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LAS CARICIAS DE CARLOS MI ENFERMERO DE PISO

Enviado por lobo_estepario el 29/12/2010

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LAS CARICIAS DE CARLOS MI ENFERMERO DE PISO Publicado el 29/12/2010, por: lobo_estepario

La habitación fría de un hospital, el trajinar de los médicos y enfermeras en los pasadizos, el sol del atardecer que se filtraba por las cortinas con su resplandor, a las cinco de la tarde, eran cosa nueva para mí, yo postrado en una habitación a mis 23 años, con mi rabia contenida, mi frustración y la incredulidad de lo que me estaba pasando.

El insoportable dolor en mi pierna izquierda y la total insensibilidad de mi pie me aterrorizaba, unas lagrimas caían por mi rostro, el...

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sabor salado de ellas se filtraba por las comisuras de mis labios, y un trago amargo de saliva ahogaba el llanto que pugnaba por brotar de mi garganta que estaba con un nudo que no podía desatar.

El calor del verano que ya había empezado en los primeros días de enero en Lima, era sofocante, tendido semi desnudo en la cama del hospital, solo cubierto por una bata de paciente, color verde pálido, amarrada a mi cuello y a mi cintura, sentía mi cuerpo quemándose en una caldera, los poros de mi piel morena transpiraban copiosamente y emocionalmente frágil, a punto de quebrarme.
Me sumí en mis recuerdos tratando de no escuchar aquel ajetreo, el ir y venir de camillas, los llamados por los altoparlantes, el ulular de las ambulancias que seguramente como en mi caso ingresaban mas pacientes, cerré mi ojos como queriendo despertar de una pesadilla que jamás hubiera soñado.

Retrocedí a la madrugada anterior de aquel fatal día, y me recordé tendido en mi cama, con mi cuerpo bronceado del primer día de playa, totalmente desnudo, con la ventanas abiertas de mi habitación estudiantil, por la cual soplaba una fresca briza que se colaba por las copas de los arboles de la calle, eran las 3 de la madrugada y mi mente concentrada en la materia que estudiaba para el examen final del curso con el profesor más exigente de la facultad de leyes, y era el primer examen de los 7 que empezaban y seria a las 7 de la mañana.
Ya cansado programe la alarma del reloj a las 6 am di, los últimos repasos ,y me sumí en un profundo sueño, del cual desperté temblando de miedo y terror, había soñado premonitoriamente con mi muerte, aun despierto los escalofríos en una noche de verano hicieron que me arropase, y en vigilia recordando la escalofriante presencia de aquella sombra maligna que en sueños me seguía mientras yo caminaba por unas callejuelas oscuras, tenebrosas y vacías , sombra que aparecía y desaparecía para nuevamente acosarme y mirarme fríamente y amenazante, distinguiendo de entre la oscuridad de su rostro sus ojos tétricos y penetrantes como jamás nunca en mi vida he visto, en esa pesadilla vi a los ojos a la fatalidad que me seguía en compás de espera ansiosa por darme caza.

Solo una niña de unos 7 u 8 años piel canela, ojos dormilones, cabello lacio negro que caía en sus hombritos, y su angelical rostro que terminaba en una barbilla partida, a quien no la reconocía entre mis conocidos, se aferraba a mi mano jalándome con extraordinaria fuerza en dirección opuesta a aquella espeluznante presencia; era toda la compañía que yo tenía en aquella danza con el mal, hasta que viéndome acorralado decidí enfrentarme a mi miedo y encarar a la tétrica presencia, criatura se interpuso decidida entre esa sombra y yo, vi la mirada fija del mal en la niña para luego enterrar su mirada en el pavimento de la calle, dándose media vuelta y alejarse arrastrándose en un fondo oscuro de la calle, desperté gritando mis desafíos y temblado de terror. –Hoy reconozco en esa niña a mi hija que nació después de tres años cuando yo tenía 26

No pude conciliar el sueño, hasta ver amanecer el día y disponerme a ducharme, sentir la fría agua de escurriendo suavemente por mi cuerpo desnudo, el sol brillante que dominaba el cielo azul, la erección de mi polla aun en aquella situación emocional de tensión y stress, no se hizo esperar y empalado al máximo, sentí los latidos fuertes y viriles de mis venas que surcaban mi falo moreno, lo acaricie con mi mano provocándome un gran placer y relajamiento, lo necesitaba hasta provocar un orgasmo y sentir mi semen caliente estrellarse en mi vientre en un contraste con la fría agua que discurría por mi piel.

Salí de la ducha, el tiempo corría a prisa el examen seria a las 7:00 y no a las 7:01, en el horario del profesor era inflexible, abrí el repostero de mi habitación y saque una manzana que comí al paso mientras me cambiaba, tome un pantalón hindú de algodón ajado color hueso, una camisa cuello neru suelta color arena, era mi preferida para ocasiones muy especiales, enfunde mis pies en mis botas cajamarquinas, de canillas altas color canela, tome mis apuntes y baje las escaleras a prisa, monte mi moto, encendí el motor y salí rumbo a la facultad, el viento frio de la mañana me acariciaba el rostro húmedo , mi cabello rizado filtraba el aire, que cortaba raudamente en mi recorrido, hasta que intempestivamente, un bus de trasporte publico se cruzo en mi camino y los segundos me fueron eternos, y mi vida o mi muerte empezó a trascurrir en cámara lenta, lo que sería unas fracciones de segundos para los que presenciaron el accidente, para mí fue una eternidad, verme maniobrando en el aire aferrándome a la nada, mi cuerpo arrastrándose en el asfalto frenado por mi pie izquierdo que se friccionaba contra el asfalto como un freno de poder para evitar sucumbir debajo de las llantas negras que rodaban lentas empujadas por aquella sombra maléfica de mi sueño, mi cuerpo rebotando contra ellas y aquella mole de fierro que frenando despedía ese olor de caucho quemado que me inundaba el alma en esos instantes, viendo mi moto retorcerse y estallar en pedazos debajo de las llantas y yo aferrado a la vida por no sé qué manos benditas, yacía retorciéndome en el asfalto viendo alrededor mío los edificios gigantescos como llegando al cielo los arboles girando a mi alrededor inalcanzables y los gritos de espanto de la gente que transitaba por el lugar retumbaban en mi mente lejanos distantes, con ecos ensordecedores, y yo tratando de pararme sin lograrlo cayendo una y otra vez al piso, buscando la mirada de alguien que me ayude, desesperado ahogado por el miedo y el espanto viendo mi cuerpo ensangrentado, mi bota hecha unos hilachos de cuero teñidas de negro y corroídas por una lija potente, un nudo se apodero de mi garganta, recordando ese fatal momento de mi vida o ese milagroso escape de la muerte a mis 23 años, mi rostro era inundado por las lagrimas con mis ojos cerrados.

Sentí una cálidas y suaves manos en mi rostro limpiando mis lagrimas que me sacaron de mi ensimismamiento y recuerdos, vuelto en mi, mire el rostro de un chico algo más joven que yo o por mi edad, su expresión era amical y lucia una sonrisa perfecta en unos labios finos, de ojos verdes intensos y cabello lacio castaño, de tez blanca y pecas en las mejillas, simpático delgado y enfundado en uniforme de enfermero impecablemente blanco, lo mire y algo turbado por la circunstancia de mi fragilidad emocional lo salude esforzando un sonrisa.

-En lugar de llorar, debes estar feliz, podrías estar en una bóveda, helado en la morgue a estas horas, esperando tu entierro.- Me lo dijo mirándome fijamente a los ojos.
-Si. atiene a decir sin ganas de hablar o de iniciar conversación alguna.
-Augusto. –me llamó por mi nombre- Soy Carlos, el enfermero del piso y estarás a mi cuidado por un tiempo.

Me dijo mientras me sacaba la bata y sentía el rose de sus suaves manos en mis cuerpo desnudo, dejándome expuesto ante él, tomado una toalla me seco el sudor en el pecho, sentía nuevamente sus manos tiernas en mi piel, en mis hombros en mi cuello, bajo hasta mi vientre que estaba humedecido por la traspiración, los vellos de mi vientre fueron acariciados por sus manos y una descarga eléctrica recorrió mi espalda hasta desatar una erección en mi polla, él sin inmutarse, la miro fijamente por un instante sin detener sus masajes con la toalla secándome el sudor del vientre, bajo hasta mis muslos que estaban traspirados, masajeo mi pierna derecha interiormente, froto mis ingles, mis huevos, para finalmente rodearme la polla erecta con la toalla y masajearla lentamente como limpiándola.

En ese instante olvide toda mi tragedia y tratando de encontrar una explicación a mi reacción, le pedí que me diera la toalla diciéndole que yo continuaría limpiándome, que no se preocupara. Nos miramos a los ojos y me sonrió dándome la toalla.

- Traeré una bata limpia para que pases la noche.

Me dio la espalda alejándose, mi mirada se clavo en su nuca delgada, bajó por el centro de su espalda como acariciándola y se clavo en sus nalgas que se alejaban perdiéndose en la puerta de la habitación que cerró a su salida. ¿Qué me estaba ocurriendo con aquel chico que hacía unos instantes lo conocía? ¿Qué me excitaba de el? ¿Porque mi pasión se encendió al simple rose de sus manos? Eran las preguntas que me rebotaban una y otra vez. Me cubrí con la cubrecama, pues podía entrar otro personal del hospital a la habitación y yo seguía allí empalado. Carlos entró a los pocos minutos llevando consigo una bata que me puso, con mucha delicadeza y suavidad el rose de la tela en mi glande hinchado me provocaba placer y dejaba la marca del fluido seminal que empezaba a brotar a raudales, Carlos no dejaban de pasar una y otra vez su mirada en mi bulto carnoso y marcado que lucía entre mis piernas.

- Debes sentirte muy feliz porque seguirás haciendo feliz a tu novia con esa tremenda cosa que esta linda.

Dijo mirándome a los ojos y esbozando una sonrisa coqueta e insinuante, me quede en silencio y desvié la mirada, Carlos me tomo la temperatura. Me dio de tomar agua y las patillas de la receta médica, y coloco suero en mis venas, quedando enganchado a una manguerilla y una bolsa de suero que goteaba lentamente, se despidió y me dijo que vendría temprano a bañarme, la noche transcurría lenta, los pocos ruidos del hospital se iban apagando hasta sumirse en un profundo silencio, mientras que el dolor de mi cuerpo y de mi pierna se hacía más intensos e insoportables, sin darme cuenta quede sumido en mis sueños por las drogas que me había dado.

A la mañana siguiente Desperté en medio del barullo del ajetreo del personal médico en los pasadizos, mire a la ventana y un día claro y soleado se presentaba, ese día llegarían mis padres de provincia a verme, enterados de mi accidente, eran a los únicos a los que deseaba ver. Toque mi rostro con la barba crecida, mire mis vendajes que cubrían mi pierna y mi pie, y el dolor no atenuaba. La puerta se abrió y apareció Carlos, sonriente y amable, cerró la puerta y llevaba consigo una bañera, esponjas y toallas, echo seguro a la puerta y mirándome me pregunto.

- Está bien si le echo seguro verdad, o ¿quieres que las chicas de enfermería te vean como viniste al mundo?
- Si está bien. Asentí

Su sola presencia me excitaba, y mi mirada se clavaba una y otra vez en su culito mientras el preparaba el “baño”, sentía que el también dirigía su mirada a mi bulto que ya se dejaba notar erguiéndose nuevamente entre mis muslos debajo de la bata, Carlos inicio el baño, que por la postración en que me encontraba y la inmovilidad de mis piernas solo podría ser de una forma muy limitada, se acerco a mi y sentí el calor de su cuerpo próximo al mío, rodeó mi cuello con sus brazos y desató la bata en el cuello, y luego en la cintura y me dejo desnudo nuevamente ante él, mi pecho marcado de los músculos mis tetillas morenas y pequeñas, circundadas por unos vellos que las rodeaban, una hilera de vellos tupidos, rizados que bajaban por el centro de mi pecho, llegando a mi ombligo, lo rodeaban bajando con un vértice de un triangulo se tupian y cubrían mi pubis, mis muslos gruesos, velludos de un vello rizado negro, una mata de vellos ocultaba mis huevos de piel morena, en medio de aquella mata de vellos masculinos se erguía vital, viril, fuerte mi falo moreno que Carlos no dejaba de mirar con deleite y deseo, mi glande con el cuero corrido brillaba de la erección que lucía, Carlos se apresuro y empezó a masajearme el cuerpo con la esponja mojada en agua tibia que tenía en la bañera, sentía sus manos rosándome su cuerpo próximo al mío, subía y bajaba por mi cuello, mi pecho y bajo a mi ombligo, yo lo miraba fijamente a los ojos y el, respondía a mi mirada en silencio mientras masajeaba mis mulsos y simultáneamente secaba mi piel con la toalla, por un instante se detuvo frente a mi polla, yo miraba el contraste de sus manos blancas posadas en mi vientre muy cerca de mi polla y deseaba ser acariciado por ellas, se lo pedía en mi mirada y él me entendía.

Dejo a un costado la esponja y la toalla, y coloco sus manos en mi muslo, lo acaricio tiernamente, sus manos se deslizaban por mi piel en dirección a mi polla hasta que la rodeo con una de ellas y sentí el inmenso placer de esa caricia, esa suavidad, mi polla latía en su mano a mil, la presionó con su mano rodeándola, subiendo, bajando despacio apretadamente, mientras yo veía como mi glande de color rosado oscuro, totalmente hinchado aparecía y desaparecía entre sus dedos divinos, finos, blanquísimos de Carlos.

Deje escapar un gemido de placer y Carlos ensimismado en mi polla mirándola mientras la masajeaba de arriba hacia abajo lentamente, como arrullándola, con la otra mano acariciaba mis muslos internos hasta meterla debajo de mis huevos empezando a juguetear con mi ano delicadamente, intenté alzar mis caderas pero un intenso dolor que casi me arranca un grito que me detuvo.

- Alek déjame acariciarte, tu solo quédate quieto. Si?
- Si.

Reinicio sus masajes en mi polla que había tomado un tamaño y grosor esplendido sus flujos cristalinos coronaron mi glande escurriéndose entre las comisuras de mi cuero, para después dar paso a unos flujos mayores que Carlos aprovechaba con sus dedos para sobarlos suavemente contra mi glande carnoso y rico, empezó a sentirse un olor de sexo, era mi polla que estando húmeda por mi excitación despedía un olor penetrante que Carlos aspiraba con sumo placer..

- Ohhh Alek que rica la tienes, que calientita está mmm como te huele tan divino papito.

Me sentí excitado por sus palabras, y mi respuesta fue dirigir mi mano a su espalda, en una caricia firme y suave bajando, a lo que él respondió facilitándome la caricia, baje hasta sus nalgas y sentí que las puso tensas, sus músculos se pusieron rígidos y duros, apreté mi mano contra esas redondas carnes, Carlos entendió que debía relajarse, sentí la suavidad de ellas, la calidez, mientras las apretaba con placer, con ganas, redondas, y calientes, paradas y firmes, una y otra vez mi mano se deleitaba en el culo de Carlos y acaricie su ano sobre la tela del blanco pantalón de enfermero y sus manos disfrutaban de mi polla dura y de mis huevos que estaba empapados en jugos. Deje sus nalgas descansar mientras Carlos continuaba dándome masajes con las yemas de sus dedos en mi polla, sin atenazarla con la mano solo las yemas de sus dedos presionaban divinamente mi falo desde su raíz hasta la punta de mi glande, que placer ver sus dedos blanquísimos sobando mis carnes morenas de mi polla.

Quería sentir su sexo, saber si él estaba tan excitado como yo, y rodeando sus caderas deslice mis mano hasta su entrepierna, satisfecho, y feliz por encontrar en medio de ellas un bulto grueso y duro que latía debajo de la tela, estaba tan empalado como yo, empecé a acariciárselo, a sobárselo sobre el pantalón, a sentir cada una de sus pulsaciones y latidos. De pronto su rostro se aproximo al mío con los labios entreabiertos, mirándonos fijamente a los ojos nos besamos, muy despacito sintiendo sus labios deliciosos y suaves, su lengua rica y tierna recorrer mi boca y yo la suya. Como despertándose por una alarma me dijo.

- Alek el tiempo me gana, lo dejamos para la noche.
- Si Carlos… te espero.

Termino de acérame y yo tome una maquina de afeitar y me afeite y acicale mientras el retiraba toda la ropa de cama de recambio, y su culo que había sido el objeto de mis deseos y caricias se movían a su rítmico paso de una lado a otro en la habitación ordenándola, para salir apresuradamente, ocultando su erección en las toallas, el dolor había desaparecido de mi cuerpo, la tristeza y fatalidad habían huido apresuradamente de mi mente ante la pasión que el despertó en mi.

El día transcurrió rápidamente, la primera visita de los médicos me dieron un pronósticos de 3 meses de hospitalización y dos o tres cirugías reconstructivas de los huesos fracturados de la pierna izquierda, así como un injerto de piel en mi pie que había perdido gran parte de su piel en la parte interna, lo cual me sumió en una profunda frustración, peligraba mis estudios, mis exámenes, mi verano todo se truncaría, y la aterradora posibilidad de mi permanente cojera a mis 23 años, recibí las visitas de mis padres, que me devolvieron la alegría y la serenidad, sobre todo mi madre que presa de la angustia llego a verme con los ojos hinchados de tanto llorar en el viaje pensando lo peor. Afortunadamente lo peor no paso.

Llego la noche y la hora de la visita nocturna del enfermero de turno, pensaba que Carlos no llegaría pues era otro turno en que ocuparía su lugar, pero me había ofrecido estar de noche y yo lo esperaba. Y así fue, entro como siempre sonriente y con su rostro agradable, cerró la puerta ya era de noche y me saludo con un beso en los labios que respondí con muchas ganas, hizo su rutina de siempre y yo estaba desesperado por sentir sus caricias, mi polla había sentido el efecto del beso y estaba dura erguida entre mis piernas latiendo en espera.

- Oye con solo un besito se te pone riquísima.
- Es que besas muy rico Carlos. Jajajajaja –era mi primera risa después de aquel dia.
- Descansa Alek. Terminaré mis rutinas en las otras habitaciones y te vendré a ver.

Tocaron la puerta, Carlos abrió, y entro una enfermera igualmente impecable, alta de cabellos castaños y rostro sensual, aun con el uniforme se destacaban sus nalgas y caderas perfectas, de manos acicaladas y finas, de tetas medianas pero paradas y amenazantes, nos miro sonriendo.

- Hola Alek, me llamo Adriana, soy enferma del piso, pero más veo el pabellón de mujeres, Carlos me ha hablado de ti, solo te digo que estas en buenas manos.
- Hola. Si gracias. –respondí-

Le dio un beso amical a Carlos y se retiro, haciéndome una seña de adiós con su mano..

-¡¡¡ Ah¡¡¡ te cuento que cambie mi turno con Adriana que sabe de lo nuestro, ella es lesbiana y también se enamora de una u otra chica que llega al hospital, así que estaré toda la noche contigo.

Se retiro y me quedé excitado, con la polla más dura que antes, y esperando su regreso, el tiempo transcurrió, y entre mis esfuerzos por mantenerme despierto, esperando su regreso sucumbí al sueño, En medio de la oscuridad de la habitación, desperté al sentir unos labios suaves besando los míos, y que yo instintivamente respondí sabiendo que solo podía tratarse de él, el silencio total de la habitación me permitía escuchar nítidamente los chupeteos de nuestros labios, las lenguas lamiéndose una contra la otra, mi polla dormida empezó a ser acariciada por su mano cadenciosamente mientras nos seguíamos besando con más pasión, con más ganas y placer.

Carlos bajo por mi cuello lamiéndomelo y besándolo mordiéndolo despacio y rico mientras su mano no dejaba de masajearme la polla por debajo de la bata empalándola yo respondí dirigiendo mi mano a su culo, enfundado en su pantalón, masajeándoselo sintiendo el placer de su culo en mi mano, me desato delicadamente la bata desnudándome, sentí su boca caliente y suave apoderarse de mis tetillas, chupándolas besándolas, lamiéndolas, poniéndolas erectas duras en sus pezones, mientras yo empezaba a acariciar su polla debajo del pantalón que la tenia dura como la mía y el seguía mamándome las tetillas, con lujuria y deseo, sin dejar de masajearme la polla que estaba mojada por los flujos que vomitaba a cada caricia de Carlos.

Dejo mis tetillas descansar, duras y calientes de haberlas chupado mucho, y bajo besándome la hilera de vellos, rosar mi glande empalado con sus labios, pasándolo por alto hasta acomodar su boca en mis huevos besándolos, lamiéndolos deliciosamente.

Un Ohhh se me escapo de la boca.

- Te gusta? Dime te gusta?
- Muchooo muchoooo. Siiiiiii Carlos. Sí

Levanto con una de sus manos mis huevos jalándolos suavemente hacia arriba y empezó a besarme la zona del puente entre mis huevos y mi ano sentía sus besos, su lengua recorrer sin prisa ese terreno, abrió una de mis nalgas con su mano y sentí mi ano abrirse como una rosa y su boca besármelo, lamerlo mientras su mano masajeaba lentamente mi tronco, su boca me mamaba el culo velludo, provocando que mi polla se ponga como una polla de un potro, durísima y latiendo endemoniadamente entre su mano, dejo descansar mi culito, dejándolo mojadito de sus tibias babas, con mi vellos mojados con su lengua recorriendo mis huevos y polla desde su base.

Empezó lengueteandome el glande, chupándolo despacito y en chupetes muy cortitos que me provocaban descargas de placer que recorría todo mi cuerpo y siguió metiéndosela poco a poco dentro de la boca entre los jugueteos de su lengua sobre mi glande que iba ocupando su boca, su lengua salía por los costados de sus labios sobándose deliciosamente en mi falo. Yo deseaba sentir su cuerpo, su piel, tomé su correa y se la jale.

- Desata el pantalón Carlos.

El sin dejar de mamar mi polla subiendo y bajando por toda la extensión gruesa e hinchada, se desato la correa y se bajo el cierre con movimientos de sus caderas, hizo que su pantalon bajaran a mitad de sus nalgas y mi mano por vez primera sintió la exquisita piel se su culo metiéndole la mano me deleitaba en su raja caliente, sus nalgas relajadas, las yemas de mis dedos se introducían mas y mas en medio de ellas y el calor intenso de su culo iba creciendo a medida que mis dedos avanzaban en aquella raja hasta sentir su ano en la yema de mis dedos, sentir sus pliegues suaves finos y ricos, sentir el huequito del ano estrecho, palpándoselo despacio, rico posando la yema de mis dedos en su ano presionándolo suavemente y sintiendo sus latidos y contracciones, mientras sus nalgas apretaban mi mano.

Deje su ano, lleve mis dedos que hacia un instante habían jugueteado en él y los olí, sentir ese aroma intenso y profundo del ano de Carlos, me existo aun mas, lleve mis dedos a mi boca y sentí el sabor de su culo, de su piel, dulce, salado, no tenía un solo vello en el, era tan lampiño, suave, estrecho y caliente.

- Te gusta mi culito Alek. Dime te gusta. Es tuyo sabes es tuyoooo.
- Lo sé, Carlos, me gusta y será mío cuando podamos hacerlo. Lo deseo tanto.

Unte abundante saliva en mis dedos y retome mis caricias en su ano, acariciándolo mas y mas hasta sentir lo dilatado que lo tenía, lo flexible que se había puesto su entrada, lo rico que se sentía cuando mi dedo penetraba sin dificultad los pliegues de su esfínter anal entre sus quejidos y sus más intensas y frenéticas chupadas de mi polla, saque mis dedos de su culito y tome su polla que por primera vez la tenia desnuda en mi mano, la tenia mojadita de flujos, parada, acaricie su glande con placer, hinchado suave rico lo pele, para poderlo acariciar mejor en su tamaño, la tenia grande, tanto o más que la mía, estaba rasurado, no tenia vello alguno en su pubis, lo acaricie lo sentí caliente, rico suavecito, baje a sus huevos y los apreté despacio jalándolos hacia abajo, y retorne a su polla masturbándola despacio, poco a poco acelerando mis masajes sintiendo sus flujos mojarme mas y mas mi mano.

Mientras Carlos tomo mi boca por sorpresa con la suya y me besaba como un loco de placer me masturbaba, los dos nos estábamos dando placer, masturbándonos, el a mí y yo a él, mientras nuestras bocas se fundían en un beso largo profundo, hasta que ambos sentíamos la proximidad de un orgasmo, las oleadas de placer iban y venían cada vez mas cercanas y próximas las manos aceleran los masajes las bocas se fundían mas y los alientos se sentían uno solo comiéndonos a besos, apagando los ruidos de los besos, sentía el preludio de mi eyaculación. Entre besos le dije

- para Carlos para, para paraaaaa, me vengo me vengooo.

Carlos dejo de besarme y tomo mi glande con su boca chupándolo y subiendo y bajando de mi polla estremeciéndome con placer incontrolable

- Dámela Alek dámela, deseo beberte, tengo sed de tu semen.

Retomo su mamada como si fuera un bebe de pecho succionando desesperadamente mi glande como si fuera el pezón materno, ordeñando mi polla con su boca caliente, hasta dejarme ir en la ola más grande de placer y sentir las descargas de mi semen en su garganta, y su desesperación por beberla, succionando mas y mas mi semen aspirándolo, hasta sentir el cesar de mis chisguetazos y el apaciguar de los latidos de mi polla dentro de su boca.

Seguía mamándola aun sin eyacular la sensibilidad de mi polla al tope me estremecía mientras yo lo seguía masturbando, el se abandono, se dejo, su polla entraba y salía en medio de mi mano hasta sentir su descarga seminal en mi mano caliente y rica, sin parar continuando en mis caricias sentí sus labios besar los míos y sentí el sabor de mi semen en ellos, mis caricias en su polla lo tenían en el clímax, me mordió los labios, se soltó de ellos se recostó en mi pecho en mi cuello, jadeando, mientras terminaba de descargar su semen, mi polla semierecta y mojada, yacía entre mis muslos y la suya empezaba a relajarse.

Descansamos así unos minutos, hasta que se incorporo, y encendió una lamparilla que ellos llevan, me acaricio el rosto con un beso tierno en los labios y me limpio el semen y el también se limpio, acomodo sus ropas y mi bata. Despidiéndose.

Nos hicimos muy amigos y durante los tres meses que estuve internado lo repetimos hasta llegar a hacer el sexo por completo en el baño de la clinica, esta parte se las debo.

Lobo estepario.

Calificación: 5 | Votos: 5
Categoría: Gay | Comentarios: 1 | Visto: 10628 veces

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