Mi nombre es Helena de Troya, ya sé lo que piensan de mí, que por no saber reprimir mis deseos canales sucumbio toda una civilización, pero sí tu esposo prefiriese estar con todo el batallón de su ejército y dejarte a ti las dolencias de las batallas, también cederias a la tentación de la infidelidad....este relato no es para disculpar mi comportamiento, sino para narrar mi encuentro con el mejor amante que halla conocido.... Aquíles.
Mientras el rey conquistaba tierras en algún...
lugar, yo estaba tan aburrida que ni siquiera me importaba que mis doncellas hablaran de sus cosas íntimas delante de mí. Las escuché hablar de Aquíles y de lo buen amante que éste era, capaz incluso de satisfacer a dos mujeres al mismo tiempo.
Una mañana desperté deseosa de sentir las caricias de un hombre y recorde los elogios que Aquíles había recibido como amante, así que decidí comprobar personalmente sí era merecedor de los mismos,y lo mandé llamar.
Cuando estuvo frente a mí descubrí porque encantaba a todas, cabello largo y rubio, mirada sensual, labios atrayentes y un cuerpo esculpido por los dioses.
Aquíles: aquí estoy majestad ,para que deseas verme.
Helena: así que tú eres Aquíles, el que tantas proezas dicen a hecho.
Aquíles: no creo que merezcan llamarse proezas es sólo mi obligación como troyano.
Helena: no hablo de tu habilidad en batalla, sino de tu habilidad en la cama, que tan comentada entre mis damas de compañia.- dije mostrándose mis senos.
Él tratando de eludir la mirada para que yo notar cuanto le gustaba lo que veía, dijo: no es justo que le hagamos esto al rey Priamo.
Helena: el gran Aquíles, capaz de enfrentar a miles de hombres sólo, e tiene miedo a una mujer desnuda.
Entonces descubrí que el verdadero débil de ese guerrerol no era su famoso talón, sino su orgullo de macho.
Se acercó y se despojo de sus prendas,se tumbo sobre mí y separó mis piernas para proceder a centrarme con fuerza.
Luego cambiamos de posición, quedando yo arriba de él, lo que me permitió llevar el ritmo de la penetración y sentirme en la gloria.
De pronto cambio de postura y sentí su pene entrando en mi ano como una espada, nuestras manos se aprentaban según la fuerza con que me penetraba y nuestros al unísono.
salió de mi interior antes de expedir aquel maravilloso nectar que poseen los hombres y me pidió que lo recibiera dentro de mi boca, lo hice encantada, aunque costó un poco dado el tamaño del miembro, pero el esfuerzo se vio recompensado cuando bebi ese líquido con sabor a ambrosia .
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