado, recién lavado, el pelo húmedo y peinado perfectamente. "Éste está definitivamente loco". La invitación a tomar una simple once se había transformado en una empaquetada etiqueta en que lo único que no era artificial era la fruta cortada en cuatro partes. TODO; todo lo demás eran producto envasado, hasta el pan.

Un tanto embarazados tomamos la once, y me fui a casa. Lo invitaría yo mañana a tomar onces a mi casa...

***

Ya se había hecho una costumbre que en la arboleda nos detuviéramos a orinar. Desde la aventura de "yo te lo miro, tú me lo miras" no habíamos ni siquiera hablado del tema. Terminé antes que él, y al terminar le di un empujón mientras su chorro aún salía copioso. Lo hice tambalear, riéndose me dijo que se las pagaría. Cuando terminó, se me vino encima y empezó a luchar conmigo, débil de fuerza pero con mucho entusiasmo saltó sobre mis espaldas haciéndome trastabillar hasta hacerme caer de bruces, se montó sobre mí, me bastaba tomarlo de un mano y girarlo para vencerlo, pero lo dejé que me tomara, me agarró del cuello y se apretó contra mí poniendo su cara contra la mía de modo que nuestras mejillas estaba pegadas una a la otra. Me tomó los brazos con sólo una mano y me los sujetó. Con la otra, me tomó de un hombro y me aplastó. Me ordenó — Give up!, right now!, give up, boy!—

Lo miré divertido — I give up!, I give up!, please! forgive me, I beg your pardon!!, Sir— apoyó su mano en mi cara y me puso de lado, puso su mejilla contra la mía. Apretándomela fuertemente con la suya. Me soltó, se levantó, mirándome divertido mientras jadeaba. Le saqué la lengua, me levanté rápidamente y salí corriendo alejándome de él, — You!!... come on...! — me gritó y salió corriendo tras de mí. Lo dejé que me alcanzara y saltó sobre mí, botándome de bruces fácilmente, esta vez me sujetó las manos atrás, — I’ll punish your bun!!— y me dio dos palmadas suaves en el trasero.

— Ouch, ouch, ouch... please, forgive me, forgive me...! — Grité con voz compungida. Me di vuelta rápidamente, se vio sorprendido, sujetándolo sorpresivamente, lo puse bocabajo, su trasero se delineó perfectamente en sus ropas y aún los bordes sus calzoncillos se notaban bajo su pantalón, levanté mi mano para darle una palmada en el trasero. Me detuvo su cara de pánico, real, aterrorizada.

— Mur - sa – lowh!, please, no...! — quedé atónito, estábamos jugando, y de ser algo divertido, para él se transformó en algo aterrante. Lo solté. Me miró aún con miedo. — Pensé que pegar me en el trasero, muy fuerte... — su mal castellano era definitivamente encantador, fascinante y a mi se me hacía sensual. Pero ahora estaba francamente asustado.

— Es sólo un juego, Di, no quise asustarte, además tú no me pegaste fuerte, y yo ni siquiera iba a pegarte, sólo iba a amenazarte y sólo en juego, ¿estás bien?, ¿quieres seguir jugando? — mi última pregunta era sólo para calmarlo, me quedé extrañado.

— Bueno, sí, es divertido... — Me levanté y salí corriendo de nuevo, está vez me metí al bosque, pasó corriendo por mi lado como un celaje, lo vi desaparecer entre la arboleda, lo seguí rápida y silenciosamente, estaba seguro que lo iba a sorprender a la vuelta de unos árboles ¡no estaba!, miré sorprendido, a todas partes. Caminé unos metros…

… y me cayó encima desde el árbol al que había trepado como un mono, llegó a mi espalda pesadamente y esta vez me fui de bruces no a propósito, efectivamente me derribó. Me sujetó. Un poco conmocionado lo dejé hacer, me dio dos palmadas suaves en el trasero…

(¡No me estás pegando chiquito, me estás tocando el poto!,…¡ y estoy dejando que lo hagas!…) reflexioné.

Me soltó, me levanté de nuevo para salir corriendo. Al llegar a un par de árboles salté a un lado. Lo vi pasar pero esta vez lo miré hacer. Tres metros más allá saltó precipitada y pasmosamente a una rama y con una pirueta asombrosa se dobló hacia arriba para quedar en la rama, exactamente como un mono. Acuclillado en la rama con los pies apoyados en ella y las manos conteniendo el equilibrio.

Ok, ése es tu truco. Avancé, sabía donde estaba. Me ubiqué bajo él mirando a todos lados sabiendo que se vendría sobre mí, me puse firme. Y como esperaba saltó sobre mí. Justo a mi espalda. Esta vez no me botó. — I give up. I give up... don’t beat me, please... I’ll obey you! — dije suplicando.

Me soltó, se puso frente a mí muy serio. — You gave up, didn’t you?, so I can demand from you what I want, isn’t it?

— Yes, I give up; you can demand on me what you want... — dije serio.

Si estaba serio, esta vez lo decoró con un rostro que alcanzó niveles extraordinarios de rubor. Su facciones se pusieron dudidativas, ansiosas, creo que con algo de temor.

— Mur - sa – lowh!, IT is just a game, you know, welllll... ya know… just a game… I’m just kidding…

— I know, and I like it... what d’u want ask me?

— Mur - sa - lowh, if you don’t want… ok… tell me…

Ok, aquí vamos chiquito, quieres ver mi "peter" de nuevo, pensé para mí. Afirmé seriamente con mi cabeza. Mi perversión se hizo brutal: si quieres eso, ¡me lo chuparás!…

—I want to see… eh… u’r bun! —Lo miré sorprendido y divertido, puso cara de pánico t trago saliva visiblemente . Pero no dijo nada.

Me di vuelta, deshice la hebilla de mi pantalón, solté el broche metálico, y bajé el cierre, mi pantalón jean cayó hasta mis tobillos, quedé sólo con una camisa arremangada en la cintura y unos calzoncillos llamados bikinis cubriendo mis ancas. Lo miré por sobre mi hombro, su cara era de fotografía, de momento Kodak. Los ojos tremendamente abiertos, fijos en mi trasero, sus labios, si los tenía sonrosados, esta vez entreabiertos, estaban a un nivel de rubor que se los había puesto casi rojos, respiraba lentamente por la boca y su pecho le levantaba.

— Without mah-ee undies? — pregunté perversamente mirándolo.

— Yy... yyyy... yye... yeeee... sss, ppppleasssse...! — tartamudeó.

Puse mis dedos pulgares en los costados de las bandas elásticas de mi bikini, y los bajé, hasta la mitad de mi trasero, de modo que sólo le exhibí la mitad de mi partidura. Volví a mirarlo por sobre mi hombro, Dillon temblaba de arriba abajo, su erección era evidente, formando una ostensible y evidente tienda en el frente de su pantalón.

— If you wanna see my ass, fully, you should drag down my undies... — Me miró, se acercó y tomó con una de sus manos el fondo de mi diminuto calzoncillo, para arrastrarlo hacia abajo. Resbaló por mis piernas desnudas. El exhibirme desvergonzadamente ante Di estaba surgiendo efecto en mí, mi pene se puso rígido, estaba erecto, en el ángulo que hacía que se irguiese como un guerrero en ceremonia militar.

— Can... can... you... ehhh... turn around?— lo sentí más seguro en su demanda. Pero decidí desafiarlo.

— Yes, I can... but... should I do?

— Y... yyyy... yye... yeeee... sss, if you want… I mean… yy... yes…! — Tartamudeó.

Me volví un poco dificultosamente debido a mis tobillos entorpecidos por mi ropa alrededor de ellos. Lo vi tragar saliva, su cara era un tomate maduro, miró directamente a mi pene erecto, se agachó.

— May, I... may I... touch... yyour bun?

Decidí poner condiciones. — Only if you allow me to touch yours... deal? — Dije con cara seria.

Tragó saliva, —without my undies? — preguntó un poco temeroso.

— Yes, without your undies... — respondí secamente. Mi pene dio un involuntario salto, que lo hizo abrir sus ojos.

— Deal... — contestó.

Se puso detrás de mí (mi poto era irresistible, definitivamente), Di apoyó un dedo en mi mejilla derecha. Dibujó un poco en ella. Su toque era excitante, pero tan tímido que era casi para despertar la impaciencia. Apoyó la palma en ella, sentí el calor de su mano, me acarició, sentí que apoyó la otra en mi otra mejilla, las bajó hasta cerca de mis piernas y me las apretó suavemente. Lo sentí emitir un ahogado — gasp—. Se puso delante de mí, se arrodilló frente a genitalia (¿me lo va a chupar?, pensé). Me miró entre medio, mi pulsante erección estaba a centímetros de su cara. (do it boy, do it..., le gritaba en mi mente).

— May, I... may I... touch... it?

— Only if I allowed touching yours... deal?

Hizo un par de gestos afirmativos. Puso su dedo pulgar en la base de la cabeza de mi pene. Lo deslizó suavemente hasta la base, siguió su dedo hasta mi saco. Envalentonándose, tomó mis pelos, los acarició entre sus dedos, y con toda su mano, agarró la vara de mi pene, arrancando de mí, un —ohhh! —. La retiró inmediatamente.

—Hurt? — preguntó alarmado.

— No, Di... it’s good... no... it’s great... you may touch it, again, if you want... — dije con ansiedad.

Esta vez Di había perdido la timidez, tomó mi vara con ambas manos, y aún alcanzó mi glande como callampa. De pronto me aterré. Vi la hora, era tarde.

— Stop, Dee, I like it... but, it’s late, we should go!! —

— But, your turn... —

— No, we’ll’ve another chance, other day... you are late, me too, we should go…— Dije asertivamente — but, we’ve deal… don’t we?

Me vestí, subimos a la moto, lo dejé a la entrada de su casa. Dillon todavía tiritaba, me pidió que le jurara de nuevo que no se lo diría a nadie. Se lo juré un par de veces, un poco impaciente la segunda vez, que le reasegurara que yo no estaba enojado con él y que no me enojaría, y que no dejaríamos de ser amigos. Este chiquito machacaba mi paciencia, pero tenía l magia de doblegarme.

***

En casa Yío estaba haciendo sus líos de nuevo, me armé de valor, le saqué los pañales sucios, y aún se los cambié, al lavarle el trasero con agua tibia, su pene se erectó (¡Queer! Dije para mis adentros), al comentárselo a Nat, se rió, me dijo que eso ocurría siempre, con mamá, con la empleadas, y aún con Camilo, que no tenía problemas en sacarle los excrementos a Yío. Yo lo había escuchado como comentario entre pasillos, y se prestaba para todo tipo de especulaciones, en especial de las empleadas y niñeras.

Hice mis deberes escolares, (Di se me metía entremedio del Gobierno de Don Salvador Allende y el General Pinochet, en relación al 11 de septiembre de 1973). Pero lo espantaba con un mediano éxito. Es difícil estudiar si cada cinco minutos se empieza a poner duro entre las piernas.

Di mi mis primeros pasos a meterme en problemas.

En mi trabajo anual de historia, mi padre me ayudó un poco, don Tanilo me había ayudado mucho, me explicó con muchos detalles documentados, las circunstancias que llevaron al país al desastre económico primero, y político después, para desembocar en una dictadura vigorosamente represiva; las Fuerzas Armadas de Chile son sumamente profesionales, pero su posición política ha sido siempre cercana a los sectores económicamente más poderosos; en la preparación del golpe militar en Chile intervinieron directa y secretamente la CIA del Gobierno de Estados Unidos: el presidente Señor Richard Nixon y el Señor Henry Kissinger. Con la eficiente ayuda de la CIA a través de la International Telephone and Telegraph (ITT). Precisamente estos párrafos de mi composición (muy poco neutrales en verdad) fueron motivo de conflicto en mi colegio, que mantenía una posición políticamente correcta: es decir neutralidad absoluta (además es un colegio derechamente estadounidense). Que un alumno esbozase una idea que tenía ciertas inclinaciones, o al menos dejara ver una tendencia, produjo algo de urticaria en mi profesor de historia (no había controlado a su alumno). La gracia de mi tarea de investigación era que estaba respaldada con documentos de la época, desclasificados de la CIA y otros y todas las evidencias reunidas me llevaban a la única e irrevocable conclusión de que Chile había sido intervenido por una potencia extranjera, con la complicidad de los sectores más derechistas del país. Papá argumentó que era una tarea bien hecha, pero eso no justificaba mi eventual inclinación. Finalmente respondí lo primero que se me vino a la cabeza para que justificara el tinte izquierdista de mi composición. Creo que pude haber sido más inteligente, pero me ganó la sinceridad:

— Soy chileno, nací en este país, vivo en este país, quiero a este país, viviré en este país, y por tanto es también mi historia y tengo derecho a tener opinión de ella...

Eso zanjó todo, al menos en mi familia; pero significó poco menos que un inusitado consejo de profesores de mi colegio al que fue citado mi papá; mi nota, un punto menos que la máxima, fue subida al máximo durante la sesión, el coordinador educativo del área humanista bufó un poco, mi profesor de historia puso cara de sorprendido pero declaró que si mi calificación no subía al máximo, él renunciaba definitivamente, me guiñó un ojo. Mi papá me miró un poco sorprendido, mamá se habría manifestado poco escandalizada (pero no estaba ahí). Yo puse cara de perro cachorro que no ha hecho nada (frente a una zapatilla rota). El coordinador general indicó que "el escrito del joven Walsh" si bien meritorio, no podría "entrar al concurso del año". Todos los trabajos de toda la enseñanza media de todo el colegio, que tuviesen nota máxima, que implicasen búsqueda de información, entraban a un concurso en que de todos ellos se ubicaba al mejor y ése tenía un premio, usualmente un viaje.

Camilo nos esperaba en el pasillo, con cara de preocupado, le contamos el resultado, se sintió muy contento, lamentó la exclusión pero aplaudió que me hubieran calificado con nota máxima.

Llegamos a casa después de almuerzo de un día viernes (Danilo seguía en Europa y había llamado a sus papá desde Suiza, donde había nacido Gio, luego irían a Ámsterdam). Camilo estaba verde de envidia y no lo disimulaba.

***

Papá ensilló su caballo, mientras le enseñaba a Camilo a hacer lo propio con el suyo. Luego de corregirlo y apretar cada cincha, en que papá se ponía detrás de él para ayudarlo, le estiro una mano hacia su rostro, apoyó un dedo en el entrecejo de Cami, y lo deslizó suavemente por su nariz hasta llegar a la punta, y de ahí tocó su labio superior. Un gesto tierno,… mucho...

...yo conocía ese gesto. ¡NO ERA TIERNO! Era sensual. Yo la había sentido... ¡y ese conchesumadre de Camilo se rendía como puta barata, se lo lamió el muy conchesumadre!!…

...partieron a dar un paseo, los vi alejarse. No me invitaron.

Mamá, Nat, Yío, Mariah, los papás de Ce y De, se fueron a la playa en la mañana, Nat debía regresar al colegio el lunes y aprovechaba los últimos días antes de volver a la rutina de colegio. Había un séquito completo para atender al "Príncipe". ¡Chiquillo conchesumadre!, ya lo agarraría yo a que aprendiera a valerse sólo…

¡Di!... ¡Di!... tomé mi moto, partí en ella, llegué a la casa de Dillon, me detuve fuera, no se veía nada ni a nadie, la casa parecía solitaria, además esos perros conchesumadres eran muy bravos. Suspiré, di media vuelta, la crisis mundial de los combustibles y de alimentos ya resonaba en todos los medios, de modo que renuncié a dar un paseo en moto y volví a casa. Ya me alejaba cuando sentí un grito.

— Mur - sa – lowh.... Mur - sa – looooooowh —Di, era Di, frené en seco, haciendo que mi moto derrapara un poco, pero la controlé, para volver frente a la enorme verja que rodeaba la elegante casa de Dillon y su familia. El cachorro rubio y hermoso estaba en la verja, agarrando dos barrotes (de doce milímetros cada uno y de tres metros de altura), su cara a medio salir, los ojos medios llorosos — "volvista"!!! gracias a dios que "volvista"!!, por favor espere "usted" — (me encantaba que me tratara de usted). — Espera un momento—

Sacó una llave y abrió la verja, afortunadamente los putos perros se mantuvieron alejados, entramos a su casa. Sus papás estaban en el living, Di me presentó, las caras no eran hostiles, pero frías, ambos, padre y madre me habían conocido, estaban en el momento en que Yío había nacido, lo habían llevado debido a las insistencias del cachorrito; escucharon las canciones, incluso habían visto las banderas multicolores del movimiento gay, local y mundial, más las músicas del fantástico Händel, las de The Queen, etcétera. Un acontecimiento "Poco Sobrio". Percibí que ése era el lugar menos acogedor del planeta y decidí que debía irme a la brevedad posible. Yo no le gustaba a esa gente. Pero lancé un guante.

— ¿Le darían permiso a Dillon para salir conmigo?

— Half an hour…— dijo la madre, sonriendo, pero con una decisión de sentencia judicial.

Monté a Di a la moto, salimos, iba feliz, llegamos al lugar de la arboleda. Di se abrazó a mí, puso su cara contra la mía. Me apretó con toda su fuerza.

— D’u want to see my bun and my peter? — me dijo rápidamente.

— No, Dee, I don’t… — Pareció decepcionado — I just wanted to see you… and give you a kiss…— Lo besé en la cara. En sus cejas y en sus ojos. Se apretó aún más a mí. Aunque estoy seguro, absolutamente seguro, que quería un beso en sus labios, no se lo di... cruelmente le soplé en su boca.

Lo monté en la moto. Lo dejé en la entrada de su casa, exactamente treinta y un minutos después. Me despedí en español de sus padres, que me respondieron cortésmente en inglés y me fui.

***

Mister Hide… asomó su cara…

***

Llegué a la base de una loma, apreté los dientes hasta que me crujieron, aceleré la moto y rugió como un animal furioso, levantó la rueda delantera como un potro encabritado, apoyé la rueda delantera en el suelo, alcancé 180 kilómetros por hora, al llegar a la cima mi vehículo saltó quince metros en el aire. Caí en la rueda trasera, la siguiente loma quedaba a unos quinientos metros, esta vez llegué a 200 kilómetros por hora, volé a unos 10 metros de altura por lo menos unos 20 metros, el motor de mi moto resonó por unos segundos, al máximo, sin roce alguno, su sonido se hizo agudo hasta un aullido, sensual, caí en la rueda trasera, arrancó pasto, la dominé casi perdiendo el equilibrio, grité con furia —¡AAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRGGGGGGGGHHHHHH!!!! con todos mis pulmones hasta que mi garganta me atragantó de dolor mientras luchaba por no rodar, la otra loma quedaba a unos 200 metros, detuve mi moto; aceleré mirándola, un desafío, volví a gritar, la furia se había apoderado de mí…

¡La frustración con Di!

¡Los celos espantosos de Camilo y papá, de ambos hijos de puta. ¡Conchas de su madre!

¡El que me cuestionaran mis trabajos escolares!, ¡esos maracos frente a la VERDAD!

¡El que los padres de Di me despreciaran!, ¡Imbéciles probretones!

¡Que mi madre raptara a mi hijo, como si fuera de ella. ¡ Vieja güe’ona ‘e mierda!!!!!

¡Que me sintiera maricón!

¡El que estuviera transformando a un muchacho de doce años en otro maricón!

Me arranqué el casco, lo lancé lejos, me bajé de la moto, me desnudé entero, mis zapatillas quedaron en cualquier parte; me monté en la moto, aceleré al máximo, la moto aulló hasta casi fundirse, la rueda trasera empezó a humear espantosamente, solté el embrague, la moto se levantó encabritada, avanzó unos 10 metros en la rueda trasera, cuando las dos ruedas tocaron el suelo, miré el velocímetro, 220 kilómetros por hora, la moto rugía, alcanzó la cima, y volé, el aullido del motor era ensordecedor, cayó la moto en la rueda trasera, se viró a la izquierda, frenando bruscamente, la aceleré al máximo hasta que alcanzó velocidad, logré enderezarme, frente a mí un matorral se me interpuso, aceleré de nuevo, la moto se levantó, pasó por sobre el arbusto, un puto árbol de interpuso giré a la derecha para esquivarlo, la moto derrapó, la enderecé y me detuve, sentado en la moto, apagué el motor, apreté los puños y abriendo los brazos tensos, tomé aire, elevé mi cabeza al cielo. Y grité, mi aullido fue ronco, como un rugido profundo y bramado:

— ¿POR QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ…..!!!!—

Me dolió la garganta. Estaba celoso, enloquecido de celos y despecho. Cuando ya no tuve más fuerzas para gritar una y otra vez la estúpida pregunta, jadeante, me bajé del vehículo, bajé mi cabeza, caminé unos pasos y me quedé allí quieto cayendo finalmente de rodillas, desnudo bajo un vespertino sol debilucho. Sollozando como un niño pequeño.

Escuché claramente la voz de papá, grave y calmada como [casi] siempre, — ¿Por qué qué Marc? —

Camilo apareció corriendo en su (¡MI!) caballo Pipo. Se bajó rápidamente a mirar cómo estaba yo, que frente a mi papá lo miraba, papá estaba montado en mi yegua Pipa, la que olía mi aroma y denotaba inquietud. Mi padre esperaba una respuesta formal. Y yo no tenía la más puta intención de contestarle nada a ese ¡hijo de puta!

Camilo y Bob habían visto todas mis piruetas en las lomas; ambos, aterrados me habían seguido a todo galope, cada peligrosa evolución la habían seguido gritándome, pero una moto a 200 kilómetros por hora es difícil de seguir aún a caballo, y produce mucho ruido, verme volar al menos 20 metros los había sacado de ellos; en cada oportunidad que volé, papá gritaba ¡Hijo, dios, hijo! Pensando que moriría destrozado.

No me interesó ni su cara ni su actitud hostil, sabía que me castigaría, aún así un Walsh como yo necesita dar explicaciones, esas no podía eludirlas. Explique que me sentía frustrado, despojado, eludí lo de Di, esa parte no la dije. Terminé de dar las explicaciones que pedía papá.

— ¿Y esa son razones para buscar una suerte de suicidio heroico?, ¿no es más fácil encarar la situación?... — preguntó serio y grave.

—Quizás, papá... — respondí— pero no puedo absorber todo, no quiero defenderme alegando que soy joven, pero lo soy. — Papá entendió, tanto por el tono de mi voz como por mi actitud que en mi se había producido ese temido cambio.

— Vamos a buscar tu ropa hijo, hace frío—, la encontramos y me vestí. [La palabra hijo, dicha de la forma en que lo dijo, era una forma singular y papá sabía lo que hacía al usarla]. Bob aún no se decidía a retarme o a emitir una sentencia de castigo. Llegamos a la casa, preparamos algo de comer.

— Camilo, ¿tendrías la bondad de esperar en tu habitación?, estoy seguro que comprenderás que Marcelo y yo debemos conversar en privado... — Camilo no esperó a una segunda invitación, se puso de pie y se fue a su habitación, estaba definitivamente atemorizado. Fuimos al estudio de papá, una suerte de lugar sagrado, al que no podía entrar sin la expresa autorización del Señor Walsh. Yo ya me predisponía negativamente a una conversación llena de recriminaciones. Me había serenado. Debía... bueno... había metido las patas y me había comportado como un histérico, sin reflexión, y exponiéndome innecesariamente.

— Hijo— papá se rascó la cabeza, inició un largo y un poco aburrido discurso. Habló de responsabilidad, desde la que había que tener con las motos y con los caballos hasta con la que se debe enfrentar la propia existencia. De los riesgos y de las búsquedas de venganza haciendo sufrir al otro, pero exponiendo la vida propia. Eso era lisa y llanamente histeria. Bordeó la idea de celos que parecían atacarme y que definitivamente no era capaz de controlar. Me llevó casi al borde las lágrimas hasta la amplia sonrisa. Finalizó sentenciando que sería mi responsabilidad limpiar las caballerizas, y que mi moto quedaba desterrada por un mes. Papá era muy inteligente, pero en mi actual estado, yo requería otras cosas: necesitaba afecto y este hombre no parecía entenderlo.

Entendí perfectamente el discurso paliativo de papá, estaba pololeando definitivamente con Camilo, y necesitaba calmarme, Bob le temía a Mister Hide, pese a ello mi papá no renunciaría a mi novio, simplemente fingí no darme cuenta y…

… protesté alegando, que debía ir al colegio caminando…

—Será tu castigo— sentenció nuevamente. Se acercó y me dio tres palmadas en el poto, más bien sonoras, antes que dolorosas. No me importó en absoluto, yo sabía que vendrían, las aguanté, me sobé mi trasero, sólo por cumplirle, no me dolieron ni en el orgullo, no me sentí humillado, había concluido por mí mismo que me merecía una paliza de mayor envergadura, pero acertó al prohibirme la moto, eso me dolió sólo en lo práctico y hubiera preferido que me hubiera pegado seis palmadas fuertes en mi definitivamente hermoso traserito.

… me traicionan… me traicionan… me traicionan…

Lo que más resentía era no poder llevar a Dillon y tener cierta "independencia" para manejar la situación con el pequeño muchachito. Podría haber sido peor.

Se contrató un taxi para llevarme y traerme.

"Llevarnos y traernos" dije para mí y Dillon se me hizo presente como fruta madura y aromática.

Trigésima segunda parte: El aniversario…

Esta es la continuación de la historia de Marcelo y Camilo, de Danilo y Dillon. De nuevo la advertencia: esta es esencialmente una historia de sexo homosexual entre púberes.

En esta parte Camilo y Marcelo se redescubren y se otorgan permiso casi explícitos, Di avanza más de lo que Marcelo quiere, y Camilo se destapa.

Si no tiene edad legal para leer este tipo de relatos, o es ilegal en su localidad, no siga adelante. Otra advertencia, si no le agradan las relaciones homosexuales no lo lea tampoco.

El uso de condón en estas descripciones se omite, pese a ello se recomienda fuertemente su uso en la realidad, máxime si sólo es sexo ocasional o no se conoce bien a la pareja. Igualmente los protagonistas hacen uso de drogas como aliciente, las que recomiendo usar en forma moderada, responsable y sólo bajo claras condiciones de seguridad. Jamás use drogas cuando maneja, de ninguna naturaleza. Los nombres y apellidos son pura ficción, las coincidencias son sólo eso.

Quiero agradecer a Manu, Joselito, Izan69, Dany, elsolo, Pipe, Yos y Nacho.

Vamos adelante.

***

Se acercaban las llamadas vacaciones de septiembre, aquellas en que se celebraban las fiestas patrias, con Camilo ya habíamos arreglado que iríamos a la cordillera, es decir, lo decidimos definitivamente, pese a que aún quedaban algunas alternativas, las desechamos todas.

Danilo llegó de Europa. Aunque venía muy contento, el pesar del fallecimiento de Gio aún rondaba en los rostros de los tres viajeros. Trajo innúmeros regalos, casi todos los había financiado Giorgio, pero en fin, esas eran las relaciones que se habían producido entre las dos familias. Una gran sorpresa para mí fue recibir un paquete de café en granos saborizado con canela. Una rara golosina holandesa. Cada uno recibió presentes.

Un motivo de conflicto se produjo entre las familias Pino Martínez y los Giordano, la propuesta formal de Giorgio era que Danilo estudiase en el Nido de Águilas bajo la tutela y casi adopción de Danilo, la reacción de don Tanilo no fue nada de buena, de hecho fue dura y casi agresiva: que agradecía mucho, pero que sentía derechamente que le estaban quitando a su cachorro (lo que papá encontró muy razonable). Los Giordano habían quedado "Huérfanos" y necesitaban llenar el vacío, el señor Pino habló largamente con Giorgio, quizás su poder de convicción en defender a su muchacho fue suficiente para disuadir a los Giordano de tan extraña y descabellada idea. Danilo, que no sabía los planes de los padres del fallecido Gio, manifestó su terror de ir a un colegio de alto rendimiento y elevadas exigencias, en que además las clases eran en inglés.

La situación distanció a las familias, pero no por mucho tiempo, los Giordano eran amables y los Pino comprendieron las carencias de los Giordano… y claramente empezaron a compartir al joven Danilo…

***

El taxi se detenía para llevar a Di, y en la tarde lo pasábamos a dejar. Durante el recreo compartíamos con Di juegos y comidas (y frutas exóticas deliciosas), logré que entrara al entrenamientote Karate. Al segundo día estaba el padre de Di afuera esperándolo.

— Joven Marcelo, ¿podríamos hablar un momento? — me aterré, el hombre medía cerca de dos metros y pesaba unos 100 kilógramos, ex combatiente casi final de Vietnam, en la derrota final de Estados Unidos. Tragué saliva. Pensé que había descubierto mis pensamientos acerca de su hijito.

— Me gustaría pagarle este taxi a mí también, esto es un abuso— dijo en un castellano bastante aceptable, pero con fuerte acento.

Tragué saliva aliviado, — Mi padre lo paga, y no debe preocuparse, se lo aseguro, es un placer, estimo a Dillon y no es un gasto de más, si me trae a mí sólo, es lo mismo que si trae también a Di, de modo que no se preocupe— dijo con mi mejor cara.

Resopló un poco, no muy conforme, — Tiene razón, joven Marcelo, le pido que acepte un presente de nuestra parte, de Mary y de mía— inmediatamente detrás de la verja tenía un cajón de frutas que pidió al taxista que lo llevara al auto (el Señor Mahoney jamás cargaría un cajón). Las más hermosas manzanas que haya visto jamás, aromáticas y enormes, directas de Sicilia, apenas dejamos a Di en su casa ataqué una y le entregué una al taxista. Las fuimos mascando, cada mordisco era crujiente, lleno de jugo, en su punto exacto de madurez. Deliciosas.

A las ocho de la noche siguiente recibí una llamada telefónica de Di, me dijo que su mamá quería conversar conmigo (su voz vibraba de entusiasmo), su madre era un gringa naturalmente rubia con exceso, habló en Inglés muy calmadamente conmigo, me dijo que tenía un problema al día siguiente, que ella y su esposo debían acudir a un trámite formal, (no especificó) y que no habían encontrado a nadie con quien dejar a Dillon, que el "niño" podía estar de día "solito" en casa, pero ya en la noche eso les producía temor. En definitiva quería que yo hiciera de Baby Sitter de Di, hasta las once la noche. Mañana era jueves, salíamos a las 14 horas.

(¡NUEVE HORAS COMPLETAS CON DI EN SU CASA!... ¡Y SÓLOS!).

Le contesté que debía pedir permiso a mis padres. Que la llamaría en 15 minutos. Eso me ponía en abiertos problemas, no quería dar a conocer a Di, no quería que nadie en mi casa supiese de su existencia. Maquiné un truco, no mentiría, pero no diría nada acerca de qué haría, salvo estudiar en casa de un compañero que requería asistencia en matemática. Papá puso cara de "no molestes" y mamá una parecida. Ya había tenido problemas para explicar las manzanas. (Que ya habían desaparecido, hechas kuchen, y otras confituras).

No hubo mucho trámite más, papá y sus negocios mamá y sus clases, Camilo y sus estudios; honestamente me sentía un poco mal. Pero también entendía que Camilo y papá estaban en un romance incipiente (...sino en curso directo).

Llamé a Di, su madre respondió de inmediato, todo bien, el permiso estaba concedido. Al día siguiente (después de una noche en que los nervios y la excitación simplemente me llevaron a estados casi incontrolables de ebrio entusiasmo y me apreté el pene erecto hasta que me hice doler, resistiendo a masturbarme) a las siete treinta de la mañana estaba con Di, su madre dándome instrucciones y su padre que pasaba su peso de una pierna a la otra. Me dijo las comidas que había, qué debía hacer, cómo hacerlo, etc.

Dije para mí que toda esa mierda de comida no era necesaria, no comeríamos tanta cosa envasada, comeríamos algo comestible. Luego de todas las instrucciones me pasó un sobre con una cantidad de dinero absurdamente abultada ¡50 mil pesos chilenos!, unos 100 dólares norteamericanos. Se los rechacé de la manera más caballerosa que pude. Primero no necesitaba el dinero, segundo se me había pedido un favor, tercero era un agrado. Luego de un pujar en uno y otro sentido, mis argumentos prevalecieron y sólo se transó en un "gracias" y un "de nada".

La jornada escolar transcurrió a una velocidad asombrosamente lenta. Las catorce y treinta de ese día fueron las más lejanas de mi vida. Mi profesor de ciencias me llamó la atención dado que yo no parecía estar ahí y me tomó el pelo diciendo que estaba en la luna (yo estaba más allá). Di me dijo más tarde que estaba en el mismo estado, los tres recreos de la mañana se llenaron de Di para mí, y para él, parecieron llenarse de mí.

Por fin las dos y media de la tarde, el taxi apareció. Le pedí que volviera a la plaza San Enrique y que esperara, que yo le pagaría el exceso en esperar, con Di fuimos a un par de lugares.

— ¿Qué te gustaría comer, Dillon?

— ¡ADORO el pollo con espaguetis!— fue su respuesta.

Compré muslos de pollo, un paquete de espaguetis, tomates, una cebolla, un tarro de cerveza y varias especias, entre ellas un merkén directo de Temuco.

En la casa de Dillon arreglamos todos, a las 15:30 servimos la comida; Di estaba pletórico, lavamos los platos y botamos secretamente a la basura toda la comida envasada que nos había dejado su madre.

La primavera estaba muy calurosa, nos sacamos las prendas innecesarias y nos quedamos en camisa y pantalones, se sacó además su cinturón, el piso de la casa era inmaculado de modo que quedamos en nuestros soquetes. No había tareas para la casa, de modo que vimos una película, (Schrek me estaba matando). En el living de su casa nos sentamos en un sillón muy amplio. Separados, Di se fue acercando a mí paulatinamente, hasta que quedó pegado a mi cuerpo.

— D’u mind if I lay on u? —dijo (como) casualmente.

— No, it’s okay! —dije (como) casualmente.

Acomodó su cuerpo entre mis piernas y se apoyó en mí, dándome la espalda y apoyándola en mi pecho. Lo abracé.

Conforme se desarrollaba la película le hacía cariño en su pelo, Di parloteaba en relación a la película, hasta que alcancé sus orejas, se las recorrí con mis dedos, en ese momento no habló más, fui hasta su frente y se la acaricié con la punta de mis dedos, lo sentí tragar saliva, bajé mi dedo, sólo la yema, por su pequeña y respingada nariz, se la recorrí varias veces, lo sentí suspirar mientras Schrek discutía airadamente con el burro, llegué a la punta de su naricita, y toqué tentativamente sus labios, atento al más mínimo síntoma de rechazo. Toqué el borde su boca, recorrí el borde superior, hasta la comisura, me desplacé por el borde de su labio inferior, hasta alcanzar el medio de su boca, hundí mi dedo un poco en ella hasta que sentí sus dientes, la abrió ligeramente y se los toqué, cuando lo sentí estirar su lengua para tocar con ella mi dedo se la retiré justo a tiempo, dejándolo ansioso. Seguí por su mentón, se lo acaricié solazándome con la forma casi aguda de su mandíbula, seguí hasta su cuello, su diminuta manzana de Adán fue mi juguete, la sentía que subía y bajaba mientras tragaba saliva. Por delante me quedaba toda una peligrosa aventura, que se iniciaba en el primer botón de su camisa. Llegué hasta él. Puse mis dedos de manera que un ligero movimiento me permitía desabotonarlo.

— May I, Di? — dije con gran temor al rechazo.

— No, nope... — dijo casi en susurro.

Bastó un simple giro de mis hábiles dedos, no protestó pese a su negativa, su primer botón estaba listo, me quedaban cuatro más de su camisa.

A cada uno le pedí permiso, a cada uno respondió que no. Nunca le hice caso.

Me quedaba el último… el más peligroso y atractivo…

… el de su pantalón de colegio. Lo tomé. Le hice una seña pidiendo su autorización

— Yes, do it, unbutton it…— dijo, ya derrotado.

Más allá un bulto aparecía, incitante.

Volví a las mejillas de su cara. Todo mi camino ya estaba hecho, sólo debía recorrerlo de nuevo. A cada caricia de mis dedos, avanzaba unos pocos centímetros hacia el sur de Dillon, aprovechaba de separar su camisa para dejarlo con el pecho expuesto, lo vi mover las caderas, hizo un empuje ligero con ellas, toqué su ombligo, una cavidad cálida, atrayente y seductora.

En ese momento Di se rindió definitivamente, echó su cabeza hacia atrás y la apoyó en mi pecho, olvidándose de Schrek. Mi exploración alcanzó el borde de su pantalón, la banda elástica de su calzoncillo estaba en la punta de mi dedos, su cierre estaba a un centímetro.

Le tomé la presilla...

— Dee, d’u mind if I get it down?... —

— No, do it, Mur - sa – lowh…

Bajé su cierre, el bulto de Di aparecía entre su calzoncillo molestamente acomodado. Claramente definido.

Volví a su ombligo, me detuve allí, estiré un dedo, lo puse debajo de la banda elástica de su calzoncillo. La levanté. La acción hizo que la incomodidad de la erección de Di se resolviera enderezándose bruscamente, golpeando contra la piel de su vientre, lo alcancé a ver. Avancé mi mano por su vientre hasta meterla debajo de la banda elástica de su ropa interior, palpé la suavísima pelusilla de su pubis, cerré mis dedos y atrapé el pene de Di entre ellos.

— Oh, my god!!— se le escapó como un suspiro.

Se lo tomé. Se lo acaricié.

— Oh, my god!!— se le escapó como un suspiro.

Se lo solté, puse mis dedos pulgares en sus costados, justo sobre la banda elástica de su calzoncillo.

— May I, Di…?— como respuesta, Dillon levantó su pelvis para darme lugar a arrastrar toda su ropa hacia abajo, la bajé hasta la mitad de sus muslos, el resto lo hizo él, se incorporó, se bajó toda su ropa y se la sacó de una patada, lanzándola lejos, siguió con su camisa, dejando sólo sus soquetes.

— Do you want strip, just like me, Mur - sa – lowh?…— me preguntó como si fuera una casualidad… y un desafío…

Me reacomodé, este pendejo se lo merecía, desabotoné mi camisa, me saqué el pantalón y lo arrastré todo hacia abajo, para quedar desnudo, tanto como él. Di se dejó caer a la alfombra, quedando sentado, con las piernas recogidas, casi debajo de su trasero. Su pene erecto era una varita enrojecida y palpitante.

Lo imité sentándome frente a él, mi pene erecto era una barra dura, rígida y pulsante.

—We had a deal, Mur - sa – lowh, don’t we?…— dijo entrecortado. — What d’u want to touch me first, my bun or my ‘peter’? —

— Both…— repliqué

— Go ahead, please—

— Really d’u want it? — Dije dudando por primera vez.

— I want it…— dijo seguro.

Me acerqué a él, lo tomé de los hombros lo acosté de lado, puse mi mano derecha en su trasero y con la izquierda agarré su pene.

— Aaaaooooohhh….— obtuve de Dillon, acaricié su trasero, pasé mi mano de arriba abajo, sentía su raja entre mis dedos. Empecé a mover lentamente su pequeña verga.

Di levantó una pierna para darme espacio, pude tomar todo su aparataje, mi mano en su trasero no paraba de acariciarlo, quería manosearlo, besarlo, ¡oh! dios, quería besarlo, quería chuparle todo, ¡quería culeármelo!

Di se puso boca abajo súbitamente, (quizás huyendo), retiré mis manos de su cuerpo alarmado; sin embargo abrió sus piernas tanto como pudo, comprendí que no huía... se ofrecía…

Invitaba.

Recogió sus brazos, los puso al lado de su cabeza y apretó la felpa de la alfombra en que estábamos.

El chico (mi chico) completamente desnudo, excepto sus soquetes blancos, estaba bocabajo, sus piernas abiertas, esperando. Mirarlo me produjo un estremecimiento. Lo contemplé un rato hasta que abrió los ojos. Me senté a su lado y lo contemplé, mi excitación no remitía, pero necesitaba hacerme de su imagen, quedarme con ella, empaparme en su figura.

Miré en medio de su trasero, allí, un poco más oscuro, su pequeño agujero era una estrellita, demasiado pequeño, apenas un rayita de un centímetro, bordes plegados de donde irradiaban arrugas. Toqué sus mejillas tan suaves como pude, apenas rozándolas. Di emitía gemidos susurrados. Hice resbalar mi dedo medio hasta tocar su agujero.

Di reaccionó apretando sus mejillas, sentí espasmos en su ano como protestando.

— Ohhhfffsss— el sonido no era una palabra, era la aspiración del aire manteniendo la boca redonda. Me incliné, miré su orificio, latía. Le besé una mejilla. Di levantó su trasero. Vi una vez más su agujero, era tan pequeño. No podría entrar allí, no, no podía entrar allí tan fácil.

Me enderecé, Di se dio vuelta y quedó boca arriba, mirándome, lucía su erección sin vergüenza. Miró la mía. Sonrió. Una cara angelical. ¡Si de verdad, era angelical!

Se incorporó para abrazarme, le devolví el abrazo. Apretó su mejilla contra la mía. Muy fuerte. Lo besé en la cara. En su nariz. Finalmente, le besé la boca, con un beso rápido, casi un roce. [Casi] "casual".

Pareció sacudirse, nos miramos por largo rato. La verdad es que yo me estaba quedando sin recursos. Inerme. ¡Chiquillo de mierda, tan hermoso!, me estaba venciendo sólo con ser él.

Quería bajar mi boca hasta su "peter" y hacer allí los estragos necesarios, quería besarlo en la boca, quería meter mi lengua en su agujero y en definitiva quería que atrapara mi verga con su boca, pero no sabía cómo hacerlo, no sabía como inducirlo. Parecía tan inocente.

Esto debía ser postergado. Di se estrechó a mí. Lo abracé en reciprocidad. Tomé su calzoncillo, se lo puse. Lo fui vistiendo lentamente. Me vestí yo. Me pareció que se desilusionaba hasta el infinito... yo no estaba desilusionado, estaba aterrado.

Conversamos como si no hubiera pasado nada.

— ¿De que parte de Estado Unidos son ustedes, Di? — Pregunté.

— De Oklahoma, Norman, pero vivíamos en Chicago, de ahí vinimos de Chile— dijo asertivamente— somos WASP’s— agregó haciendo énfasis en la letra P.

— ¿Por qué acentúas la letra P? — pregunté curioso

— Ya sabes, White, Anglo Saxon, Protestants, pero la diferencia es que somos ‘Pee-ooh-ritans’...

— Puritans... — dije.

— Yeah, we are... — dijo pensativo — no hablamos mucho, lo justo y necesario, rezamos antes de cada comida.

— De modo que no sabes mucho de estas "cosas" entre las personas. Quiero decir esto de ... mmh... ya sabes... sexo y eso— dije algo aprehensivo

— Sé cómo se hacen los niños, eso lo aprendimos en el colegio, pero no se habla de eso en la familia... —

— Mmmh... — dije de manera muy inteligente. [¡Soy tan inteligente yo!] me sentí el ser más idiota del planeta…

— ¿No dirás a nadie lo que hicimos?, ¿verdad? — agregó con temor evidente en la voz.

— No, no la haré, pero debes prometerme lo mismo, no se lo contarás a nadie... —

Movió la cabeza negativamente. Asegurándome.

— ¿Qué te gustó más de los que hicimos? — le pregunté tentativamente en una etapa exploratoria que se prolongaba más de lo que mi paciencia podía permitir.

Enrojeció, titubeó, — Bueno, ehhh... dos... cosas... — se interrumpió.

— ¿...? —

— Cuando... me besaste en la boca... nunca lo había sentido... — dijo titubeando.

— ¿Y la otra? — pregunté curioso.

Se puso sumamente colorado, vi que su cara ardía...

Cambiando de idioma — When... when... eeeehhh... — bajó la cabeza, avergonzado.

— Don’t be ashamed, you can tell me what you want, or... you can keep it as a secret… but I would like to know it…

— When, when... you touched my... well… ya know!…— dijo llegando a niveles indescriptibles de rubor en su cara.

— Your rear end? — dije para animarlo.

— Yyyeesss... spec... specially when you touched my... my… dimple— dijo finalmente sacando fuerzas de flaqueza.

— Did you like it? — Pregunté con voz trémula.

***

… ¡Dillon era mío! ¡Definitivamente mío!

***

— Come on, babe!!!... — estiré mis brazos invitándolo a abrazarme. Saltó a mis brazos. Besé su frente. Besé sus mejillas. Y planté un beso en sus labios. Franco y abierto a boca cerrada. Apreté mis labios en los de Di.

— Like in the movies... just like in the movies— dijo cuando separé mi boca de la de mi chico.

— Yes babe, just like in the movies... — repliqué.

— Mur-sa-lowh, can... I mean... may... may I... touch… sorry… may I touch… again… your … ‘peter’?

Si hubiera tenido mil millones de dólares los habría entregado por esa sensación de nuevo.

Me puse de pie. Deshice mi hebilla del pantalón, los bajé, luego me bajé los calzoncillos y mi "peter" quedó frente a él. Di estiró ambas manos y tocó mi pene fláccido, a su toque empezó a reaccionar. Fue creciendo lenta y paulatinamente, hasta el máximo, Di parecía fascinado. Lo tocó, lo acarició, lo examinó, sus manos lo exploraban como territorios a descubrir, cuando estaba a punto de desbordarme al precipicio, respiré muy hondo, aguanté mi respiración, eso me calmaría.

Lo logré. Este chico era demasiado inocente. Estaba descubriendo mundos nuevos, y esos deben descubrirse de a poco.

***

Hicimos las tareas para la casa. A duras penas en verdad, mi pene se resistía a hacer las tareas, la matemática eran un suplicio, sus tareas de dibujo geométrico lo tenían loco, rompió tres hojas. Finalmente logró hacerlas sin borronear su dibujo, el beso prometido, si lo hacía bien, fue largo y cálido, a boca cerrada. Enrojecido, me pidió que le diera uno extra. No quise negociarlo. Se lo di, se apretó contra mí.

Abrir la boca sería otra fascinante etapa.

Sus padres llegaron a las 11 de la noche. Di dormía en su cama, bañado, con su piyama, yo leía "Alicia en el País de la Maravillas" (primera edición, dios, esa gente tenía dinero, ese ejemplar valía unos mil dólares ¡y me lo regalaron!). El Señor Mahoney me llevó a mi casa. Esa noche me comí dos manzanas, la almohada fue mi compañera perfecta, me apreté a ella, era una almohada rubia de ojos azules, que gemía cuando la apretaba contra mí.

***

Yo notaba que papá obtenía grandes progresos sobre Camilo, cada vez que nos juntábamos hablábamos de varios temas y la recurrencia era mi padre. Podría adivinar que Camilo estaba fascinado, paulatinamente me fui dando cuenta que Bob Walsh estaba conquistando a Camilo y éste estaba dejándose invadir. Estaba tremendamente confuso respecto a cómo enfrentar esto. El problema moral que pudiese levantarse no me preocupaba en lo más mínimo. Los celos que se levantaban en mí, eran mitigados con la apasionante conquista que yo estaba llevando a cabo en los territorios de Dillon. Mi problema se reducía a qué pasaría una vez que papá y Danilo se engarzaran en sexo, ¿y luego?, papá había manifestado que "estaba enamorado de mí", una vez que estuvo conmigo su objetivo varió a Camilo que, en un año había cambiado físicamente para ser un Efebo hermoso (¡Cabro culiao tan, pero tan hermoso!). Su voz se había puesto más grave, su cuerpo se había puesto fuerte y musculoso, era un estudiante excelente, se había puesto más reflexivo y... la pasión creció en él como la espuma de una cerveza caliente...

Dos años, dos años de ser novios. Di se había ido con sus padres de Buenos Aires. Papá y mamá, Chris y su novio, a Villarrica con Natalia, mi media hermana, y nuestro hijo Yío, a la casa de la playa. Danilo estaba con sus padres en la casa. De se había tornado reservado, introvertido, sin perder la espontaneidad, pero sus arranques histéricos y maricones en exceso se hicieron más espaciados. Dedicaba gran parte del tiempo a estudiar y se estaba transformándose en un genio en su curso. Sus gestos demasiado femeninos se tornaron serenos hasta casi desaparecer. No era el Danilo que conocimos. Aún seguía profundamente enamorado de Giovanni y al parecer de allí no volvería.

***

Camilo y yo en la cabaña cordillerana arreglamos todo, limpiamos (encargo de mamá), arreglamos las vituallas, hicimos nuestra cama, acomodamos los caballos, abrimos una botella de champaña que robamos de mi casa (papá nos la regaló en verdad, lo vi dejarla a mano), me tocó el poto a la descuidada, y le di besos en cuello cuando acomodaba las bolsa de carbón, (nos fascinaba esta suerte de improvisación erótica), cuando cambié una ampolleta estirándome se las arregló para sacármelo y chupármelo hasta casi hacerme acabar; serían tres días de estar juntos para las fiestas patrias. Recordamos nuestros dos años anteriores, el accidente, y por supuesto nuestra "primera vez", inevitablemente caímos en nuestros brazos, nos besamos apasionadamente en tanto nos recorríamos con nuestras manos, nuestras ropas fueron quedando botadas en el camino al dormitorio. Lo último que me sacó Camilo fue mi calzoncillo, se arrodilló frente a mí, tomó mi verga y la puso entre sus labios, para adentrarla presionando fuertemente los labios contra toda mi vara, mientras sus manos agarraban con ansiedad mis mejillas, abriéndome para tocarme justo en mi agujero. Empezó a mover la cabeza hasta casi llevarme al borde de acabar, cuando me sentía muy cerca el maldito se retiraba para mirarme y sonreír. Esto ocurrió varias veces y me tenía encantado, su técnica era fantástica. Me tiró de espaldas a la cama, dejando mis pies colgando, me abrió las piernas para acomodarse entre ellas, siguió chupando hasta casi desmayarme de deseo y ansiedad.

Sin mucha ceremonia me puso boca abajo, me abrió las mejillas y me lamió justo en el centro en mi ardoroso agujero, metió su lengua.

— ¡¡FFFFfssssssggghhh!... — pude exclamar mientras echaba hacia atrás mi poto para sentir su cálida, rígida y húmeda lengua contra mi entrada posterior. Empecé a apretar la ropa de cama con mis manos, Camilo me estaba sacando de mí y mi cerebro estallaba en un torbellino de ansiedad, deseo e impaciencia. Desterré a Dillon de mi mente. Este era MI Camilo, mi adorado Camilo, mi amor más querido, MI CAMILO, MI CAMILO, MI CAMILO… mi adorado Camilo…

— ¡Culéame, Cami, culéame! — le dije más rogando que pidiendo. Introdujo un dedo en mí, dejó saliva y me montó, sentí que buscaba mi agujero con su pene, lo encontró, su entrada fue suave, — Oooooohhh! — exclamé, empujó y entró entero, hasta la raíz. Su cópula fue lenta, lo sentí tan adentro. Gemí a cada entrada que hizo mi amor en mí.

— ¡Te amo Marcelo— dijo susurrante y tembloroso— te amo, te amo... amo hacerte el amor!!! Te amo tanto… te amo tanto…— Me besó en la nuca. Luego en el cuello, deslizó sus manos bajo de mí agarrando mi pene, levanté mi popa para dejarle espacio, sus empujones era suaves, empezó a masturbarme. Sus entradas y las sacudidas a mi pico, me sacaron de este mundo, mi líquido se derramó en sus manos. Dos o tres empujes más y Camilo inundó mi recto con sus semillas.

Quedó sobre mí, dejándome su pene dentro, lo sentía latir mientras yo recuperaba mi aliento, poco se fue poniendo menos duro, hasta que se salió escurriéndose de mis entrañas.

Recuperadas nuestras respiraciones y nuestras fuerzas, parloteamos un poco, sentí que sus líquidos escurrían de mis entrañas, fui al baño, me lavé, pujé hasta que salieron casi todos y volví al dormitorio. Camilo se veía relajado, su cara era serena, pero miraba al techo, sin embargo detrás de esa mirada, en Camilo, se debatían y desplegaban imágenes e inquietudes, que nos escaparon a mi percepción.

— ¿Qué pasa mi amor? — le pregunté.

— ... — me miró solamente, sin responder.

Me lancé al precipicio, llevábamos demasiado tiempo con Camilo como para eludir los temas espinudos. En mi joven experiencia había aprendido que ciertos temas deben ser enfrentados sin dilación, de lo contrario los pequeños brotes de duda e incertidumbre adquieren dimensiones inmanejables, profundas y peligrosas (¡dios! Esto es tan cierto!)

Lancé la pregunta, sin piedad ni temor.

— ¿Bob? — dije tranquilamente.

Camilo tragó saliva, separó su mirada de mí y la dirigió al techo, hizo un gesto afirmativo.

— ¿Quieres contarme? — pregunté dudidativo en mi interior, pero con certeza en la voz. Y me enfrenté a lo que no quería enfrentarme: papá era mejor que yo y me estaba quitando a Camilo…

***

Y mi adorado Camilo me contó. Y pronunciaré su nombre tantas veces como pueda, ¡mi adorado Camilo!

***

Sutilmente mi papá había empezado a enredar a Camilo en acciones que iban desde una ayuda eficaz en sus deberes escolares, hasta cubrir pequeñas atenciones en necesidades de útiles escolares, Camilo se había sentido un prostituto, pero había superado la sensación racionalizando acerca de ella. Camilo aceptaba las sutiles caricias de papá que iban desde su nariz hasta su boca, papá le había enseñado a usar el compás de ingeniero, había tomado sus manos y lo había guiado hasta hacer una circunferencia perfecta, todo esto mientras se ubicaba detrás de él presionándolo sutilmente. Camilo había sentido la calidez de su aliento a menta (inglesa por su puesto). Le había enseñado la magia de la tabla del nueve, y los abrazos eran cada vez más prolongados y estrechos, hecho que Camilo en principio aceptó con renuencia pero pronto la seducción lo venció, entonces los buscaba, y finalmente él mismo abrazaba a papá. Su máximo agrado era abrazarse a papá y descansar su cabeza en el pecho del hombre que lo aventajaba en 25 centímetros. Papá le acariciaba las trenzas (peinado que no dejó de usar pese a tener el pelo corto; ahora, que le medía unos 20 cm, sus trenzas eran abundantes... y sensuales) haciéndolo estremecerse, Camilo ya no podía desconocer que en él, MI Camilo, se operaba un cambio emocional que iba del cariño, pasaba por la atracción y ahora, franca y abiertamente por la pasión y el deseo de mi papá; Camilo lo deseaba; y se lo demostró, en una sesión de abrazos fuertes y apretados, en que ambos tiritaban, Camilo había levantado su cara, papá había comprendido, bajó su boca a la de Camilo y lo tocó en los labios con ella. — Mmmmh— se le escapó. No abrieron sus bocas, pero ese beso derrumbó una barrera, y se escurrió entonces, a raudales, una creciente pasión, y los había colocado en un terreno de acercamientos más libres y fascinantes. En cada oportunidad los abrazos eran silenciosos, apretados, papá había hecho la primera movida derribando toda la eventual resistencia que podía oponer, todas las demás iniciativas las encabezó Camilo, se acercaba a la boca de papá y la apretaba contra los labios de Bob, y Camilo abrió su boca primero, el beso fue tímido, lleno de temores, mi adorado Camilo se vio forzando a Bob a ese beso que primero fue tímido para llenarse de pasión, mi papá le puso sus manos peligrosamente en la espalda baja de mi pololo, que lo animó tensándose y echando sus caderas hacia atrás arqueando la espalda para levantar su trasero, exponiéndolo. Papá sólo le puso suavemente su mano un poco más allá de su cinturón, por sobre la ropa de mi novio, y tocó sutilmente el inicio de la partidura.

Sentir que lo tocaban en una de sus partes más sensibles había provocado en Camilo que se despertara en él una fuerza que no estaba controlando. Inició él mismo su juego de seducción y papá fingió seguir el juego, o realmente había caído en él. Camilo hizo su siguiente jugada que les ampliaría las fronteras a ámbitos insospechados: abrió su boca, estiró su lengua y tocó los dientes de Bob, que no lo rechazó, pero no estiró su lengua, dejó que Camilo la buscara, y (¡el maldito!) la encontró. Se besaron por primera vez. Camilo lo agredió con su pene erecto, se encontró que empujaba entre las piernas de alto hombre. Bob lo levantó en el aire (y Camilo sintió la fuerza violenta y decidida de mi papá) para apretarse contra él, las durezas se enfrentaron. Camilo se frotó contra ella. Papá se recogió como una serpiente, susurró un ¡ahhh!, lo dejó en el suelo, salió de la habitación para dirigirse al baño, dejando a Camilo sorprendido y desilusionado. Cinco minutos después apareció papá con la cara roja, suspirando, ‘disculpa, es que acabé en mis pantalones’ le declaró.

Derribadas todas las barreras, lo que seguía por delante era buscar la oportunidad para que Camilo se entregara a papá inevitablemente. Y no costó nada. Cada beso fue más intenso, Camilo gemía a cada avance de esa lengua que lo recorría como serpiente aprisionándolo en los anillos de la pasión. Camilo no pudo explicar cómo estaba completa y totalmente desnudo, cómo se vio de rodillas, hipnotizado de deseo y pasión, con Bob a su espalda, lamiéndole los omóplatos, su axilas, sus costados, hasta que mi papá llegó a su partidura, y lo lamió desde el inició de ella hasta su saco, para hacer de él un títere que vio invadido todo su pene por la boca de mi papá, que se lo tomó todo, hasta que ya no aguantó más y se disparó con toda su pasión, tratando de rechazar a papá para no acabarle en la boca, pero Bob le atrapó las manos inmovilizándolo y Camilo no pudo hacer nada, se vació gritando salvajemente; papá usó ese mismo lubricante que había evacuado mi Camilo de su pene, fue a la partidura de Camilo y le vació todo allí, justo en medio, cuando la lengua de Bob se concentró directamente en su ano, Camilo suplicó por que lo penetrara, y Bob no se demoró mucho, tomándolo en sus poderosos brazos por las pantorrillas, lo curvó levantándolo en el aire, y lo penetró, Camilo se apoyó en Bob, y éste empezó a moverlo, Camilo sintió que era una de las mejores culeadas que le habían hecho, su pene erecto escupió tres veces su semen, que papá recogía y lo pasaba a la boca de mi novio. Le hizo el amor tres veces más, con las piernas en los hombros, apoyado en una silla, y en la cama. Camilo le rogó por una fellatio mutua… pasaron 14 horas juntos, hasta que ambos parecían desmayados…

Papá hizo el ridículo finalmente, le pidió disculpas casi llorando, comieron carne de ciervo, y papá lo apretó hasta casi desmayarlo… le dijo que lo amaba, que me amaba a mí, y se bañó por media hora, Camilo me dijo que le dio la impresión que lavaba la conciencia…

***

Terminó de narrar su historia, acongojado, con angustia; de todo ello, no le dolía acercarse a papá hasta sentir su pene erecto contra el suyo, o dentro de sí, su peor pesadilla era su relación conmigo. Se sentía traicionándose a sí mismo y a mí. Señaló que me contaba esto porque sentía que debía hacerlo, me debía lealtad al menos en la franqueza, y ahora estaba sacando todos los esqueletos de su closet y exhibiéndolos frente a mí; terminado su relato, diciéndome que amaba a Bob pero que ahora se sentía vacío, me acordé de mi relación con Patricio, en Villarrica, un adulto, que luego de tomarme me había dejado con un vacío difícil de llenar y un cargo de conciencia que me duró un buen rato. Sin embargo eso había sido sólo deseo y capricho de un hombre por un semiadolescente como era yo. Medité acerca de esto. Me parecía que había algo diferente en esta relación de papá y Camilo. Había una corriente de afecto que era innegable. Se amaban.

De pronto me pareció que en la narración de Camilo había algo de estrategia, si me ponía al tanto, y yo no protestaba, dejaba puertas abiertas, es decir mi consentimiento. Medité acerca de ello. Lo que me sorprendía es que yo no estaba resentido, ni furioso ni celoso, ni siquiera asombrado, me sentí como un amigo que escucha a otro sus problemas y del que se espera un consejo, quizás una mera opinión. Camilo no parecía ansioso, creo que me convencí de que me estaba poniendo al tanto de una decisión que ya había tomado.

— ¿Lo amas? — pregunté.

— Te amo a tí— dijo certeramente — pero tío Bob me gusta, y no puedo evitarlo, sí, lo amo— terminó en voz baja.

Me dejó en una encrucijada, quizás yo pudiera haber frenado la desbocada carrera que habían emprendido Camilo y papá, pero eso sólo iba a ser una prórroga de algo que inevitablemente ocurriría. Se apoyó en mi pecho, se acurrucó junto a mí... lo sentí estremecerse justo antes de largarse a llorar.

— Perdóname, Marcelo, perdóname, es tu papá y te he estado engañando con él... no puedo evitarlo, es como una condena, él ocupa mis pensamientos a cada momento, y estás al otro lado de la balanza, — dijo empezando a llorar, lo apreté contra mí, abrazándolo.

— Cami, haz lo que quieras hacer, yo estaré contigo igual. Eres mi amante, y no siento que me traiciones, tampoco papá. — Iba a contarle lo de Di, pero me retuve, le había prometido a Dillon que no le contaría a nadie. Y no lo hice.

***

No hicimos asado, cocinamos alguna carne y verduras. Caminamos por los bosques precordilleranos, tomados de la mano, besándonos, sentía mi erección casi dolorosa, la apretaba a la suya. — Marc, hazme el amor—

— ¿Aquí? —

— Si, aquí...

Bajó su pantalón, lo vi hacer, casi con resignación, se sacó la camisa y cada prenda con una lentitud sensual. Se puso a cuatro patas sobre ellas. Separó los muslos cuanto pudo, en medio de su raja su agujero ligeramente más oscuro, surcado de arrugas, era una invitación siempre apetecida. — Lámeme, Marc, por favor, lámeme... —

Me agaché detrás de él, desabrochando mi camisa primero, y luego bajando mis pantalones y calzoncillos, los dejé a medio muslo, mi erección saltó de su encierro para quedar rígida y palpitante. Le abrí las mejillas de su culo, su orificio me hizo un guiño rosado mostrándome las entrañas, se lo lamí, con la punta de mi lengua sentí su apretado ano, cada una de sus arrugas, se la metí en su agujero, tomando mi pene lo apoyé en la entrada, —Cami, te lo voy a meter... — empujé un poco, su hoyuelo se abrió, lo aferré de la caderas, lo fui tirando hacia mí, su ano se fue abriendo arrancándole gemidos, alzó su cabeza...

— Oooohhhhh, me guuussttaaaa... Culéame amor mío... — sentí su próstata. Moví mis caderas de lado a lado, rozándosela con mi cabeza como callampa, Camilo rugió de placer, debí contenerme, metí mi mano entre mis piernas para presionarme el periné y así prorrogar mi orgasmo. Aún quedaban cuatro centímetros. Si seguía allí me derramaría en dos segundos. Salí completamente, Camilo dejo caer la cabeza.

— De nuevo, Marc, por favor, aguántalo— echó atrás su mano y me agarró mi pene erecto que saltaba. Lo llevó hasta su entrada. — Todo, mi amor, todo,... — y lo deslicé todo dentro de él, — ¡¡AAAAAAAoooohhhh...!! — chilló. Empecé un movimiento lento sin sacárselo ni meterlo, sólo empujándolo. Hasta que lo retiré un poco, lo penetré, para sacarlo hasta dejar sólo la globosa punta, entrando en él, por mucho rato.

A cada entrada Camilo gemía mi nombre. Miré a su entrada que envolvía mi verga, la visión fue alucinante, lo estaba metiendo fuerte, rápido y duro en el culo de mi amante. Fui a su verga, la encontré rígida, dura y cálida. Empecé a masturbarlo, gimió más desesperadamente. Mi primer chorro se quedó en las profundidades de su cuerpo, el segundo me sacudió, todos los demás fueron de un placer inenarrable.

***

Esa noche hicimos el asado, mascó un trozo de comida y me lo dio en la boca, tragué, masqué mi propio trozo de carne asada y se la di. Intercambiamos comida preparada por nuestras bocas como si fuera una liturgia. Tal como Danilo dio de comer a Gio en su lenta y penosa agonía. Nos acostarnos desnudos, se apretó a mí y yo lo estreché fuertemente. Embargados de profundo amor. Camilo me puso bocabajo, apoyó su cara en mi trasero, usándomelo como almohada, empezó una larga salmodia que fue decayendo paulatinamente

— te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo Marcelo

te amo…

Se durmió, su respiración me daba cosquillas. Ni Di ni Bob estaban allí.

Sólo nosotros.

Te amo Camilo

te amo Camilo…

… fue lo último que escuché de mí mismo… lloré amargamente, me sentí tan triste, tan triste…

… Tan triste…

***

… Camilo ya no era mío…

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Categoría: Gay | Comentarios: 0 | Visto: 1648 veces

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