Con mi amigo Gerardo tengo la mejor relación desde hace muchos años y hace un año que vivimos juntos. Hace unos meses su novia, Laura, se mudó provisoriamente con nosotros ya que tuvo que dejar el piso que compartía con unas amigas. Al principio las cosas entre ellos estaban bien pero la convivencia trajo a flote algunos problemas en la pareja. Gerardo me contaba lo mal que estaban las cosas entre ellos y esto se hizo evidente en más de una ocasión, en discusiones interminables, los dos...
extrañábamos las épocas en que la casa era un lugar tranquilo y en paz. Laura es de un carácter fuerte y se fue tornando algo agresiva porque las cosas no funcionaban como ella quería. Muchas veces resultaba incómoda la situación y nadie parecía sentirse a gusto allí. Por momentos también me sentía invadido y teniendo que lidiar con los problemas de ambos, así es que muchas veces fui, también, el consejero de Laura. En ocasiones nos quedábamos solos ella y yo y hablábamos y ella me contaba sus cosas cuando la comunicación entre ellos no existía. Laura es una mujer hermosa, con un cuerpo bien contorneado un rostro dulce y sensual. Su belleza no pasaba desapercibida para mi, pero esto claro, nunca se lo dije a mi amigo ya que era mi secreto. Hasta ese momento nunca había convivido con una mujer, la veía todos los días usar sus ropas ajustadas, salir con poca ropa de la ducha, sentir su perfume en la casa. Los días de mucho calor ella se ponía a tomar sol en el patio, desde la ventana de mi cuarto veía su cuerpo exuberante tendido semidesnudo tostándose. A ella esto debía parecerle algo natural pero lo cierto es que a mi me excitaba profundamente. Día tras día sentía deseos inconfesables de poseerla pero al mismo tiempo sabía que era la novia de mi amigo y que todo eso era imposible así es que me resigné a que esto pasara solamente en mis sueños. Muchas veces me masturbaba pensando en ella, fantaseaba con tener su cuerpo completamente para mi… me excitaba muchísimo. Todo el tiempo reprimía mis deseos hacía ella así es que intenté evitarla no cruzármela estando más tiempo fuera de casa pero cuando la veía toda mi estrategia fracasaba. También aumentaba mi morbo el hecho que nunca habían sido una pareja convencional, habían tolerado mutuas infidelidades y que mi amigo me confesara que su fantasía más profunda era verla teniendo sexo con otro hombre. Esto me confundió y no sabía cómo interpretarlo, me estaba alentando a tener una aventura con Laura?. Recuerdo cómo me excitaban sus bombachas colgadas en el baño, eran de todos los colores pero casi siempre del mismo tamaño. Ella las colgaba en la llave de la ducha al alcance de mis dedos otras veces las dejaba en el cesto de la ropa. Por allí desfilaba su colección de tangas y yo no podía más que imaginarme el resto, lo que tanto deseaba. Lo que más me gustaba de su cuerpo era su hermosa cola, perfecta y bien parada, nunca había tenido la oportunidad de probar algo parecido. Mi obsesión por sus prendas íntimas en el cuarto de baño parecía algo descontrolada, las rescataba del cesto de ropa y las olía como un perro en celo, adoraba ese perfume y me masturbaba sintiéndolo en mi nariz y en mi boca. A todo esto las cosas en la casa iban empeorando más y más y ellos habían dejado de tener relaciones desde hacía algunas semanas y las peleas y discusiones eran cotidianas. Hasta que un día las cosas tomaron un rumbo diferente cuando Gerardo se fue unos días a la casa de su madre. Esa noche estábamos solos Laura y yo. Preparamos la cena, comimos juntos y tomamos una botella de vino. Pasamos un buen rato charlando. Yo sentía que esa era una oportunidad única y me excitaba mucho pensar que estaba sola conmigo y toda la casa para nosotros. Luego de que terminamos la cena ella prendió un porro y me invitó a fumar, así es que pasamos otro rato divagando. Cada vez sentía más claro dentro de mí la necesidad de dar un paso más allá y cruzar la línea e intentar seducirla, pero también temía que me rechazara y estropearlo todo. Ya algo colocado la invité a mi cuarto a ver una película a lo que ella accedió. Nos acostamos en mi cama uno al lado del otro, sentía mi pecho latir con fuerza, pero al fin no pude más y me tiré sobre ella e intenté besarla pero Laura saltó de la cama y salió rápidamente diciéndome que yo me había confundido, que esto no podía ser porque yo era el amigo de Gerardo. Se marchó y se fue a su cuarto. Su reacción tan imprevista me confundió y estuve unos instantes antes de reponerme. Fui a la cocina por un poco de agua y al pasar por su cuarto vi la puerta entreabierta. Sentía un deseo de poseerla a cualquier precio, todo lo que había estado reprimiendo ahora volvía con una fuerza desconocida. Abrí la puerta y entré sin dudarlo, Laura estaba recostada en la cama. Me acerqué balbuceando una disculpa por lo que había pasado y le confesé todo lo que ella me gustaba, le pedí que solo me dejara besarla. Se incorporó, repitió que no varias veces y me pidió que la dejara y me fuera, volví a insistir cada vez más cerca de ella, pero cuando intentó escabullirse le cerré el paso. Cuando al fin vio que yo iba enserio y que no podría convencerme accedió. Comencé a besar su boca que dejó inmóvil para mi, la abracé por la cintura y apreté mi cuerpo fuerte contra el de ella, restregando todo mi miembro que ya estaba poniéndose duro. En un instante dijo que ya era suficiente pero yo no la escuchaba y seguía besándola por toda su cara, su cuello, le apreté fuerte las tetas y empecé a manosearle el culo enloquecido. Ella intentaba desprenderse por lo que tuve que usar toda mi fuerza para dominarla. Esperaba que se calmara y al fin convertirnos en amantes pero ella seguía negándose. Empecé a desnudarla con rabia y a bajarle los pantalones, al fin logré tumbarla en la cama boca abajo y al sentir su piel desnuda me excité todavía más. Comencé a penetrarla en esa posición sujetándola por los hombros, haciendo que mi enorme pija entrara y saliera con furia. Laura ahora ofrecía menos resistencia y comencé a gozarla en todo su esplendor, como tanto había querido. Seguí dándole mi verga unos minutos más hasta que un placer inimaginable me invadió completamente y explotó dentro de Laura. Después ella se incorporó lentamente, acomodando su pelo y sus ropas y me dijo: “al menos hubieras acabado afuera, ya no tomo pastillas”.
Después muchas veces volví sobre lo que sucedió esa noche, una mezcla de de culpa y excitación se quedaron fijos a la escena. Afortunadamente, Laura no contó nada de lo que ocurrió aquella vez, que era mi principal temor, simplemente lo cayó. Al tiempo ella y Gerardo terminaron y nunca más volví a verla.
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