Tu web de Relatos Eroticos de Hetero

Relatos Eroticos

La fiesta de la Copa del Mundo

Enviado por Gonzo el 22/5/2011

Ingreso de Usuarios Disfruta del mejor contenido erótico ahora mismo !!

REGISTRARME !!
Buscar Relatos

Búsqueda Avanzada
Leer Relato Erótico
La fiesta de la Copa del Mundo Publicado el 22/05/2011, por: Gonzo

Llevaba conduciendo algo más de un par de horas, cuando me detuve en un área de descanso. Tú estabas dormida así que preferí no despertarte ya que no iba a tardar nada, y me bajé dejando las llaves puestas. Al entrar en los servicios me di cuenta de que estaba sólo y me dirigí al inodoro de pared; mientras orinaba escuché abrirse la puerta detrás de mí pero seguí a lo mío, hasta que oí como avanzaban unos tacones en mi dirección y guardármela y mirar quien podía ser pero no me dio tiempo. Fuera...

Cams XXX Reales Online

quien fuera, se había adelantando a mí, se había puesto a mis espaldas, y aprovechando mi situación me había inmovilizado sujetándome mis manos con las suyas. El silencio duró tan solo unos segundos, hasta que oí su voz: “Vaya vaya…parece que esto de que te cojan por sorpresa te pone a mil Gonzalo!!”, la sorpresa fue doble; primero porque descubrí la identidad de mi asaltante y la segunda porque me di cuenta de que estaba empalmado (sin duda a causa de la situación). Conseguí darme la vuelta y pude ver como vestía…llevaba una camiseta elástica de color rojo (apropósito para la ocasión) de manga corta que se ceñía a sus curvas y que dejaba a la vista buena parte de sus increíbles pechos bronceados por el sol veraniego, una faldita color blanco que apenas le cubría hasta la mitad de sus muslos, carnosos labios pintados de color rojo a juego con su camiseta y haciendo contraste con su larga melena negra que casi le llegaba hasta el culo y por último, unos oscuros ojos pintados. El conjunto era tan perfecto y excitante que nadie se resistiría a sus encantos; allí estabas tú Nora, dominando la situación como tanto te gustaba hacer. Sujetaste con fuerza mi miembro mientras aún me mantenías de espaldas a ti y empezaste a meneármelo como solo tú sabes hacerlo, poniendo aún más cachondo. Aquello me recordó al día de mi cumpleaños, en el que acabaste cediendo a mis suplicas y en el baño de tu casa me dejaste disfrutar no solo de tu diestra mano sino también de tus maravillosos y suculentos pechos. Estaba vez prometía ser cuanto menos igual de excitante (o aún más si teníamos en cuenta que estábamos en unos baños públicos y podían descubrirnos en cualquier momento), pero no quise que fuera una repetición de lo anterior…además tenía que resarcirte por la última vez. Te pedí que me dejaras poner en práctica una idea que llevaba tiempo guardando y accediste. Cambiamos las posiciones, yo detrás de ti y tú de cara a la pared; pegué mi cuerpo al tuyo pudiendo disfrutar no sólo de tu físico (aquel culito que tanto placer era capaz de dar y aceptar me volvía loco) sino también de tu perfume (te habías echado el mismo que usabas cuando nos conocimos y era sin duda algo que me excitaba enormemente). Con mis manos en tus caderas fui agachándome hasta ponerme de rodillas; las fui deslizando suavemente por tu figura, pasando por tus muslos hasta llegar a tus tobillos y desde ellos volví a subir hasta que llegué a la falda y las metí por debajo. Acaricié tus contorneados glúteos, firmes y tersos, rozando tu tanga que me pareció tan pequeño que no pude evitar preguntarte: “Este tanguita que llevas, me parece que no alcanza a taparte nada Nora, ¿no es así?” y tu respondiste: “Puede ser, no lo sé, ¿porqué no sales de dudas Gonzalo?”. Y con semejante respuesta, mi libido volvió a encenderse; lentamente levante el lateral de tu falda dejando parte de tu culo descubierto y acto seguido le planté un beso. Tener ese culito tan cerca de nuevo después de tanto tiempo era algo increíble; con mi otra mano levanté el resto de la falda y pude ver por fin aquel espectáculo. Lucías un moreno general por todo tu culo (estaba claro que te habías puesto casi desnuda en las playas para que no tuvieras ninguna marca de ropa), el tanguita era efectivamente minúsculo, apenas te tapaba con un filo hilo de color blanco y la verdad es que lo único que se escapaba a mi vista eran tus más secretas zonas erógenas. Me acerqué a ellas y pude sentir el embriagador aroma que despedía; con mis manos en tu cachetes, empecé a masajearlos lenta y nuevamente, mientras tú no perdías detalle alguno de mis cuidados en tu cuerpo. Supe que empezabas a excitarte cuando tu pequeña tela no fue suficiente para cubrir la humedad que asomaba en tu entrepierna, lo cual hizo que perdiera mi quietud. Suavemente deslice mi dedo por debajo del tanga, apartándolo de la línea que separaba tus perfectos cachetes y dejando a la vista tu rosado culito; seguí hasta llegar a tu humedad y con el dedo índice recorrí tu abertura sin entrar, pero dando especial cuidado a tu clítoris. Ayudándome solamente de mi boca, retiré por completo el tanga bajándotelo hasta tus tobillos, para después ir subiendo por tus piernas a base de besos y lametones que te hicieron jadear de placer. Cuando llegué a tu culo dije: “Diós Nora, no sabes que ganas tenía de volverte a tenerte así, cuantas veces he deseado hacerte esto aunque fuera una sola vez más” coloqué mis manos en los laterales de tus cachetes y después de pegarle un par de lametones metí mi lengua en tu entreculo. Si poder besar, lamer o incluso morder tus ricos cachetes era ya de por si un placer, hacerlo directamente en tu culito me hacía perder el control por completo. Con total acceso a tu agujerito, mi lengua y mis labios no paraban de juguetear ni de moverse, de rodearlo pegándole lametón tras lametón, bajando y subiendo desde tu rico sexo hasta tu trasero Mientras tanto, tú seguías dándome la espalda con las manos apoyadas en la pared, y soltando gemidos de placer, hasta que sentiste como mi lengua hacía presión para entrar en ti y te giraste mirándome y agarrándome de la cabeza con una mano mientras con la otra seguías apoyada en la pared para no perder el equilibrio. Instintivamente curvaste tu figura, dándome aún mejor acceso a mi lengua, y poniendo tu maravilloso culo en pompa, mientras me decías: “Te diviertes con mi culo, me encanta lo que me estás haciendo!!!!”. Y yo seguí mientras nos mirábamos a los ojos, y tu con los labios entreabiertos suspirabas de placer con cada movimiento que hacía. Soltaste la mano que mantenías en pared y la bajaste a tu entrepierna en dónde empezaste a estimularte, y para no perder el equilibrio, no te quedó otro remedio que echar el peso hacia mí, provocando que acabara por hundirte la lengua y soltando un profundo gemido. Seguiste así durante unos minutos, dándote placer con tu mano y recibiendo el mío desde atrás, hasta que no pudiste contener el orgasmo y te corriste jadeando y yo te sostuve con mis manos para que pudieras disfrutar al máximo.
Después subí el tanguita y me marché, dejándote apoyada contra la pared, aún medio extasiada por el placer que recorría tu cuerpo (solo hacía falta mirarte, con los ojos entrecerrados, los labios rojos a causa del potente torrente que en ellos se acumulaba y tus manos rozando tu entrepierna…)
Al rato de estar esperando en el coche, volviste y me dedicaste una pícara sonrisa. Sabías que yo había disfrutado pero querías algo más. Tan solo habíamos pasado Burgos en nuestro recorrido hacia Madrid, en dónde festejaríamos la Copa del Mundo que España había ganado.
Pero la fiesta sin duda sería entre nosotros…aún más emocionante.

Continuará…

Calificación: 0 | Votos: 0
Categoría: Hetero | Comentarios: 0 | Visto: 3379 veces

Últimos Comentarios Agregados
No hay comentarios para este relato

Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí