Tu web de Relatos Eroticos de Hetero

Relatos Eroticos

Una noche con mi sirvienta

Enviado por cachondovv el 17/7/2010

Ingreso de Usuarios Disfruta del mejor contenido erótico ahora mismo !!

REGISTRARME !!
Buscar Relatos

Búsqueda Avanzada
Leer Relato Erótico
Una noche con mi sirvienta Publicado el 17/07/2010, por: cachondovv

Hola Diana, el día de hoy te quiero mandar algo que estoy preparando para ti, es una historia que va a completar las fotos que te mandé el otro día; he estado pensando en que ya casi no te mando mensajes cachondos por falta de tiempo y pues mi lujuriosa amante necesita que yo le dé su ración de sexo mental.

La historia comienza este fin de semana cuando llegando de trabjar tú entras por la puerta de mi casa, dispuesta a coger conmigo de una forma más candente de lo normal, pero...

Cams XXX Reales Online

te das cuenta de que yo estoy actuando de una forma un tanto sospechosa pero no atinas a saber la razón del porqué. Sientes mis besos más calientes, más profundos y mis caricias más largas y pronunciadas, te aviento al sillón y empiezo a besarte de nuevo y hablarte al oído diciéndote durante mi viaje me tenía muy caliente el verte en la vídeo llamada, pero no te quería dejar verme masturbarme, quería que tú también te calentaras y parece que lo he logrado. Empezamos a besarnos y tú te levantas y me tomas de la mano como queriéndome llevar a la habitación. Te detengo, te recuerdo que hay una caja que dejé sobre la mesa del comedor y que viste en cuanto llegaste y que es algo que quiero ver en ti; volteas a verme con una sonrisa lasciva asientes con la cabeza y me dices que esperarás a que yo te indique cuando vas a poder abrir ese regalo que con lujuria te llevé. Continuó jugando con mis manos sobre la ropa, escucho tu respiración entrecortada y te levanto en peso, te llevo a la mesa en mis brazos y te pongo sobre la mesa, estando ahí te tomo con ambas manos de tu rostro y te doy un beso; de nuevo hundo mi lengua en tu boca lo suficiente para que ambas se enrosquen juguetonas. Te empiezo a levantar la blusa que tienes y enroscándola sobre tus muñecas te quito un poco de libertad, te acomodo sobre la mesa y empiezo a jugar con tus pechos.
Empiezo a pasar mis labios y mi lengua lentamente sobre tu torso desnudo, te tengo a mi merced ya que no puedes mover tus ahora restringidas manos más allá de un simple movimiento sobre tu cabeza. Te arranco el sujetador y empiezo a jugar con mi lengua en tus pezones, primero el izquierdo y después el derecho con un poco más de fuerza sientes que el pezón derecho es jalado un poco por la combinación de mis dientes y de mis labios y dejas escapar un ¡ah! Te vuelvo a poner sentada sobre la mesa y te dejo sacar tus manos de las improvisadas esposas, te pido tomes la caja y saques el no tan enigmático contenido. Abriendo la caja de manera un tanto lenta y misteriosa te das cuenta de que es el atuendo de doncella francesa que sabes que desde hace tiempo tengo pidiéndote uses para mí. Sabes que en el momento que te pongas ese atuendo dejarás de ser la tan respetable e inocente ingeniero Diana para volverte la caliente doncella de Abel. Te excita la idea, sabes que a partir de este momento mis órdenes son las órdenes de tu empleador y que tu evaluación depende de tu desempeño.
Te retiras a cambiarte a la habitación contigua, según me dices para poder entrar en el papel. Espero unos cuantos minutos en los que mi respiración que se encontraba un tanto acelerada se normaliza y me siento en el sillón de la salita. Es en ese momento cuando escucho con una voz muy seductora un ligero ¿llamó usted señor?, te contesto que sí que has tardado mucho y que la erección que me gusta tener cuando estoy contigo se ha perdido por lo que deberás de esmerarte para volver a ponerme por decirlo de cierta forma a punto.
Tomas en tus manos el plumero que encontraste también dentro de la caja y te diriges hacia donde me encuentro, puedo ver que caminas de una forma más caliente y seductora de la que normalmente veo en ti.
Te recuerdo que tienes que hacer tu trabajo bien porque por tu tardanza la erección que tenía se ha perdido, te acercas a mí y pasando el plumero por mi cuello me preguntas sí quiero que vayas desempolvando las herramientas que más tarde hemos de utilizar, te contesto con un leve sí y tú te agachas hasta el sillón donde me encuentro y con tus manos desabrochas el cinturón y con lentitud abres el cierre del pantalón, te detienes un momento y masajeas con tu mano la herramienta a la que te referiste con anterioridad. Me preguntas sí pienso en algo mientras me vas tocando lentamente y te contesto que estoy pensando en las tareas que tienes pendientes y en el cómo he de disfrutar que las lleves a cabo bajo mi supervisión, te recuerdo tienes que lavar 2 ó 3 trastes, planchar algunas camisas y por último tender la cama, tú te me quedas viendo como queriendo averiguar por qué te digo esas tareas si en este momento lo único que piensas es en que te meta la verga bien adentro de tu panocha, adivino ese pensamiento y te contesto que cada una de las tareas que te estoy dando es tu responsabilidad y que verás cómo cada una de esas tareas van a ser disfrutadas por ti. Te pido que continúes con la primer tarea asignada y de inmediato bajas mi pantalón para encontrar mi verga a medio dormir, la tomas en tu mano izquierda y empiezas a pasar la imitación de plumero sobre de ella, te ríes ligeramente y comentas que nunca te imaginaste que la limpieza fuera tan divertida; te recuerdo que para que quede bien limpia es necesario sacarle un poco de brillo y moviendo tu cabello hacia a un lado hundes mi verga en tu boca, empiezas a recorrerla con tu lengua de arriba abajo siguiendo al pie de la letra la instrucción de sacarle brillo. Te esmeras en esta tarea y sabes que lo estás haciendo muy bien ya que escuchas como unos cuantos gemidos se escapan de mi boca, mientras a la vez te acaricio el rostro. Sigues jugando con tu lengua en mi verga hasta que te indico que también mis testículos necesitan limpieza, de nuevo te detienes a recogerte el cabello y empiezas a pasar tu lengua sobre de ellos; te detengo un momento y te recuerdo que tienes otras dos tareas y que es muy importante que sean cumplidas a cabalidad.
Te detienes y me preguntas en un tono desafiante sí es necesario seguir porquete sientes muy caliente y con ganas de coger en este preciso momento, te recuerdo que el tono a utilizar con tu empleador no es ese, te detienes a pensarlo un segundo cambias tu forma de verme y en un tono un más servil me preguntas cuál es la siguiente tarea a llevar a cabo señor. Te indico la cocina y sabes que has de lavar unos cuantos trastes, nada pesado pero aún no puedes encontrar la razón para que te pida realices esa tarea.
Te diriges al fregador y te pido inicies la tarea y que te fijes muy bien en lo que haces, porque podrías empezar a sentir cosas que podrían distraerte y tú sabes muy bien que las cosas me gustan bien hechas, asientes con la cabeza y tomas en tus manos un vaso y un estropajo; yo mientras tanto me acerco a ti y empiezo a recorrer con mis manos tus nalgas que apenas si son cubiertas por la mini falda que forma parte del atuendo de sirvienta, te oigo como te sorprende sentir mi mano en tus nalgas pero te recuerdo quiero esos trastes bien limpios. Empiezo a pasar ambas manos por tus nalgas y sabes que el siguiente punto en el que me detendré es tu panochita más no sabes cuándo lo haré. Juego con tus nalgas sintiendo la tersura de tu piel, recorriéndolas lentamente, saboreando en mi interior la dureza y forma que tienen, paras tus nalgas un poco más como pidiendo las toque con más fuerza y es lo que hago mientras tú sigues intentando lavar ese vaso que parece se te quiere escapar de las manos cada vez que te acaricio. Sientes una leve palmada en tus nalgas que deja una ligera marca roja, me detengo a contemplar cómo tu piel cambia de color y después de esto acaricio ahora más tiernamente esas lindas nalgas que adornan tu espalda. Detengo mis caricias y procedo a mover ligeramente la tanga negra que cubre tu panocha, sabes que mis dedos se dirigen a esa área y dejas de trabajar en tu tarea, lo cuál te reprocho con otra ligera nalgada, me contestas apenada señor disculpe pero me distraje y te contesto con voz ligera te dije que quiero te concentres en tus tareas mientras trabajas; resumes tu tarea y yo empiezo a mover mis dedos sobre tu clítoris, primero hacia arriba y abajo muy lentamente para después pasar a un movimiento circular, sé que te estás sintiendo excitada porque de nuevo te detienes y no me queda más remedio que darte otra ligera nalgada en la que tú sabes te reprocho no trabajes mientras yo disfruto de tus carnes. Te sigo acariciando y empiezo a sentir cómo empiezan a salir tus jugos sé que este es el momento ideal para saborear un poco de ellos y te ordeno abras las piernas así mientras estás junto al fregador. Las abres y ves que desaparezco por un momento, me hago hacia atrás para observar el bello panorama de dos nalgas bien paraditas y duras y el panorama que se empieza a ver de una panocha húmeda y muy caliente, me siento en el suelo y me deslizo hacia ti, hundo mi rostro en tu entrepierna y oyes cómo te huelo y lamo la entrepierna, sabes que estoy muy erecto y excitado al sentir la humedad que empieza a emanar de tu interior y quieres saber qué es lo que te deparan las últimas dos tareas. Me detengo y veo que a duras penas lograste terminar de lavar los 3 vasos y los 2 platos que había preparado para esta tarea y ambos sabemos que es turno de realizar otra de las tareas.
En cuanto me detuve pude escuchar que de tu boca se escaparon varios gemidos de desilusión porque te estabas calentando de una manera muy deliciosa, mi boca en tu vagina y en tu clítoris así como estabas sintiendo como mi lengua se empezaba a hundir juguetona en tu panocha para captar más los jugos que de este agujero del placer emanaban. Puedo decirte además que sabes deliciosa, que me enerva el olor de tu panocha y que me encanta ver cómo te sacudes en pequeños temblores que dejan ver cómo te encanta sentir mi lengua y mi aliento sobre tus partes íntimas.
Te pido te muevas de dónde estás y te pases a mi lado y me ayudes a levantarme. Te medio acomodas la tanga y haces lo que te ordeno de una manera muy pronta aunque un tanto falta de coordinación, supongo que por tu cuerpo todavía recorren los escalofríos provocados por mi lengua y las caricias que hice en tus nalgas. Me incorporo y veo cómo tú haces lo posible por restregarte contra mi cuerpo como buscando sentir la erección que se asoma en el pantalón, te detengo con una palmada un poco más fuerte que las anteriores y veo cómo haces una mueca, no tanto por el dolor sino porque te estoy privando de lo que en este momento añoras con lujuria, una verga cerca de tu cuerpo. Te ordeno te muevas a la recámara de invitados en dónde acomodé la plancha y la tabla así como las camisas y pantalones que has de dejar impecables para que yo tu señor las vista luego.
Ya en la recámara de invitados encuentras que ahora enfrente del espejó se encuentra la tabla de planchar, te sorprende un poco ver el cambio en el acomodo de los muebles más no le das mayor importancia, te acercas a la plancha y tomas una de las camisas a planchar, pero te detengo y te digo, espera a recibir tus instrucciones completas. Después de esto te disculpas y te paras junto a los instrumentos de tu próxima tarea. Te digo que me gusta la nueva actitud proactiva que estás empezando a presentar, pero que quiero que además sigas al pie de la letra las siguientes instrucciones: a) No puedes apartarte de tu área de trabajo a menos que te lo diga, b) no puedes voltearte a menos que así te sea indicado y c) no puedes dejar de ver o la ropa o el espejo sin importar lo que escuches u sientas; asientes levemente y te doy la orden de empezar con la camisa pero que debes de plancharla lentamente y sobretodo lo mejor posible.
Mientras comienzas escuchas mis pasos alejándome de ti, más no adivinas a dónde me fui, mientras tanto tú continúas obediente tu tarea. Me oyes regresar después de haber escuchado algunos cuantos ruidos en la cocina, más no sabes que es lo que tengo preparado para ti. Sabes que estaba cargando algo porque escuchas cómo lo pongo en la mesita de la cama y te preparas para lo que sea que tengo preparado para ti.
Empiezo por acercarme a tu oído y decirte con una voz ronca que llega a lo profundo de tu lujurioso ser “prepárate porque haré que se te moje tu cueva aún más así como vas a sentir lo que es que juegue con tus pechos”. Asientes con la cabeza y a la vez me lanzas una pregunta un tanto extraña pero muy acertada, ¿señor me podría permitir buscar un atomizador para poder mojar un poco la ropa y facilitar el planchado?, te respondo que no te preocupes ya que yo tengo todo cubierto y te quedas seria como buscando el significado de mis enigmáticas palabras. Te pido continúes tu labor y a la vez te empiezo a sobar ese par de monumentales chichis que tienes empiezas a sentir como te pellizco con suavidad tus pezones y como los retuerzo a pesar de la protección que tienen por la ropa. Sabes que esa protección posiblemente esté por ceder y como lo esperabas en un segundo te bajo la parte superior de tu traje de doncella y te empiezo a mover las tetas ahora de una forma un poco más salvaje pero a la vez teniendo cuidado de no dañar ese parte que tanto me enloquece. Te pregunto sí aún necesitas el agua para tu planchado y me respondes con un entrecortado sí, así que deteniéndome escuchas que alcanzo algo, aún no sabes qué pero de repente sientes una sensación fría sobre tus pezones, sabes que tienes un hielo en ellos y sientes cómo el frío contrasta con el calor de mis manos, me detengo cuando veo que respingas un poco y te azoto el culo; sabes que has obrado mal y lo único que sabes decir es gracias señor por recordarme que no debo interrumpir mi trabajo. Me detengo removiendo los hielos de tu cuerpo y alcanzas a escuchar el leve campaneo del cinturón de mi pantalón y el movimiento hacia abajo del cierre de mi pantalón, en el espejo tú alcanzas a ver cómo me quito el pantalón y la ropa interior negra que estoy usando y estás por moverte de la tabla de planchar pero recuerdas que tienes que seguir mis instrucciones al pie de la letra y reconsideras ese pensamiento no sin antes relamerte los labios como saboreándote lo que está por acercarse a ti; veo esta acción y te recuerdo que no puedes moverte con un tono lascivo y un poco burlón en mi voz.
Me acerco a tu cuerpo, sientes el frío del hielo ahora sobre tu cuello, pero a la vez el calor de mi ahora liberada verga en tus nalgas; sabes que estoy por llevarte a un nuevo nivel de calentura como el que nunca has tenido y en efecto eso está por suceder.
Por fin sientes algo más que mis manos y mi lengua sobre tu cuerpo, pero el que sientas mi verga parada junto a tus nalgas no significa que vayas a tener lo que ahora sé sientes que te sofoca no tener dentro de tu cuerpo. Sé que estás excitada por la forma en que estás respirando pero sé que quieres saber qué te depara la última tarea si las tareas anteriores han sido tan placenteras, pero has de recordar que esta tarea aún no se termina y la has de llevar a cabalidad.
Tomando un hielo en mis manos lo paso por tus nalgas, respingas por el frío pero no te mueves y continuas con el planchado lo mejor que puedes; te recompenso calentándote el área afectada frotando mi verga caliente sobre tu piel y de nuevo escucho gemidos que me indican que el grado de tu excitación se ha incrementado como no lo había hecho anteriormente. Mientras me froto junto a ti con mis labios empiezo a jugar en tu cuello, recorro con mi lengua tus orejas y juguetón me detengo en un beso en el lóbulo de tu oreja, veo que estás batallando para el planchado porque la ropa está muy seca y te susurro al oído que es momento de solucionar eso. Tomo de nuevo otro hielo en cada una de mis manos y jugando con él sobre tus pechos hago que poco a poco gotee el agua que se va derritiendo sobre la camisa, ves esto y no puedes más que exclamar que es magnífico el atomizador que estoy utilizando, dices esto por lo morboso de la situación así como para vanagloriarte en lo bello de tus tetas, te hablo al oído y te digo que es cierto, que tienes unas tetas fenomenales que quiero morder, amasar y estrujar hasta que sientas que son mías. Te sorprendo con una sonrisa muy pícara que me dice la idea de que tus tetas se vuelvan de mi pertenencia te agrada mucho y tomando un hielo lo llevo a tus labios, los mojo y los recorro y termino introduciéndolo en tu boca, te pido dejes la plancha en un lado de la tabla y en cuanto haces eso te giro el rostro y te doy un beso bien ardiente, tan ardiente que ambos podemos sentir como el hielo se va disolviendo entre nuestras lenguas que se entregan a un frenético baile dentro de nuestra boca.
Sabes que cada segundo que pasa se acerca la última tarea, pero no quieres terminar con las caricias que te estoy propinando, por lo que veo que cuando por fin te permito continuar tu tarea lo haces de una forma más pausada de lo que lo habías estado haciendo anteriormente. Se esboza una sonrisa en mi cara y acercándote a tu oreja te digo que me encanta ver como ahora tratas de demorar las tareas para que disfrute yo más de tus carnes y como premio hago algo que no esperas, te tomo de la cintura y te detengo contra mi verga la cual sientes erecta y desafiante, como indicándote que quiere una batalla contra tu panocha. Escucho de nuevo tus gemidos y te digo que sigas con tu tarea pero abras muy bien las piernas. Lo haces como la ahora obediente sirvienta que eres y en un brusco movimiento de mi parte te retiro la tanga negra que ahora está llena de tu flujo, la tomo entre mis manos y pasando la yema de mis dedos sobre tu flujo me doy cuenta de que estás hecha un mar. Disfruto esto y sin poder contenerme hundo tu tanga en mi cara para apropiarme de tu olor, ves esto y te sorprendes pero no sabes que hacer, veo tu indecisión y te digo que debes de disfrutar cuando tu señor está disfrutando el aroma y sabor que tú emanas y sonríes traviesamente, te ordeno tomes la tanga y observes el desastre que has hecho en ella y me sorprendes no sólo haciendo lo ordenado sino oliéndola fuertemente como tratando de averiguar qué es lo que me enerva de tu olor, te doy un beso en el cuello como premio a tu atrevimiento y perversión y te digo que ahora vas a recibir un segundo premio, que esperes y disfrutes.
Tomando un hielo de nuevo lo froto por tus labios, después por tus pezones; pasándolos lentamente por ambos, te veo como dudas sobre cuál será tu recompensa y sin dudarlo retiro mis manos de tu cuerpo, levanto la faldita que queda cubriendo las deliciosas nalguitas y entrepierna que adornan tu cuerpo y empiezas a temblar de frío, sí de frío pues estoy pasando el hielo sobre tu clítoris te quejas un poco, pero cuando sientes que con una mano paso el hielo y con la otra paso mis dedos sobre tu clítoris te das cuenta de que más que tortura es una sensación placentera en la que siente como tu clítoris se estimula por el cambio de temperaturas y veo como disfrutas de un inicio de orgasmo, al cual no llegas porque no te lo permito, porque esas sensaciones sólo serán provocadas por la verga que te he de clavar en cuanto yo tu señor lo decida. En cuanto veo que tu respiración se normaliza empiezo de nuevo mi ataque a tu clítoris, esta vez con mis manos, pero en esta ocasión no sólo te acaricio el clítoris, sino que también paso a tus labios vaginales y de ellos a los labios de tu boca, te hago que saborees un poco de lo que ahora emana de tu panochita, veo que te disturba esto pero en cuanto veo la mueca te doy un beso de nuevo y al terminar te digo al oído que sabes delicioso por lo que quiero que sepas muy bien el sabor del vino que emana de tu ser.
Veo como la lujuria enciende tus ojos y sé que es el momento de pasar a algo un poco más atrevido, más la tarea actual no ha llegado a su fin y decido torturar tu cuerpo con un poco más de placer, decido que es el momento de jugar con tu panochita, pero no he de jugar con mi verga en ella sino lo empiezo a hacer lentamente con mis dedos, escucho como empiezas a gemir y a respirar más aceleradamente y sé que lo estás disfrutando cuando siento como tus piernas pierden un poco de su fuerza, te pido que tengas fuerza y que soportes lo que yo tu señor te haga y te regalo y me respondes con un ronco y entrecortado sí señor. Me detengo y te doy unas cuantas caricias más sobre tu clítoris, tus nalgas y tus pechos. Y te digo que has hecho un muy buen trabajo; me respondes gracias señor y te indico que acomodes las cosas en su lugar que posiblemente sea el momento adecuado para la última tarea, aunque también te digo con un tono muy misterioso, aunque podría ser que la última tarea nunca hubiera existido y cada tarea en sí era un reto y un premio en sí.
Veo la duda en tu cara así como veo que no sabes si cuestionarme, lo cual sería una ofensa a tu empleador, o decirme que soy un maldito por haberte torturado y llevado a esos niveles de excitación para nada más dejarte así. Sabes muy bien que esta podría ser sólo una prueba más o que podría ser que estoy hablando en serio y quiero ver cuál es tu reacción para de ahí partir para darte o no la última tarea, la cuál te imaginas ha de ser más placentera si las tareas preliminares fueron una tortura en la que tu cuerpo se encendía y se mojaba buscando el placer final.
Me parece que es hora de que lleves a cabo tu última tarea, tu última tarea que te he negado hasta este momento en el que te voy a contar lo que pienso hacerte; tarea en la que vas a saber como yo dejo de ser el empleador lleno de educación y moderación para volverse un macho posesivo lleno de una lujuria que tiene que desahogar en el objeto de su pertenencia. Sé que es un cambio muy extremo de lo que te conté con anterioridad, pero este cambio se debe a que mi anterior comportamiento sería el del amante tierno, respetuoso y hasta cierto punto lleno de inexperiencia e inocencia pero a la vez de una lujuria que busca el momento de aprender a disfrutar del cuerpo que tanto me hace delirar; para ahora volverme el macho posesivo que te va a hacer lo que quiere, a ponerte de la forma en que quiere y a disfrutar de la forma en que el vea conveniente.
Es el momento en que volteo a verte de nuevo y te digo que es la hora de que lleves a cabo la tarea final, nos trasladamos a la recámara principal y ves que la cama está impecablemente tendida, volteas chorreando aún tus jugos de tu entrepierna y me preguntas con un tono servil y muy sumiso “señor pero si la cama ya está hecha, cuál es la última tarea que usted me indicó sería tender la cama”; a lo que te contesto que la cama la vas a tener que hacer cuando terminemos de hacer lo que está por comenzar. Se esboza una lujuriosa sonrisa en tu boca, todavía por tu entrepierna recorre un hilillo de líquido que emana de tu panocha y sabes que es una bendición que así sea porque en este momento te voy a tomar de una forma en que sólo puedes atinar a pensar que será muy placentera.
En efecto, te tomo en brazos y te aviento a la cama, haces un pequeño ruido indicando que no esperabas un trato tan brusco después de las atentas y cuidadosas caricias anteriores, pero en cuanto me ves a los ojos ves un fuego que se ve atizado por la lujuria que recorre junto con la sangre de mis venas. Ahora que te tengo en la cama te quito el disfraz de doncella, sientes mis manos recorrer cada centímetro de tu piel ahora desnuda y sabes que eres mía, que este es el momento por el que has estado chorreando todo este tiempo, el momento en el que te voy a hacer mía como nadie lo ha hecho jamás.
Ves que me retiro de la cercanía de tu cuerpo y me desnudo rápidamente, veo en tus ojos un poco de miedo porque puedo adivinar no sabes qué clase de animal se apoderó de mí, porque sólo ves instinto, lujuria y desenfreno en mis ojos, pero al mismo tiempo puedo ver que tu cuerpo responde mojándose más dilatando más los pezones como retándome a hacerte mía con todo el fuego que en este momento me recorre. Veo que tu cuerpo me reta y no hago más que esbozar una sonrisa y una erección que sabes que te derriten, una por caliente y la otra porque te va a abrir de una forma muy fuerte.
Te acomodo sobre la cama, acomodo tus manos sobre tus caderas para restringir cualquier movimiento que pudieras intentar hacer, pero sé que ese pensamiento ni siquiera cruza por tu mente ya que estás desesperada por sentir mi calor. Te termino de acomodar y me entretengo ahora con tus pechos, los cuales agarro con mis manos, me acerco a ellos con mi boca y puedes sentir el calor de mi aliento en la punta de tu muy erecto pezón, te llamo una hembra en celo y lo único que atinas a responder es cógeme ya que para eso soy tuya, te contesto que por lo mismo no lo hago, porque eres mía y a mi propiedad la disfruto cuándo y cómo yo deseo; te meto un dedo en la boca y otro en la panocha uno para que lo mojes aunque no es en realidad necesario y el otro para bañarlo en tus jugos y compartir contigo tu sabor. Veo que ahora lo saboreas y eso me encanta, sé que por fin estás reaccionando como la mujer a la que me voy a coger y sé que es el momento de que sientas la fuerza de mis caderas, el peso de mi cuerpo y el calor de mi verga bien clavada en tu panocha.
Me levanto un poco de la cama y me acomodo sobre ti, aún sin penetrarte pero sabes que sucederá en el segundo más cercano pero a la vez tortuoso que has experimentado en tu vida, me detengo tocando con la punta de mi verga la entrada de tu panocha, una panocha que va a saber lo que es el placer que te hará gemir, sudar y desear el sexo pudiera ser la única actividad de nuestras vidas. Veo que volteas a un lado como para evitar el contacto de nuestras miradas, pero es en un momento de debilidad que volteas a verme y que yo ya esperaba cuando por fin, después de todo este tiempo, me clavo de golpe en tu cuerpo, sientes como a pesar de estar tan húmeda mi verga roza cada milímetro de tu panocha, ensanchándola y haciéndola sentir una fricción que se antoja infernal por la tortura de que no termina y celestial por el placer que la simple penetración te causa. Me detengo cuando choco contra tu piel, doy un segundo para que te recuperes de esa sensación de invasión inicial, pero en cuanto veo que está pasando empiezo un rápido movimiento de penetración. Te estoy cogiendo de una forma muy fuerte y rápida porque así es como te debo de coger, piensas en esto y se escapa un aullido de tu boca que es seguido por las siguientes palabras “gracias mi señor por cogerme” y te respondo aminorando la velocidad de mi penetración para torturarte y perpetuar la sensación que sé después de ya varios largos y deliciosos minutos está por aparecer en tu cuerpo. Te aclaro que ya han pasado varios minutos desde que te estoy cogiendo pero no lo has podido sentir porque tu cuerpo es sólo sexo, humedad, lujuria, panocha y clítoris, el tiempo había dejado de existir por las sensaciones que estabas sintiendo, pero no habías registrado hasta que aminoré mi penetración. Te sientes cansada, pero satisfecha sientes que estás por llegar al mejor orgasmo de tu vida y deseas te siga penetrando como hasta ahora, pero yo al sentir la alerta de tu orgasmo me detengo y paro por completo. Veo como el orgasmo que te empezaba a afectar se desvanece en el aire y decido acomodarte a cuatro cerca de la orilla de la cama, esta vez con el plan de penetrarte aún más fuerte, de dejarte rojas las nalgas y de ahora sí cogerte hasta que llegues al orgasmo… o no, pero te acomodas como te ordeno, lo haces muy lentamente para dejarme ver esas nalgas tan ricas que tienes. Cuando por fin te acomodas veo tus nalgas, tu panocha y tus tetas colgando que se reflejan en el espejo y sabes que me encanta, pero también veo tu cara llena de placer y sé que no es el momento para entretenerme con el paisaje sino el momento de recorrerlo.
Te la meto de nuevo, pero ahora con renovadas fuerzas, fuerzas que te preguntas de donde salen si te he cogido por ya mucho tiempo sin parar y ves que el sudor recorre mi cuerpo como si de lluvia torrencial se tratara. Pero eso a mí no me importa, es la hora de cogerme a mi hembra y eso he de hacer, te penetro con fuerza, con un ritmo casi extenuante hasta que de nuevo siento la llegada de tu orgasmo, es en este momento cuando sucede algo que no esperaba, me ruegas te haga llegar, sí tú que tan orgullosa eres me estás rogando por algo, es por esto que sin más te penetro con más fuerza hasta que te veo llegar en un orgasmo tan rico y profundo que tu panocha me aprieta como tratando de devorar mi verga, es en este momento en el que yo empiezo a sentir la llegada de mi orgasmo, orgasmo y eyaculación que quiero hacer sobre tu cuerpo. Me retiro de tu panocha y tumbándote sobre la cama eyaculo sobre todo tu cuerpo, una visión verdaderamente morbosa ya que cayendo sobre tu cuerpo quedo bañado junto contigo en la mezcla de nuestro sudor y de los jugos del placer que ambos hemos emanado.
Nos detenemos a respirar unos cuantos minutos en los que permanecemos abrazados jugando con nuestros cuerpos; pasan los minutos y tú volteas a verme a los ojos esperando volver a ver al amante tierno, pero no, te equivocas ves la lujuria encendida en mis ojos, te quedas extrañada como pensando que es imposible si mi erección tiene que haber desaparecido y volteas a mi verga como comprobando que no es posible esté duro, pero te equivocas y sabes que hemos de volver a coger como si el sexo fuera lo único que existe para nosotros. Y así sin más preparaciones empezamos a coger de nuevo.
Sólo queda decir que lo que comenzó como una serie de correos para calentar a Diana se volvió una realidad en cuanto nos reencontramos y que si bien la historia fue escrita antes de llevar a cabo esta fantasía, la fantasía tuvo que ser reescrita para reflejar todo lo que hicimos la noche del sábado pasado en que llevamos a cabo todo lo anteriormente descrito.
Fin.
Espero les haya gustado y por favor dejen sus comentarios, porque esta es sólo la primera de una serie de historias que queremos publicar y de las que queremos tener más comentarios.

Calificación: 0 | Votos: 0
Categoría: Hetero | Comentarios: 0 | Visto: 5638 veces

Últimos Comentarios Agregados
No hay comentarios para este relato

Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí