Aquella mañana de verano caían haces de luz sobre mi cara. En el sueño escuché que el teléfono había lanzado varios timbrazos. Ya eran más de las diez cuando salté de la cama y miré el detector de llamadas y advertí el número de Claudia. Cuando le devolví el llamado, me preguntó si podía reparar una pérdida de agua en la cocina del departamento, donde vivían hace bastante tiempo con su novio Ricardo. Le dije que no había ningún problema y que en una hora estaría por allí.
Cuando llegué...
a mediodía —hora del almuerzo— di dos golpecitos suaves a la puerta blanca y rápidamente cómo si fuera que estuviera oculto detrás de la puerta, Ricardo la abrió de par en par. Nos estrechamos las manos. Contemplé el living curiosamente. Dejé la caja de herramientas en suelo. Claudia ya había preparado la comida. Me ofrecieron un lugar en la mesa, accedí sin problemas. Mientras comíamos, hablamos de todo: de la juventud, de amigos en común, de trabajo, del clima, de política, de los animales y de los amores contrariados. Botellas de vinos que llegaban y se iban vacías. Pues Claudia que no paraba de ir para un lado y para otro. Aseaba la casa para que se viera reluciente. De manera que ellos estuvieron cachondos por la bebida que habían tomado. Ricardo y Claudia ya subido de excitación, se besaban y balbuceaban sin reparo conversaciones sin sentido alguno. Yo muy precavido, me dispuse a observarlos. Ricardo en un momento dado quiso levantarse y cayó desplomado en el comedor. Rápido lo tomé por los brazos, pero Claudia intervino y pronto nos caímos los tres juntos. Aproveché la situación y la sujeté a Claudia por el torso tocándole los pechos y apoyándola disimuladamente. Los llevé hasta el dormitorio. Puesto que tenía por encargo arreglar la pérdida de agua en la cocina, mientras que de mi perversa y morbosa presencia en la habitación, no se percataran que los estuviera espiando, sin dudas los dos ya desmayados en la cama matrimonial, no daban signo de vida. Los contemplé y supuse que Claudia se hacia la dormida ¡Pero no! Estaba totalmente borracha e igual que Ricardo. Sin embargo les saqué el calzado a ambos. Luego advertí que Claudia había quedado despatarrada en la cama con las piernas abiertas. Pues los acomodé para que siguiera durmiendo. Pero no pude contenerme. Ya habían pasado más de diez minutos cuando en lugar de ir terminar el trabajo, observé a Ricardo dormitando acurrucado en la punta de la cama. Sin embargo, pues corrí las cortinas y bajé las persianas para que quedara todo en penumbras. Retrocedí con pasos minuciosos hasta la cama. De manera que sin hacer el menor ruido, la volteé a Claudia de costado quedando de espaldas hacía mí. De modo que de a ratos me asomaba para ver si se despertaba Ricardo. Muy de despacio, poco a poco, fui subiéndole el vestido. El hilo de la tanga se perdía por el orto. Aparté hacia un lado el hilo y le metí la mano derecha entre las piernas. No obstante, equilibrando el izquierdo en la alfombra y el otro en la cama. Comencé acariciándole la concha y cuando sentí que estaba todo mojado, introduje mi verga muy despacio. Claudia en ningún momento se dio cuenta de que yo estuviera encima, quizá fuera que estaba desmayada. De hecho seguí metiendo y sacando un largo rato. Mis ademanes fueron bastante lento para no dar alarma de los movimientos en la cama. Metía hasta fondo y dejaba mi verga erecta dentro de la vagina de Claudia. En la posición que estaba, los brazos por debajo de las axilas y mi verga entrando y saliendo sin romper la morbosidad de contemplar a Ricardo durmiendo, me provocó más calentura aun. Seguí con mi verga dentro de la vagina. Pues una vez que sentí que terminaría, empecé a meter y sacar rápido. Eché toda mi leche en culo y pasé mi verga por los tobillos y talones. Limpié todo y antes de irme terminé el trabajo y me fui.
Por la noche, cuando llegué a mi casa, escuché los mensajes del teléfono. El primero fue de mi madre y el segundo de Claudia, por lo que paso relatar textualmente: ‘Hola soy Claudia, te fuiste y no cobraste el trabajo y dejaste un trapo sucio por debajo de cama. Ah… me olvidaba, me dejaste recaliente, espero que, si hay una próxima, no hagas lo mismo, besos’
Realmente nos deja re-calientes el relato. Diablita y Cristal, a las ordenes. junqui_24@hotmail.com
Hola,me encanto tu relato,me re excito al leerlo.. como me gustaria q me lo hicieras a mi. besos...
hola la vdd tu comentario fue de lo mejor me exite mucho al leerlo que rico estubo bye besos
Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí





© RelatosEroticos.com 2010 Relatos Eroticos no tiene vinculación alguna con los links exteriores , y se exime de toda responsabilidad respecto a sus contenidos. Web para uso exclusivo de adultos. Todos los relatos de RelatosEroticos.com son enviados por los navegantes y usuarios de la web.