Alguien aporreó el timbre en casa de Luis, aquello no era muy normal siendo sábado por la mañana. Él seguía en la cama, pero en vista de que nadie abría, le tocó levantarse. No debía de haber nadie en casa, pues de lo contrario alguien hubiera abierto. Se puso una bata que le venía ya algo pequeña por no abrir en pijama, y bajó las escaleras a todo trapo, mientras el timbre seguía sonando insistentemente. Fuera quien fuera, no iba a desistir.
-Buenos días. No sé si habrás...
desayunado, te he traído churros.
-¿Qué coño haces aquí? Bueno, que me alegro de verte y eso, pero no te esperaba a ti precisamente. ¿Cómo me has encontrado? ¿Qué estás haciendo por aquí? ¡Dame dos besos! –Tenía la vaga esperanza de que hubiera sido Iván quien hubiera estado tras la puerta, pidiéndole perdón por lo del vestuario, pero no. Era Sandra, la misma Sandra que había conocido en Dublín, y que no había vuelto a ver desde entonces porque vivían a 500 kilómetros. La misma que ahora acababa de sacarle de la cama quemándole el timbre y que le sonreía nerviosamente.
-He venido con mis padres a pasar el fin de semana. Ellos se han quedado en el hotel y yo les he dicho que iba a ver a una amiga mía que se vino a vivir por aquí hace años, pero creo que no tengo ya ni su dirección. Pero la tuya sí, nos las cambiamos para escribirnos cartas de vez en cuando, pero al final no nos hemos escrito. ¿Me dejas pasar?
-Claro, claro. Es que me dejas de piedra, no te esperaba. ¿Por qué no me has avisado? Mira que si me llegas a pillar fuera... Bueno, y además me hubiera podido arreglar un poco, que ahora tengo unas pintas...
-Te he visto en circunstancias peores, ¿o no te acuerdas? –Dijo ella con una sonrisa más melancólica que pícara.
Claro que se acordaba. Cómo no se iba a acordar de la chica con la que había perdido su virginidad. Apenas habían pasado unos meses, pero parecían siglos. Después de separarse vino Marta, y luego su hermano Iván y su otra primera vez. El muy capullo seguro que estaba comiéndosela al repartidor del butano o a cualquiera que se le hubiera puesto a tiro. Muy interesado en que él dejara a Marta, pero cuando le tocaba ser fiel... Dejó de pensar en el tema, no merecía la pena y menos con Sandra delante. La invitada se merecía toda su atención.
-¿Qué tomas? ¿Leche, un batido, te preparo un café?
-Si tienes batido de fresa...
-Si, no debe de quedar mucho, pero si que tengo. Bueno, ¿y qué tal todo? –Dijo Luis mientras buscaba en el frigorífico.
-Pues bien, un poco agobiada porque dentro de nada empiezo de exámenes, pero bien.
-Tú también haces la Selectividad este año, ¿no?
-Sí, y como tengo que sacar un siete y pico de media para lo que quiero hacer, estoy todo el día de los nervios. Pero bueno, mejor hablamos de otra cosa...
-Lo que quieras, a mí tampoco me apetece mucho hablar de estudios. –Dijo Luis metiendo a calentar un poco de leche en el microondas.
-¿Qué tal todo en general?
-Pues si te digo la verdad, no muy bien. Hace cosa de tres o cuatro meses, al poco de volver de Irlanda, un amigo nuestro se suicidó.
-¿Qué dices? –Exclamó Sandra alarmada. -¿Y por qué?
-Ni idea, nadie lo sabe. Se venía con nosotros desde principios del verano, porque era amigo de un amigo, esas cosas. No sé, era un chico normal, no hablaba mucho pero no se le veía nada raro. Pero un día nos llamaron para decirnos que se había cortado las venas.
-Joder, pero tendría algún problema o algo.
-Pues no lo sé, yo por lo menos no sé nada. Imagino que algo pasaría, pero a nosotros no nos han dicho nada. Hemos estado intentando saber algo, pero de momento seguimos casi como al principio.
-Pues vaya palo.
-Ya ves. Bueno, mejor hablamos de algo más alegre, ¿no? –Luis miró hacia otro lado, sus ojos habían empezado a humedecerse, como siempre que se acordaba del tema. -¿Sabes algo de Mateo?
-Me llamó hace una semana o así, que estaba de excursión en Andorra con los de su instituto. Por lo visto había unas francesas en su hotel y estaba a la caza de alguna...
-Que tío, siempre igual. Se podía buscar alguna española también... ¿Me pasas la bolsa de los churros? –Sin querer, sus ojos se percataron del sutil escote que llevaba Sandra, que hasta el momento le había pasado desapercibido pero que ahora no podía dejar de admirar. Sus senos se insinuaban blancos bajo la tela de la camiseta, con el viento frío de la mañana se le habían erizado los pezones.
-Toma, pero déjame a mí alguno que no he desayunado yo tampoco. ¿Qué miras? –Dijo haciéndose la ofendida, pero luciendo su sonrisa más juguetona.
-Nada, nada.
-Pues es, mejor no mires nada que estás con el pijama y se te va a marcar todo...
Luis se ruborizó, pero enseguida comprendió por donde iba Sandra. No podía saber nada de lo de Iván, así que le estaba tanteando para ver si todavía tenía interés en ella. Y lo tenía, claro. Se sorprendió un poco, después de haber asumido su homosexualidad no se había planteado que había pasado con su lado hetero, pero de nuevo volvía a la superficie. No se trataba de negar lo evidente, con Iván se lo pasaba en grande, pero ahora se estaba excitando al desnudar a Sandra con la mirada. Tampoco había mucho que perder y le apetecía jugar un poco después de una larga temporada sin sexo con Iván.
-¿Y qué pasa porque se me marque? Estamos los dos solos.
-¿Me estás insinuando algo? –Dijo Sandra, de nuevo jugando a ser la chica cándida que se ruboriza con ese tipo de cosas.
-No. Te estoy diciendo que estamos solos, nada más. –Luis mojó el churro en el café y se hizo el distraído, con la misma naturalidad que tendría si aquella escena se repitiera todas las mañanas.
-Te he echado de menos, Luis. –El tono de su voz había cambiado radicalmente, como si fueran conversaciones totalmente distintas.
-Y yo a ti. –Luis bien sabía que no era del todo cierto, pero en aquel momento, con ella de nuevo delante, se daba cuenta de que la había extrañado más de lo que él creía. Ahora se arrepentía de los fríos y escasos mensajes de móvil que le había respondido estos meses. Con ella todo hubiera sido más fácil, salvo por la distancia insalvable que les separaba.
Se levantó silenciosamente con el café a medias y la besó tiernamente, con la misma dulzura del último beso frente a la puerta de embarque. Habían pasado meses, pero sus labios no habían cambiado, le recibían con la misma caricia con la que le habían despedido en Dublín. No la quería del mismo modo que quería a Iván, pero la quería. Al menos en aquel momento, la quería más que a cualquiera en el mundo. Salvo Iván, siempre Iván.
La levantó de la silla de un abrazo y la hizo sentarse sobre la mesa donde hasta hacía unos segundos estaban desayunando. Los churros y el café se iban a quedar tan fríos como el batido, pero podían esperar. La camiseta de Sandra no tardó en caer al suelo, acompañada por la bata y la parte superior del pijama de Luis. No merecía la pena andarse con contemplaciones, era el momento perfecto para mejorar la desastrosa primera vez en el campus de Irlanda.
-¿Vamos a la cama? –Preguntó ella, casi en un susurro.
-Nunca lo hemos hecho encima de una mesa.
-Sólo lo hemos hecho una vez.
-Mejor me lo pones. El primero aquí, luego repetimos en mi cuarto. –Dijo Luis con el mismo tono de pillo que solía ponerle Iván. Ni en aquel momento podía sacarle de su cabeza.
-Vale. –Respondió ella, devolviéndole la sonrisa.
Se besaron como si supieran que aquella sería la definitiva última vez, dedicando toda su atención a los movimientos de boca y labios. No había nada más en el mundo, solo ellos dos. Luis tomaba la delantera, desnudando deprisa a Sandra. Quizá demasiado deprisa para ella, pero no dijo nada, tan solo tenía ganas de volver a estar con él. Bajó su tanga rosa con suavidad, casi acariciando sus muslos con la tela de encaje, y se apretó contra Sandra para que notara su potente erección a través de sus slips. Los preservativos estaban en su cuarto.
Subió a la planta superior y bajó en un santiamén, colocándose el condón por las escaleras. Llegar a la cocina y metérsela de un golpe a Sandra fue todo uno. Ella se estremeció, en parte por placer y en parte por dolor, Luis había sido demasiado brusco. Sin embargo, a las pocas embestidas ya se había acostumbrado al tamaño de la polla de Luis. Sin duda estaba más dura que la última vez.
Sandra agarró la nuca de Luis y le acercó a su cara, primero le dio un tierno beso en los labios y después le besó con furia, mordiéndole, lamiéndole y rozando cada rincón de su boca. Agarró su culo para marcarle el ritmo, pero se dio cuenta de que Luis lo controlaba a la perfección. Había mejorado mucho desde Irlanda.
-No pares. –Le susurró al oído.
-No voy a parar hasta que acabemos los dos. –Respondió tajante Luis.
Su polla hacía tope cada vez que entraba en el coño de Sandra, sus huevos rozaban la entrada a cada embestida. El preservativo limitaba un poco las sensaciones de Luis, pero aunque no lo hubiera llevado hubiera sido difícil disfrutar más. Empezaba a dudar si había disfrutado tanto alguna vez con Iván, aunque las últimas veces lo hubieran hecho a pelo. Otra vez Iván. Empujó más fuerte, enrabietado, y volvió a centrarse en lo que estaba haciendo. No podía volver a pasarle como en Dublín, donde se había desconcentrado por completo. Aunque allí aún no sabía ni siquiera que existía Iván.
Jadeó un poco, sabía que iba a correrse demasiado pronto, pero no tenía ninguna intención de parar ahora. Era un tanto egoísta, pero ya habría tiempo de hacer que Sandra se corriera también. Necesitaba desahogarse. Demasiado tiempo sin sexo acostumbrado a hacerlo casi a diario. Apoyó su cabeza en el hombro derecho de Sandra, besando suavemente su cuello y comenzó a gemir, casi gritando, mientras sentía como Sandra le estrujaba el culo con sus manos.
Siguió bombeando rápidamente mientras se corría, casi poseído. Estaba desfalleciendo, pero no podía parar de meterla y sacarla con rapidez. Al final paró en seco, y tuvo que sentarse en la silla que había estado ocupando para no caer al suelo. Las piernas le flojeaban.
Se miró el condón, estaba entero, y bien cargado de semen en la punta. Sin duda su mejor orgasmo con una chica, aunque solo había otro con el que compararlo. Sandra se quedó un poco cortada, iba bien pero habría necesitado unos minutos más. No había problemas, tenían tiempo. Seguía sentada encima de la mesa, a la espera de que Luis hiciera algo por ella.
Y lo hizo en cuanto pudo. Arrimó la silla hasta su lado y comenzó a besar su entrepierna, llegando poco a poco a sus zonas más sensibles. Nunca lo había hecho con una chica, pero lo había visto infinidad de veces en películas. No debía de ser tan difícil hacer un cunnilingus. Humedeció bien la zona y la recorrió con su lengua, tomando nota de los puntos donde Sandra se estremecía. Sin duda el clítoris era uno de ellos, así que se centró en él. Era fácil, moviendo su lengua deprisa por aquel bultito duro obtenía de Sandra sonoros suspiros.
Acercó su mano derecha e introdujo un dedo en la ya dilatada vagina, haciéndola estremecer una vez más. Comenzó a moverlo dentro, mientras que seguía con sus lametones a lo largo y ancho de su clítoris. Sandra no podía tardar mucho en correrse. Y no lo hizo. Ya con el segundo dedo dentro de ella, Luis dio justo con el punto más sensible de su clítoris, y con los movimientos idóneos para hacerla llegar al orgasmo. Clavó sus dedos en el pelo de Luis, y le apretó contra su vagina para impedirle que parara. No pensaba hacerlo, pero no estaba de más. Ella también jadeó, casi chillando, mientras se retorcía de placer con la lengua de Luis. Hubiera preferido correrse con su polla dentro, pero no se podía tener todo en la vida.
Tumbados en la deshecha cama de Luis, se abrazaron tiernamente hasta quedarse algo traspuestos. Por suerte los padres de Luis pasarían el día fuera, así que tenían tiempo de sobra para recuperar fuerzas. Los dos seguían desnudos, aunque tapados con la colcha arrugada para no coger frío. Sandra jugaba con el pelo de Luis, que tenía la cabeza apoyada sobre su pecho. Era una pena que vivieran tan lejos y no pudieran repetir esto todas las mañanas.
Sandra despertó en silencio unos minutos después, y acarició suavemente el pecho de Luis, tratando de no despertarle. Tenía unos poquitos pelos en el pecho, pero tan suaves que eran casi imperceptibles. Rozó sin querer un pezón y Luis pegó un respingo, aunque aún dormía. Volvió a hacerlo esta vez a propósito, y comprobó que aquello debía de gustarle, pues su polla comenzaba a crecer debajo de las sábanas. La tocó un poco, aun estaba húmeda y con un palpable olor a látex. Aún así, quería volver a sentirla dentro de ella, y a ser posible, sentirla hasta el final. La agarró con cuidado y la manipuló hasta que se hinchó por completo y volvió a gotear lubricante. Luis estaba listo, salvo por un pequeño detalle: aparentemente seguía durmiendo.
Le colocó otro condón sin muchas esperanzas de que no se despertara, pero lo consiguió. Echó hacía atrás la colcha y se montó sobre él despacio. Luis abrió los ojos justo en el momento que el cuidado vello púbico de Sandra se enredaba con el suyo, y volvió a cerrarlos, algo adormilado. Curioso sueño erótico.
Real o no, se dijo, lo mejor era dejarse hacer. Sandra comenzó a cabalgarle, cada vez más rápido, y Luis ni siquiera hizo amago de mover sus caderas. Generalmente cuando Iván se montaba sobre él lo hacía para facilitar las cosas, pero hoy prefería que fuera Sandra quien hiciera todo el trabajo, si es que aquello no era un sueño, que aún no estaba muy seguro.
Al ritmo que se movía Sandra, sería un polvo rápido. Ella lo necesitaba, necesitaba correrse con una polla en su interior, necesitaba volver a sentir una sensación que hacía meses que no sentía. Desde Dublín no había estado con nadie, y la masturbación a poco o a nada le sabía. Una de las razones de la visita, además de volver a ver a Luis, era volver a acostarse con él, siempre que estuviera solo y dispuesto. Mejor eso que no hacerlo con el primer desconocido que se lo propusiera.
El único intento de Luis por participar fue agarrar el culo de Sandra con las dos manos, para tratar de marcarle un poco la profundidad de sus embestidas. Le gustaba ese método, aunque también estuviera disfrutando bastante sintiéndose dominado por Sandra. Era como si ella le estuviera utilizando para darse placer, pues gemía y se movía como loca sin apenas reparar en Luis.
Cada vez iba más deprisa, y sus movimientos eran cada vez más bruscos. La polla de Luis entraba hasta el fondo, casi topando con el final de la vagina, y a Sandra el roce de su clítoris con el abdomen de Luis le estaba volviendo loca. Comenzó a jadear con fuerza, por fin podía correrse como a ella le gustaba. Subía y bajaba sin parar, al marcar ella el ritmo no podía permitirse descansar si quería tener un orgasmo fuerte.
Luis por su parte estaba aguantándose las ganas desde hacía un rato, y ya que Sandra se estaba corriendo, no hacía falta esperar más. Era consciente de que eso de sincronizar los orgasmos era complicado, pero oír a Sandra gemir era un estimulo extra. Comenzó a empujar también con sus caderas, y entre eso y los movimientos bruscos de Sandra no tardó en correrse él también.
Sandra cayó desplomada a su lado, y se besaron empapados en sudor. Luego quedaron tumbados uno junto al otro, casi sin tocarse, medio dormidos después del esfuerzo físico.
-¿Tú has estado con alguien más en estos meses, verdad Luis? –Dijo Sandra acurrucándose a su lado después de unos minutos en silencio.
-¿Por? –Respondió Luis aprovechando para quitarse el preservativo usado.
-Pues porque en Dublín no tenías ni idea de nada y ahora... Oye, que no pasa nada, no me voy a enfadar porque hayas estado con alguna chica.
-Bueno, a ti te lo puedo contar, supongo.
-¿El qué?
-Pues que no he estado con ninguna chica. –Luis se puso rojo sólo de pensar en la siguiente frase, pero se obligó a seguir.- He estado saliendo con un chico.
-¡Venga ya!
-Que sí, Sandra, llevo casi tres meses saliendo con un chico. Se llama Iván.
-Pues me dejas de piedra. –Sandra no mentía.- ¿Eres gay? Porque no lo pareces nada, y menos después de lo que acabamos de hacer.
-No lo sé, supongo que sí. Aunque en Dublín tú me gustabas, de verdad, y ahora creo que también...
-No sé qué decirte, Luis. ¿Por eso pasabas de contestarme a los mensajes que te mandaba?
-Supongo. No tengo las cosas claras. Sé que en Dublín estaba pillado por ti, pero cuando volví... No sé, creo que al principio intenté pasar de ti porque sabía que no podíamos estar juntos. Era tontería engañarnos, vivimos demasiado lejos como para tener una relación a distancia. Luego encima empecé a salir con una chica, porque me llevaba bien con ella más que otra cosa, y al final acabé enrollado con su hermano.
-Menudo culebrón, tío. Seguro que escribes un libro y te forras. Entonces serás bisexual, ¿no? Si te gustan los tíos y las tías...
-Es que todos los tíos tampoco me gustan. Me gusta Iván, luego tú, y luego el resto de tías.
-¿Entonces si ves a Orlando Bloom sin camiseta no te pones o qué?
-Bueno, un poco...
-Pues menudo lío tienes en la cabeza, Luis. Bueno, pero quieres a ese chico, ¿no? Pues ya está. Aunque bueno, técnicamente le acabas de poner los cuernos conmigo.
-No te preocupes, discutimos hace tiempo y no parece que nos vayamos a arreglar.
-Pues vaya plan. ¿Qué os pasó? Bueno, si me lo quieres contar, claro.
-Le pillé con otro. Con otros, más bien. Vamos, que fui a buscarle y me lo encontré con dos de su equipo haciéndose una paja.
-Lo que te digo yo, ni en las películas de Almodóvar. –Dijo Sandra riendo. –Perdona Luis, pero es que lo vuestro es surrealista. De todas formas, y ahora en serio, eso en los tíos es algo más o menos normal.
-¿El qué?
-Lo de que os hagáis pajas juntos y todo eso. Por lo menos los de mi clase siempre andaban contando batallitas de esas...
-Ya, pero es que no es que se la estuvieran haciendo juntos. Es que él estaba haciéndosela a ellos y ellos a él.
-No sigas, anda, ya me hago una idea. Si cuando te digo yo que tendrías que escribir un libro...
-Joder Sandra, pero entiéndeme. Si está conmigo no se puede poner a tontear con otros tíos. ¿O a ti te haría gracia que tu novio le fuera metiendo mano a otras tías?
-Ya, pero en una relación entre dos chicos supongo que todo es más abierto. ¿Tú le habías dicho que no hiciera ese tipo de cosas?
-No, pero se entiende que si estamos saliendo...
-¿Tú le sigues queriendo?
-Supongo que sí, pero joder, es que después de lo que...
-Calla. –Dijo poniéndole un dedo sobre los labios. -¿Me aceptas un consejo? Arréglalo con él; dile que no te gusta que haga esas cosas. Si lo vuelve a hacer le dejas definitivamente, pero por lo menos dale una oportunidad. Preferiría que te quedaras conmigo, pero yo me voy mañana y a saber cuando nos vemos otra vez... Mira, quedas con él, lo habláis todo, y lo volvéis a intentar.
-Pero es que después de lo que me ha hecho...
-Tú también le has puesto los cuernos a él conmigo, así que estáis empatados a uno.
-No es lo mismo.
-¿Por qué? ¿Lo habéis dejado del todo?
-Si, supongo. No sé.
-Eso es que no. Además, antes me has dicho que llevabais saliendo tres meses, no que hubierais estado saliendo tres meses. Es casi lo mismo, pero no es igual. Sigues hablando como si estuvierais juntos, eso quiere decir que seguís juntos. ¿Por qué no le llamas ahora mismo y lo arregláis?
-Estará durmiendo... –Dijo Luis como buscando una excusa.
-Pues le despiertas, que ya son más de las doce. O mejor aún, te plantas en su casa y le despiertas como te he despertado yo a ti.
-¿No te importa que me vaya?
-Si me prometes que esta tarde quedamos y me cuentas que tal ha ido no, no me enfado. Venga, nos vestimos y te acompaño un poco. ¿Vive muy lejos?
-No mucho, aunque se tarda menos yendo en autobús.
-Pues te acompaño hasta la parada y me vuelvo para el hotel a pegarme una ducha. Pásame el tanga, anda, que está por tu lado...
Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí





© RelatosEroticos.com 2010 Relatos Eroticos no tiene vinculación alguna con los links exteriores , y se exime de toda responsabilidad respecto a sus contenidos. Web para uso exclusivo de adultos. Todos los relatos de RelatosEroticos.com son enviados por los navegantes y usuarios de la web.