El vecino

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El vecino

Categoría: Interracial Comentarios: 1 Visto: 38279 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 10/04/2009, por: Anónimo

Hola. Me presento, me llamo Patricia, ahora tengo 37 años, aunque lo que os voy a contar sucedió hace unos 3 años. Estoy casada con Carlos, que tiene 6 años mas que yo. Todo va bastante bien con él, aunque en el aspecto sexual, tampoco es que Carlos sea ninguna maravilla en la cama. Hacemos el amor, 2 o como mucho 3 veces a la semana, y tampoco es que dure mucho, con lo cual hay bastantes veces que me quedo a medias, con lo que son bastantes los días en los que tengo que arreglármelas yo solita masturbándome.

Vivimos en un barrio de trabajadores en las afueras, y como ya sabéis, poco a poco han ido viniendo trabajadores inmigrantes a vivir a estos sitios. En nuestro bloque paso lo mismo y poco a poco fue llegando gente de África y Latinoamérica, sobre todo. Aunque hay que decir que por lo que parece, son gente trabajadora que para nada ha venido aquí a meterse en líos.

Un día, salía de casa para coger el ascensor, cuando se abrió la puerta que queda justo al lado de la nuestra, y salio una pareja de unos 45 años. Los dos eran negros, más bien mulatos y ella se nos presento diciendo que eran los nuevos vecinos, que se habían trasladado desde otro barrio, que eran cubanos, que llevaban 6 años en nuestro país. La verdad es que parecía simpática y muy charlatana, no paraba de hablar. Mediría como 1.60, estaba rellenita y tenía unas tetas bastante grandes, que se le marcaban con el vestido que traía.

El era también bajo, mediría 1.65, y tenía una barriga bastante importante. Parecía bastante descarado, y desde que me vio hasta que nos separamos ya en la calle, me di cuenta que no paraba de mirarme los pechos. La verdad es que aquel día iba marcando bastante. Mido 1.68, tengo el pelo castaño, aunque a veces me lo tiño de rubio, los ojos marrones, tengo 95 de pecho, y un culo normal, lo que pasa es que tengo poca cintura y parece que tengo un culazo y unas tetonas enormes. Tengo que reconocer que aquel tío me mirara de aquella forma, me gusto bastante, para que lo voy a negar.

Cuando nos acostamos esa noche, mi marido se quedó dormido enseguida. La verdad es que cuando se duerme, no se le despierta ni a cañonazos. Por eso, no se enteró de que de repente se empezaron a oír en la habitación de al lado unos jadeos y unos gemidos impresionantes. Era los nuevos vecinos que estaban follando, y por lo que parecía, la estaba metiendo una tralla increíble. Yo oía hasta los golpes de la cama contra la pared. Me estaba poniendo como una moto. El tío debía de ser buenísimo en la cama, porque a ella parecía que la estaban matando de placer. Así estuvieron por lo menos media hora, y yo me calenté de tal manera, que con mi marido durmiendo al lado, meterme el dedo hasta que yo también me corrí, aunque pensé que ni mucho menos como lo había hecho mi vecina.

Lo peor de todo es que estaban igual una noche tras otra, yo creo que en todo el mes solo pararon un día. Incluso un día a media mañana, que yo estaba limpiando la habitación, empecé a oír los gemidos de una manera bestial. Me tumbé en la cama deshecha y empecé a imaginar que era yo la que chillaba como una loca. Me subí la bata y me metí los dedos en mi coño empapado de jugos, y sólo veía a aquella mala bestia de vecino que me embestía una y otra vez. Notaba como la sabana estaba empapada de todo lo que salía de mi chocho y mis dedos resbalaban una y otra vez al tocar el clítoris. Tenía las tetas duras como piedras y le pasé los dedos por los pezones, notando como se ponían más grandes. La vecina se estaba corriendo y chillaba con mas fuerza, y justo cuando ella ya había acabado me vino un orgasmo brutal, y yo también pegue varios chillidos y me relajé en mi camita. De repente, pensé que qué raro era que la vecina estuvieran en casa, porque sabía que trabajaba todo el día en un supermercado, mientras el vago de su marido se quedaba en casa, por eso cuando oí que la puerta de al lado se abría, me asomé a la mirilla y vi como el vecino salía de casa con una chica rubia, además parecía bastante joven, que evidentemente no era su mujer.

Pensé: "Que hijo de puta, le pone los cuernos a su mujer con otras, porque seguro que hay más tías. El caso es que tiene que follar como Dios, porque todas las que se acuestan con él vocean como si se fuera a acabar el mundo. Y a mí no me para de mirar, seguro que también me haría gritar de placer". Y me decidí. Yo sería su próxima hembra. Seguro que si le provocaba un poco, no se aguantaría. Y al día siguiente, a media mañana también, cuando noté que estaba en casa, me puse un jersey fino ceñidito, sin sujetador, para que se marcaran bien los pezones, una falda larga, pero también muy ceñida, de las que marcan las formas del culo, y me presenté en su casa. Me abrió la puerta en camiseta y vaqueros, me echó un vistazo de arriba abajo, y me miró con una media sonrisa.

Vaya vecina, que guapa está. Menos mal que me hace una visita. ¿Qué es lo que quiere?

Pues resulta que nos han salido unas humedades en el techo de la habitación y venía a ver si a ustedes les pasa lo mismo.

Pues nada, pase usted y vemos esas humedades que usted tiene- Dijo mientras me miraba los pezones que con la excitación que ya tenía se iban endureciendo.

Me señaló donde estaba la habitación y me dejó pasar delante. Yo notaba mientras avanzaba por el pasillo como me devoraba el culo con los ojos, y casi podía sentirle tocarse la polla mientras iba detrás de mí. Dios, me encantaba esa sensación. Cuando entramos en la habitación, dijo:

Ya ve vecina, me parece que la única que tiene humedades aquí es usted, dijo en tono guasón. Y ya puestos, yo también tengo una queja que hacer al vecindario. Resulta que ayer por la mañana, mientras yo estaba aquí con una amiga charlando tranquilamente, me pareció que en su habitación se oían unos gemidos muy sospechosos.

El muy cabrón me había oído el día anterior cuando me corría.

Y si de todos modos, tiene problema de humedades, tal vez con esta herramienta que tengo, pueda solucionarlo, ya que parece que su marido no puede.

Mientras decía esto, se desabrochó el vaquero, y se lo dejó caer junto con sus calzoncillos. Y de repente, apareció una polla de animal. Cuando yo era más joven, había tenido experiencias con chicos con pollas de más de 20 cms. y calculé que esta andaría por las 17 cms. más o menos. Pero lo que era espectacular era el grosor de su verga. Para que os hagáis una idea, más tarde lo comparé y mediría más o menos lo mismo, con una botella de estas pequeñas de gaseosa. No podía quitar los ojos de ella. Cuando me di cuenta, el estaba ya a mi lado, y mientras el me tocaba los pezones que se destacaban por encima de la tela del jersey, yo me dejaba caer la falda, dejando el tanga a la vista

Chupemela, venga. Lo está deseando.

No, primero fóllame y hazme gritar como a esas putas con las que te acuestas.

Como usted quiera. Pero antes habrá que lubricar un poco ese coñito para que entre toda mi verga y tenerla a usted llena

Que me tratara de usted, no hacía sino calentarme más, parecía que me estaba respetando, cuando en realidad lo que hacía era tratarme como una guarra. Me tiró sobre la cama, abrió las piernas y empezó a pasar la lengua por mi coñito con muy poco pelo, ya que me gusta llevarlo rasurado lo más que puedo. Cuando noté la lengua dentro de mi vagina, me agarré a las sabanas, que yo imaginaba llenas de semen de este hombre y flujos vaginales de varias chicas. A saber quienes habían pasado por allí antes que yo.

Levantó la cabeza y dijo:

la verdad es que ya venía usted bastante caliente de casa me parece, ya está lista para recibir mi regalito.

Se agarró la polla por la base, me la restregó un poco por el coño, para que la cabeza se empapara, y me la fue metiendo poco a poco. Notaba como una gran cosa me hinchaba el coño, y me sentía flotar. Era increíble. Te llenaba tanto esa polla que tocaba sitios que antes nadie había tocado, por eso daba tanto placer. Tenia toda la vagina llena de polla. No había un solo sitio que no quedara lleno por ese miembro tan impresionante. Cuando notó que estaba toda dentro, empezó un lento vaivén. Ahí si que no aguanté mas, y a cada embestida, que él iba dando cada vez más deprisa, yo respondía con un gemido cada vez más intenso, hasta que me sorprendía a mi misma gritando como mi vecina, como la chica rubia, y como quién sabe tantas que habían probado ese instrumento. Pensé que ojalá me oyeran otras vecinas y bajaran a probar esa verga gigantesca, pero luego pensé que no, que la quería sola para mí, disponible para cuando yo quisiera. El vecino mientras tanto, emitía ronquidos de placer, no me hacía ningún gesto cariñoso, sino que me follaba como quién recoge a una puta con el coche, y se la folla sin pensar nada más que en él mismo. No se preocupaba de si yo lo estaba pasando bien, o si quería probar esta postura o cual otra. El sabía de sobras que estaba gozando como una perra y solo se ocupaba de su pollón. Me corrí tres veces sin que él dejara de moverse. Cada vez que me corría, le arañaba la espalda, pero a él no parecía importarle. Poco a poco fue haciendo sus movimientos más rápidos y la cabeza de su polla empezó a crecer más, si es que eso es posible. Yo ya sabía lo que eso significaba, y me preparé para tener mi ultimo orgasmo a la vez que él el suyo. La cabeza me daba vueltas, cuando sentía que su polla reventaba y su leche caliente me llenaba mi coñito, y se salía fuera y caía por mis piernas. Había bastante leche. Este tío, además de follar todos los días y seguro que varias veces, tenía los huevos bien cargados.

Se levantó de encima de mí, y yo me estiré sobre la cama, pero él va y me dice:

De descansar nada, señora. Ahora me la tiene que lamer.

Yo le miré la polla y vi que la tenía igual de dura como antes, y pensé que era como un animal. Y empecé a chupársela. Bueno, chupársela es un decir. Lo único que puede hacer fue meterme la cabeza en la boca y le iba haciendo una paja, porque no me cabía entera en la boca. A él no le estaba disgustando, porque solo hacía que estar con los ojos cerrados, emitiendo unos ronquidos de placer, cada vez que mi mano se movía sobre ese mástil. Y al final, cuando el muy cabrón notó que se iba a correr, me agarró con una mano la nuca, me metió la verga unos centímetros más en la boca y se acabó él la paja corriéndose en mi boca. Como la tenía llena y me tenía bien sujeta, no pude hacer nada y me tuve que tragar su leche de macho. Estaba supersalada, pero si hubiera sido de otro tío, me habría disgustado, pero después del polvo que me habían echado, pensé que qué menos podía hacer por él.

Cuando se exprimió bien la polla en mi boca, se limpió la polla y el semen que le quedaba con mis bragas, me las tiró y me dijo que me las pusiera, que se tenía que ir a tomar unas cervezas con unos amigos. Y ahí me dejó. En su cama con la boca y las piernas abiertas, y pensando en cuando me volvería a follar.

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