Agradecimiento a irongaf por todos los relatos que cada persona que lee nos hace subir al cielo pero especialmente por este emocionante relato que ha sido un regalo suyo “algunos regalan flores otros regalan chocolates yo te regalo un relato” GRACIAS
Transcurría una noche calurosa, de esas bañadas por la luna y el ambiente húmedo. Estábamos en una calle, solo tú y yo, conversando mientras caminábamos por la acera, divirtiéndonos, discutiendo sobre lo que haríamos a...
continuación.
Nos habíamos encontrado a la tarde en Buenos Aires, para alegría mía, por un curso a modo de beca que tenías que hacer en Argentina. Nunca llegaste a saber el grito que pegué al enterarme: ¡por fin conocería a una de las chicas más especiales de las que he tratado!
Pero las circunstancias no serían tal cual lo planeado. Por más violencia sexual que rondara mi mente para someterte en un cuarto de hotel, en todo habría un límite, una demarcación. Pero esa frontera iba a ser impuesta por mí, yo era quien debía hacerte gritar de dolor y placer. Sólo yo.
Pero la inseguridad en mi país planificaría algo distinto.
De repente, unos cuantos seres salieron de las sombras mismas, como si fueran demonios. Por lo que llegué a distinguir, eran hombres vestidos de negro, con capuchas para camuflarse en la lobreguez. No pude siquiera moverme, ya que sus acciones fueron muy ligeras y certeras. Enseguida me inmovilizaron las muñecas y cubrieron mis fosas nasales con un pañuelo rociado con líquido somnífero.
Lo último que alcancé a ver fue a tu rostro pálido, asustado, envuelto en una mueca de pavor; y a tu boca, intentando esbozar un grito ahogado, detenido por una tela bañada con la misma sustancia.
Desperté con dolor de cabeza, preguntándome en donde me hallaba.
Al no reconocer la sala, un sudor frío recorrió mi espalda. Te busqué con la vista aún difusa, con neblina en mi percepción, encontrándote luego con esposas y cadenas en el vértice que formaban los rincones de una pared poco iluminada. A diferencia mía, tú no podías ver nada a tu alrededor debido a que te habían tapado los ojos con un antifaz de cuero negro. Al parecer aún te encontrabas inconsciente, ya que de lo contrario estarías gritando a más no poder.
Tanto me fijé en tu estado que olvidé mi persona completamente. Tarde me percaté de que yo también estaba atado y paralizado con sogas, sentado en una silla con mis manos atrás de la espalda, sin poderlas mover.
Comencé a gritar por ayuda, desgañitando mi garganta hasta quedarme afónico.
Al parecer, fue un error haber hecho eso. Porque sólo provocó que se apersonaran los individuos misteriosos.
Los cuatro sujetos estaban ridículamente vestidos con cuero negro y capuchas, lo que no me permitía divisar sus facciones o gestos. Los miré con temor, esperando a que me explicasen algo al menos, a que develen el misterio que porqué nos habían traído hasta allí.
Aunque sólo un ingenuo no lo hubiera adivinado.
Se susurraron al oído unos a otros, echándome un vistazo a mi atuendo y a mi cuerpo.
Pensé lo peor.
Pero todavía faltaba más.
Dirigieron su mirada hacia ti, observando primero tus botas, luego tus piernas, tus senos, hasta llegar a tu boca y tus ojos cubiertos.
CONTINUARA...
Debes ser un usuario registrado para poder comentar y votar
Registrate Aquí





© RelatosEroticos.com 2010 Relatos Eroticos no tiene vinculación alguna con los links exteriores , y se exime de toda responsabilidad respecto a sus contenidos. Web para uso exclusivo de adultos. Todos los relatos de RelatosEroticos.com son enviados por los navegantes y usuarios de la web.