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Mario, el portero narigón.

Enviado por Exave el 8/11/2011

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Mario, el portero narigón. Publicado el 08/11/2011, por: Exave

Era el primer año que me mudé a la ciudad para estudiar, tenía 18 años y vivía solo en un departamento cercano a la Universidad. Siempre fui un chico tranquilo y fácil de llevarse bien con la mayoría, sin importar la edad siempre podía compartir alguna charla, aunque sea trivial.
Mario era el portero del edificio, un tipo no muy mayor. No era realmente agraciado, además era propietario de una nariz importante, característica que sobresalía, así como un cuerpo bastante bien formado a...

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pesar de la edad. Seguramente sería por subir y bajar las escaleras del edificio cada vez que limpiaba, por el futbol que practicaba frecuentemente con sus amigos y seguramente algo los genes habrán tenido que ver. Hicimos una relación bastante buena, solía bajar a despejarme un rato del estudio a hablar con él y yo le daba todos los trabajos de reparaciones de mi departamento. Era muy amable.

Una tarde decido bajar un rato a ver gente y a hablar un rato con Mario, para luego volver a sentarme frente a los libros. Si bien ya habían pasado 10 minutos del horario que debía entrar por la tarde, aún no llegaba. Decidí esperarlo y al momento llegó, todo transpirado y se veía algo agitado.

- “¡Hey Lucas! ¡Qué haces?” Me dijo alegre de verme.
- “Te estaba esperando para matar un poco el tiempo, estoy aburrido de estudiar…”
- “Se me hizo tarde en el partidito, me voy a duchar y estoy con vos, espérame”
- “No hay problema” Le respondo.

Mario ingresó a darse una ducha en el baño de la pequeña pieza que el edificio ofrece a los porteros para que tengan sus cosas personales mientras yo me puse a preparar el equipo de mate para tomar unos amargos. Pero las hornallas para calentar el agua estaban en el baño, ya que en un mismo espacio se las habían ingeniado para hacer baño y mini cocina, ahorrando costos. Miserables.

-“Mario, ¿Puedo pasar a calentar el agua? Le digo con voz elevada para que escuche desde la ducha.
- “¡Si hijo! Pasa tranquilo.” Me contesta él.

Entonces entro al baño, hacia bastante calor por el vapor del agua. Todavía sin mirar hacia donde él estaba me dedico a llenar la pava con agua y prender la hornalla. Disimuladamente observé que la ducha era solamente un rincón detrás del inodoro cerrado con una cortina de esas transparentes con algunos dibujitos, que aunque estaba empañada y mojada permitía adivinar las formas que había detrás. Mario estaba de perfil enjabonándose la panza, y pude ver que una forma bastante importante sobresalía entre sus piernas. No quise detenerme ahí y seguí con la mirada recorriendo el lugar. Pero cada segundo aumentaba exponencialmente el impulso de confirmar lo que había visto. La situación me resultó erótica y comencé a excitarme.
La pava se llenaba lentamente a causa del dispensador de agua que era muy lento, lo que me dio tiempo para seguir espiando a Mario. Me decido a mirar lo más sutilmente posible. El estaba de espaldas, dejando de mi lado un trasero muy bien puesto. Al instante se da vuelta y puedo observar que se estaba enjabonando el pene, incluso a través de la empañada cortina podía darme cuenta que era grande, al igual que sus huevos, y una espesa mota de bellos oscuros con rastros de jabón adornaban la zona.

- “¿Qué te ha tomado la atención?” Me pregunta Mario.

Casi me muero de vergüenza, no sabía qué hacer y me puse colorado.

- “¡Parece que el mito de los narigones es cierto!” Atiné a decir yo.

Después de todo era evidente que le estaba mirando la polla. Gran polla.

-“Jajaja. ¡Qué curiosos que son los chicos de hoy!” Dijo él riendo.

Aparentemente se lo tomó de lo mas bien y la situación tuvo un curso fácil para seguir. Un momento antes casi salía corriendo. Dejé la pava en el fuego y salí del baño, con el corazón latiendo más fuerte que cuando había entrado. Me senté a esperar mientras checaba mi celular y pensaba en el enorme pene que Mario portaba.
Al momento la pava comienza a hervir. Yo pensé que se encargaría él de apagar el fuego y llenar el termo, pero en vez de eso me dice:

- “¡Lucas! Te has olvidado del agua. ¡Ven que está que vuela!”

Sorpresa para mí. Con mi excitación otra vez aumentando me dirigí hacia el baño, entré y apagué el fuego. Mario se estaba secando, con la cortina abierta y como si no le importase en absoluto que alguien más esté allí.

- “Me entretuve mandando unos sms con un amigo y me olvidé”. Me excusé.
- “Además de curiosos, que distraídos que son ustedes”. Me dice en tono jocoso.
- “¡Ok perdón¡” Le digo fingiendo burlonamente estar ofendido. “Era algo importante que me hizo olvidar del agua… Respecto a lo otro no es que sea curioso, es que su pene me resultó bastante grande… espero no haberlo molestado por eso.”

- “No hay problema... ¿De verdad te parece grande? Me dice Mario.

Termina de pasarse la toalla por su miembro y se pone de frente a mí para que se lo pueda observar mejor. Actitud que tome como permiso para mirárselo sin tener que disimular. Era un pene grueso, bastante largo y con algunas venas marcadas, se veía pesado, con la cabeza a medio asomar. Dos grandes huevos colgaban por debajo. La situación me resultó por demás erótica y tenía miedo que se note mi incipiente erección.

- “¡Si! Es un vergón…” Contesto su pregunta sin sacarle la mirada de encima.

En ese momento pensaba que la vida te da y te saca. Porque ese hombre no era lo que se dice “atractivo”, es más hasta podía pasar de feo. Pero para compensar era un buen hombre y además tenía una verga envidiable para cualquiera; y deseable para el resto. Yo catalogaba para las dos categorías.

Se hizo silencio, yo observaba la verga de Mario, y el también la observaba, como si nunca la hubiese visto en una actitud como diciendo “¿De verdad la tengo grande?”. Hizo unos movimientos rápidos hacia los lados para ver como su pene se balanceaba de un lado a otro, y después con una mano se lo agarró para levantarlo y dejar a la vista los huevazos. Jaló hacia atrás la piel para descubrir por unos segundos el glande, y volvió a soltarla, dejándola caer pesadamente.
Luego levanta la mirada hacia mí, y como yo no quitaba la vista de encima me dice:

- “Tócala si quieres…”
- “¿Qué?” Le pregunto.
- “Que si tanta curiosidad te ha despertado, puedes tocarla. Estamos en confianza, y además, acabo de bañarme!” Reímos ambos.

Estaba excitado y mi erección ya empezaba a notarse. No me importó, como bien dijo Mario estábamos en confianza. Puso sus manos en la cintura y abrió levemente sus piernas dejando bien a la vista el miembro. Acerco mi mano derecha a su pene lentamente y se lo agarro por encima, lo rodeo completo. Le hago suaves movimientos de masturbación. Después lo agarro de forma de quitarle la piel del prepucio y dejar al aire la cabeza del pene. Era rosada y gruesa, un poco más que el tronco del pene. Se le estaba amorcillado apenas perceptible, pero si totalmente dormida era grande, entonces ahora lo estaba más.

- “¡Qué vergón!” Exclamé en voz baja mientras subí la mirada hacia él y la volví hacia su pene.
- “Si quieres saber lo que es un verdadero vergón, continúa jugando con él” Me dice.

Dejé las vergüenzas y tabúes de lado y dejé que la situación siga su curso. Me senté en el inodoro y con las manos en sus nalgas lo atraje hacia mí, dejando su grueso pene colgando frente a mi cara. Lo busque con la boca y me lo engullí entero, hasta que mi nariz topó con la base de sus bellos negros. Jugué con mi lengua entre sus carnes, saboreándolo. Me lo quitaba y volvía a meter en la boca, succionaba con fuerza. Su pene empezó a tomar vigor y ya no me entraba completamente, le retiraba la piel hacia atrás y me lo metía hasta donde podía.

- “Mmhhh Lucas, me está gustando lo que haces” Dijo Mario entre gemidos.

Eso me motivó a seguir chupando y chupando hasta que la verga alcanzó su máximo esplendor. Era una verdadera verga, gruesa y larga, con una cabeza gorda que la coronaba. Mientras me la metía en la boca con una mano acariciaba los huevos y con la otra tomaba la base del pene para masturbarlo suavemente.
Tras unos momentos así me doy cuenta que su respiración comienza a agitarse y su verga se pone todavía más rígida. Me la retiro de la boca y sigo masturbándolo pero esta vez con mucha más decisión, y no tardó mucho más en descargar unos largos chorros de semen que enchastraron mi mano y el suelo. Mientras se encontraba en la cima del orgasmo sus piernas parecían rendirse. Fue tan excitante tener en la mano el enorme y duro mástil mientras largaba su carga que creí podía acabar yo también.

- “¡Que buena mamada que me has hecho, joven!”. Me dice exhausto.

Yo atiné solamente a sonreír.

- “Me gustaría que se repita algún día” Me dice mientras me da una palmada en el hombro.
- “Sin duda Mario” Le afirmo.

Finalmente preparé el mate y salimos a charlar un rato, pero de otros temas. Lo que paso quedo en secreto entre nosotros. Con ansias esperaré la próxima oportunidad de jugar con el gran pene que el portero esconde entre sus piernas.

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Categoría: Gay | Comentarios: 1 | Visto: 13680 veces

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humbost

Me gustó mucho tu relato, está bueno pero habría sido mejor si el narigón te hubiera dado por el culo con esa vergota

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