MI SOBRINITA QUERIDA

Buscador de relatos ( Busqueda avanzada )

0.00 / 5 ( votos)

MI SOBRINITA QUERIDA

Categoría: Amor Filial Comentarios: 0 Visto: 7100 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 16/12/2012, por:

Esta es una de esas situaciones inesperadas que suelen suceder no muchas veces en la vida y por esto es digno de compartir con quienes han tenido experiencias similares o quienes quisieran que alguna vez en la vida les sucediera (yo era uno de ellos).
Soy un hombre de 36 años de 1.72 m, de complexión normal con un poco más de musculatura por genética ya que el mayor ejercicio que realizo es en la posición horizontal. Estoy felizmente casado con una hermosa mujer un año menor que yo, con un cuerpo envidiable por mujeres de su edad y por muchas menores a ella, sin embargo en esta ocasión ella no es tema directo de esta historia. Tenemos una vida sexual activa, sin embargo a veces me gustaría mayor intensidad en cuanto a romper límites y no caer en cuestiones monótonas y rutinarias, cosa de la cual me mantengo preparando el terreno constantemente para que esto no llegue a suceder.
Esto sucedió hace poco más de un año, cuando mi sobrina política nos vino a visitar en verano desde Estados unidos, ya que ella vive ahí con su familia desde que nació y vienen de visita a México cuando más 2 veces al año pero mi cuñada suele insistir en que se quede con nosotros durante el verano, supongo que es para descansar un poco de las atenciones que los hijos requieren durante un tiempo, sobre todo cuando están de vacaciones.
Ingrid es una jovencita que el día de hoy tiene 19 años, no es muy alta, debe rozar apenas el 1.60 m pelo castaño lacio a media espalda, delgada sin por mucho llegar a ser una de las típicas niñas a punto de la anorexia. Con su corta edad ya está completamente desarrollada, incluso desde hace unos 4 años ya tenía todos los atributos de los que puede presumir al día de hoy, ya que si no es muy agraciada en cuanto a sus tetas (debe ser copa A llena), si nos vamos más abajo tiene las piernas y nalgas más deliciosas que he visto, con las cuales las minifaldas le lucen estupendas y si la tela lo permite cuando camina o se agacha se le puede ver un poco el culo. En fin es una hermosura y tiene la sonrisa más pícara y sensual que he visto.
Resulta que todos los veranos tenemos acceso a un departamento en la playa en el sur de México por una semana y hacemos uso de éste cada año invitando a amigos con sus hijos ya que nosotros también llevamos a los nuestros, sin embargo en esta ocasión decidimos ir solos con mi sobrina y mi hijo de 10 años, ya que mi hija de 12 se quedó en un campamento en un bosque en el cuál se dedican a hacer un millón de actividades relacionadas, en fin, no iba a extrañar la playa.
Los primeros 3 días transcurrieron de forma normal, íbamos a la playa por las mañanas hasta entrada la tarde, después regresábamos al departamento a nadar en la alberca, comíamos algo y salíamos a caminar después por la zona costera hasta la noche, después nos quedábamos viendo alguna película en la tv y a dormir hasta el otro día, sin embargo la noche de el tercer día mi esposa se fue a dormir temprano con mi hijo ya que el sol del día había hecho estragos y tenía dolor de cabeza y el agotamiento natural. Yo por mi parte me puse un bóxer para dormir y me senté en un sofá de la sala de tv buscando algo que ver, a los pocos minutos llegó Ingrid con un camisón muy cortito, que en la parte de atrás apenas le cubría sus hermosas nalgas dejando perfectamente ver sus torneadas piernas, supuse que así era el modelo cuándo me fijé que tenía los tirantes muy ajustados por lo que la prenda en cuestión no bajaba lo suficiente, cosa que desde luego no estaba dispuesto a sugerirle los desajustara. Miles de pensamientos cruzaron por mi mente pero realmente nunca pensé en llegar a algo, ella se sentó en otro sofá frente a mi ubicado a menos de 2 metros subiendo sus pies a la mesa del centro de la sala, a lo que fijé mi mirada lo más discretamente que pude en medio de sus piernas, me estaba dando un gran espectáculo mostrándome entre sus poco abiertas piernas una tanga blanca con encaje no muy transparente pero lo suficiente para ver un poco la negrura de los vellos de su sexo.
- Hola muñeca, le dije, ¿no tienes sueño?
- No tío, apenas son las 10, ya sabes que no me duermo hasta después de las 12.
A pesar de Ingrid ser una chica muy callada, es muy agradable y tiene un brillo en los ojos que te expresan ternura y a la vez picardía.
- ¿No tienes una crema para las quemaduras?, me arden los hombros y la espalda un poco.
- Si claro, búscalo en mi baño sin hacer ruido porque tu tía y primo se acaban de ir a dormir.
No esperaba que se despertaran por un poco de ruido, ya que estaban agotados y tenían el aire acondicionado a todo lo que daba ya que ese día hacía un calor como pocos.
Ingrid regresó con la botella de crema y yo me ofrecía a untársela. Le pedí que se sentara entre mis piernas abiertas dándome la espalda, le bajé los tirantes hacia los lados para empezar a aplicarle el ungüento pero su camisón bajó casi descubriendo sus tetas, me hubiera encantado en ese momento tener un espejo enfrente pero no era el caso por lo que ella no se inmutó ya que desde la posición en la que estaba apenas podía asomarme un poco por encima de sus hombros.
Tras aplicarle la crema en los hombros y brazos le dije que se bajara más la prenda para aplicarle en la espalda, ella se cubrió las tetas con el brazo y le empecé a sobar la espalda hasta casi su hermoso culo, al terminar le dije que se lo subiera de nuevo para aplicarle en las piernas por la parte de atrás a lo que cada vez subía un poco más la mano hasta casi llegar a tocar sus deliciosas nalgas, para ese entonces tenía una erección de campeonato. Le dije que se volteara para hacerlo en la parte de enfrente a lo que al voltearse pude observar que las caricias no le eran tan indiferentes, ya que se notaban perfectamente unos pezones pequeños pero totalmente erectos a través de la delgada tela de la prenda. Por supuesto que ella misma podía untarse la crema en las piernas, sin embargo me permitió sin ningún reparo y permaneció frente a mí de pie y yo sentado masajear sus piernas casi hasta llegar a su ingle.
Después le pregunté si le aplicaba a la piel del estómago, no me contestó, se bajó el camisón como cuándo la parte baja de la espalda y se cubrió inmediatamente las tetas con un brazo sin dejarme ver casi nada. Por encima de dónde había llegado el camisón se podía ver perfectamente el inicio de su tanga con encajes, empecé nuevamente a sobar su hermosa piel hasta llegar a la base de las tetas, pasándome un poco hasta tocar su brazo con el que las tenía cubiertas, ella no reclamó el hecho por lo que lo seguí haciendo por encima de su brazo casi hasta tocar sus hermosos pezones. Por la escena que tenía ante mis ojos no me había fijado en su mirada que no desviaba por ningún motivo del pico que se notaba en mi bóxer, cuando vio que me había dado cuenta miró hacia un lado mostrando un profundo rubor.
- Ya está, -le dije-
Se volvió a subir el camisón, ahora si por nervios dejándome ver con todo su esplendor las hermosas tetas, se sentó a mi lado y empezamos a ver una película que pasaban en no sé qué canal ni de qué trataba, había una tensión en el aire indescriptible.
Pasaron algunos minutos y me dijo que si se podía acostar en mis piernas, le dije que si con todo el morbo del mundo ya que mi erección requería más que el gran espectáculo que minutos antes había presenciado.
Al posar su cabeza en mi regazo tenía su nuca pegada a mi verga con un deseo de que la volteara 180 grados para sentir su cálido aliento en mi miembro. Mi calentura siguió creciendo, para ese entonces no me importaba nada más que el momento, al estar acostada sobre un costado la escasa prenda que llevaba se le subió a la mitad de las nalgas por lo que además tenía una excelente vista de su desnudo culo, empecé a acariciarle la cabeza como para tener control de su posición y le pedí que se levantara un poco porque quería poner mis pies sobre la mesa de centro, al bajar más de la cuenta mi cuerpo sobre el sofá acabó acostándose en mi abdomen bajo, ahora si teniendo en frente mi verga que había en ese momento colocado la punta por debajo del resorte del bóxer, del cual se podía ver un poco la punta.
Empecé a girar un poco su cabeza a manera de que le quedara mi verga frente a su boca, ella no protestó a pesar de que desde ese ángulo no podía ver muy bien la tv. Subió su mano y la colocó en mi pierna haciéndome pequeñas caricias sin atreverse a subirla más a lo que ya no pude más y la animé con mi mano hasta meterla por debajo de mi bóxer llegando hasta mi entrepierna casi hasta tocarme los huevos.
Volteó a verme a los ojos por un momento, en su mirada se percibía un morbo que podía ser comparado solo con el mío, sin embargo seguía la tensión al máximo sin hacer aún nada declarado. Yo no podía más, sin embargo estaba disfrutando la situación como un niño que espera la llegada de algún premio. Seguía manipulando su cabeza y ella acariciando mi pierna hasta casi tocarme los huevos, no podía mas, le incité moviéndole la mano hasta tocarme los huevos y de ahí ella sola la subió tomando mi verga erecta sin hacer ningún movimiento, moví un par de veces de arriba abajo su brazo y ella continuó sin más estímulo, mi mano posteriormente fue hacia sus nalgas, acariciándolas suavemente al principio y estrujándolas y abriéndolas unos instantes después. Metí mi mano entre sus nalgas haciendo a un lado la tira de tela de la tanga y empecé a acariciar suavemente su rajita que para ese entonces estaba totalmente mojada e inflamada mientras ella masturbaba mi verga cada vez más rápido. No hablábamos, no hacía falta ni había nada que decir, seguimos en esa posición un par de minutos más. A pesar de lo caliente que estaba no iba a permitir venirme en ese momento, quería que durara lo más posible además de verificar hasta dónde estaba dispuesta a llegar.
Saqué mi mojada mano de entre sus piernas, le voltee la cara para que me viera y me metí dos dedos húmedos por sus deliciosos y aromáticos fluidos vaginales en la boca, ella puso una cara de entre asombro y lujuria intensa y se acercó a mi boca dándome un profundo beso, un poco torpe por su poca experiencia pero sumamente intenso, succionando y probando sus propios fluidos.
No dejaba de masturbarme ni de besarme, la separé un poco para que continuáramos en la actividad anterior, ella sacó la mano de por debajo de mi bóxer y con movimientos sugerentes me incitó a que me quita la única prenda que llevaba puesta, así lo hice y dejé a su mirada la total anatomía de mi miembro, que si bien no soy una estrella porno si mide un poco menos de 20 centímetros y es de un grosor proporcional a lo largo. Mi mano siguió acariciando su sexo, solo que ahora por delante y ella siguió masturbándome ya con toda la libertad que hasta hace unos momentos le impedía mi bóxer. Con mi mano libre seguí acariciando su cabeza o más bien dirigiéndola a lo que ambos tanto deseábamos. No hubo necesidad de hacer más esfuerzo, ella fue acercando su boca a mi glande, primero con los labios entre abiertos rozaba suavemente la punta de mi verga mojándoselos con el líquido pre seminal que para ese entonces había empezado a fluir. Por mi parte yo seguía masajeando su clítoris sin atreverme aún a introducirle uno de mis dedos, ella se sacudía y empezaba a temblar, muestra previa del primer orgasmo de varios que me había propuesto a regalarle.
Ella empezó a convulsionarse y a gemir suavemente parando de masturbarme, supongo que porque no podía coordinar ambas cosas al mismo tiempo, solo atinó a besarme ávidamente mientras no soltaba mi miembro y se retorcía aprisionando mi experimentada mano entre sus piernas.
Al término de sus múltiples convulsiones la separé de mi boca y le dije.
- ¿Te ha gustado?
Ella bajó un poco la mirada a lo que con la mano que había sacado de su agradecido clítoris le alcé la cara para ver su mirada y le metí los dos dedos totalmente húmedos en su boca, sin sacárselos comencé a besarla saboreando y oliendo ese dulce olor de que nunca me podré olvidar. Posteriormente ella lamió mi mano hasta que no hubo más rastro de sus fluidos.
- ¿No me vas a contestar lo que te pregunté? –le dije con todo el morbo del mundo-
- Si –me contestó-
- ¿Si me vas a contestar o si te gustó?
- Si me gustó, mucho.
- Ahora te toca a ti hacerme sentir lo que te hice sentir
Con poca timidez y toda vía con una gran calentura se metió mi glande en su boca, no podía creerlo, aunque no era la mejor mamada que me habían dado en mi vida yo me sentía en el cielo. Tuve que dirigirla un poco ya que después supe que era la primera vez que se comía una verga, solo al principio me rozaba un poco con los dientes.
- Abre bien la boca, sin que tus dientes me toquen. Eso así ah…
Ya no podía más, tras unos pocos minutos ella se estaba volviendo experta, salivaba en abundancia lo cual lubricaba mi miembro para una excelente mamada, no podía más, me iba a venir y no quería salirme de su tibia boca. No le pedí permiso y eyaculé con todas mis fuerzas en lo más profundo de su garganta, a lo cual ella no tuvo más remedio que tragarse la mayor parte de mi leche, el resto le salía por entre mi verga y sus labios depositándose en mi abdomen. Hizo un poco de gesto más por sorpresa que por disgusto, y antes que dijera algo le dije:
- Me encantó muñeca, lo has hecho delicioso y por eso te voy a recompensar.
Nada más alejado de la verdad, lo cierto es que hubiera seguido recompensándola así me la hubiera mordido.
Le pedí que se pusiera de pié, le quité la tanga pero le dejé el camisón puesto, solo le bajé los tirantes para posteriormente chuparle los pezones al mismo tiempo que le amasaba las tetas con una mano y la otra exploraba de nuevo su hermoso y firme culo hasta meterla entre sus piernas acariciando nuevamente su totalmente mojada vagina.
La acosté en el sofá con las piernas abiertas ante mí, al fin tenía en frente ese hermoso y palpitante sexo. Lo besé tiernamente como queriendo subir de nivel poco a poco, lamí cada vez con más ahínco sus labios internos hasta posar mi lengua y labios en su inflamado clítoris. Me quedé chupando pocos minutos hasta que se empezó a convulsionar, no paré ya que quería sacarle un par de orgasmos más. Comencé a introducirle uno de los dedos de la mano que no le apretaba las tetas, era muy estrecha pero permitía perfectamente su abundante lubricación introducirse para buscar su punto G, una vez que lo identifiqué empecé a acariciarlo con la punta de mi dedo hasta a los pocos segundos regalarle el más intenso de los orgasmos que hasta ese momento había sentido.
Me acosté encima de ella volviendo a besarla, ella me lamía tiernamente toda la cara saboreando el sabor y olor de sus fluidos dispersos por toda mi cara, por mi parte ya estaba listo y dispuesto a reanudar la actividad y le dije:
- Quiero me sientas en lo más profundo de ti.
- No, espera, es que nunca lo he hecho.
No lo podía creer, estaba a punto de desvirgar a mi pequeña sobrinita, incluso pensé que se estaba mofando de mi.
- ¿Cómo que nunca lo has hecho? ¿Nunca has tenido un novio que te lo pidiera?
- Si, pero solo nos besamos y acariciamos, nunca hemos llegado a lo que hasta ahora he hecho contigo, cuándo las cosas se ponen fuertes, yo lo detengo, tengo miedo de quedar embarazada.
- Pues no tienes nada de qué preocuparte, yo hace más de tres años que me hice la vasectomía, es imposible que te embarace.
- Pero eyaculaste y eso es lo que embaraza.
- Cuándo nos hacen la vasectomía no cambia nada, no dejamos de eyacular, solo que no hay espermatozoides en el semen por lo que es totalmente seguro, y si no fuera así ya tendrías un par de primos más al menos.
- ¿Seguro?
- Absolutamente
Acababa de decir eso cuándo me abrazó fuertemente y me volvió a besar, yo por mi parte tomé una toalla que había junto y la puse bajo sus nalgas para evitar cualquier evidencia.
No me quería perder el ver como por primera vez era penetrada por lo cual me posicioné hincado con las piernas abiertas y ella acostada de espaldas frente a mí. Volví a palpar su vulva, y volvía a tener la lubricación que me había tragado, le pedía que me llenara de saliva la verga, se la metió lo más que pudo pero ahora no la succionó sino la dejó mojada con su saliva.
Posicioné mi glande frente a su orificio y empecé a frotarlo por toda su raja hasta el clítoris varias veces hasta que me pareció que tenía la suficiente lubricación. Empecé a empujar hasta que con un poco de fuerza fue penetrando abriéndose paso lentamente hasta tener la mitad de mi miembro dentro de ella. Ella con los ojos cerrados tenía una expresión de dolor pero no se quejaba, lo saqué un poco y lo metí ahora si hasta el fondo. Permanecimos así unos segundos y seguí con un vaivén al principio lento pero cada vez más rápido. Ella empezó a gemir, ya no tenía la tensión de al principio que podía notar en sus piernas sino más bien se abría cada vez más para permitir la cogida en todo su esplendor. Al cabo de unos pocos minutos me atrajo hacia ella, me besó y tuvo otro orgasmo, esta vez pude sentir como sus paredes vaginales se contraían, aprisionando y liberando mi falo deliciosamente hasta que fueron disminuyendo y por fin cesado.
Ella había tenido otro orgasmo pero yo me había aguantado, quería más por lo que le pedí que se pusiera de perrito y empecé a metérsela con fuerza, tenía una vista inmejorable, sus hermosas nalgas comiéndose mi verga que seguía como una roca. Mojé con sus fluidos uno de mis dedos y le empecé a lubricar el culo, ella al principio no decía nada, seguí introduciendo ligeramente uno de mis dedos con el vaivén de mi pene hasta que alcancé a meterle unos 2 centímetros el dedo, justo pasando el esfínter, ella me paró con su mano pero no me hizo sacarlo, ahí lo mantuve un buen rato girándolo un poco, no metiéndolo más por la aparente desaprobación de mi sobrinita. Con la visión de mi dedo parcialmente insertado en su culo y mi falo entrando y saliendo de su vulva exploté en un poderoso orgasmo logrando introducir la totalidad del dedo en cuestión y con la otra mano estrujando fuertemente uno de sus glúteos, fue justo cuando sentí otro orgasmo por parte de ella con el cuál mi pene fue nuevamente testigo de las contracciones vaginales así como mi dedo con su esfínter.
Caí sobre ella y ella se desplomó sobre el sofá, ahí quedamos los dos exhaustos con nuestros cuerpos completamente cubiertos en sudor y otros fluidos. Estuvimos en esa posición por al menos 10 minutos, yo la besaba tiernamente y ella suspiraba de cansancio y algo de dolor.
Al apartarme de encima de ella pude ver mi leche que había escurrido de sus entrañas, tenía un poco de sangre pero afortunadamente no había manchado la tela del sofá, solo un poco la toalla que además de mi semen y sus flujos tenía también un poco de sangre con lo cual pude comprobar la veracidad de su extinta virginidad.
Habían pasado casi 2 horas desde que empezamos con nuestros juegos y estaba exhausto, a pesar de esto le dije a Ingrid que mejor se fuera a dormir a su cama y a primera hora antes del desayuno se bañara para que mi esposa no fuera a “olfatear” el delirante y exquisito olor de la deliciosa actividad que acabábamos de tener. Por mi parte tomé la toalla que era lo único que nos podía delatar y me metí a bañar con ella, lavándola y lavándome perfectamente para evitar sospechas.
Al otro día mi esposa se levantó muy temprano sin sospechar siquiera lo que unas horas antes habíamos hecho su sobrina consentida y yo. Desayunamos en el departamento y como todos los días nos fuimos a la playa.
Muy al contrario de lo que pensé mi sobrina no tenía remordimiento de conciencia y me podía sostener la mirada y hablar conmigo como si nada. Ingrid en la playa ese día llevaba un bikini azul claro, se veía hermosa contoneándose al caminar, si bien antes de aquella noche admiraba su hermoso y sensual cuerpo, ahora que había pasado lo que había pasado me generaba una erección tremenda, tanto que no me contuve y le dije a mi hijo Pedro que rentáramos una moto acuática para aprovechar y apartarme con ella solos. Estuve con Pedro un rato, lo dejé que condujera un rato la moto, después le dije que era el turno de Ingrid a lo que a regañadientes aceptó. Ingrid subió a la moto y nos alejamos lo suficiente para que desde la playa no se alcanzara a distinguir más que una diminuta silueta. La besé y le pregunté si quisiera continuar un poco lo de anoche, ella no me dijo nada, solo se levantó del asiento frente a mí y desató la parte baja de su bikini, inmediatamente después me bajé el traje de baño y sin más preámbulo se sentó en mi verga de frente a mi besándome con mucha pasión y lujuria. Rápidamente llegamos ambos al orgasmo. Al regresar la dejé conducir la moto con lo que aproveché para meterle la mano por todos lados.
Nada más de acción por esa tarde. En la noche salimos a pasear un rato por la costera, regresamos al departamento, cenamos y nos fuimos a la cama. Yo quería repetir lo de la noche anterior con Ingrid pero mi mujer quería que la atendiera como se debe por lo que sin protestar lo hice sin poder evitar pensar en mi sobrinita querida mientras cogíamos.
Los siguientes días pude escabullirme un par de noches dejando a mi mujer dormidita (aunque ninguna fue tan intensa y prolongada como la primera) y atendiendo los más profundos deseos que nos consumían a Ingrid y a mí. Hasta ese viaje no pude conseguir que mi sobrina me regalara la virginidad de su hermoso y apretado culito. Solo regresamos a casa después de esas inolvidables vacaciones con lo que seguimos dándonos gusto pero esa es otra historia y la contaré en un futuro.

Últimos Comentarios Agregados

No hay comentarios para este relato

Escribir comentario

Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar. Registrate Aquí.
CYBERSEXO

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

Aceptar
X

Reportar relato