Laura es mi compañera de trabajo, es una mujer de unos 29 años, cabello oscuro semi ondulado, de tez blanca y lindo rostro y aunque no tiene una figura esbelta posee unas grandes tetas, que exhibe con generosidad a todos los hombres de la empresa, puesto que frecuentemente viste blusas escotadas lo que hace que generalmente uno pierda la concentración en la labor cada vez que ella se acerca a conversar, además que también tiene un gran culo que hace enloquecer cuando se pone pantalones jeans o...
faldas ajustadas.
Personalmente yo observaba todas cualidades de Laura desde hace tiempo (llevamos tres años trabajando juntos) pero nunca me había atrevido ni siquiera a insinuármele o proponerle nada porque siempre supe que era una mujer casada.
Sin embargo, con el tiempo me fui dando cuenta que eso a ella no le importaba mucho, puesto que comenzaron a hacerse evidentes sus insinuaciones hacia mi, sobre todo por el interés que demostraba en mis cosas, sin disimular que yo le gustaba.
Yo era conciente del riesgo que corría al seguirle el juego puesto que ella es casada, y tanto mi novia como su marido nos conocían respectivamente. En las reuniones o fiestas a la que acudíamos ambas parejas, Laura acostumbraba embriagarse y lanzarme miradas sin disimulo, lo cual hacía que mi novia se pusiera muy celosa, mientras que su marido casi nunca se daba cuenta porque generalmente terminaba borracho durmiendo sobre una mesa.
Así que era cuestión de tiempo. Yo la verdad, no veía la hora de tener esos pechos entre mis labios, o de cogerla en cualquier lugar, entre las miles de fantasías que tenía con Laura. Finalmente, el momento propicio se dio en una fiesta en la que ella no fue acompañada por su marido, pues este supuestamente había viajado y yo tuve una discusión en plena fiesta con mi novia, que decidió marcharse en un taxi. Curiosamente, recién después de que dejé irse a mi novia me percaté de que Laura se encontraba sola en la fiesta.
Entonces aproveché la situación. La invité a bailar algunas piezas, y a beber algunos tragos. Ella vestía una falda corta negra y una blusa que le dejaba los hombros descubiertos, no era solo el efecto del alcohol lo que me hacía verla tan sensual, pues realmente estaba bellísima.
Cuando eran las 3:30 le dije si no quería ir a otro lugar y ella inmediatamente me respondió que si. Fue así que la subí a mi vehículo. En un principio se me ocurrió un motel, pero al final decidí llevarla a mi apartamento.
Todo el trayecto no dijimos casi nada, pero ambos sabíamos que pensábamos lo mismo, que era el momento que habíamos esperado desde hacía mucho tiempo.
Tal vez fue por eso que ni al bien ingresó en la habitación, no dejó ni encender la luz, cerró la puerta y se lanzó contra mí besándome apasionadamente, moviendo su lengua sin parar y estrujándome toda su voluptuosidad en mi ser.
Mientras ella me besaba y ambos seguíamos de pie contra la pared de mi cuarto, intentaba quitarme el cinturón para abrirme la bragueta, yo tenía la verga tan dura que no hizo falta mucho trabajo para sacarla, mi excitación era tal que podía romper mi pantalón con tal de salirse. Así lo percibió Laura, que no tardó en agarrarla con fuerza y masajearme las bolas con la mano izquierda, mientras con la derecha me apretaba las nalgas y lentamente comenzaba a bajar lamiendo mi pecho, luego de haberme quitado la camisa.
Se puso de rodillas, me bajó todo el pantalón y se metió mi verga entera en su boca, luego la sacó y la lamía de arriba abajo sin parar. Me succionaba las bolas, me las mordía por momentos, daba lengüetazos alrededor del glande y me recorría el tronco con sus labios. Yo estaba a punto de estallar, pero no quise acabar allí. Así que con la misma fuerza con la que ella me tomó, me agaché y la tumbé al piso, le quité violentamente la falda y la blusa.
Le besé el cuello, luego mordí, besé y chupé esos pechos que tanto anhelaba, era la cosa más rica, más excitante…ella temblaba, y su cuerpo ardía. Como yo estaba encima de ella, Laura agarraba mi verga y la frotaba contra su sexo por encima de su tanga…quería ser penetrada.
Pero yo quería disfrutar más de su cuerpo, quería comérmela de pies a cabeza. Luego de besar y chupar sus senos bajé por su vientre hasta su pubis, mordí su vello, estaba cada vez más húmeda. Fui hasta su vulva rosada y deliciosa le introduje la lengua. Le acaricié el clítoris con los labios y empecé a lengüetearlo con suavidad y luego con cada vez mayor intensidad. Luego de varios minutos estalló en un orgasmo precedido de fuertes espasmos, logré sentir en mi boca como junto a los orgasmos salía más y más jugo de su vagina.
Estuvimos un rato ahí recostados en el piso y luego la llevé a mi cama. Yo no había acabado y me moría por cogerla en la misma cama donde le había hecho el amor tantas veces a mi novia.
Mientras yo fui al baño ella había encendido la luz de la lámpara, así que cuando regresé la encontré desnuda recostada de espaldas a la puerta y mostrándome el culo más hermoso que había visto en mi vida. Me asome por su cuello y la besé en la nuca mientras apretaba sus nalgas e introducía dos dedos en su aún húmeda vulva. El movimiento de mis dedos la tenía como loca. No hacía falta que dijera nada para adivinar que quería que la penetre ya. La hice esperar un rato más hasta que ella levantó las caderas y boca abajo me mostró toda la entrada de su vagina como suplicándome que se la metiera hasta el fondo.
Me coloqué de tras de ella y la penetré una y otra vez. Buscando mayor comodidad me puse de pie al borde de la cama mientras ella se mantenía en ‘cuatro patas’. Esa posición nos permitió mantener el ritmo durante largo tiempo e ir aumentando la intensidad de la cogida gradualmente. Era tal la fuerza que yo ya sentía que estaba por acabar, sin embargo ella pegó miles de gritos como si fueran varios orgasmos simultáneos. Laura se recostó a descansar un rato, yo me acosté junto a ella y nos pusimos a conversar.
Me confesó que nunca había tenido tantos orgasmos en una sola noche y que la había hecho llegar con mis manos, mi lengua y mi verga. Luego me preguntó si yo había acabado adentro de ella y le respondí que no, que en ningún momento logré acabar.
Eso fue suficiente para que ella me agarrara la verga, y comenzará a masturbarme hasta ponérmela dura de nuevo. Cuando estaba como un tronco me la chupó con la misma e incluso mayor intensidad con la que lo hizo al principio. Me lamía salvajemente ese pedazo de carne que minutos antes tenía dentro de su sexo. Me lamió incluso debajo de las bolas, lo cual hizo que no aguantara la excitación. Le dije que estaba a punto de terminar y me pidió que acabara en sus tetas… era lo mejor que podía escuchar.
Le dije que ella se encargue de terminar el trabajo así que me puse de pie sobre la cama. Ella se colocó de rodillas y comenzó a jalármela rápido agarrándola fuerte de la base, mientras me chupaba por ratos las bolas. Ahí viene, le dije y dirigió mi verga hacia sus enormes tetas y se vacío toda la leche que tenía guardada para ella. Yo gemía de placer, perdí el conocimiento por segundos, pero ella se notaba incluso más excitada con cada chorro de semen que caía sobre sus pechos, pezones, cuello y cara.
Tomó cada uno de los restos de semen de su cuerpo con sus dedos y los probó con un total placer. Luego volvió a chupármela para asegurase de que no quedara ninguna gota por ahí y se restregaba mi verga en sus mejillas y la besaba en la cabeza como si fuera su juguete predilecto.
Nos dormimos y despertamos algunas horas después. Ella retornó a su casa. Y yo me quedé en mi apartamento. Aunque ella sigue con su marido y yo con mi novia, ambos quedamos en que no dejaremos pasar la oportunidad de que otro encuentro similar se vuelva a producir.
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