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Mi historia con Sandra

Enviado por carlitoslopez el 24/5/2010

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Mi historia con Sandra Publicado el 24/05/2010, por: carlitoslopez

Hola amigos, este es el segundo relato que mando a esta página, como les dije en mi anterior historia soy arquitecto, actualmente tengo 28 años y vivo en una pequeña ciudad de mi país. Empezaré diciéndoles que a Sandra quien es la protagonista de esta anécdota, la conozco desde que éramos niños cuando fue mi compañera de primaria en la escuela pública donde yo asistí, en la secundaria sus papás la cambiaron a una escuela religiosa de paga, ahí continuó sus estudios; aunque habíamos sido...

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compañeros nunca hubo una amistad entre nosotros; luego, cuando la cambiaron de escuela menos contacto tuvimos, sólo la llegaba a ver en la calle; siempre llamó mi atención, ya que ella para mi gusto es muy hermosa.
Cuando entramos a la preparatoria, yo en la escuela pública a la que siempre fui y ella en la escuela de paga a donde la habían cambiado y siendo que nuestra ciudad es pequeña en la que de todo se entera uno, supe que Sandra estaba saliendo con un chico y que sus papás de ella no estaban de acuerdo con esa relación; ese muchacho era más o menos de nuestra edad y trabajaba en una frutería. Los papás de Sandra por lo que me enteré estaban indignados porque este chico era humilde, sin estudios y su trabajo en la frutería era la de descargar camiones, amigas mías que conocían a Sandra me platicaron también en ese entonces que los papás de ella le habían prohibido seguir con esa relación, sin embargo, Sandra continuó viéndose a escondidas con ese muchacho, se embarazó y terminó huyendo con él.
Me enteré que los papás de Sandra la fueron a buscar para decirle que si decidía quedarse con ese muchacho se olvidara de ellos, Sandra aceptó esa situación y se distanció de su familia. Después ella dejó de asistir a la escuela preparatoria donde estudiaba; me la llegué a encontrar algunas ocasiones en la calle cuando su embarazo ya se le notaba, luego de unos mese la vi cargando a su bebé, recuerdo que se observaba descuidada en su persona, cosa que me sorprendía ya que Sandra cuando vivía con sus papás era una chica bien arreglada y un tanto vanidosa, siempre andaba con ropa que estaba de moda y que se notaba era de buena calidad; sin embargo, después de que se había ido a vivir con ese muchacho se veía muy diferente.
Así pasó el tiempo, yo terminé mi preparatoria y me fui a estudiar arquitectura a la capital del estado donde nací, a mi casa sólo iba cada fin de semana; de vez en cuando llegaba a encontrarme a Sandra caminando por alguna calle; al concluir mi carrera, me establecí en mi ciudad natal, para ese entonces tenía yo 23 años (Sandra igualmente tenía esa edad) Puse un despacho en un local que renté; varias veces en que llegaba o me iba de mi despacho me encontraba a Sandra caminando por esa calle, me enteré que vivía con su marido muy cerca de ahí, se seguía observando descuidada, con esto quiero decir que no se le notaba un peinado adecuado, ni algún tipo de maquillaje, aparte de que su ropa se veía desgastada, aunque diré que siempre andaba limpia y a su hijo que para entonces ya iba en la primaria, lo traía impecable; en esos días ya tenía otro bebé pequeño de sólo unos meses de edad.
A pesar de que a Sandra no le ayudaba su ropa, se le veía un cuerpo atractivo, de hecho desde que estudiaba y estaba soltera tenía una hermosa cara y poseía una linda figura, y al parecer después de tener a sus dos hijos, lejos de afectarle la había hecho embarnecer, notándosele un cuerpo exuberante. Se le veían unos senos grandes, unas caderas anchas y un reducido abdomen, su piel es blanca, su cabello lacio de color amarillo trigueño le llegaba a la cintura, en su cara tiene un poco de pecas, sus ojos son de color verde claro, mide como 1.75m, sus piernas son alargadas y bien torneadas, tiene sus pestañas rizadas y una mirada tierna.
Así que por el hecho de que éramos vecinos a Sandra me la topaba frecuentemente, hasta ese momento no nos saludábamos, yo no sabía si ella me recordaba, cada vez fue llamando más mi atención, hasta que mi forma de mirarla se empezó hacer un tanto descarada, ella se daba cuanta y agachaba su vista para no encontrarse con mis ojos; en una ocasión fui a una tienda cercana a mi despacho, al entrar me di cuenta que Sandra estaba ahí, había comprado unas cosas e iba saliendo, llevaba de la mano a su hijo mayor el cual comenzó a llorar porque quería una bolsa de frituras, Sandra un tanto nerviosa le decía que en ese momento no llevaba dinero, al pasar junto a ellos le dije: Que se lleve las frituras el niño, yo se las invito. Ella volteó a verme un tanto sería y de manera cortante me dijo: No gracias. Cargó a su hijo y se fue de ahí.
En otra ocasión, después de haber estado en una fiesta donde me tomé unos tragos, fui a mi despacho, eran como las nueve de la noche, al llegar y estacionar mi camioneta vi en el espejo retrovisor que Sandra venía caminando sola por la banqueta, esperé un poco a modo de bajarme cuando ya viniera cerca, así lo hice, al ella pasar junto a mí, quizás animado por el efecto del alcohol le dije: Adiós, que preciosa estás mi reina. Sandra clavó su mirada al piso y caminó más rápido alejándose de ahí. Me arrepentí de haberle dicho eso porque en realidad yo no sabía cómo reaccionaría, quizás se lo podía decir a su marido y habría problemas.
A los pocos días de ese incidente me fue a ver a mi despacho una persona llamada Luís, quien es dueño de varios negocios en la ciudad donde vivo, me hizo saber que pretendía construir un club campestre y quería que yo le dirigiera la obra, llegamos a un acuerdo, me dijo que me iba a presentar a un maestro albañil que era su compadre, al cual le tenía mucha confianza, solicitándome que él participara en la obra, le dije que yo no tenía inconveniente, le llamó por teléfono, lo citó en mi despacho, esta persona llegó a los pocos minutos, cuando entró me di cuenta que se trataba del esposo de Sandra, don Luís me lo presentó, yo lo conocía de vista, pero nunca había cruzado palabra con él.
Platicamos del proyecto y al final don Luís dijo: Bueno, entonces pronto comenzaremos a trabajar, pero esto hay que celebrarlo, comamos juntos mañana. En seguida le mencionó al esposo de Sandra: Que te parece que sea en tu casa, sería bueno que el arquitecto probara lo rico que guisa tu esposa, yo te llevo todo lo necesario. Él contestó: Claro, desde ahora le aviso a mi mujer. Quedamos de vernos al día siguiente a las cuatro de la tarde, el esposo de Sandra me indicó la calle y número de su casa; al otro día yo estuve puntual a la cita; aunque ya sabía que ellos vivían cerca de mi despacho, nunca me había fijado donde era exactamente, al llegar al número me di cuenta que se trataba de una vecindad.
Yo iba preocupado por lo que le había dicho días antes a Sandra, no sabía si se lo habría platicado a su esposo, aparte, el hecho de saber que estaría en la casa de esa chica me hacía sentir nervioso; al tocar la puerta de la vivienda fue Sandra la que me abrió, le di las buenas tardes, ella me miró a la cara aunque de inmediato bajó su vista, me contestó el saludo en voz baja y me dijo que pasara, don Luís y el esposo de Sandra se encontraban sentados en los sillones de una pequeña sala, me saludaron, se notaba que ya se habían tomado algunas cervezas; la vivienda era muy reducida, formado por dos cuartos, en uno estaba la sala, un comedor y una pequeña estufa, todo muy junto, y en el otro cuarto se veía que era donde dormían; Sandra luego de que me abrió la puerta se fue a la estufa, estaba cocinando algo.
Don Luís después de saludarme le dijo a Sandra: Comadre, te presentamos al arquitecto que nos va a dirigir una construcción, tú esposo y yo le platicamos de lo rico que guisas y él nos dijo que quería comprobar si era cierto. Ella volteó y sonrió tímidamente; don Luís, el esposo de Sandra y yo comenzamos a platicar y a tomar cervezas, ella siguió cocinando, como a la media hora se dirigió a su esposo diciéndole que ya estaba todo listo, nos pasamos a la pequeña mesa del comedor, Sandra nos atendió, al terminar de comer don Luís me dijo: ¿Ya se dio cuenta que no exageré cuando le mencioné lo sabroso que cocina mi comadre? Yo le contesté: Todo estuvo delicioso, gracias señora, pocas veces se come así de sabroso. Ella parada junto a la estufa volteó a vernos con una sonrisa un tanto forzada.
Después de comer don Luís bajó de su coche unas botellas de vino y me dijo: Mi compadre y yo siempre tomamos aquí, no nos gusta ir a otro lugar, quizás usted no esté muy a gusto, pero le pido de favor que nos siga acompañando. Le dije que sí; Sandra sirvió unos platos de comida y los tomó diciéndole a su marido: Voy a comer con mis hijos, si quieres algo me hablas. Se dirigió al otro cuarto que había en la vivienda, nosotros seguimos tomando, después de un rato ya estábamos ebrios, principalmente el esposo de Sandra, me comenzó a abrazar diciéndome que le caía muy bien, luego me mencionó que me quería invitar de compadre.
Le dije que aceptaba, él llamó a Sandra, la cual salió del cuarto donde estaba con sus hijos, su esposo le indicó que se sentara junto a nosotros diciéndole: Ya invité al arquitecto de compadre para que sea el padrino de nuestro hijo mayor que va a ser su primera comunión. Ella le contestó: Como tú decidas. Su esposo con una marcada voz de ebrio le mencionó: Ya sé que es como yo decida, no te estoy pidiendo tu opinión. Sandra se quedó agachada; luego, se levantó y comenzó a recoger los platos de la mesa, seguimos tomando, su esposo a cada rato le gritaba diciéndole que se fuera a sentar con nosotros, sus peticiones iban acompañadas de groserías, ella no contestaba nada, yo me estaba sintiendo incomodo de esa situación, en un momento que don Luís y el esposo de Sandra platicaban, fui a orinar, el baño estaba afuera de la vivienda, lo compartían con otros vecinos.
Cuando regresé me di cuenta que don Luís y su compadre seguían hablando, al pasar junto a Sandra de manera discreta le dije: El otro día me comporté muy vulgar contigo, ojala me disculpes. Ella sin contestarme nada se fue a acomodar unos platos que había lavado, de lo que le mencioné ni su esposo ni don Luis se dieron cuenta, le habían subido mucho a la música; yo me volví a ir a sentar con ellos, nos tomamos otras copas, el esposo de Sandra estaba más que ebrio, pasado un rato se quedó dormido en el sillón, le dije a don Luís que nos fuéramos, los dos nos salimos despidiéndonos de Sandra, la cual se notaba entre enojada y avergonzada.
Don Luís y yo seguimos la parranda otro rato, nos fuimos a un bar, estuvimos conversando de varias cosas, dentro de ellas me platicó de Sandra y su esposo diciéndome: Mi compadre siempre se queja conmigo de que Sandra es muy fría y santurrona, por eso busca otras mujeres que le hagan en la cama lo que ella nunca quiere hacerle, y pienso que mi compadre tiene razón, Sandra es una mojigata, en una ocasión le propuse que saliéramos, ella me contestó con groserías advirtiéndome que a la próxima vez que la molestara le iba a decir a mi compadre y para evitar problemas no le volví a insistir; pudo haber tenido conmigo una relación discreta, le hubiera ido bien, porque se habría ganado un dinerito que buena falta les hace. Yo lo escuché sin hacer ningún comentario al respecto.
Como a la semana de esa parranda, estando en mi despacho, mi secretaria entró a mi privado informándome que me buscaba una mujer llamada Sandra, le mencioné que la hiciera pasar, fue una sorpresa el ver que era mi vecina, la saludé y la invité a que se sentara, le ofrecí algo de tomar, ella me dijo que no, que sólo iba por un instante, le insistí que tomara algo, terminó aceptándome un café, mi secretaria lo preparó, Sandra que se notaba nerviosa me dijo: Vengo de parte de mi marido, él no pudo venir porque anda trabajando fuera de la ciudad, no sé si recuerda que lo invitó de padrino de primera comunión de mi hijo mayor, me da vergüenza el momento que mi esposo escogió para hacer eso, quisiera saber si en realidad acepta esa invitación, si por alguna razón no lo desea, no hay ningún problema, hoy tengo que dar en la iglesia el nombre del padrino, esa es la razón de mi visita.
Le contesté: Noté que hubo una imposición de parte de tú esposo y posiblemente no quieras que yo sea el padrino. Sandra me mencionó: Yo acato lo que mi marido decida. Le dije que entonces aceptaba; ella me hizo saber que con posterioridad su esposo me pasaría a avisar el día. Viendo que Sandra estaba encaminando la plática para despedirse le dije: Aprovechando que te veo, quiero decirte que me hace sentir mal lo que pasó el otro día cuando te encontré en la calle, discúlpame por lo que te dije, no acostumbro comportarme así, no sé lo que me pasó. Ella le daba sorbos grandes a su café, luego me dijo un tanto seria pero a la vez nerviosa: Espero que no vuelva a suceder porque podría usted tener problemas con mi marido. Enseguida nos despedimos y se fue.
Al día siguiente, al llegar a mi despacho, mi secretaria me entregó una invitación que Sandra un rato antes me había llevado, ahí decía el día, la hora y la iglesia donde iba a ser la misa de primera comunión de su hijo, era para el siguiente sábado; un día antes de esa fecha, el esposo de Sandra me llamó por teléfono mencionándome que tenía que salir fuera de la ciudad y que no iba a poder estar en la misa, sugiriéndome que yo tampoco fuera y que mejor en la siguiente semana nos viéramos para festejar nuestro compadrazgo; me di cuenta que lo único que le interesaba a ese tipo era el festejo y la borrachera, de momento tuve la idea de no asistir a la misa, pero me puse a pensar que ya le había comprado las cosas religiosas que se les dan a los niños en el momento de su primera comunión y que quizás su mamá no llevaría nada creyendo que yo como su padrino se las iba a entregar porque esa es la costumbre.
Después de darle vueltas al asunto decidí ir; llegué a la iglesia un rato antes de que comenzara la misa, a los pocos minutos vi que Sandra entraba con su hijo y una señora que era conocida mía y que después supe era comadre de ella, no me vieron, la misa empezó, me acerqué con Sandra para darle las cosas que tría, noté que se sorprendió de verme, aunque no me dijo nada, tomó las cosas dándome las gracias y se las llevó al niño, luego de concluir la misa y ya estando afuera de la iglesia Sandra me volvió a dar las gracias, me mencionó que su esposo le había dicho que yo no iba a ir, le respondí que eso no habría sido correcto, que si era el padrino del niño tenía que estar presente, fui a la camioneta por el regalo que le había comprado, al dárselo el niño se puso muy feliz.
Sandra me dijo: Que pena arquitecto, hoy no preparé nada para invitarlo, pero en estos días le vamos a organizar algo. Yo les mencioné: Que les parece si mejor yo las invito a comer a algún lado, Sandra me contestó: No puedo, tengo que regresar a la casa porque en cualquier momento llega mi marido. Su comadre de Sandra dijo: Mi hija ya debe estar llegando a mi casa, viene de visita, pero tú comadre, no tienes nada que hacer, ya sabes que cuando los fines de semana tu marido se va, llega hasta el lunes, para que pierdes el tiempo en ir a esperarlo.
Su comadre y yo le seguimos insistiendo hasta que Sandra aceptó, aunque no de muy buena gana; nos subimos a mi camioneta, pasé a dejar a su comadre que vivía en la misma vecindad de ella, al bajarse le mencionó: Recuerda que tu esposo anda disfrutando, así que tú diviértete. Yo no entendía porque le decía eso; Sandra, mi ahijado, el bebé más pequeño de ella y yo nos fuimos a un restaurante, estando ahí platicamos de muchas cosas, recordamos cuando habíamos sido compañeros de escuela; al terminar de comer, mi ahijado le insistió a Sandra que lo dejara ir a unos juegos infantiles que estaban en la entrada del restaurante, ella aceptó diciéndole: Bueno, pero sólo unos minutos, porque ya nos tenemos que ir, tu papá puede llegar en cualquier momento. Mi ahijado le contestó: Hay mama, mi papá no va a llegar hoy. Ella le respondió: Eso a ti no te importa, ya te dije que sólo un rato y no discutas.
Mi ahijado se fue a jugar, el hijo más pequeño de Sandra se había quedado dormido en sus brazos, en ese momento le mencioné: Se notaba que no querías venir, posiblemente me tienes desconfianza por lo vulgar que me comporté la otra vez cuando te encontré en la calle, pero me gustaría aclararte que todo fue motivado porque me atraes mucho, yo se que eres casada y que nunca voy a tener una oportunidad contigo, pero no puedo evitar decirte que me encantas, envidio a tu marido por tener una esposa tan bella como tú. Ella se quedó callada y agachada, luego de unos instantes me dijo: Ya me quiero ir. Yo ya había pagado la cuenta, al mencionarme eso se levantó de la mesa, yo también lo hice, nos dirigimos a la salida, llamó a su hijo y nos subimos a la camioneta, en el trayecto del camino Sandra no me dijo ni una sola palabra, cuando estábamos a punto de llegar a su casa me mencionó: No me lleve hasta mi casa, no quiero que mis vecinos lo vean, déjeme unas calles antes; La bajé donde me indicó, cuando descendió de la camioneta de forma seria y seca me dio las gracias.
El jueves de la siguiente semana llegaron a mi despacho el esposo de Sandra y don Luís, iban a recoger los planos que yo ya había elaborado del club campestre, el esposo de Sandra me dijo que no había tenido tiempo de hacerme una comida, pero que eso estaba pendiente, no me mencionó nada sobre la invitación al restaurante que le había hecho a su esposa e hijos, en realidad no sabía si Sandra le habría platicado. Don Luís me mencionó que ese día por la tarde iba a salir de viaje junto con el esposo de Sandra, que irían a xxx (Una ciudad que está lejana del lugar donde vivimos) que regresaban hasta el lunes siguiente, me platicaron que se llevaban a unas chicas y que pretendían pasársela bien con ellas todo ese fin de semana, me invitaron pero les dije que no podía porque ya tenía otros compromisos.
Ese mismo día jueves por la noche cuando estaba cerrando el despacho, Sandra venia caminando por la calle cargando a su bebé, cuando llegó junto a mí la saludé y le pregunté hacia donde iba, me respondió que se dirigía al centro a comprar leche, le pregunté si quería que la llevara en la camioneta, ella me contestó: No, gracias, quiero caminar. Le mencioné: Creo que con lo que te dije el día que fuimos a comer sólo terminé de hacerte enojar. Ella me respondió: No quiero hablar más de ese tema, me voy porque van a cerrar la tienda, Le mencioné: Lo que te dije no fue para molestarte, te quise dejar en claro lo que significas para mí, me encantaría que hoy o mañana pudieras aceptar ir a tomar un café, a comer o a cenar conmigo, sólo para platicar y aclarar todo esto. Sandra me respondió molesta: ¿Usted no ha comprendido que estoy casada? No sé porque se atreve a decirme tales cosas ¿Es tan tonto para pensar que voy a salir con usted? ¿Y mi esposo que haría mientras? ¿Esperarme cruzado de brazos en mi casa?
Yo le mencioné: Bueno, si me atreví a pedirte que saliéramos es porque sé que tu esposo no va a estar en la ciudad estos días. Ella aún más molesta me contestó: Haa, o sea que encima de todo nos anda espiando, y de que sabe que no está mi esposo quiere aprovecharse de la situación, que gran abuso de su parte, por desgracia, mi condición de mujer no me permite golpearlo pero ganas no me faltan, esto se lo diré a mi marido y él se entenderá con usted. Luego que me dijo eso se fue a paso rápido, era evidente que Sandra ya estaba muy molesta por mis ocurrencias.
Al otro día que era viernes, me fui a comer a mi casa, ya no regresé a trabajar al despacho, como a las cinco de la tarde tocaron el timbre de la puerta, al abrir me di cuenta que se trataba de la comadre de Sandra, la misma que la había acompañado a la iglesia el día de la primera comunión de su hijo, esa señora se llama Lola, la hice pasar y nos fuimos a la sala, a doña Lola mi familia y yo la conocemos desde hace años, cuando nací le ayudaba a mi mamá en los quehaceres de la casa, trabajó ahí con nosotros hasta que yo tuve como cuatro años, después se casó y se fue, ella dice quererme mucho porque me vio y cuidó cuando fui bebé.
Doña Lola me dijo: Aparte de venir a saludarte quiero contarte algo, sucede que mi comadre Sandra hace un rato me platicó que ayer en la noche la invitaste a salir y que se había portado grosera contigo, yo le dije que hizo mal, porque mientras ella siempre está metida en su casa, su marido se anda divirtiendo por todos lados, mi comadre sabe que él tiene otra mujer en la capital y sabe también que todos los viernes se va con ella, a Sandra le dice que va a trabajar, pero no es cierto, le ha encontrado facturas de muebles que le ha comprado para su casa y otras cosas más; le digo que no sea tonta, que de vez en cuando salga a divertirse, que se distraiga; su marido no ha sabido aprovechar a mi comadre, anda buscando pellejos teniendo un filete en su casa, Sandra es una mujer linda, limpia, responsable con sus hijos y su casa, yo no sé ese tipo que quiere.
Doña Lola me siguió contando: Sandra cuando vivía con sus papás estaba acostumbrada a una buena vida y ahora su marido la tiene muy mal, muchas veces me va a pedir cosas de comer porque ese tipo se desaparece por días sin dejarle un sólo peso, la ropa que trae está toda desgastada y alguna hasta remendada, mientras el irresponsable de su marido gastándose el dinero con otras mujeres; hace un año sus papás de Sandra viendo su situación se acercaron a ella para ayudarla, le dijeron que le ponían el negocio que ella quisiera, mi comadre les pidió una tienda de ropa, sus papás le compraron mucha mercancía y le dieron dinero para que pagara un año de renta de un local, su marido con engaños le pidió ese dinero, luego hizo que malbaratara la mercancía pidiéndole también el dinero, jamás le devolvió nada, sus papás de Sandra al ver que no ponía el negocio estuvieron preguntándole insistentemente cual era el motivo, hasta que mi comadre se vio tan presionada que terminó peleándose con ellos.
Por último, doña Lola me dijo: Mi comadre no se merece vivir así, quisiera que reaccionara y le exigiera más a su marido o de plano buscara una vida mejor, pero lo veo difícil; cuando yo le dije que había sido una tonta con no aceptar tu invitación a salir ella se quedó pensando y me mencionó que eso ya no tenía remedio; quisiera pedirte que te animes a llamarla, acá te dejo el numero de su teléfono celular, yo ahora que regrese a la vecindad vuelvo a platicar con ella para convencerla, si decides llamarle márcale como en una hora; pensaras que me meto en lo que no me importa, pero quisiera que esta niña se distrajera un poco, que platicara con alguien más, para ver si su mente se aclara y reacciona.
Cuando doña Lola se fue, estuve pensando en todo lo que me había dicho y pasada la hora que me mencionó me decidí y marqué al número de celular de Sandra, ella me contestó, la reconocí por su inconfundible voz de timbre muy femenino, le dije: Hola, ¿Cómo estás? Habla el arquitecto. Sandra con un tono de cierta molestia me respondió: ¿Por qué me marcó aquí? ¿Quien le dio este número? Le dije: Eso no importa ahora, después te lo explico, se que estás molesta, que ayer fuiste clara conmigo, te prometo que es la última vez que insisto, no pretendo incomodarte más, sólo quiero saber si me das una oportunidad de salir contigo, no pienso quitarte mucho tiempo. Ella me contestó: usted es la persona más necia que he conocido, no sé cómo hacerle entender que soy una persona casada y que no quiero meterme ni meterlo en problemas.
Le mencioné: Pero es que no puede haber problemas, porque no vamos a hacer algo malo, sólo iríamos a tomar un café o a cenar a algún lugar, es más, podemos ir a la ciudad de xxx (Es una ciudad más grande que en donde vivimos y está como a treinta minutos por carretera) sería muy difícil que ahí nos encontremos a alguien que nos conozca, cenamos, platicamos un rato y nos regresamos, no le veo el problema, además, tu esposo no está en la ciudad y no es que yo lo ande espiando, sino que él mismo me dijo que se iba a ir, así que no te verías tan apresurada en tiempo, que dices ¿Aceptas? Se quedó callada un momento y luego me respondió: Sucede que aunque no está mi marido, están mis hijos, no puedo dejarlos solos y…. suponiendo que saliera con usted, seguramente pensaría que soy una mujer de lo peor por aceptar una invitación de este tipo con un hombre distinto a mi esposo.
Le contesté: No, nunca pensaría eso de ti, se perfectamente que eres una mujer decente y con valores y aunque no te niego que me encantas, también tengo bien en claro que entre tú y yo nada podría haber, pero, me conformo por lo menos con estar junto a ti aunque sea unos minutos y quizás en un futuro poder ser tu amigo. Ella se quedó en silencio unos instantes, luego me respondió: En verdad que es usted un necio, mmm, en mí teléfono quedó registrado su número, no le prometo nada, si me decido yo le marco en un rato.
Pensé que nunca me iba a llamar, sin embargo, apenas habían transcurrido veinte minutos cuando mi teléfono sonó, era Sandra y al contestarle mi dijo con voz notoriamente nerviosa: Hola, decidí aceptar su invitación, no sé porque lo hago, creo que ya me volví igual de loca que usted, heee, si le parece nos veamos a las 8:30 en la construcción que están haciendo en la esquina de donde vivo; no llegue tarde porque ese lugar está oscuro y me daría miedo permanecer sola ahí, ojala no piense mal de mí por el hecho de estar aceptando esta invitación, lo último que haría en mi vida sería faltarle al respeto a mi marido. Le mencioné que no se preocupara. Ya faltaba poco tiempo, me duché, me vestí y me fui en la camioneta al lugar que Sandra me había indicado, no estaba ahí, pero al poco rato vi por el espejo retrovisor que ella venía llegando, abrió la portezuela de la camioneta y se subió, me dijo que nos fuéramos pronto, se veía nerviosa.
Me dirigí hacia la carretera que nos llevaba a la ciudad que le había mencionado; Sandra llevaba puesto un sencillo vestido de tela delgada y unas sandalias, me sorprendió ver que traía en sus brazos a su bebé el más pequeño enredado en una ligera frazada, en ese momento me mencionó: Mi hijo el mayor se quedó en casa de doña Lola, me decía que le dejara también a mi bebé, pero no quise porque me preocupa que se ponga a llorar y no sepan qué hacer con él, así que decidí traérmelo; al grande nunca lo había dejado encargado, me da un poco de miedo haberlo hecho, pero, veremos qué pasa. Luego me preguntó: ¿Le molesta que traiga a mí bebé? Le dije que no.
Durante el trayecto me fue platicando cosas de sus hijos en relación a que estaban muy acostumbrados a ella, etc., después de un rato le dije: Podrías intentar ya no hablarme de usted, somos de la misma edad y creo que hay cierta confianza entre nosotros. Ella me contestó: El hablarse de usted no tiene nada que ver con la edad, es por respeto, además, mucha confianza no la hay. Yo sonreí y ya no le mencioné nada al respecto.
El bebé de Sandra se había mantenido dormido durante el camino; al llegar a esa ciudad me detuve frente a un restaurante que conocía, le pregunté al valet parking si habría lugar, nos indicó que si, lo cual ya era tener suerte porque todos los sitios públicos los viernes por la noche están llenos; entramos al restaurante, nos asignaron una mesa y justo cuando acabábamos de ordenar comenzó a tocar una orquesta que ahí había, el ruido era moderado, sin embargo fue suficiente para que el bebé de Sandra despertara, comenzó a llorar, cada vez lo fue haciendo más fuerte, la gente que estaba en las mesas cercanas volteaba a ver qué sucedía.
Sandra me mencionó que iba a salir un rato para ver si afuera se callaba, en ese momento nos llevaron el primer platillo, como no regresaba salí a buscarla, un mesero me alcanzó y me dijo que no me podía ir sin pagar la cuenta, esa situación me molestó, porque no era mi intención hacer eso, discutimos, tuvo que llegar el gerente del restaurante, le expliqué la situación, terminaron regañando al mesero, Sandra andaba paseando a su bebé en el estacionamiento, al ver que yo discutía con esos tipos llegó junto a nosotros, ya no quise que entráramos al restaurante, les dije que me llevaran la cuenta y nos retiramos del lugar.
Tardaron un poco en llevarnos la camioneta, Sandra estaba temblando, seguramente por el frío que hacía y creo yo que también de nervios por lo que había pasado, me quité mi chamarra y se lo puse en la espalda, ella me dijo: Gracias, pero, usted se va a congelar. Le dije que no se preocupara. En poco tiempo el frio había arreciado mucho, ya que rato antes incluso hacía calor; nos entregaron la camioneta y al subirnos lo primero que hice fue poner la calefacción, sentí alivio y yo creo que el bebé de Sandra también porque se quedó callado, ella me dijo: Discúlpeme por lo que sucedió, si no hubieran comenzado a tocar esa música mi bebé no habría despertado, por mi culpa se peleó usted con esas personas, ya arruiné la noche. Le mencioné: El mesero fue un imprudente, pero no te preocupes, no has arruinado nada, con el simple hecho de que me estés acompañando la noche para mí es linda.
Ella me dijo: Mejor regresémonos. Le mencioné: Por lo menos hay que cenar algo. Sandra respondió: Ya está haciendo mucho frío y si bajo a mi bebé le puede hacer mal, esto que traigo para cubrirlo es muy delgado, no pensé que fuera a descender tanto la temperatura, y seguramente donde entremos habrá ruido, va a comenzar a llorar otra vez y ya no quiero hacerlo pasar a usted otro mal rato.
Me quedé pensando y le dije: Te invito unas hamburguesas en un restaurante que está cerca, las pueden traer a la camioneta y aquí mismo nos las comemos. Ella me contestó: Bueno, como usted quiera. Me dirigí a ese restaurante, llegando pedí las hamburguesas, las llevaron y en lugar de quedarme ahí puse en marcha la camioneta y le dije a Sandra: Vamos a un sitio que te va a gustar, ahí nos comemos las hamburguesas. Ella no me respondió, pero cuando vio que me estaba saliendo de la ciudad me mencionó: ¿Hacia dónde vamos? Aquí ya no hay nada. De reojo observé su cara, se le reflejaba un gesto de cierto miedo, le mencioné: No te preocupes, me dirijo a un mirador en donde se ve toda la ciudad, ya estamos cerca.
Ella me dijo: Ya es tarde, debe estar solo y yo traigo a mí bebé. Le mencioné: A esta hora siempre hay gente en sus coches disfrutando de la vista. Sandra se quedó en silencio aunque se le seguía notando un gesto de preocupación, llegamos al lugar y efectivamente había varios coches, busqué un sitio que me agradó, estacione la camioneta, y le mencioné: Mira como se ve ¿Te gusta? Ella me contestó: Si, es una vista hermosa. Comencé a abrir las bolsas que traían las hamburguesas, papas y demás cosas, el bebé de Sandra estaba durmiendo, lo recostó en el asiento de atrás y me ayudó a abrir las bolsas; sentada junto a mí comimos observando las luces de la ciudad y las estrellas, yo lo mencioné: Jamás me imaginé que después de haberme costado tanto trabajo convencerte de que salieras conmigo, terminaríamos cenando hamburguesas en mi camioneta. Ella sonrió y me dijo: Es mi culpa, pero acá está lindo.
Después de platicar algunas cosas sin importancia le pregunté: ¿Sigo siendo desagradable para ti? Ella me contestó: Nunca he considerado que usted sea desagradable, me he enojado cuando me ha dicho cosas indebidas. Le seguí preguntando: ¿Te molesta cuando alguien te dice que eres linda y le gustas? Me respondió: No es que me moleste, más bien me siento incomoda porque soy casada y le debo respeto a mi marido. Le dije: En un supuesto caso que tú no estuvieras casada ¿Hubiera podido tener una oportunidad de ser tú novio? Me contestó: No tiene sentido hablar de ello, mi realidad no la puedo cambiar.
Nos terminamos nuestras hamburguesas y nos quedamos callados por un momento; luego, Sandra me dijo que le gustaba una canción que en ese instante tocaban en la radio; Le respondí que también a mí me gustaba, en seguida le mencioné: El estar junto a ti me hace sentir mucha tranquilidad, quisiera que este momento no se terminara, envidio a tu esposo, él te puede tener todo el tiempo, es un tipo con suerte. Ella me respondió: Mmm, creo que él lo que menos quiere es estar conmigo, no sé porque, quizás como mujer no valgo mucho la pena. Le respondí: Claro que vales la pena, eres una chica hermosa, agradable, tierna, se nota que eres una excelente madre, en fin, tienes muchos atributos. Sandra sin contestarme nada sonrió, miraba hacia el frente, de forma casi imperceptible se arrimó un poco en el asiento acercándose más a mí y delicadamente recostó su cabeza en mi hombro; sentí ternura al verla.
La luz que se reflejaba de la ciudad y la de la luna que ese día estaba casi llena, era suficiente para poder ver, Sandra continuó con su cabeza recargada sobre mi hombro, cerró los parpados de sus ojos, pasaron algunos minutos sin que habláramos y sin que se moviera, pensé que se había dormido, en voz baja le pregunté si estaba despierta, ella me contestó que sí; la luz de la luna hacia brillar su pelo dorado, sus carnosos y húmedos labios se veían hermosos, olía ligeramente a loción de bebé.
Con mis manos suavemente la tomé de su cara haciendo que quitara su cabeza de mi hombro y sin soltarle su rostro fui acercando lentamente mis labios a los suyos, no sé porque me atreví a hacer eso, ella tenía sus ojos cerrados, mi boca tiernamente se fundió a la suya, Sandra sin reclamar abrió un poco sus labios para recibir ese beso, su saliva tenía un sabor dulce, así continuamos besándonos unos instantes más hasta que separó su boca de la mía, sin decirme nada se quedó sentada mirando hacia el frente, luego se arrimó a la ventanilla que estaba de su lado separándose de mí, yo me le acerqué, la tomé delicadamente de su barbilla haciendo que girara su cara hacia mí para seguir besándola, Sandra me dijo quedamente: No, ya no. Le mencioné: Es sólo un beso. Y sin dejarla decir más, fundí nuevamente mi boca en la suya.
Ese beso fue más apasionado que el anterior, nuestras lenguas comenzaron a tocarse, con mis manos le recorría su espalda y luego las fui moviendo hasta que llegué con ellas a sus senos acariciándoselos por encima de su vestido, ella al sentir eso balbuceando con su boca pegada a la mía me decía: Nooo, no haga eso. A pesar de sus palabras continuamos besándonos ardientemente, al cabo de un rato mis manoseos se volvieron más intensos dándole apretones a sus enormes tetas, Sandra seguía diciéndome que no lo hiciera aunque no despegaba su boca de la mía.
Poco a poco la fui jalando hasta que quedó montada sobre mí, para ese momento mi verga le tenía yo completamente erecta, ella debió sentirla; en esa posición su vestido se le subió un poco, durante ese movimiento nuestros labios nunca se separaron, al ir jalándola ella balbuceando me decía: Aayyyy ¿Qué hace? Sin embargo, se fue dejando llevar quedando sentada sobre mis muslos; mis manos se las puse en sus enormes nalgas subiéndole aún más su vestido sobre su espalda, le comencé a acariciar su trasero por encima de sus calzones, ella me abrazó de mi cuello, sin despegar su boca de la mía continuaba reclamándome quedamente: Nooo, yaaaa, yaaaa.
Sus enormes nalgas se sentían firmes y duras, con mis manos se las apretaba y acariciaba fogosamente; luego, teniéndola montada sobre mi pasé una de mis manos poniéndola en medio de sus piernas y comencé a sobarle su vagina por encima de sus calzones, cuando sintió mis dedos en esa parte de su cuerpo lanzó un ligero gemido, al mismo tiempo que me dijo: Haaay nooo, ahí nooo.
A pesar de sus reclamos continuamos besándonos en los labios apasionadamente, la tela de sus pantaletas en la parte de su vagina se sentía húmeda, se las jalé un poco hacia un lado y empecé a acariciarle directamente su conchita, Sandra dio otro grito y echó su cabeza para atrás diciéndome: Haaay, yaaaaaa. En seguida por si sola volvió a unir febrilmente sus labios a los míos, su vagina estaba empapada de sus propios jugos. Comencé a meterle un dedo en su caliente cuevita, ella gemía con su boca pegada a la mía, separé mis labios de los suyos y le besé su cuello de forma ardiente, otra vez echó su cabeza para atrás mencionando con voz entre quebrada: Haaaa, no me vayas a morder. Seguí lamiéndole su cuello, metiendo y sacando cada vez más rápido mi dedo en su vagina, los gemidos de Sandra aumentaron en intensidad.
Temblaba encima de mí apretándome mis hombros con sus manos que era de donde se estaba agarrando; llegó el momento en que con una de sus manos le dio un fuerte jalón a mi brazo haciendo que mi dedo saliera de su vagina diciéndome: Yaaa, yaa, basta. Aproveché ese instante para bajarme el cierre de mi pantalón y de forma rápida me saqué mi miembro el cual quedo rozándole sus pantaletas; Sandra aún encima de mí, al darse cuenta de eso me dijo con voz temblorosa: ¿Qué pretende hacer? Le seguí acariciando sus nalgas y volví a besarle su cuello al mismo tiempo en que le pregunté: ¿Quieres sentirme dentro de ti? Ella no me respondió nada, pasados unos instantes comenzó a gemir otra vez a consecuencia de las lamidas que le daba a su cuello.
Con mis manos levanté un poco sus nalgas y volví a jalar sus pantaletas hacia un lado en la parte de su vagina, acomodé mi pito en la entrada de su cuevita y se lo comencé a meter, mi miembro fue resbalando hasta entrar todo, ella se quejó muy fuerte diciéndome: Haaaay, haaa ¿Qué hace? haauuu. Con mis manos puestas en sus nalgas comencé a hacer que las subiera y bajara sobre mi verga, Sandra siguió gimiendo, al cabo de unos instantes solté su trasero y ella sola continuó moviéndose, aparte de gimotear empezó a jadear al mismo tiempo en que me decía: Haaay, haaa ¡Nos van a ver! ¡Nos van a ver! Le contesté: No, nadie nos ve. Sandra continuó subiendo y bajando sus enormes nalgas sobre mi pito, cada vez lo hacía a más velocidad y con más fuerza, podía yo sentir como toda mi verga entraba y salía de su caliente concha.
Quise desabrocharle los botones de su vestido para poder llegar a sus senos, pero no podía hacerlo, parecía como si estuvieran atorados; por la excitación que tenía y desesperado por no podérselos desabotonar le di un jalón a su vestido en esa parte, los botones se desprendieron y cayeron, rompiéndose una porción del frente de su delgado vestido, ella grito diciéndome: Haaay, noooo. Sus senos quedaron casi al descubierto, solamente tapados por su sostén de tela gruesa y de color azul cielo que llevaba puesto, de inmediato le subí las copas de ese sostén liberando sus tetas, Sandra volvió a dar otro grito diciendo: Nooo, eso noooo. Sin responderle nada comencé a chupárselos, eran enormes, ella sin reclamar más se siguió dando sentones fuertes sobre mi pito, se podía escuchar como sus grandes nalgas chocaban y rebotaban contra mis muslos, su cabeza la echó hacia atrás agarrándose con sus manos de mis hombros.
Los sentones que se deba sobre mi pene eran a tal grado que la camioneta se movía, con mi lengua le lamía sus voluminosos senos dándole en instantes ardientes chupadas a sus erectos pezones; ella continuó jadeando, gimiendo y moviéndose frenéticamente encima de mí, por la gran excitación que yo tenía empecé a sentir ganas de eyacular, para aguantar más le dije: Vamos a cambiar de posición, bájate un momento. Sandra detuvo sus movimientos, lentamente y sin decirme nada se bajó de mis muslos saliéndose mi verga de su vagina, respiraba agitadamente, se sentó sobre el asiento de la camioneta a un lado mío; aproveché para quitarme mi pantalón y mi bóxer, ella hizo descender las copas de su sostén cubriendo sus senos, se quiso abrochar su vestido pero no había forma ya que estaba sin botones y roto de enfrente.
Le pedí que se pusiera sobre el asiento en cuatro patas, ella en voz baja y con un marcado tono de nerviosismo me dijo: Noo, eso no. Le insistí diciéndole: Vamos, por favor. Ella me respondió quedamente: Noo, me da vergüenza. Yo volví a insistirle, Sandra sin ya decirme nada lentamente se fue acomodando en la posición que le había pedido sobre el asiento de la camioneta, me coloque atrás de ella y en la parte de su trasero le subí su vestido por encima de su cintura, al sentir eso volteó y me dijo con voz temblorosa: Nooo ¡No haga eso! Aún que replicó siguió colocada en esa posición, le bajé delicadamente sus pantaletas hasta la mitad de sus muslos, ella volteando hacia atrás para verme me decía: Espera, no las baje. No obstante de ese reclamo continuó puesta en cuatro patitas sin que se moviera; tuve a mi vista sus hermosas y enormes nalgas de piel blanca en las cuales se reflejaba la luz de la luna, puse una de mis rodillas en el asiento y la otra pierna la bajé para apoyarme en el piso de la camioneta, le acomodé mi pito en la entrada de su mojada vagina, se lo froté durante algunos segundos y luego de un sólo empujón se lo metí todo, ella dio un fuerte grito: Haaaaay.
Me comencé a mover lentamente haciendo que la totalidad de mi miembro entrara y saliera de su conchita, la sensación que yo sentía es inenarrable, Sandra se quejaba y gemía; poco a poco me fui moviendo más rápido, hasta que el mete y saca era a toda velocidad, me mantenía agarrado de los costados de su cintura, mis muslos golpeaban fuertemente sus nalgas, otra vez estábamos moviendo la camioneta, sus quejidos y gemidos aumentaron en intensidad comenzando también a jadear, con sus uñas rasguñaba el asiento, mis testículos rebotaban en su trasero.
En ese momento encendieron las luces de un coche que estaba cerca de nosotros, Sandra dijo: ¡Ya nos vieron! De inmediato se sentó en el asiento saliéndose mi pito de su conchita, yo igualmente me senté junto a ella, se jaló su vestido para taparse su pecho, lo mantuvo agarrado con una mano porque no lo pudo abrochar ya que estaba roto del frente; sus pantaletas las tenía a medios muslos; el coche que había encendido sus luces al pasar junto a la camioneta dio varios acelerones y luego se fue, con el ruido que el coche hizo y yo creo que también por los fuertes quejidos que Sandra estaba dando unos instantes antes, su bebé había despertado y estaba llorando, soltó su vestido y se subió sus pantaletas, luego tomó a su bebé que estaba en el asiento de atrás y empezó a mecerlo en sus brazos. Sacó una lata de leche de una bolsa que traía y le preparó un biberón.
El bebé se calmo, eran las doce y media de la noche, Sandra me dijo: Ya me quiero ir, estoy preocupada por mi hijo, ya debe estarme extrañando. Me subí mi bóxer junto con mi pantalón y le pregunté: ¿Doña Lola tiene teléfono en su casa? Ella me contestó: Si, pero no tengo crédito en mi teléfono celular. Le dije: Si quieres llama del mío para que sepas como está y no vayas preocupada en el camino.
Sandra aceptó, le bajé al radio para que ella pudiera escuchar, como todo estaba en silencio oí que doña Lola le decía que su hijo estaba bien, que ya se había dormido, mencionándole que tratara de divertirse y que dejara de preocuparse. Sandra se despidió y concluyó la llamada, yo fingiendo no haber escuchado le pregunté cómo estaban las cosas, ella me dijo que su hijo estaba durmiendo y en seguida me mencionó: Ya lléveme, estoy muy nerviosa. Puse en marcha la camioneta y nos fuimos de ahí, Sandra volvió a pasar a su bebé al asiento de atrás, él ya se había callado con su biberón.
Al revisarse su vestido me dijo con voz de preocupación: Se le cayeron los botones y toda la parte de enfrente se rasgó, cuando llegue a mi casa no sé cómo voy a entrar, en el patio de la vecindad deben estar varios de los vecinos tomando, siempre se reúnen los viernes por la noche, se van a dar cuenta de las condiciones de mi vestido. Le dije; Discúlpame, no sentí haberlo jalado tan fuerte. Ella me mencionó: No es su culpa, seguramente se rompió porque la tela ya está muy gastada. Le dije: Antes de llegar a tu casa vamos a la mía para que te preste ropa. Sandra me contestó: No, mejor ya lléveme, veré como me las ingenio para entrar sin que se me note tanto.
Continué por la carretera, me di cuenta que Sandra veía su vestido con tristeza y preocupación, en ese momento a las afueras de la ciudad donde estábamos íbamos pasando por un centro comercial muy grande que recién habían inaugurado y pensando que en esos lugares hay tiendas que cierran tarde le dije: Quizás aquí te pueda conseguir ropa.
Ella no me contestó nada, le fui dando vuelta al centro comercial, todas las entradas de los estacionamientos ya estaban cerradas, pero adentro se veían autos, lo que significaba que podía haber tiendas abiertas; junto al centro comercial estaba un motel, le dije a Sandra: Los estacionamientos ya están cerrados, vamos a entrar a este lugar para que no te deje en la calle, acá estarás segura mientras yo voy caminando a buscar una tienda de ropa. Al tiempo de decirle eso di la vuelta y entré al patio del motel, pienso que ella de tantas tiendas con anuncios luminosos que había no se percató a qué lugar entrábamos; un tipo me hizo señas indicándome hacia que cubículo me tenía que meter, al ingresar ahí con la camioneta llegó atrás de nosotros y cerró una cortina de metal que tenía una pequeña rendija que era por donde cobraban.
Me baje de la camioneta, me acerqué a la rendija y le pregunté a ese tipo si en el centro comercial estaría abierta alguna tienda de ropa, me contestó que no porque ya era tarde, pero me dijo que su patrón era dueño de un almacén de ropa que había junto al motel, que ya estaba cerrado, pero que si me urgía le podíamos pedir que abriera, le dije que si, le fui a avisar a Sandra que pronto regresaría: Ella me preguntó: ¿Dónde estamos? Le respondí: Es un motel, me metí aquí porque el estacionamiento del centro comercial ya está cerrado y no quise dejarte en la calle, iré a conseguirte ropa. Ella me respondió ya hablándome de tú: ¿Estás loco? No me dejes sola, me da miedo, traigo a mi bebé ¿Cómo se te ocurrió meternos acá? Le mencioné: Este lugar es seguro, tardaré sólo unos minutos. Sandra se quedó con un marcado gesto de angustia y enojo en su cara.
El chico que me estaba esperando me abrió la cortina y luego que salí la volvió a cerrar, nos dirigimos a la gerencia del motel, llegando le explicó a su patrón lo que yo andaba buscando y él me dijo: Acá en la gerencia tengo una entrada al almacén, vamos y ahí escoges lo que quieras. Nos metimos y encendió las luces, me puse a buscar la ropa, no sabía sus tallas, escogiendo al cálculo le compre un cambio completo: Chamarra, playera, blusa, jeans, calcetas y unas botas. Pagué, les di las gracias y me regresé al cubículo donde estaba Sandra, al llegar a la camioneta le hice saber que había encontrado ropa y le di la bolsa donde venían las cosas, ella me dijo: Ya vámonos, no me gusta estar aquí. Le mencioné: Pero antes ponte la ropa porque de lo que se trata es que no llegues con el vestido roto a tú casa, bájate un momento. Sandra descendió de la camioneta y me dijo: Esta bien, pero voltéate para que me pueda quitar el vestido y me ponga lo que me trajiste. Le dije: Acá no, entra a la habitación. En ese momento abrí la puerta del cuarto y encendí la luz.
Ella se quedó mirando sorprendida mencionándome: No sabía que ahí había una habitación. Le dije: Deberías meter a tú bebé un momento al cuarto, lo recuestas en la cama y te pones con calma tu ropa, acá afuera hace mucho frío. Sandra sin responderme se subió a la camioneta, tomó su bolso y cargó al bebé, nos metimos a la habitación y lo recostó en un extremo de la enorme cama que ahí había; puse a funcionar la calefacción, encendí la televisión con el volumen bajo y me acosté en el otro extremo de la cama, le dije que tomara la ropa y que entrara al baño para que ahí se la pusiera, Sandra así lo hizo, salió como a los diez minutos, cuando la vi me sorprendió, ella era linda, pero con esa ropa se veía espectacular, me dijo que todo le había quedado a su medida, que las botas eran un número más del que usaba pero que le ajustaban bien, durante algunos instantes se estuvo viendo en un espejo, yo le decía que lucía hermosa, ella sólo sonreía.
En ese momento le mencioné: Recuéstate, descansamos unos minutos y luego nos vamos. Sandra sin contestarme nada se subió a la cama y se acostó junto a su bebé, es decir, en el otro extremo de donde yo estaba, le pregunté: ¿Porque te vas tan lejos? Ella me respondió: Para estar con mi bebé. Me quedé callado y Sandra al cabo de dos o tres minutos me preguntó ¿Quieres que me acerque a ti? Le dije que si, se fue moviendo en la cama aproximándose hacia mí, su cuerpo quedó a unos cuantos centímetros del mío, nos mantuvimos quietos por un rato, viendo la tv, los dos estábamos boca arriba, no nos decíamos nada hasta que ella me mencionó: Gracias por la ropa que me compraste, dime cuanto gastaste, ahora no podría pagártela, pero en unos días te daría el dinero. Le respondí: No te preocupes, acéptala como un regalo, además, es lo menos que podía hacer después de haberte roto tu vestido. Sandra me dijo: Esta noche sólo he sido una molestia para ti. Le mencioné: Claro que no, esta noche es la más genial de mi vida.
Nos mantuvimos callados por otro rato, hasta que de reojo vi que a Sandra le escurrían lágrimas por sus mejillas, la voltee a ver y le pregunté: ¿Te pasa algo? Ella suspiró respondiéndome: No, nada. Le mencioné: ¿Entonces por qué lloras? Me contestó: No es nada importante, solo estaba recordando algo. Le dije ¿Qué es? Dime. Me respondió: Mmm, me estaba acordando que cuando iba a la escuela y vivía con mis papás me encantaba esta marca de ropa que me trajiste, si mis papás me compraban de otra me enojaba mucho, una vez les boté unas blusas que no me gustaron; heee, la vida da muchas vueltas y a veces paga uno el precio de nuestros errores; desde hacía años que no volvía a estrenar ropa de esta marca, pero, bueno, no te amargaré más la noche con mis historias. A Sandra le seguían escurriendo lágrimas de sus ojos, con una de mis manos se las limpié y le mencioné: Ya nada de llorar, una chica tan linda como tú nunca debe estar triste.
Al limpiarle sus lágrimas me arrimé más a ella, Sandra recargó su cabeza en uno de mis hombros diciéndome: Es lindo este lugar. Yo le mencioné que si y luego de un rato para hacer conversación le dije: Hoy tuve un día pesado en el trabajo, tengo dolor de espalda, ya me hacía falta un momento de descanso. Ella se quedó callada y pasados unos instantes me mencionó: Quizás un masaje te ayudaría. Le respondí; Si, creo que eso sería bueno. Sandra volvió a quedarse en silencio y luego de un rato me dijo: Cuando era niña y mi papá llegaba cansado del trabajo, le sobaba su espalda, si quieres lo puedo intentar contigo. Yo acepté de inmediato. Estaba recostado boca arriba, Sandra se hincó en la cama junto a mí, se quitó su chamarra y me dijo que me pusiera boca abajo, al quedar en esa posición me comenzó a dar apretones suaves en la espalda, sobándomela toda.
Masajeó por varios minutos mi espalda y hombros, lejos de relajarme me comencé a excitar, mi pene se fue poniendo erecto; Sandra me dijo: Ahora colócate boca arriba para que te sobe tu pecho. Yo no quería hacerlo porque sabía que se iba a notar lo erecto que tenía mi miembro, sin embargo, no encontré excusa para decirle que no y me puse boca arriba, ella se quedó mirando el bulto que se hacía en mi pantalón y sonrió nerviosamente, yo le dije: Perdón, pero es que hace un rato que estuvimos en el mirador, me quedé excitado porque no alcancé a terminar, y con los masajes que me diste me sucedió esto, no fue mi intención.
Sandra hincada a un lado mío siguió sonriendo tímidamente, luego se recostó junto a mí sin decirme nada; pasado un momento se enderezó quedando sentada en la cama, se dio cuenta que mi pito continuaba erecto y me dijo quedamente: Ya se te quedó así. Le mencioné: Me daré un baño con agua fría para calmarme. Ella me respondió: No, eso te haría mal, hace frío.
Continué recostado boca arriba, Sandra sentada en la cama dándome la espalda sin dejar de mirar el bulto que mi pene hacia en mi pantalón me mencionó en voz baja y entre quebrada: Si quieres, te puedo acariciar un poco para que termines, no sería otra cosa, sólo caricias. Le respondí: Claro, sería genial. Con voz temblorosa me dijo: Bien, pero antes iré al baño. Yo estaba sorprendido por lo que Sandra me había ofrecido, me desabroché el pantalón y me lo quité junto con mi bóxer, seguí acostado boca arriba con mi pene bien erecto, cuando ella salió del baño y me vio se puso una mano en su boca haciendo una cara de sorpresa diciéndome con voz notoriamente nerviosa: Haay, te quitaste todo. Lentamente se subió a la cama y se sentó junto a mí, se quedó observando a mi pito fijamente por algunos segundos y luego me mencionó: ¿Sabes? Eres un chico especial, espero que no pienses mal de mí. Yo le mencioné: Claro que no. Ella me dijo: Sólo te acariciaré.
Sandra seguía sentada a mi costado, yo continuaba boca arriba; sin dejar de mirar mi pene lentamente fue acercando una de sus manos hacia él hasta que lo tomó cerrando ahí su puño, comenzó a masturbarme muy despacio, no nos decíamos nada, con esos movimientos lentos el prepucio de mi verga se bajó dejando al descubierto toda la cabeza rojiza e inflamada de mi miembro, al observar eso volteo a verme con una sonrisa nerviosa mencionándome: Es lindo ¿Ya te lo habían dicho? Le respondí: No, eres la primera. Tímidamente me dijo: No seas mentiroso. Al mismo tiempo de decirme eso se fue inclinando lentamente hasta que sentí como con sus carnosos labios me comenzó a dar algunos tiernos y suaves besitos en la palpitante cabeza de mi pito; luego, empezó a pasar despacio su tibia lengua en esa parte, lo saboreo como si fuera un caramelo; en seguida se lo fue introduciendo en su boca hasta comerse la mitad, sus labios comenzaron a subir y bajar sobre él; yo estaba sorprendido, no podía creer que Sandra por iniciativa propia me estuviera haciendo eso.
Así me la estuvo mamando por un buen rato, sus labios se deslizaban a una regular velocidad sobre más de la mitad del tronco de mi pene, hasta que se detuvo sacándoselo de su boca y luego, comenzó a pasarme su lengua por mis testículos, recorrió cada centímetro de ellos al mismo tiempo que con una de sus manos me masturbaba lentamente mi miembro; en ese momento me preguntó: ¿Te gusta? Yo le dije: Sí, me encanta. Sus carnosos labios los regresó a mi verga para seguirla chupando, su cara estaba completamente sonrojada, sus parpados los tenía entrecerrados.
Mi pito se encontraba empapado de su saliva y de los líquidos lubricantes que me salían, esos líquidos a ella también ya le habían humedecido todo el contorno de sus labios; en momentos se sacaba mi pene de su boca y me chupaba mis testículos y luego me lo volvía a succionar acariciándome suavemente mis huevos con una de sus manos. Todo lo que ella estaba haciendo me tenía sorprendido, se suponía que Sandra era una mujer fría, de acuerdo a los comentarios que su marido le había hecho a don Luís y que luego él me los platicó; sin embargo, en ese momento estaba demostrando todo lo contrario; sus ojitos los mantenía entrecerrados, en momentos gemía suavemente con mi pito adentro de su boca.
La mamada que me daba era tan rica y excitante que comencé a sentir ganas de eyacular, se lo hice saber, ella no se sacó mi verga sino que la siguió chupando con más intensidad, varios chorros de semen fueron saliendo de mi pito, era una sensación delirante, me retorcía yo en la cama como loco, Sandra gemía con sus labios apretados en mi miembro, me exprimió hasta la última gota de esperma; luego, poco a poco fue disminuyendo su velocidad, hasta que lentamente se lo sacó de su boca, al enderezarse vi que mantenía sus labios apretados, reteniendo el liquido que ahí le había depositado, se levantó de la cama con una sonrisa pintada en su rostro y se fue al baño, escuché como abrió las llaves del lavabo y se enjuagó su boca; luego, regresó y se recostó junto a mí, con una risita tímida me preguntó ¿Te gustó? Yo aún extasiado de la rica sensación que había sentido le respondí: Fue algo increíble.
Pasados unos instantes ella me mencionó: Vámonos ya, me preocupa mi hijo. Le dije: Vuelve a llamarle a doña Lola, ahí está mi teléfono. Sandra me respondió: No, ya es tarde, sería inapropiado hablar a esta hora, mejor vámonos. Le pedí que nos quedáramos unos minutos más. Sandra sin ya responderme nada permaneció recostada junto a mí, le dije: Lo que me hiciste fue fabuloso, me gustaría hacerte lo mismo. Ella me preguntó: ¿A qué te refieres? Le contesté: Me encantaría hacértelo oral. Sandra rió nerviosamente y me mencionó: No, eso no, así dejemos las cosas. Recostados como estábamos voltee a verla y le comencé a dar besitos en sus labios diciéndole: Por favor, déjame besar tu sexo. Ella cerró los parpados de sus ojos sin contestarme nada.
Me enderecé quedando hincado en la cama, le quité sus botas, ella sin moverse y con sus ojos cerrados me decía en voz baja: Heey, espera ¿Qué haces? le desabroché su pantalón y lentamente se lo fui bajando junto con sus pantaletas, Sandra continuaba con sus parpados cerrados diciéndome quedamente: Ya detente, no podemos seguir con esto. Sin embargo, a pesar de sus palabras permanecía inmóvil recostada boca arriba sobre la cama, le saqué por completo su pantalón y sus calzoncitos, quedó con sus piernas bien juntas, delicadamente se las separé, ella de inmediato pasó sus manos hacia su vagina para cubrírsela diciéndome: Nooo, no hagas eso. Le quité sus manos de ahí; debo decir que para haber tenido dos hijos lucia muy bien, no había en su cuerpo estrías ni marcas, su vientre era lindo y plano, tenía pocos vellos en su sexo, no porque se depilara sino porque naturalmente así era, sus vellitos delgados y rizados tenían una tonalidad dorada, su linda vagina de tono rosado se notaba intacta, no parecía que de ahí hubieran salido dos bebés.
Me hinqué en medio de sus piernas, me incliné y empecé a besarle sus rodillas y muslos, luego su entrepierna, hasta que llegué a su vagina, se la comencé a lamer de forma ardiente: Ella me decía con voz entre cortada: Nooo, espera, haaa, esperaaa. Sin embargo, ahí permaneció permitiendo que yo siguiera adelante, a los pocos instantes empezó a gemir; le recorrí su cuevita con mi lengua de arriba hacia abajo en varias ocasiones; localicé su clítoris y se lo chupé, al mismo tiempo que uno de mis dedos lo metía y sacaba en su orificio vaginal, Sandra cada vez fue gimiendo más fuerte, me tomó de mi cabeza y empezó a mover ligeramente su cintura de un lado para otro, sus puños los fue apretando en mi cabello, al mismo tiempo que me decía: Huuuy, haaa, paraaa, para yaaa, Haaaay.
Así estuvimos un rato, cuando mi lengua le lamía su clítoris dos de mis dedos le recorrían y se los metía en su mojada vagina y cuando mi lengua llegaba a su conchita con uno de mis dedos le masajeaba su clítoris, Sandra ya no me decía nada, solo gemía, también comenzó a jadear, su cabeza la movía de un lado a otro lo mismo que su cintura, hasta que empezaron a aparecer unos espasmos en su estomago y vientre al mismo tiempo en que prácticamente gritando me decía: Yaa, yaaa papitooo, yaaa, estoy terminandoooo, haaa, haaaay. La hice explotar por completo, temblaba y se retorica en la cama como poseída, al mismo tiempo que con sus manos me jalaba de mi pelo; cuando vi que su orgasmo había concluido separé mi boca de su concha.
Hincado en medio de sus piernas, hice que se enderezara quedando sentada en la cama, la besé en la boca, ella respondió de forma apasionada, se notaba excitada; separé mis labios de los suyos, le quité su blusa y su playera, le desabroché su sostén y se lo quité también, quedó completamente desnuda, sólo con sus calcetas puestas, para ese momento ya no me reclamaba nada, yo también me despojé de la ropa que me faltaba quitarme, la recosté otra vez boca arriba y me subí sobre ella, le besé su cuello ardientemente, luego sus senos, dándome un banquete con esas enormes tetas, sus pezones eran hermosos, de un color rosa tenue, sus puntas eran pequeñas, aunque estaban completamente erectas y duras, succioné un pezón y el otro en varias ocasiones, ella gemía dulcemente acariciándome mi espalda; en seguida, me puse sobre su cuerpo de forma invertida, colocando mi cara en su vagina, mi pene quedó encima de su rostro, en un 69, comencé a besarle su conchita y a lamerle su clítoris, sin pedírselo Sandra se metió mi pito en su boca mamándolo amorosamente, mi verga estaba bien erecta.
En esa posición estuvimos varios minutos, podía escuchar el sonido que hacían sus labios al estarme mamando mi pito, cuando yo arremetía con mi lengua en su conchita ella gemía sintiendo en mi verga las vibraciones de su boca, los jugos de su vagina prácticamente le escurrían hacia los lados mojando el cobertor de la cama; luego, me bajé de su cuerpo, Sandra no me dijo nada, estaba ahí boca arriba con sus ojos cerrados, me hinqué entre sus piernas, puse mi miembro en su concha y poco a poco se lo fui hundiendo, le tomé sus piernas con mis manos a la altura de sus pantorrillas y se las levanté abriéndoselas hacia los lados, ella seguía sin reclamar, cuando todo mi pito lo tenía adentro comencé el mete y saca.
Hincado en medio de sus piernas le estuve dando un buen rato, Sandra gemía un tanto raro, era como si estuviera llorando; poco a poco fui aumentando la velocidad, podía ver como la totalidad de mi pene entraba y salía de su linda y mojada vagina, le solté sus piernas y me dejé caer sobre su cuerpo, ella me abrazó de mi espalda y elevó por sí sola sus piernas colocando sus talones en mis nalgas, yo le besaba su cuello, el mete y saca de mi pito era a una rápida velocidad, sus gemidos se hicieron cada vez más fuertes, al mismo tiempo en que me decía: Haaay , papi, papi, me haces sentir. Sus jadeos eran intensos, con mis manos le acariciaba sus enormes senos, le lamí cada centímetro de su cuello; así estuvimos por varios minutos hasta que Sandra apretó fuertemente sus manos a mi espalda y sus piernas a mi cintura, luego dio varios gritos prolongados y fuertes: Haaaay, haaaa, haaaa, siiiii, haaaaa. Hasta que poco a poco fue aflojando su cuerpo, quedándose callada y quieta, sólo se escuchaba su rápida respiración.
Me separé de ella diciéndole que se pusiera en cuatro patitas, Sandra sin replica alguna de forma lenta se enderezó y se acomodó en la cama quedando empinadita, ofreciéndome sus enormes y blancas nalgas, con sus rodillas puestas sobre el colchón y sus piernas entreabiertas, sus manos las estiró agarrando un cojín y apretando sus puños en él en espera de que mi pito la penetrara diciéndome ¿Así está bien? Le respondí: Sí mi amor, te ves hermosa. La tomé de trasero, le acomodé mi miembro en la entrada de su vagina y de golpe se lo metí, ella pegó un grito diciéndome: Huuuy papi que ricoooo.
Agarrado de sus nalgas comencé a hacer que toda mi verga le entrara y saliera de su panocha, ella empezó de nuevo a gemir, le jalé sus brazos y se los puse en su espalda aprisionándolos con mis manos, lo cual hizo que dejara caer su pecho y cara sobre la cama, de esta manera sus espectaculares nalgas se ensancharan aún más, en esa posición le comencé a dar arremetidas fuertes, metiendo y sacando lo más rápido que podía mi pija en su cuevita, Sandra con su cara enterrada en el colchón cada vez gritaba más fuerte: Haaa, haaay, haaaauuu. Mis muslos y vientre chocaban fuertemente contra sus enormes y firmes nalgas de piel suave, En ese momento le pregunté si le gustaba, ella prácticamente gritando me decía: Haaay, haa, siiií, siiií, me encantaaa, haaaaay. Le solté sus brazos y ella los volvió a estirar hacia el frente arañando el cobertor de la cama.
Así le estuve dando por algunos minutos, Sandra seguía gimiendo y gritando, hasta que me dijo: Haaay papi, así así, asiiií, estoy acabandooo, haaaaay. Con sus manos estiradas apretaba el cobertor de la cama como si hubiera querido desgarrarlo, llegó el momento en que se dejó caer completamente boca abajo, saliéndose mi pito de su vagina, aun que ya no tenía mi verga adentro, recostada boca abajo seguía gimiendo y jadeando, me acosté boca arriba junto a ella y le dije que se subiera en mí.
Sandra se enderezó lentamente, su respiración era aún agitada, su cuerpo estaba empapado en sudor, en ese momento me dijo sonriendo nerviosamente: Haay, siento que toda tiemblo. Cuando se iba a montar le dije que lo hiciera dándome la espalda, ella volvió a sonreír tímidamente y sin replicar se volteó en esa posición, se subió sobre mí hincándose y tomando mi pito con una de sus manos se fue sentando en él lentamente hasta metérselo todo en su rica y caliente vagina; luego, comenzó a moverse despacio, poco a poco se fue inclinando hacia el frente agarrándose con sus manos de mis piernas, era hermoso verle su lindo y blanco trasero engullendo y expulsando lentamente mi pito, gemía quedamente al mismo tiempo que sus dedos los apretaba en la parte baja de mis piernas que era de donde se estaba agarrando,
Fue tomando velocidad, mi miembro casi salía por completo de su vagina y luego se lo comía todo, continuaba quejándose placenteramente diciéndome: Haa, haaay, se siente bien, haaaa. Yo le acariciaba sus enormes nalgas y su espalda; así duramos un rato, Sandra no paraba de gemir y jadear moviéndose a su gusto, en instantes volteaba a verme reflejándose en su rostro un gesto muy erótico; luego, le dije que se volteara, ella lentamente se bajó de mí cuerpo, en seguida se volvió a montar hincándose de frente a mí, agarrando mi pito con una de sus manos se lo fue metiendo despacio en su cuevita, cuando todo estaba adentro, sentada de forma recta, comenzó a mover sus nalgas y su cintura de manera muy rica.
Se daba sentones sobre mi verga y a ratos movía su cintura de atrás hacia adelante frotando sus nalgas sobre mis muslos, sus movimientos se fueron haciendo más rápidos y más fuertes, continuaba sentada de forma recta, sus grandes senos se los detenía ella misma con sus manos, jadeaba y gemía de placer diciéndome: Haay, haaa, está bien rico tu pene, haaaa. Con mis manos agarré las suyas quitándoselas de sus tetas, sin ya detenérselos sus senos se le meneaban para todos lados en esos sensuales movimientos que sobre mi pene hacía.
Así estuvimos un rato; sus parpados los tenía entre abiertos, hasta que claramente vi como se le notaba solamente lo blanco de sus ojos, su cabeza la echó un poco hacia atrás y a los pocos segundos comenzó a dar gritos diciendo: Haaay, papi, papiiii, haaay, voy a terminar, haaa, voy a terminaaaar. Arqueó su cuerpo hacia atrás deteniéndose con sus manos de mis muslos, así se quedó un momento convulsionándose un poco; luego, se enderezó, respirando agitadamente, se inclinó hacia mí y me abrazó amorosamente, toda mi verga se le quedó adentro; por los gritos que había dado su bebé despertó y estaba llorando, ella de momento no hizo caso, el llanto del bebé continuó, Sandra seguía abrazada de mi, parecía como si no escuchara, le dije: Mi amor, tu hijo está llorando. Ella me contestó con voz adormilada: Si, si, ya voy, perdón.
Se bajó de mi cuerpo saliéndose mi pito de su vagina, fue al otro extremo de la enorme cama a ver a su bebé, le empezó a decir palabras dulces tratándolo de calmar, lo cargo en sus brazos y así desnuda como estaba lo anduvo paseando por la habitación, la pude admirar por completo, realmente era una chica espectacular, tenía un cuerpo voluptuoso y sensual, su considerable estatura, sus largas, hermosas y torneadas piernas, su abdomen plano, sus anchas caderas, sus redondas y enormes nalgas, sus monumentales y erectos senos, su pelo dorado que caía como cascada por toda su hermosa espalda, su linda cara de princesita y su mirada de niña inocente, aunado a lo que me había demostrado que sabía hacer en la cama, era más que suficiente para quedar enamorado de esa mujer; me acordé de lo que me había dicho su comadre Lola con respecto a que el marido de Sandra andaba buscando pellejos teniendo en su casa un filete, Sandra era más que un filete, era el corte de carne más exquisito que había probado, creo que si ella hubiera sido mi esposa, la habría tratado como una reina para que nunca se fuera de mi lado.
Luego de que su bebé se durmió lo volvió a recostar en el extremo de la cama donde estaba antes de que lo cargara y me dijo: Hay que irnos porque ya es muy tarde. Vi el reloj, eran las tres de la mañana; Yo seguía muy excitado puesto que no había eyaculado, esa excitación se acrecentó en mí al estar observando a Sandra dar vueltas por toda la habitación completamente desnuda paseando a su bebé, me hizo verla con mucha pasión pero a la vez con ternura; le dije: Recuéstate acá conmigo sólo unos minutos más y luego de ello te prometo que nos vamos. Ella replicando un poco en relación a que ya era tarde me hizo caso y se volvió a acostar en la cama, recargó su cabeza en uno de mis brazos y se pegó a mi cuerpo, seguíamos desnudos.
Comencé con el control remoto a cambiarle a la televisión, sintonicé un canal porno, Sandra al ver las imágenes me dijo: Haay noo, quítale de ahí. Le respondí: Espera, veamos sólo unos instantes y luego le cambio; la escena que pasaban en ese momento era la de un tipo penetrando en la posición de perrito a una chica, Sandra cerró sus ojos y me dijo: No sé cómo pueden filmar eso. Le pregunté: ¿Nunca habías visto una película porno? Ella me respondió: Mmm, sí, creo que sí, una sola vez. Le dije: ¿Y qué te pareció? Abrió sus ojos para ver las imágenes contestándome: No tengo buenos recuerdos de ese día. Le pregunté por qué decía eso. Me respondió: Mmm, es que no fue grato lo que sucedió, eso pasó hace varios años, mi novio fue por mí a la escuela, en el camino me platicó que ese día su tía que era con la que vivía no iba a estar en su casa, me dijo que había rentado una película y me invitó a que la fuéramos a ver, yo de momento no acepté porque sabía que no era correcto estar a solas con él en su casa; sin embargo insistió y terminó convenciéndome.
Sandra me siguió contando: Y resulta que cuando llegamos a su casa y puso la película nos dimos cuenta que era una pornográfica, yo me molesté, él me dijo que seguramente se habían equivocado en el lugar donde la había rentado, me convenció que la siguiéramos viendo, aunque no era nada agradable, y realmente no sé cómo pasó pero terminamos haciendo el amor, nunca había tenido sexo, fue mi primera vez, pero con eso bastó para que quedara embarazada; así que como verás eso no me trae buenos recuerdos, no porque ahora me arrepienta de haber tenido a mi primer hijo, sino porque creo que el momento no fue el adecuado.
La película porno siguió, nos quedamos callados observando; en ese momento a la protagonista la penetraban por el ano, de reojo observé como Sandra al estar viendo esa escena tenía un marcado gesto de sorpresa dibujado en su cara, la chica gritaba mucho, Sandra seguía observando sorprendida, le pregunté: ¿Alguna vez tu esposo te ha penetrado de esa forma? Ella sonrió nerviosamente diciéndome: Haay que pregunta, noo, claro que no, Le dije: ¿Y nunca te lo ha pedido? Sandra me respondió: ¿Tengo que contestar? Yo le mencioné: Si tú quieres. Ella sonrió y me dijo: Mmm, sí, algunas veces, pero jamás he aceptado.
Se enderezó en la cama quedando sentada y me mencionó: Ahora si ya vámonos, son casi las cuatro de la mañana, estoy muy nerviosa, que tal si mi marido ya está en la casa ¿Qué le voy a decir? Le pregunté: ¿Realmente crees que esté en tu casa? Ella bajó su mirada respondiéndome: Mmm, no sé, quizás no, pero, de todos modos ya vámonos. Le dije: Mi amor, el estar acá contigo para mí es un sueño, deja que dure un poco más, te lo pido. Sandra sin responderme nada se dejó caer otra vez en la cama, me volteé hacia ella abrazándola y le mencioné: Hace un momento cuando te separaste de mí porque tú bebé lloraba, ya no pude terminar ¿Podríamos hacerlo un momento más? Por favor.
Con un gesto de cierta timidez me respondió quedamente: Nooo, me remuerde la conciencia lo que estoy haciendo, ya vámonos. Insistí diciéndole: Anda, por favor, no me dejes así ¿No te ha gustado la manera como esta noche nos hemos amado? Sandra cerrando sus ojos me respondió en voz baja: Sí, ha sido lindo, pero, tú sabes que soy casada y que esto es indebido. La miré y le dije: Esta bien, como tú quieras. Se enderezó en la cama quedando sentada junto a mí dándome la espalda, yo seguía recostado boca arriba, después de unos segundos sin voltear a verme tímidamente me mencionó: Si quieres, podría darte unos besitos para ayudarte a terminar, y luego nos vamos. Yo acepté encantado. Ella continuaba de espaldas a mí, me dijo quedamente: ¿Te confieso algo? Eres la primera persona a quien le hago eso, ni siquiera a mi esposo se lo había hecho así, no me preguntes porque contigo acepté, ni si quiera yo misma lo sé.
Le di las gracias, me puse de pie en la cama y le mencioné que así me lo hiciera; sin contestarme nada lentamente se hincó en el colchón, mi verga quedó frente a su cara, con sus piernas juntas y con una risita nerviosa pintada en su rostro subió su mirada para verme a los ojos, yo le acaricié su pelo; luego, se le quedó mirando a mi pito, el cual estaba a media erección, lo empezó a acariciar suavemente con una de sus manos masturbándome lentamente por algunos instantes; enseguida, sin soltarlo, acercó su boca a él y le dio varios besitos tiernos por todo el tronco, para ese momento mi miembro ya se encontraba completamente erecto, al estarme masturbando la piel de mi prepucio ya se había recorrido totalmente hacia atrás, con sus labios llegó a la inflamada cabeza de mi pito comenzándome a pasar su lengua en toda esa zona, mientras que con una de sus manos me acariciaba dócilmente mis testículos, yo sentía que moría de placer.
Me lamió dulcemente la punta de mi pene por un rato y luego se lo introdujo en su boca comenzando a deslizar sus labios de atrás hacia adelante, era muy excitante verla desnuda de rodillas ahí frente a mi mamándome mi verga, sus parpados los tenía cerrados, con mi pito adentro de su boca comenzó a gemir, eso me hacía suponer que lo estaba disfrutando, la velocidad del mete y saca cada vez fue haciéndose más rápida, sus dientes en ningún momento me raspaban, sólo sentía su lengua y sus carnosos labios, así me lo hizo por varios minutos, con una mano me tenía agarrado de mi pito y con la otra me seguía acariciando mis testículos, más de la mitad de mi verga entraba y salía de su boca, por la fuerte velocidad que había imprimido comencé a sentir ganas de eyacular, en ese momento le dije: Me vas a hacer terminar. Ella continuó chupándomela velozmente, hasta que le mencioné: Sandra, me voy a correr. Sacó mi pito de su boca, con una mano me masturbo y lo dirigió a su pecho, volteando su cara hacia un lado y cerrando sus ojos, comencé a eyacular, salió mucho semen, el cual cayó sobre sus tetas y su abdomen.
Cuando se dio cuenta que había yo terminado por completo soltó mi pene, sonriendo tímidamente y sin decirme nada, tomó papel sanitario y comenzó a limpiarse, Le dije: Porque no mejor te bañas, yo aprovecho y me baño contigo. Ella nerviosamente me contestó: Si, creo que eso haré, porque ya sudé mucho. Se quitó sus calcetas, nos fuimos al baño y nos metimos a la regadera, el agua caliente estaba muy rica, nos comenzamos a enjabonar cada quien por su lado, pero, pasado un momento, sin decirle nada la abracé y la besé en la boca, ella también me abrazó respondiendo a ese beso apasionadamente, le acariciaba su espalda y sus nalgas, el agua nos caí en nuestros cuerpos; seguimos con ese beso candente que se prolongó por varios minutos, tomé una de sus manos y la puse en mi pene, ella comenzó a acariciármelo, mi pito de nueva cuenta se puso a tope.
Dejé de besarla, le dije que quería volverla a penetrar, ella con un movimiento de cabeza me dio a entender que estaba de acuerdo, la fui acomodando inclinándola hacia el frente, la tome de sus grandes nalgas poniendo mi pito en la entrada de su hermosa vagina y se lo metí, ella estaba empinada agarrándose con sus manos de sus propias rodillas ofreciéndome su enorme trasero; agarrado de su cintura le comencé a dar fuertes arremetidas, Sandra pujaba y se quejaba cada vez que mi pito le entraba hasta adentro.
Luego de permanecer un rato así se enderezó, haciendo que mi pene saliera de su cuevita, me dijo que ya se había cansado de estar doblada, sin mencionarme más se volvió a inclinar hacia el frente pero ahora recargó sus manos en la pared, poniendo nuevamente a mi disposición sus suculentas nalgas. La tomé otra vez de su cintura, mi pito volvió a buscar la entrada de su vagina y de nueva cuenta la penetré, le acariciaba su espalda y su trasero, al mismo tiempo que mi pito entraba y salía de su caliente concha; tomado de sus hombros comencé a darle fuertes embestidas, mi pene lo hacía yo salir por completo de su conchita y luego de un sólo golpe se lo volvía a meter, cada vez que hacía eso ella lanzaba un grito entre dolor y placer, me fui moviendo más y más rápido, hasta que la velocidad del mete y saca era al máximo, Sandra gemía y jadeaba como si estuviera llorando diciéndome: Haaay, papi, aaah, cielo, haaaay mi rey, aaaaa .
Le continué metiendo y sacando mi verga en esa posición durante algunos minutos, ella no dejaba de gritar, la acústica del baño hacia que sus gritos, jadeos y gemidos se oyeran muy fuertes; al verla que estaba tan excitada aproveché y embarrándome uno de mis dedos con jabón comencé a metérselo en su ano, ella al principio no dijo nada; sin embargo, cuando la mitad de mi dedo ya estaba adentro de ese orificio, jadeando me volteó a ver diciéndome: Haaay, nooo, me duele. Yo seguí metiéndole y sacándole mi verga en su vagina, de momento no hice caso a su reclamo y continué con mi dedo dentro de su culito, pero, al quererle meter más, ella se enderezó, haciendo que mi pito y mi dedo salieran de sus orificios, le pregunté: ¿Por qué te quitas? Ella me respondió: Es que me duele.
Pasados unos instantes le dije: Perdóname ¿Estás enojada? Sandra me respondió: No, lo que pasa es que me dolió y aparte, no sé, me dio vergüenza y miedo que me hicieras eso. En seguida me dijo: Ya me dio frío. Nos pasamos a la habitación, se comenzó a secar su cuerpo con una toalla sentándose en la cama junto a su bebé, yo igualmente me senté en la orilla de la cama pero en el otro extremo para también secar mi cuerpo; luego, me puse mi camisa, pensé que Sandra también se estaría vistiendo, pero cuando me di cuenta se encontraba sobre el colchón atrás de mi, seguía desnuda, me acarició mi pelo y me dijo: ¿Sabes? Esta ha sido una linda noche. Me quedé quieto respondiéndole que yo igualmente la había pasado muy bien, en seguida sin dejar de acariciarme me preguntó: ¿Por qué me metiste tu dedo ahí? Le contesté: Mmm, fue porque me encantas, estoy enamorado de ti y quería poseerte por todos lados.
Continuó abrazándome por mi espalda, sentía como sus senos rozaban mi piel, luego de unos instantes me mencionó tímidamente: Tu también me encantas y, heee, si quieres hazme el amor por donde metiste tu dedo, me da miedo, pero podemos intentarlo, quiero que seas tú el primero que me lo haga de esa forma. Yo me quedé sorprendido de lo que me había dicho, recuerdo que no le respondí nada. Sandra así desnuda como estaba se bajó de la cama, se sentó junto a mí y me dio un tierno beso en la mejilla; en seguida, se hincó en el piso, se metió en medio de mis piernas, tomó mi pito con una de sus manos y delicadamente me lo empezó a mamar, a los pocos instantes mi verga ya estaba completamente erecta, la chupó durante cuatro o cinco minutos de una forma muy amorosa, sus labios subían y bajaban lentamente, sus ojos los mantenía entrecerrados; luego, dejó de mamármelo y haciendo mi pito hacia arriba me chupó mis testículos con mucha pasión, en ese momento en sus parpados entrecerrados sólo se le vía lo blanco de sus ojos, hubo un instante en que balbuceando con uno de mis testículos metido en su boca me dijo en un tono muy sensual: Mi amor, que riiiiicas bolas tienes. Esa frase me sorprendió que Sandra la dijera.
En seguida se puso de pie y con su mirada hacia abajo me preguntó: ¿Qué quieres que haga? Me levanté de la cama y la besé en la boca, ella respondió a ese beso amorosamente; luego, le dije: ¿Estás segura que quieres que te lo haga por atrás? Tímidamente me respondió: Si mi amor, sólo te pido que seas cuidadoso. Le mencioné que se colocara en la posición de perrito, sin replicar así se puso en la orilla de la cama, al verla en cuatro patas con su enorme trasero a mi disposición, hizo que mi miembro casi reventara de lo erecto que lo tenía; parado sobre el piso me coloqué atrás de ella, le acaricié sus monumentales nalgas diciéndole: Te la voy a meter un momento por tu vagina. Sandra me contestó: Si mi cielo. La penetré por su conchita, en cuanto sintió que mi verga le entraba se quejó diciéndome: Huuuy, que riiiico.
Me mojé con saliva uno de mis dedos y comencé a hurgarle su ano, lentamente se lo fui metiendo tratando de no lastimarla, Sandra me decía en voz baja: Haaay, huum, despacio mi amor, despacio. Mi dedo poco a poco fue penetrando su apretado culito, mientras que mi verga entraba y salía de su vagina, ella gemía ligeramente y en momentos daba leves quejidos de dolor; llegó el momento en que todo mi dedo estaba adentro de su ano, lo comencé a mover cuidadosamente, Sandra se quejaba.
Después de un rato le saqué mi dedo de su ano al mismo tiempo que puse mí verga en la entrada de ese reducido orificio, volteó y me dijo con voz temblorosa: Tengo miedo. Le mencioné que se tranquilizara y muy lentamente comencé a meter mi miembro en su apretada colita, ella se inclinó aún más en la cama poniendo su cara en el colchón, sus brazos y manos los estiró hacia el frente, mi pito fue entrando poco a poco y con cierta dificultad, ayudó mucho el que estuviera embarrado de sus líquidos vaginales, Sandra comenzó a quejarse dolorosamente: Haaaay, haaauuu, aaaaa. Cuando ya tenía la mitad de mi pene adentro le pregunté: ¿Te duele? Me contestó con voz temblorosa: Siii, siii, huuuuuy.
Continué empujándole lentamente mi pito hasta que me di cuenta que ya había entrado todo; tomado de su cintura empecé a moverme despacio, ella se quejaba diciéndome: Aauuu, huuuy, me lastima, está muy grande, me lastimaaaa. Seguí con movimientos lentos, una porción corta de mi pene entraba y salía de su colita, poco a poco y al cabo de un rato sus quejidos de dolor fueron disminuyendo y comenzó a jadear; la parte de mi pito que entraba y salía del culo de Sandra cada vez fue siendo mayor, aparte de jadear empezó a gemir, esos gemidos se escuchaba que ya eran de placer al mismo tiempo en que me decía: haaa, haaaay, papi, papito lindo, haaaaaa.
Paulatinamente le fui dando arremetidas más fuertes, hasta que llegó el momento en que mi verga entraba y salía a toda velocidad, Sandra para ese instante gritaba muy fuerte: Haaa, haaa, haaay, papi, papi, haaay, haaaggg. Presionó su cara contra el colchón para ahí ahogar sus gritos, sus puños los tenía apretados en el cobertor de la cama, mi verga seguía penetrándola con mucha fuerza, así le di por un rato.
La sensación era muy intensa, sentí que mi eyaculación ya no la podía detener, le di algunas fuertes embestidas más hasta que chorros de semen caliente salieron de mi pito inundando su orificio anal, me moví como un loco detrás de ella hasta expulsar todo mi esperma, Sandra por su parte gritaba desesperadamente. Mis movimientos fueron disminuyendo hasta quedar inmóvil agarrado de su enorme trasero con todo mi pito dentro de su culo; me separé de ella y me recosté boca arriba en la cama, Sandra se dejó caer boca abajo a un lado mío, no nos decíamos nada, sólo se escuchaban nuestras agitadas respiraciones, pasados unos instantes ella se enderezó, en su cara se le notaba sueño y cansancio, yo estaba en las mismas condiciones, me dijo: Son las 6 de la mañana, descansemos 10 minutos y nos vamos. Le dije que sí, nos metimos debajo de los sarapes, me recosté de lado y ella me abrazó por la espalda pegándose completamente a mí.
Sin sentirlo nos quedamos dormidos hasta las diez de la mañana, nos despertó el llanto del bebé, Sandra se levantó precipitadamente y al ver la hora se asustó, de inmediato nos comunicamos con doña Lola, nos dijo que todo estaba bien, nos fuimos y las cosas no pasaron a mayores, ya que el esposo de Sandra no había llegado a su casa esa noche. Después de platicar con ella en varios encuentros más que a escondidas tuvimos, comprendió que la vida que estaba llevando con su esposo no la merecía ni ella ni sus hijos, aparte de que en todos esos encuentros hicimos el amor de forma muy apasionada; al poco tiempo se volvió a acercar a sus papás reconciliándose con ellos, inició un juicio para divorciarse de su esposo, actualmente ya no vive con él, renta un lindo departamento donde habita con sus dos hijos, tiene un buen empleo en una empresa de una de mis amigas la cual la ha ayudado mucho, creo que ahora tiene una vida tranquila y feliz.
Si tienen algún comentario que hacer mi correo es el siguiente:
lobomarron1980@hotmail.com



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Fotografia de tinguiley
tinguiley

desde Cumaná-Venezuela, te felicito por tu historia, está muy bien contada, y creo que pondría a mil a cualquiera.

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