Este relato no lo he escrito yo, sino mi ex. Hicimos una apuesta y la gané yo (y si alguna está interesada en que consistió la apuesta que me lo pregunte). El caso es que yo le dije que si ganaba yo tendría que escribir un relato erótico de lo que se le ocurriera, y es el siguiente:
Una noche de verano, salí de juerga con un grupo de amigas a una discoteca muy conocida de la ciudad.
Antes de encaminarnos quedamos en mi casa para cenar algo, prepararnos como es debido y...
beber algo antes de salir.
Al entrar en la discoteca empiezo a echar un vistazo a ver si hay algo q me interese en el horizonte...
Me lo estoy pasando muy bien y todo sea dicho, llevo alguna copita de mas.
A un cierto punto el dj pincha una canción q me encanta y me da tal subidón q ni corta ni perezosa decido subir al cubo (como si una gogo fuera).
Me pongo a bailar y me doy cuenta q unos cuantos chicos han posado sus ojos en mi, y eso no hace mas q animarme a seguir bailando.
Llevo puestos unos zapatos con taconazos de 12cm q no hacen + q realzar mi silueta y alargar mis piernas, esas piernas color canela, bronceadas por el sol y q lucen brillantes x el sudor q desprende mi cuerpo. Un vestido color azul eléctrico, q apenas me llega x debajo del culete, con un escote x delante q deja entrever mis turgentes pechos y un escote de infarto q deja ver toda la espalda hasta donde esta tiene fin. Ceñido, bien ceñido a mi cuerpo, no dejando lugar a imaginar ninguna de las curvas q tiene mi cuerpo, ni ninguno de esos músculos q cada vez están mas definidos.
Tengo mi melena larga perfectamente rizada, dándome mucha personalidad, recogido a un costado con una flor dándole un aire flamenquito, y q decir de mis labios...color rojo pasión q hacen de ellos aun mas carnosos y apetecibles...
Yo sigo bailando, la canción aun no ha terminado y un chico intenta subir queriendo hacerme compañía en mis sensuales movimientos, pero no le dejo, llevo un rato observando a un chico q no deja de mirarme. Es alto, atlético...un morenazo de quitar el hipo, con su piel bronceada, su pelito engominado esa sonrisa perfecta y esos ojos...de color miel q cada vez q me miran me entran escalofríos...
Lo miro, me mira...y mordisqueando el labio le hago un gesto para q venga y suba conmigo. El accede y nos desatamos en un baile en el q nuestras pieles sudorosas no dejan de rozarse. Siento su mano subir x mi desnuda espalda, acariciando mi piel, y bajando hasta donde empieza mi respingon culo. Me da la vuelta, posa su mano en mi cintura y me aprieta hacia el dejando sentir en mi culo q mis movimientos estaban provocando en el una erección. Me doy la vuelta lo miro y me pregunta x mi nombre...se lo digo pero yo ni tan siquiera le pregunto el suyo, es lo q menos me importa. Le pregunto si quiere q salgamos a la playa...pero el niega con la cabeza, me mira, sonríe y me dice q conoce un lugar mejor. Baja del cubo y me ayuda a bajar de el, mientras nuestros cuerpos se abrazan dejando sentir cada milímetro de pasión q corre x nuestros cuerpos. Me coge de la mano y me lleva a través de la discoteca a un lugar apartado, a un almacén lleno de cajas y estanterías llenas de botellas. A penas se cierra la puerta me coge con sus dos manos x detrás de la cabeza, me mira fijamente y acerca sus labios a los míos y nos fundimos en unos tórridos besos q deseábamos sentir hacia ya un buen rato y q hacen q nos encendamos a cada segundo. Desliza su mano x debajo de mi minúsculo vestido, acariciando mi muslo hasta llegar al culo. Yo deslizo mis manos x debajo de su camiseta, tocando al fin ese cuerpo esculpido, esos músculos y sintiendo el calor de su piel. Yo estoy gozando como nunca, de cada beso, cada caricia...y sentir como su sexo esta cada vez mas duro solo hace q aun arda de manera mas deseosa en q me posea.
Suelto su cinturón y los botones del pantalón dejándolos caer, rozo con mi mano su sexo y siento su gozo...el baja los tirante del vestido dejándolos deslizar por mis brazo y dejando al descubierto mis senos erectos. Los acaricia con sus manos y después empieza a besarme por el cuello, la oreja..."me esta poniendo a mil"...(parece como si conociera a la perfección lo q me gusta) sigue acariciando mi piel con sus labios y su lengua hasta llegar a mis pechos. Me encanta lo q me hace y no puedo evitar empezar a gemir de gozo. Saber q en cualquier momento cualquiera puede entrar allí no hace mas q excitarme aun mas...
Desliza su mano x debajo del vestido hasta llegar a mi tanga, pasa la mano acariciando mi entrepierna para sentir lo mojada q estoy y decide bajármelo. Yo mientras, bajo su calzoncillo observando al fin su estupenda erección. Erección q me hace sentir apoyándome contra la pared mientras besa mi cuello y sujeta una de mis piernas por debajo de la rodilla, para poder empezar a penetrarme. A penas cruzamos una palabra pero no hace falta q nos digamos nada...el gozo es tal q lo agarro con mis manos por su terso, respingón y recóndito culo del cual no me había perdido un solo detalle y lo aprieto hacia mi, cada vez mas fuerte, apretando nuestras caderas hasta llegar a un éxtasis jamás imaginado.
Al terminar nos vestimos y salimos...yo vuelvo con mis amigas...parece q nadie se haya dado cuenta...ha sido corto pero muy intenso. Y por supuesto nadie ha escuchado los gemidos de gozo (q ni el ni yo hemos podido contener) x la música tan alta.
El vuelve con sus amigos, eso si, sin quitarme los ojos de encima. Su mirada me lo dice todo, ha disfrutado y gozado y desearía volver a hacerlo. Noto q me sigue desnudando con la mirada.
Se acerca, pasa su mano acariciando mi cintura y deja algo al final del vestido, donde la espalda tiene fin, mientras, acerca sus labios...(esos labios q tan fervientemente me han besado minutos antes) a mi oreja para susurrarme: "te dejo mi teléfono, llámame. no me importará repetir lo de hoy cuando y como tu quieras".
La empujé contra la pared mientras nos besábamos y yo le sobaba sus grandes tetas por encima de la ropa, mientras ella gemía disfrutando de lo que le hacía…así comenzó aquella tarde de viernes en la que tuvimos que trabajar solo nosotros dos en la oficina no pudimos aguantar más lo que llevábamos meses aguantándonos, así que en cuanto llegamos al trabajo Esther y yo nos miramos fijamente a los ojos y no hizo falta decir nada para dar el siguiente paso. Nos acercamos lenta pero decididamente el uno al otro, y nos besamos; sus carnosos labios siempre me habían parecido de lo más morbosos, sensuales y deseosos, así que ahora que por fin los tenía para mí me dediqué a disfrutar de ellos. Pero nuestro calor no se saciaría de esa manera, y eso se demostró al poco cuando ambos empezamos a recorrer con nuestras manos el uno el cuerpo del otro; yo recorría lentamente sus desnudos muslos gracias a que ella llevaba una falda negra y una camiseta roja que se ceñía a su muy deseable cuerpazo. Estaba bien morenita ya que era verano y Esther se había propuesto lucir sus encantos ante mí en todo su esplendor, y vaya que si había conseguido su propósito, estaba claro que sabía que es lo que quieren los hombres. Yo estaba en puro éxtasis mientras tocaba su tersa piel y disfrutaba de su aroma, y Esther gozaba mientras me sujetaba con sus manos de mi culo. Le dí la vuelta y le dije que me enseñara el culo, así que se inclinó sobre la mesa y se levantó la falda dejando a la vista sus perfectos cachetes decorados por un tanguita negro a juego con su falda. El espectáculo era increíble, Esther meneaba su dulce y ardiente culo adelante y atrás provocándome de una manera irrefrenable, hasta que no pude aguantarlo más, me puse de rodillas frente a ellos y empecé a lamerlos. Mi lengua recorrió de arriba abajo su culito mientras ella me sonreía y se acariciaba el cuerpo presa del placer que estaba sintiendo; puse mis manos a cada lado de sus cachetes y seguí besándole, esta vez recorriendo su tanguita, hasta que me cansé de él y se lo quité sin pensarlo. Era genial tener por fin a mi disposición a Esther, y no podía sino desearla aún más ahora que tenía frente su perfecto trasero. Seguí comiéndole el culo durante un rato en el que mi lengua hizo especial atención al agujerito de su culo, que por supuesto tenía perfectamente depilado, al igual que su coñito, lo cual le puso fuera de sí, y empezó a decir entre gemidos: “Gonzalo, me encanta lo que me haces con tu lengua en mi culo, sigue, no pares, nunca me habían comido así de bien el culo, OOOhhhhhh, eres genial, mmmmmm, me estás poniendo a cien cabrón, tengo el culo ardiendo aaaaaahhh” al oír todo eso no pude evitarlo, le puse la lengua en la entrada de su culo y empujé con todas mis fuerzas hasta que se lo abrí y la penetré el culo, mientras ella soltaba un intenso gemido que la puso a gozar como una loca. Mi lengua entraba y salía de ella mientras mis manos acariciaban sus glúteos y mi polla se ponía cada vez más y más dura; de repente Esther se dio la vuelta y me desabrochó el pantalón y de mis calzoncillos sacó mi tranca que ya lucía una buena erección y me dijo que no esperaba que tuviera tan buen tamaño teniendo en cuenta que yo soy delgado y no muy alto. Se arrodilló, y mirándome a los ojos empezó a mamármela. Sus preciosos ojazos se clavaron en los míos y sus labios rodearon mi glande que desapareció entre sus carnosos labios
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