Amor de mujer

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Amor de mujer

Categoría: Lesbicos Comentarios: 0 Visto: 2517 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 31/07/2012, por: Anónimo

Hola, les narro mi historia para terminar con ciertos mitos generales que tenemos instalados. Cuando esto comenzó tenía unos 28 años y hacía tres que me había casado con Roberto, el era un buen hombre pero creo que no estaba ‘diseñado’ para funcionar en pareja.
Tuve algunos novios y amantes antes de estar con el, recuerdo esa etapa de mi vida, esa en la que comentaba todas la intimidades con mis amigas de confianza, cuando alguna se acostaba con alguien al otro día era ley dar todos los detalles, como la habíamos pasado, que hicimos, que no, que tal era en la cama, el tamaño…
Y justamente del tamaño quiero hablar…. cuando lo conocí íntimamente al que era mi marido me llevé una linda sorpresita, tenía una pija terrible! ancha, mas de veinte centímetros de pura carne… cuando se enteraron mis amigas pasé a ser el centro de atracción, se excitaban cuando les contaba los detalles de nuestras relaciones y era la envidia del resto…

Pero bueno, me casé y como a Cenicienta la carroza se transformó en calabaza, la dulzura y la magia del noviazgo se evaporó sin que me de cuenta. Conocí al verdadero Roberto, una máquina de trabajar, el es abogado y estaba siempre en sus cosas, vestido impecable con camisa y corbata, traje y zapatos relucientes, salía muy temprano y cuando regresa a casa estaba hasta altas hora de la noche encerrado en su estudio, fumando, recibiendo llamadas a cada rato, cosa que me ponía mal porque para el siempre eran importantes, mas importantes que lo que yo tenía para decirle y siempre nos interrumpían constantemente, nunca encontraba lugar para dialogar con el.
Yo odio esa vida, adoro disfrutar al aire libre, la vida sana, soy docente de educación física por la mañana y por la tarde salgo a hacer ejercicios, voy a correr a la plaza, practico natación y jockey.

Como habrán notado nuestras vidas era como mezclar agua con aceite, y en estos casos en la cama aparecen los problemas, por empezar me cogía poco y nada, cada quince días si tenía suerte, y en esos casos era rápido y a otra cosa, parecía solo pensar en el al punto que yo fingía mis orgasmos, su gran pija se transformó en un obstáculo mas, el fanfarroneaba con eso asumiendo que era un Dios, el podía disociar su trabajo y su sexo, ahora era la esposa lavando platos y al instante debía ser la amante putona en la cama…pero nunca comprendió el universo femenino, nunca entendió que mi sexo comenzaba al momento de levantarme, que debía haber química durante el día para que yo funcionara a la noche, que una mujer necesita sentirse querida, mimada, deseada y no un simple objeto sexual…

Así era mi sexo entonces, rapidito se ponía duro y me la enterraba, no me daba ni siquiera tiempo a lubricarme, con esa pija tan grande terminaba haciéndome mal, le insinué muchas veces que me chupara la concha pero para el eso era sucio y le daba asco, eso si, el disfrutaba acabándome en la boca y obligándome a tragar su semen hasta la ultima gota, en realidad yo se lo hubiera hecho con todo mi amor disfrutando su verga y tomándolo como en la época de noviazgo pero no así, a lo bestia, me sentía violada… Y cuando me la metía en el culo era mi peor pesadilla, nunca me gustó el sexo anal, se que a muchas mujeres les encanta pero no a mi, tal vez con un pene de tamaño normal, pero el no perdonaba, prácticamente me obligaba a consentirlo, era muy frustrante pare mi…
Esa era mi vida sexual, muchas veces tenía que soportarlo alardear de sus dotes en la cama creyéndose el amante ideal, solo por tener una pija fuera de lo común, luego se dormía y mientras lo escuchaba roncar plácidamente yo me quedaba a su lado en silencio, meditando mientras caían mis lágrimas…

Como contara entre mis actividades recreativas acostumbraba a ir a correr a la plaza, hacía un trote liviano dos ó tres veces a la semana, soy de contextura robusta y tiendo a excederme de peso con facilidad, así que trataba de no faltar, como imaginarán siempre había bastante gente con la misma rutina, así un día como cualquier otro me crucé Ana, una vieja compañera de estudios, también profesora de educación física, que coincidencia!. Charlamos un rato, vivíamos relativamente cerca y no lo sabíamos… Así que, bueno, aprovechamos y coordinamos días y horarios para correr juntas y hacernos mutua compañía.

La recordaba como una chica introvertida, no tenía muchas amigas, solía ser solitaria y calladita, ahora que pienso jamás le conocí ningún novio…
Así pasaron los días, unos tras otros, hasta que una vez ella me dijo:
- Cecilia, el Jueves venite con tiempo, corremos y después vamos a casa a tomar algo así charlamos un rato…
Acepté, estaba muy buena onda conmigo. Cuando llegué a casa le dije a Roberto que la próxima salida llegaría mas tarde, que iba a correr con mi amiga y luego iría a su casa, el asintió con la cabeza pero creo que ni me escuchó, estaba concentrado leyendo un informe tapado por la humareda de los cigarrillos que prendía uno tras otro.

El Jueves nos encontramos y corrimos como de costumbre, hacía mucho calor, pleno verano y terminamos todas transpiradas… Fuimos a su casa, era muy bonita, espaciosa, atrás tenía un jardín con piscina, sombrillas y reposeras, me encantó!
Charlamos de todo, recordando anécdotas, a eso de las 19 hs. cuando el sol ya bajaba y las altas temperaturas empezaban a ceder me propuso:
- Vamos a la pileta? Esta es la mejor hora, el agua ya está tibia, no te lo podés perder!!!
- Me gustaría, mejor en otro momento, si me avisabas me traía la malla…
- Por la malla no te hagas problema, te presto la mía.
- No dejá, dejá, mejor otro día…
- Dale tonta, no jodas con pavadas….

Estuvo tan insistente que hasta me llevó del brazo hasta su dormitorio, revolvió en los cajones, sacó un conjunto y lo tiró sobre la cama
- Tomá, cambiate, te espero afuera…
Salió de la habitación y me dejó sola, me saqué la ropa y la acomodé a un costado, tuve dos problemas, primero con el sostén, Ana es muy menudita, delgada, y sus pechos son chicos, mientras que los míos son grandes, muy grandes, así que me dio mucho trabajo poder acomodarlos ahí dentro y que no se salieran, luego la tanga, era una colaless chiquita, muy chiquita, encima roja, yo acostumbro usar tangas grandes, de esas que tapan la cola por completo, esta me hacía sentir incómoda, todo mi culo al desnudo, pero bueno, solo estábamos nosotras dos…
Terminé de cambiarme, abrí la puerta y ella estaba parada esperándome, me miró de arroba abajo y luego afirmó:
- Te queda muy bien, tenés un cuerpo hermoso…
- Gracias… y vos?
- No te preocupes…. andá que ahora te alcanzo…

Fui a la piscina y me metí, el agua estaba exquisita, relajante, que placer… Ana llegó y tiró una pelota inflable al agua, se paró al borde aún vestida, la miré intrigada, ahí nomás se fue sacando la ropa, las zapatillas, las medias, la remera ajustada, las calzas y luego el corpiño, muy natural, se quedó unos instantes y luego fue a buscar unos toallones, me sentí rara observándola, sus pequeños pechos estaban todos bronceados, comprendí que era una actividad habitual para ella, solo se había quedado con una bombachita que era casi invisible, blanca, de gasa, tan transparente que pude ver su pubis todo depilado, atrás era solo un hilo dental, confieso que una electricidad corrió desde mis pezones hasta mi clítoris.
Volvió corriendo y se tiró de golpe a mi lado haciendo salir agua fuera de la pileta, dijo:
- Espero no incomodarte, es mi costumbre, tomo sol en bolas, y si los vecinos me miran y se masturban, bueno, allá ellos…
- No, no, está bien, no hay problemas

Jugamos un rato, con la pelota como dos nenas, miraba su cuerpo casi desnudo entrar y salir al agua de una forma rara, el líquido corriendo por su piel, por sus pechos turgentes, su bombachita que se traslucía toda, adherida a su piel, no pude evitar mojarme, estaba confundida…
Así estuvimos un rato, en un momento fuimos las dos en busca del balón, llegué primero y ella casi sobre mi espalda, giré y nuestras caras quedaron a centímetros una de otra, cesaron las risas y nuestras miradas se cruzaron profundamente, ella avanzó, me dio un pico en los labios y esperó mi reacción, no se por qué lo hice, pero la tome de la nuca, la arrastré hacia mi e introduje mi lengua en su boca, respondió como esperaba nos besamos interminablemente, busqué sus femeninas piernas con mis manos, sus nalgas, ella respondía de la misma forma, sus manos se deslizaban por mi piel, acaricié su espalda y besé pacientemente sus pequeñas tetas doradas por el sol, me mojaba, me excitaba, nunca me había pasado algo así. Ana soltó mi sostén y se quedó observando mis pechos, asombrada por el tamaño, le gustaban, así que llevé su cabeza hacia ellos, me los devoró una y otra vez, con paciencia, con amor, lamía mis pezones, los mordía con sus labios. Llevé una mano por debajo de su bombachita, acaricié su pubis depilado, una y otra vez, suave como un capullo de algodón, ella gemía y me deseaba, busqué su clítoris y jugué con el, la penetré con mis dedos y jugué un buen rato.

Cuando se cansó de lamerme las tetas mojadas y explorar mi boca con su lengua, me tomó delicadamente y me sacó la pequeña tanga, quedé completamente desnuda y me llevó al bode de la pileta, parada contra el borde me hizo agachar hacia delante y lamió mi ano, suavemente, una y otra vez, que delicioso lo sentía! Pensar que no me gusta. Salió de la pileta y se paró a mi lado, fijé mi vista en su concha, me excitaba verla traslucirse a través de la tela mojada, no lo podía controlar… me tomó de la mano y me invitó a seguirla, me avergoncé, tenía miedo que alguien estuviera mirando, pero mi calentura podía mas… me llevó hasta una de las reposeras y hizo recostar sobre una, placidamente, ella se acomodó, levantó mis piernas, y fue a mi concha, me introdujo un dedo y jugó adentro, haciendo cosquillas en mis paredes, buscando mi punto justo, sentía mojarme toda y disfrutar como pocas veces lo había hecho.

Tomó mis brazos y me condujo para sostener mis piernas bien abiertas, cerré los ojos, ella me comía mi concha peluda, metía la lengua en mi agujero y me comía el clítoris, con sus dedos me apretaba los pezones con pequeños pellizquitos. Guau! nunca me habían chupado la concha de esa manera, la imagen de Roberto se cruzó por mi mente. Estaba extasiada, su dulzura era increíble, la brisa tibia del atardecer pegaba en mi cuerpo húmedo, mis gemidos, la posibilidad de estar siendo observada por algún vecino indiscreto, mi desnudez, mi primera relación lésbica, fue una combinación explosiva de sensaciones, grité como nunca un hermoso orgasmo que arrancó de mi interior, me contraje una y otra vez, gemí y grité…. Cuando terminé, aun muy excitada y exaltada, con la respiración jadeante ella se echó a reír
- Sssshhhh!!!! Los vecinos….

No había percibido lo fuerte que había gritado, me sonrojé, quise seguir, deseaba devolverle la gentileza y lamer su concha hasta hacerla acabar, me dio un gran beso de lengua y me dijo, al tiempo que se sacaba su tanguita:

- Pará, pará, volvé a tu casa, ya es tarde y a tu marido le parecerá sospechoso, total, la semana próxima nos encontramos y corremos nuevamente, Te regalo mi tanguita, para que me recuerdes.

Tenía razón, era tarde, me sequé, me cambié y volví a mi domicilio apurada, sin embargo Roberto ni registró mi retorno….

La semana siguiente volví a encontrarme con ella, imaginan que hice? Si… me puse su tanguita, solo para ella, para que me disfrute y así empezamos una rutina que se hizo cada vez mas frecuente, mas importante, mas pasional, llegó el momento en que vivía solo pensando en encontrarme con ella…

Cómo terminó la historia? Bueno, lo dejé a Roberto, me cansé de el y de su pija increíble, nunca pudo asumirlo, nunca entendió que había pasado, me fui a vivir con Ana y me hice a su medida, me acostumbré a tomar sol desnuda, amarnos en cualquier lugar, a charlar, compartir todo, a disfrutar su amor de mujer….

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