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La violación de Marisa

Enviado por davidm156 el 7/6/2010

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La violación de Marisa Publicado el 07/06/2010, por: davidm156

Todas las noches cuando salía de mi trabajo y me encontraba en la parada esperando el colectivo que me llevase a mi casa veía pasar a la mujer que me atraía de tal manera que me llevó a cometer algo que jamás pensé.

Su nombre, que logré conocer el día que la violé es Marisa. Cuando pasó el hecho ella tenía 38 años. Era de estatura mediana, diría un 1.65 m., delgada, de muy buen cuerpo para su edad, pelo negro ondulado, largo, ojos marrones, tés blanca. Realmente preciosa. Se...

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viste muy bien, siempre formal.

No sé cómo pero desde que la vi por primera vez tuve la fantasía de abusar de ella, quería poseerla violentamente, nunca se me había pasado por la cabeza cometer un hecho así, pero ella despertó algo en mí que no conocía.

Pasaron varios meses hasta que me decidí a violarla. Empecé a salir unos cuantos minutos más temprano de mi trabajo para saber de dónde venía y elegir el mejor momento y ubicación para hacerlo. Ella trabaja en una compañía de seguros muy conocida. Por suerte para mi tomaba para llegar a la avenida donde tomaba el colectivo una calle muy poco transitada. Me sorprendía que una mujer fuese por ahí sola mas a esa hora.

Después del trabajo empecé a recorrer la zona buscando el lugar ideal para hacerlo. Encontré un garaje a unas 3 cuadras que parecía el lugar ideal, pero me pareció peligroso, por la distancia, en ese recorrido seguro nos podíamos encontrar con alguien por eso lo descarté. Terminé eligiendo una casa muy antigua, abandonada, con puerta de reja que tenía una cadena con candado para mantenerla cerrada. Estaba a poco más de media cuadra de donde pasaba Marisa. Esa misma noche volví más tarde, rompí el candado y lo reemplacé por uno que había comprado. La casa tenía un pequeño jardín pasando la reja, que estaba muy descuidado, el pasto muy largo, latas de pintura por todos lados, era un desastre. Intenté ingresar a la casa, pero tenía una puerta de acero, muy oxidada que no pude abrir, pero tenía al costado de la casa un pasillo que daba al fondo de esta. Decidí que ese pasillo iba a estar bien. Apoyé sobre el piso una plancha de madera que encontré para usarla de cama, por así decirlo. Esa misma noche me masturbé un par de veces pensando cómo iba a violar a Marisa.
A partir del día siguiente comencé a seguirla, esperando el día perfecto. La verdad me demoré más de tres semanas hasta que me sentí seguro y se dieron las condiciones óptimas.
Nunca me voy a olvidar de ese 12 de junio de 2006, Marisa salía como todos los días de la semana a las 19.00 hs, me puse a unos 50 metros detrás de ella. La seguí un par de cuadras a esa distancia. Cuando estaba cerca de la esquina de donde la iba a raptar, apuré la marcha, ella debió sentir que alguien se acercaba, cuando dio la vuelta, me tire sobre ella, logró dar un par de gritos, que logré tapar con mi mano derecha, mientras la arrastraba al lugar que había preparado, se resistió con todas sus fuerzas, me mordió la mano pero era en vano, mido mas de 1.80m y soy de contextura grande. La arrastraba como si llevase una bolsa.
Cuando llegué a la puerta, todavía no era consciente de lo que iba a pasarle esa noche. Me dijo que me dejaba la cartera, que no le importaba que la dejase ir solamente. Abrí el candado y la empujé hacia adentro, se tropezó y cayó al piso. La levanté por el brazo y la arrastré por el pasillo y la tiré sobre la plancha de madera que había dejado semanas antes. Para ese entonces Marisa sabia lo que le esperaba. Empezó a llorar sin consuelo, me decía que tenía dos hijos que la dejase ir. Hasta ese día no me consideraba una mala persona, pero me importó poco y nada lo que me decía, solo quería violarla. Sabía que no había retorno de ese punto y nada me iba a parar.
Ese día llevaba puesto un traje de color marrón compuesto por un saco y un pantalón de vestir, debajo usaba una camisa blanca y un pañuelo alrededor de su cuello. Ella seguía llorisqueando, pidiéndome una y otra vez que pare. Me arrodillé a su lado le quise sacar los zapatos y comenzó a patearme tratando de zafar, me acerqué y le di dos cachetazos muy fuertes que la dejaron tumbada en el piso del impacto. A partir de ahí se dio cuenta que iba a pasar haga lo que haga y se quedó quieta. Le saqué los zapatos, le desabroche el cinto y el pantalón y se lo saqué. Ella seguía tendida en el piso boca arriba, mirando hacia un costado con la mirada fija. Me acerqué a su tanga de color negra, y se la bajé lentamente, ella cerró sus piernas. Su vagina estaba como si se la hubiese depilado toda hace unos cuantos días, se veían unos pelitos negros, bien cortitos, que pinchaban de lo duro que estaban, tenía unos labios perfectos, hermosos por donde se los miren, tenía una mínima cicatriz en su pelvis como si hubiera sido operada de apendicitis. Me baje mi jean, y el bóxer al mismo tiempo, mi miembro estaba listo, estaba más duro que una piedra. En un principio había decidido penetrarla con preservativo, pero en ese momento, no quería dejar de sentir la mas mínima sensación y decidí no usarlo. Con mi manos separé sus piernas, en ese instante largo un llanto sin consuelo, acerqué mi pene a la entrada de su vagina, y la penetré sin anestesia. Tuve que sacarla y humedecer mi pene con mi saliva porque estaba muy seca su vagina, me estaba dando bastante trabajo penetrarla fluidamente. Cuando tomé ritmo, abrí su saco y le abrí la camisa de un tirón rompiéndole todos los botones. Le bajé su corpiño negro un poco, solo para dejar al descubierto sus pequeños pechos, pero bien duros y paraditos. Los apreté muy fuerte con mis manos mientras la penetraba salvajemente, con todas mis fuerzas, sentía mis huevos chocar violentamente contra su cuerpo una y otra vez, podía ver en su cara una mezcla de dolor y desprecio que me excitaba aún más. Al cabo de 10 minutos, largué un caudal de semen dentro de su vagina que me parecía imposible que esa cantidad haya salido de mí, di un grito de desahogo, que no pude contener. Marisa se la veía asqueada de sentir mi semen dentro de ella.

Me aparté de ella, quedé arrodillado a su lado contemplando su precioso cuerpo. Tomando aire para irme, pero sabía que no iba a volver a tener otra oportunidad como esa y decidí continuar con lo que había empezado. La hice dar vuelta, quedó boca abajo y comencé a acariciar su cola y espalda, con mi mano izquierda, mientras que con la derecha me masturbaba, tratando de detener la flacidez que venía luego de la gran acabada que tuve. Cuando mi miembro recupero su erección, apoyé mis palmas sobre sus nalgas y las separe para observar un ano bien estrechito. Con el pulgar de mi mano derecha empecé a acariciar su ano haciendo pequeños movimientos circulares. Se estremecía, podía ver su cuerpo como se contraía pero no dijo nada, me imagino que llegó a un punto que estaba dispuesta hacer lo que sea con tal de que termine pronto su pesadilla. Acerqué mi cara a su cola e introduje mi lengua en su ano, lo lamí un buen rato, intercambiaba mi lengua con mi dedo índice para penetrarla. Cada tanto podía escuchar un llanto que liberaba, de angustia, que solo lograba excitarme más. No podía dejar de pensar el dolor que Marisa estaba a punto de sentir en el momento que mi miembro penetrase ese pequeño orificio.
No puedo explicar la ansiedad que sentía en penetrar una cola por primera vez, en mis 25 años jamás había conseguido que una novia me permitiese hacerle la cola. Mi ansiedad me superó y me acosté sobre ella, traté de insertar mi pene en su anito, pero no lograba penetrarla, la cabeza de mi pene estaba en la entrada de su ano pero cuando quería penetrarla se zafaba. Salí de mi posición, la tomé por su cadera, tratando de ponerla en cuatro, pero no se dejaba, la tomé con violencia por su pelo y la tiré hacia mí, se asuntó mucho, con su voz temblorosa me suplicó que me detenga que iba a hacer lo que quiera, no le contesté y a acomodé en cuatros patas, me arrodille detrás de Marisa, apoyé mi pene en su ano y esta vez sentía como de a poco iba logrando que mi miembro fuese entrando, cuando la cabeza de mi pene entró completamente, no pudo contener el dolor y dio un grito en seco muy fuerte, seguido a eso apoyó su mano sobre mi estomago dándome a entender que pare, la agarré por su brazo y lo aparté, la tomé con ambas manos por sus nalgas, me acomodé e introduje mi miembro lo más adentro posible, podía sentir toda la presión sobre mi pene, era sumamente estrecho, empecé a traspirar copiosamente a pesar que la noche estaba bastante fresca, en un momento debí parar para hacerla callar, estaba gritando muy fuerte de dolor y temía que alguien pudiese oír algo, tomé su tanga y la obligue que la muerda para atenuar sus gritos, seguía gritando pero al menos nadie la iba a escuchar. Mi pene entraba y salía, cada vez con más velocidad, pero no lograba una penetración completa su esfínter, estaba cerrado, pero luego de varias penetradas violentas, cedió y sentí mis huevos chocar contra sus nalgas, en ese momento se desplomó y sus brazos cedieron, su mejilla izquierda estaba ahora contra el piso, lo único que la mantenía en posición eran mi manos que la tomaban por la cadera, pero ya me resultaba incomodo sostener todo el peso de su cuerpo y terminé cediendo, dejé caer su cuerpo sobre la plancha de madera, inmediatamente me recosté sobre ella y la penetré nuevamente por su cola, esta vez no me dio ningún problema su ano bien dilatado, mi pene entero estaba dentro de ella y lo metía y sacaba una y otra vez, noté que ya estaba completamente entregada, ni siquiera gritaba, apenas exhalaba cuando mi cuerpo chocaba contra el de ella. A los pocos minutos comencé a sentir una puntada en el pecho muy fuerte, me encontraba agitado de una manera que jamás había experimentado y acabé dentro de su cola, me quedé sobre ella hasta recuperar el aire, y luego me recosté a su costado, Marisa seguía en su posición, sin moverse para nada.
Me senté y observé mi pene flácido, que estaba un poco sucio y con algo de sangre, sentía que le había roto la cola, me dio mucho placer. Tomé su cartera, mientras pensaba si me vestía o seguía y revisé lo que había dentro, nada que no esperase en un bolso de mujer, un cepillo de diente, una toallita femenina, un estuche con maquillaje, una carpeta con papeles del trabajo, una agenda y una billetera, donde pude comprobar que de verdad tenía 2 hijos, su edad y su nombre. Me quedé con su licencia de conducir para masturbarme con su foto y recordar ese día.
Mi cuerpo estaba cansado al límite, no estaba para otra cogida, pero no quería desaprovechar esta ocasión, me senté al lado de su cara y le dije que si me la chupaba la dejaba ir, se incorporó lentamente, sin mirarme en ningún momento, y se metió mi pene en su boca, comenzó a lamerlo muy tímidamente, mi miembro estaba bastante adolorido de penetrar esa vagina sin lubricación y su cola bien estrecha, además su mamada dejaba mucho que desear, no la culpo, creo que ninguna mujer está preparada a una violación. Estuvo un buen rato, cada tanto tenía arcadas y tenía que parar para luego continuar. Mi pene no lograba una erección y decidí librarla de su agonía. Le dije que se detenga. Me paré, me subí el pantalón. Le pedí que se cambie, pero tomé su tanga y me la guardé de suvenir. Se paró y se acomodó su corpiño, cerró su saco y se puso el pantalón que estaba tirado a unos metros, se calzó los zapatos y se quedó ahí parada como esperando que le permitiese partir, fue la última vez que vi a Marisa, por su puesto al día siguiente renuncié para no cruzarme con ella por la zona en caso que haga la denuncia, aunque en ese momento no me importaba nada. La miré por unos instantes, su cara toda roja y con el maquillaje corrido, le dije que me perdonase, comenzó a llorar nuevamente y se marchó caminando lentamente por el pasillo, su marcha era un poco extraña, me encantó verla caminar de esa manera sabiendo que mi pene había lastimado esa cola una y otra vez, me quedé mirando ese cuerpo que había poseído esa noche, cuando llegó a la entrada comenzó a correr, yo salí seguido a eso y tomé por el otro lado de la calle, me alejé más de 10 cuadras de la zona, no me fue muy fácil mis piernas me temblaban y estaba muy exhausto, debí sentarme en la vereda un par de veces, finalmente tomé un taxi para ir a mi casa.
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davidm156@yahoo.com.ar

Calificación: 5 | Votos: 1
Categoría: No Consentido | Comentarios: 2 | Visto: 10005 veces

Últimos Comentarios Agregados
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maradonna

no vale este comentario se paso de la cuenta ..... yo soy hombre pero debes saber que no tienes madre..

Fotografia de bellaodaliisca
bellaOdALiiScA

sin dudas malparidos como vos deberian estar colgados de las bolas en las plazas publicas

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