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DOS VAGOS, UNA LINDA CHICA, UNA VIOLACIÓN CONJURADA

Enviado por anapoima1984 el 2/7/2010

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DOS VAGOS, UNA LINDA CHICA, UNA VIOLACIÓN CONJURADA Publicado el 02/07/2010, por: anapoima1984

Para Paola.

Un buen día de este año, mi compadre y yo estábamos trabajando en una obra en una ciudad veraniega de Colombia, la cual, con otros compañeros, bregábamos a terminar lo mejor y lo más rápido posible para complacer al patrón, que si bien es buena gente, a veces su forma de ser un tanto caprichosa nos metía en apuros en cuanto a la realización de la obra.

Ese mismo día, el patrón, en un arranque de generosidad, nos dice a todos los obreros que nos...

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invitaba a tomarnos unas cervezas (bueno, no solo cervezas, sino que también se tomaba guarapo –una bebida hecha con panela- y en ciertos casos chicha, lo cierto es que son muy embrutecedoras, y son comunes entre las reuniones "de fin de semana" de los obreros). Así pues, nos fuimos todos al casino de la obra y tomamos cerveza, la verdad ni mi compadre ni yo somos alcohólicos, así que para no despertar sospechas fingimos haber tomado varias cervezas cuando ninguno de los dos tomó más de dos.

Como a eso de las siete de la noche, la gente se empezó a ir de la obra, y como buenos cristianos, fuimos los primeros en salir, un poco borrachos, pero no tanto como otros compañeros que salieron más tarde, que prácticamente se fueron de poste en poste ó arrastrándose hacia sus casas. Mi compadre tomó su bicicleta y me dijo que me llevaba en el marco, pero le dije que mejor nos fuéramos caminando porque como estábamos podíamos sufrir un accidente grave, a lo que él accedió.
Caminamos todo el camino que comunicaba a la obra con la vía principal, más ó menos unos cinco kilómetros, allá en dicho pueblo es una distancia que no se considera por muy larga, como a la media hora de caminar llegamos a la principal bajamos otros cinco minutos hacia el centro urbano, y yo, como soy una persona muy observadora ví algo muy raro por el camino…
-Compadre, me pareció ver algo muy raro por aquí.
-¿Qué pasó, compadre? ¿Las cervezas le están haciendo efecto ó qué?
-No, hermano, es cierto lo que veo… Creo que un tipo de muy mala pinta está azorando a una china…
-No alcanzo a ver, compadre… Creo que las cervezas me están matando…
-¡¡¡CARAJO, COMPADRE!!! ¡¡¡El bandido ese cogió a la china y la amordazó!!! Esto no pinta bien… Arrancó a correr hacia el campamento por el matorral.
-Pues hombre, camine rápido, trépese en la cicla, vayámonos por el atajito que nos sabemos, trate de no gritar, no quiero que nos pillen ni nos cojan por delincuentes, usted sabe bien qué le pasa a esa gente.
Nosotros cada día después de trabajar, nos poníamos a medir las calles de la ciudad y solíamos salir inclusive a sitios un poco peligrosos para caminar por la noche. Cabe anotar que el camino entre la obra y el centro de la ciudad es muy oscuro y muchas niñas deben de cruzar ese camino para llegar a algunos barrios ubicados en el sector de la obra donde trabajábamos, afortunadamente, las niñas de la ciudad son niñas muy precavidas, y prefieren, ó bien ir acompañadas ó bien tomar un taxi hasta sus casas, y también afortunadamente, no han sucedido casos de violaciones en el sector, pero sí se han oído casos de parejitas que mantienen sus romances y llegan al sector para tener sexo… Algunos de mis compañeros me han contado que pillaron a algunas parejitas en plena acción en los descampados cerca de la obra, y ellos como promesa juraron a las parejas aquellas que de ellos no salía.
Continuando con nuestro intento de heroísmo, nos colamos por un atajo para llegar a la obra en caso de llegar tarde alguno de los dos, por ahí cabía la bicicleta de mi compadre con juntos maniobrándola, así que cuando vimos que el malencarado ese se llevaba a la niña a la carrera pensamos que él apenas la cogió la durmió y como era más fuerte que ella se la echó al hombro y partió a correr por los descampados hacia los campamentos de nuestra obra, nosotros lo seguimos callados y paralelamente a su dirección, para que no notara nuestra presencia, sin iluminación más que la gloria del Señor, en cambio él llevaba una linterna de mediano alcance en sus manos.
Lo seguimos por 20 minutos hasta que el llegó a donde estaban las herramientas pesadas de la obra, inclusive ahí se encontraban muy bien escondidas unas armas de campesinos terribles, unos machetes, y que casi todos nosotros en la obra manejamos como si fueran lápices y borradores. Así que mi compadre me dijo:
-Compadre, créame que esto que estamos haciendo es muy riesgoso, de pronto el tipejo ese se da cuenta que estamos aquí y mata a la china y luego a nosotros, ¿qué hacemos?
-Compadre, no se afane, mejor hagamos esto: usted sabe que por detrás de donde el bandido se entró hay una puertita, mete la mano por ahí y saca un machete, espera a que el tipo se distraiga un tanto y se entra, y espera a que yo entre, yo voy a tocar la puerta de adelante y cuando aquel me vea, usted sale de donde está, pero eso sí, le dice a la china, por si está despierta, que calladita, porque si no, los que caemos somos nosotros.
Mientras tanto, la droga que le metió el tipo a la chica todavía hacía efecto en ella, y aquel la estaba acariciando muy lascivamente, ya le había desabotonado su blusa y su pantalón, y le decía palabras al oído como "putita, así es que quería verte, toda para mí, así que no despiertes nunca de esta pesadilla", y otras morbosidades, mientras le acariciaba sus zonas erógenas, especialmente su pecho y su ingle.
Mi compadre y yo sabíamos todos los trucos para ingresar a los campamentos de la obra, así que él se fue hacia donde yo le indiqué, de los nervios que el tenía casi se deja pillar, en cambio yo estaba casi en las mismas, pero el plancito funcionó, yo toqué la puerta del campamento y el muy finado salió y me preguntó:
-¿Qué hace aquí, so pendejo?
-Yo, yo… Nada, nada, que por aquí dejé mi mochila, nada más.
-Aquí no hay ninguna mochila, lárguese de aquí si no quiere que lo mate.
-¿Ah, sí? ¿Y quien es usted para matarme, a ver?
El tipejo aquel estaba ardiendo de la ira por el reto que le hice, cuando el tipo fue a sacar algo, saco lo único que cargaba aparte de la linterna, una navaja suiza un poco descuidada, así que le dije:
-¿Con esa chimbada me va a matar? ¡Vamos, máteme!
El tipo no lo pensó dos veces y cuando se me abalanzó apareció mi compadre por detrás con el machete sobre el lomo del bandido diciendo:
-Párela, mijito… Un pasito más y le clavo esta nenita en el lomo, papá. Qué creyó, ¿que usted puede amenazar a quien se le dé la gana…? Está perdido si cree eso.
El tipo levantó las manos y dejó caer la navaja al pasto, yo la recogí rápidamente y requisé exhaustivamente al tipo, no cargaba más cosas que la navaja y la linterna, además de un frasquito con una sustancia alucinógena, no sabíamos que era por nuestra ignorancia en asuntos médicos, así que le di el frasco a mi compadre para que lo guardara y nos lo llevamos adentro del campamento.
El tipo nos miraba con una cara de muy pocos amigos, y estaba viendo qué hacer. Nosotros estábamos un poco nerviosos, porque de pronto él nos salía con una de padre y señor mío en contra nuestra y podíamos salir muy mal librados y la chica, qué aún estaba bajo efecto de la droga, no se percataba de nada.
-Bueno, compañero –le dije al bandido-, ¿qué estaba haciendo por acá?
-Y-y-yo… No, nada… Por aquí de paseo…
-¿De paseo? ¿No será otra cosa, so pendejo? –le dijo mi compadre.-
-Sí, sí, de paseo…
-¿Y entonces qué hace esta niña bonita aquí? –le dije al bandido.
-No, nada, que apareció como dormida por acá…
-¿No será que usted se la trajo por aquí para abusar de ella, pendejo? –le dijo mi compadre.
El tipo se llenó de miedo y producto de toda la tensión, se enojó tanto con nosotros y gritó:
-¡Malditos hijueputas! ¡Me iba a tirar a esta china, pero un par de desgraciados como ustedes me arruinan mi plan! ¡Los voy a matar a ambos! ¡Y luego violo y mato a esta!
Fuimos tan de buenas que el tipo no lo ubicamos donde estaban las herramientas, sino que lo ubicamos en un sitio distante de ellas, de todos modos, nosotros teníamos empuñados los machetes y listos en caso de que aquel se nos lanzara. El tipo fue por mi compadre, que titubeó un momento, le lanzó un golpe, pero lo esquivó de una forma rápida y yo lo tomé de la espalda y le dije:
-Un arrebate más, mijito, y le voy enseñando qué es ser bueno. Compadre, consígase una cabuya, que vamos a atar a este pingo a la pared y lo vamos a coger de cenicero por depravado.
El tipo había drogado a la china antes de tomar el camino hacia el campamento y como que le tenía unas ganas de violarla. Nosotros no la habíamos visto, ni siquiera de reojo, así que le dije a mi compadre que le revisara el pulso y que la dejara tal como estaba, mi compadre hizo esto mientras buscaba la cabuya y yo tenía amedrentado al tipo con el machete…
-Entonces qué, papá, ¿cómo la ve? Grave, no pudo hacer lo que quería con ella, ¿no?
-Maldito hijueputa, espere y verá que lo voy a dar una lección por sapo. –Dijo el bandido.
-Ya sabe cómo le va si lo intenta, mijo… -Le dije al bandido.
El bandido estaba viendo cómo haría para neutralizarme a mí. En esas, mi compadre sacó la cabuya de una caja que estaba en la otra pared y dijo:
-Compadre, ya tengo la cabuya, la china está como dormida, así que vamos a amarrar a este pingo a las estacas de la pared donde está… Eso le pasa a aquel pervertido por lo que es.
-Por favor, no me amarren, déjenme ir… Se lo suplico. –Decía el bandido.
-Lo dejaremos ir pero al papayo si intenta otra huevonada. –Le dije al bandido.
Llorando y suplicando, el bandido hizo de todo para impedir ser amarrado, pero no le sirvió de nada, porque igual lo amarramos en forma de equis, tanto de las muñecas como de los tobillos, impidiéndole el movimiento, exceptuando la cabeza, que la podía girar. Lo mantuvimos así un rato, hasta que se cansó de llorar y empezó a gritar:
-¡Hijos de puta!
-¡Hijo de puta su papá, so pingo! Aquí los que hablan somos nosotros.
-¡Los voy a matar!
-Lo que vamos a hacer con usted es algo que se va a acordar por siempre.
-¡Igual a ustedes también les irá mal, malparidos!
-¿Está seguro? No lo creo… Compadre, mire si la china trae un celular, si no tiene, llame desde el teléfono que está escondido en el cajón, usted se sabe el número de los Polizones (así les dice mucha gente a los Policías) y llame a alguno que conozca por allá, yo sé que usted es uña y mugre con ellos.
Mi compadre era muy allegado a casi todos los policías de la ciudad y se sabía como llamar del teléfono que estaba escondido en uno de los cajones de herramientas, detrás de él estaba escondida una conexión telefónica que funcionaba, igual él revisó las pertenencias de la niña una por una y se las dejó tal como estaban, encontrando un celular, así que decidió llamar por el celular…
-Aló… ¿Comando de Policía?
-Sí, con ellos habla. Soy el Teniente López.
-Teniente López, ¿cómo le va? Mire, habla con el compadre.
-Compadre, compadre… ¡Compadre, perdóneme que no lo reconozca! ¿Qué pasa hoy, lo oigo como tenso?
-Mi teniente, es un caso grave, estoy metido en el campamento de las herramientas, acá en la obra.
-¿Qué pasa, compadre?
-Teniente, mire que íbamos para la casa y pillamos a un tipejo que quería violar a una niña… No sabemos ni quién es él ni quién es ella… Al pingo lo tenemos de pata y mano acá amarrado y neutralizado.
-Grave eso, hermano… Pero la patrulla no está acá, está en el taller, tiene unas fallitas…
-Ayúdeme, teniente. Mi compadre también está acá conmigo y necesito salir rápido de este finado antes de que se nos salga el indio…
-Nos va a tocar ir en cicla, hermano, las motos están ocupadas… Espere, ya llegó una moto, voy para allá, me tardo entre 20 minutos y media hora, no le aseguro que pueda llegar a tiempo…
-No se demore, teniente, mire que esto puede terminar peor. Yo voy a conectar el fijo, porque estoy llamando de un celular ajeno. No hemos tocado a la niña ni por deseo, hemos tenido cuidado.
-Allá iremos, hermano, le recomiendo tener calma con el tipo y con la niña…
Colgaron. Mi compadre dejó el celular donde estaba y fue a conectar el teléfono a la línea, dicha línea la utilizábamos nosotros para comunicarnos con el jefe de obra y a veces para distraernos. Conectado el teléfono se fue hacia el bandido y le dijo:
-Bueno, finadito, ya llamé a los verdes y vienen para acá…
-Si me llevan a mí, se los llevan a ustedes…
-¡Cállese antes de que lo golpee! A usted no le di permiso para que hable. –Le dije al bandido.
-Sí, claro…
El tipejo me sacó la piedra porque no se quedaba quieto y nos nombraba la madre todo el rato. Así que le metí un puño en la cara, se le dejé roja del golpe. Mi compadre me dijo que me calmara, porque nos recomendaron quedarnos quietos y serenos… Igual el tipo seguía madreando y lanzando improperios…
-No hay nadie más que nosotros cuatro aquí, compañero. –Le dijo mi compadre.
-¿Y la niña qué? -Le dijo el bandido.
-La niña la deja quieta y ni se le ocurra pensar nada sucio con ella, so bellaco. –Le dije al bandido.
-¿Ah, sí? ¿Y quienes son ustedes para decirme eso, los peluches de la niña, o qué?
A mi compadre se le saltó la piedra y con una cara de pocos amigos, fue y le metió dos puntapiés, uno en el tobillo y otro en la rodilla, y le dijo:
-¡Usted me la sacó, so pendejo! ¡Más pendejadas suyas y le va peor!
Mi compadre y yo volvimos a empuñar los machetes y le advertimos que le iba peor si seguía, yo decidí pasarle el filo del machete a ras del cuerpo, especialmente la cara, el vientre y sus genitales. En ese griterío, la niña recuperó el conocimiento y empezó a hablar…
-¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?
-Aquí no ha pasado nada, señorita. –Dijo el bandido.
Mi compadre y yo quedamos un poco callados, y yo le metí un rodillazo en el estómago al bandido por hablar.
-¿Quién me desabotonó mi ropa? ¿Dónde están mis cosas?
Seguimos callados y mi compadre le colocó el filo del machete en el cuello del bandido.
-¡ME VAN A VIOLAR! ¡AUXILIO, ME VAN A VIOLAR! ¡BUAAAAAAA! ¡NO, POR FAVOR!
-Tranquila, señorita. No le va a pasar nada. Somos obreros no más, no delincuentes. El que le iba a hacer eso tan feo está aquí amarrado.
La niña quedó aterrada porque creía que nosotros éramos los violadores, pero mi compadre le dijo que se calmara, que nosotros éramos trabajadores de la obra, que ya venía la policía, igual se disculpó por haber tomado el celular abusivamente. Mi compadre no pudo convencerla, así que ella siguió gritando y llorando por un buen rato, hasta que del desespero intentó escapar, pero yo ágilmente cerré la puerta principal con candado y trabé la puerta por la cual entró mi compadre.
-Señorita, por favor cálmese, no le vamos a hacer nada, promesa de mi compadre y yo. Créanos…
-No, ustedes me van a violar…
-Vea, señorita, sí lo haríamos, nosotros no seríamos capaces de vivir con ese cargo de conciencia… Tranquilícese…
-Está bien, me calmaré, pero igual no les creo todo…
Logré calmarla y luego volvimos a centrar la atención en el bandido. El bandido volvió a gritar groserías como si fuera un condenado, pero esta vez contra la niña, quien a pesar de tener calma, era aparente porque estaba confundida porque no sabía quien era el bueno y quien era el malo… Nos preocupaba la policía porque no llegaba, hace 20 minutos llamó mi compadre, y nada… La china trataba de hacer memoria para ver quien era el violador, pero no daba… No recordaba nada desde que el tipo la tomó… Pero estaba contenta porque no fue violada, pero tenía miedo de que le pasara…
Nosotros seguíamos controlando al bandido, mientras este le gritaba morbosidades a la niña y ella se ponía a llorar, porque sintió que la violaron, afortunadamente no pasó, entonces mi compadre le preguntó a la niña:
-Señorita, ¿quiere que le demos su merecido a este finado?
-No sé, no sé que está pasando…
-Vamos, señorita, este finado la quería violar, ¿no cree que él debe recibir su merecido?
En ese momento la niña se dio cuenta que estaba siendo protegida por dos personas que de una ú otra forma no desearían que a una mujer le pasara una cosa así. No los conocía, pues ella no salía mucho de su casa, al otro lado de la ciudad, donde lo describí anteriormente, la pasaba mucho tiempo con su familia y ella es muy dedicada al estudio, según me contaron algunos allegados a ella, era la mejor estudiante en el Colegio y era el amor platónico de muchos allá.
-Sí, sí, déle su merecido a ese cerdo animal… Déselo… Me quería violar… (Lágrimas y sollozos)
Pues bien, ya que la niña lo reconoció, mi compadre se llenó de ira, no solo por el hecho de que el bandido los siguiera insultando sino que la policía no llega, empezó a golpear al bandido en todas partes, en el vientre, en las piernas, en la cara, no le pegó en los genitales, porque quería esperar a ver cómo reaccionaba a tanta golpiza. Yo me quedé estupefacto viendo como mi compadre se deleitaba pegándole al bandido y cuando la chica sonreía un poco al saber que el violador tendría su merecido.
No llegaba todavía la policía, no supe qué pasó con ellos porque estaban demorados, casi una hora desde que llamó mi compadre, yo me estaba contagiando de la ira de mi compadre por las mismas razones, así que fui a donde el bandido y le metí otra paliza, esta vez sin compasión y gritándole:
-¡Maldito animal, lo parieron para tirarse las vidas de los demás! ¡Eso merecen los depravados que arruinan la felicidad de las niñas! ¡Cerdo! ¡Pervertido! ¡Animal de monte!
Mientras lo gritaba, el tipo se retorcía del dolor cada vez que lo golpeábamos, y de tanto golpearlo, empezó a manar sangre de todas partes, y especialmente de su cara, cuando se dio cuenta…
-¡Hijos de puta! ¡Juro que me suelto de estos barrotes y los mato! ¡Los mato a los tres!
-¿Querías violarme, cerdo? ¡Esto lo mereces por animal y por pervertido!
La niña le metió una bofetada y una patada en sus testículos, lo cual retorció aún más al bandido, y como de tanto retorcerse, consiguió que la cabuya cediera y terminara de romperse, quedando el tipejo con los brazos libres, y en un descuido nuestro, casi logra coger a la niña para hacerle daño, pero en un movimiento instintivo, la movimos rápido hacia atrás y dejamos al otro viendo un chispero…
Entonces, ya del propase del bandido, lo cogimos, y lo volvimos a amarrar, casi de forma que las manos le quedaran moradas, y mi compadre empezó:
-So pendejo, casi se pasa de listo con ella, pero con nosotros ya se pasó.
-Ahora yo le voy a enseñar lo que es bueno…
Tomé el machete, y le pasé el filo por todo el cuerpo y varias veces por los genitales, porque pensé que él podía reaccionar de alguna forma, y le dije:
-Una más, pendejo, y olvídese que alguna vez en su vida va a tener hijos y tener placer abusando de mujeres.
-¡Hágalo, hijo de puta! ¡Córteme y también se va conmigo!
Decidí colocarle el machete sobre los testículos para amedrentarlo, y cada nada movía la mano hacia sus genitales para cortárselos, pero en esas llega la Policía…
-¿Quién está ahí?
-¿Teniente López? -Pregunta mi compadre.
-Con él habla, compadre. ¿Tienen al tipo?
-A él y a la niña. Se nos salió el indiecito. ¿Por qué se demoraron?
-Les dije que se calmaran, pero bueno, no importa.
-Compadrito, ábrale al teniente, mientras yo mantengo a este finado.
En esas entraron 3 policías en tromba, nos separaron, vieron como ido al tipo, nosotros les dijimos que aquí estaba la niña, sanita y salvita. Se demoraron porque estaban consiguiendo la patrulla, que por fortuna, estuvo lista para esa noche, un médico y otra moto. Nos fuimos todos de ahí, al bandido se lo llevaron para el comando y luego a una cárcel de alta seguridad donde creo que le fue muy mal. A nosotros nos dejaron acompañar a la niña al hospital para que la revisaran y afortunadamente, no hubo violación, pero quedó un poco intoxicada, el tipo la drogó con Benzodiazepina, un somnífero de alta potencia, pero igual nos tocó declarar en el comando por la golpiza que le metimos al tipo, salimos bien librados porque fue en defensa tanto propia como de una persona indefensa.
La niña permaneció en el hospital esa noche y allá llamaron a los papás, ellos cuando nos vieron no se llevaron una buena impresión de nosotros por la facha que teníamos, pero el doctor que atendió a la niña les dijo que ellos la salvaron de que le pasara algo muy malo, eso los alivió y conversamos del suceso un buen rato, nos daba cierto miedo conversar de eso. La niña pidió que pasaran sus padres y luego nosotros, lo cual nos dijo:
-Muchachos, gracias, ustedes me han salvado de algo peor…
-No se moleste tanto, señorita, ni usted ni nadie merecen que les sucedan cosas así de feas.
-De todos modos quiero recompensarlos, acérquense.
A cada uno nos dio dos besos en las mejillas que nos dejaron completamente rojos de los nervios y de la pena, lo que a mí respecta no había recibido un beso así, pues mi compadre tenía novia y ya tenía una relación muy estable y armada… Eso me enamoró de ella y ella en cierta forma le gustaba mi forma de ser, los padres estuvieron muy contentos con nosotros y nos invitaron a cenar el sábado, día libre para los obreros. En la obra nuestros compañeros nos felicitaron por esa hazaña y nuestro jefe nos iba a dar 3 días libres pero en respeto a nuestros compañeros decidimos declinarlos, seguimos trabajando. Cuando podíamos, acompañábamos a la niña de camino al centro de la ciudad si se iba hacia allá y si los dos podíamos la llevábamos a su casa, si no eran los dos, iba yo (por la relación que tenía mi compadre) ó le pagábamos un taxi si ninguno de los dos podía acompañarlos.
La niña se llama Diana y es hija de una familia muy reconocida en la ciudad y en la capital, aparte de ser muy bonita (se lo dijimos varias veces en el hospital y fuera de él), era muy estudiosa y en el momento de este suceso, estaba finalizando bachillerato y ya tenía lista su entrada a una prestigiosa universidad en la capital, pero decidió ingresar a una seccional de una universidad capitalina en una ciudad cercana, no sé por qué razón. Ella se volvió muy amiga nuestra, a pesar de ciertos reparos de su familia que fueron disipándose, y actualmente estoy muy enamorado de ella, y creo que ella igual de mí, pues en toda su vida todos los pretendientes que tuvo los dejó con un palmo de narices… Nosotros decidimos también ingresar a estudiar en la misma universidad y la misma carrera, pero seguíamos trabajando en la obra y en otras futuras de nuestro quisquilloso patrón con los mismos compañeros, que nos tomaron de ejemplo y quisieron seguirnos en nuestra moral. No sucedieron más casos ni de violaciones ni de parejitas enamoradas en los descampados cercanos a las obras, pues gracias a nuestro acto iluminaron todo el camino y dichos lotes fueron ocupados por obras, así que se volvió bastante seguro el sector.
Del violador se supo que era un tipo que había violado decenas de niñas en varias ciudades de la región, pero nunca se había atrevido a realizar sus actos en esta ciudad porque tenía vínculos con mucha gente de la ciudad. Se quería ensañar con Diana porque había oído de ella gracias a algunos compañeros morbosos que ella tenía en el colegio e inclusive le pagaron para que hiciera eso y quedara el nombre de ella por el piso en la ciudad, además porque ella no les escuchó una vez que quisieron hablar con ella y ella quizá los detestaba. Afortunadamente, gracias a las pesquisas de los investigadores y de la confesión del bandido (me imagino que después del merecido que le darían en la cárcel) cayeron los autores intelectuales de este hecho casi lamentable.
F I N
Moraleja: Si bien las personas actuamos razonablemente, muchas veces el instinto prevalece más que la razón y nos volvemos presa de nuestros sentimientos ocultos, como la rabia, el odio, el desprecio y todos los demás malos sentimientos, haciéndolos reales como este suceso conjurado por dos vagos pero buenos obreros que nunca desearon que pasara esto.
Personalmente, y ya volviendo a la realidad, yo tengo una compañera con la cual no me llevo muy bien, pero a la cual aprecio mucho y con la cual quisiera reconciliarme. De tantos problemas que han sucedido entre los dos me han surgido ideas terroríficas y malos sentimientos que espero nunca se lleguen a ver, porque me daría un terrible cargo de conciencia por lo que hiciere y porque le dañaría la oportunidad a ella de ser feliz siendo ella misma. Exhorto además a todas las personas que una violación hace mucho daño, y que protejan, en este caso, a sus hijas, novias, esposas, sobrinas, primas, compañeras de estudio, compañeras de trabajo, entre otras mujeres jóvenes, porque en la juventud se tiene que disfrutar todo y no sufrir las consecuencias de los actos de personas traumatizadas que no fueron criadas correctamente ni tratadas apropiadamente.
A la persona a la que dedico este relato, sólo quiero decirle que la quiero mucho y que sólo quería una oportunidad de demostrarle lo que soy, así que si existe la posibilidad de reconciliarnos, lo haremos.
Gracias a todos por leer mi primer relato.

Calificación: 5 | Votos: 1
Categoría: No Consentido | Comentarios: 2 | Visto: 15647 veces

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senk

tremendo relato =) enorabuena

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me encanto! mui valiente realmente vos i tu compadre! q suerte q existan personas como vos :)

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