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Evocacion de Laura

Enviado por dieche el 12/7/2009

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Evocacion de Laura Publicado el 12/07/2009, por: dieche

Evocación de Laura.


Estoy acá, desnudo, con mí taparrabo. El brillo de la computadora me hace mal a los ojos. Hace calor. Afuera también hace calor. A pesar de eso, abro la ventana y permito que el aire caliente me de en plena cara. Las mariposas nocturnas entran por doquier.

Entonces aparece el recuerdo de Laura.

Su largo pelo rubio, sus ojos verdes, su figura. Su hermosa figura. Su cuerpo, (por qué no decirlo), o mejor dicho pensarlo.
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En realidad, lo que me gustó de ella de entrada, fue su (para mí), equivocado deseo de valorarme en demasía. Me agradaba sentir que me consideraba el mejor. O al menos interesante. O por lo menos que significaba algo para ella. En fin, que me tenía en cuenta.

Para su cumpleaños, que lo festejamos en el instituto, le escribí una carta. En ella le puse que tal vez los astros no giraban a lo lejos, y que tal vez yo no viví en una isla, desde la cual no la amaba. (Es verdad que no fue muy original lo mío, pero para que no me acusen de plagio, tengo que decir que esas pequeñas frases me las dictó el maestro en persona. No, no estoy loco. Ya les explicaré más adelante).

Ahora que es verano puedo tranquilamente dedicarme a vivir de noche. Sin las obligaciones ya del trabajo y las clases del instituto, puedo permanecer despierto hasta las seis u ocho de la mañana y después dormir hasta las dos de la tarde.

Esto es muy bueno porque en esas horas puedo ver televisión, escuchar música o escribir, mientras el tiempo pasa. Es bueno que el tiempo pase.

Es en esas horas en donde pienso más en Laura. ¿Qué fue lo que pasó con nosotros?¿Qué rara química nos unió, y con qué motivo?.

Porque hay un motivo. Siempre hay un motivo.

Ahora que estoy escribiendo puedo imaginármela caminando hacia mí en puntas de pie, para taparme los ojos con las manos y luego preguntar inocentemente quién es. Le gustaba hacer cosas como esas, y eso me gustaba mucho, ya que yo no solía hacerlo.

En psicología, coincidimos en el mismo grupo. Por lo que creo que el acercamiento vino por ahí. También en práctica quedamos en el mismo grupo, así que lentamente todo se fue dando para que pudiéramos intentar algo más. O al menos ver que pasaba...

Lo que pasó fue lo siguiente: fuimos a un telo. Ya al entrar, nos cruzamos con la directora del instituto que al vernos se puso colorada. Nos saludó secamente y siguió hacia la salida.

Ya solos, nos desnudamos sin poder dejar de mirarnos. Su cuerpo era perfecto, y mí erección fue una especie de prolongación de mí pensamiento.

Bebí de ella. Sí. Como si fuera una fuente.

Ella me cabalgó sin piedad. Amazona renegada en un furioso frenesí descontrolado. Prolongado estallido de los sentidos. Gritos al unísono en la penumbra de una espantosa habitación.

Tuve que reconocerlo. A pesar de la diferencia de edad, ella tenía más experiencia que yo.

Para remediar cierta tristeza que de pronto me había invadido, cuando ella se distrajo, apoyé rápidamente la cara en la almohada y lloré un poquito. Todo sea por el orgullo del macho herido.

Tengo que admitirlo, o en realidad me gustaría contarlo, como si fueran ustedes mis confidentes: en esas horas de vampírico insomnio hablo con escritores muertos. En ocasiones me visitan varios, pero generalmente repiten Pablo Neruda, Charles Bukowski y Jukio Mishima. Como ya dije o escribí antes y reitero ahora una vez más: no estoy loco.

Esa noche tuve una pequeña revancha. Traté de vengar a la mitad de la humanidad, pero la pasión de Laura menguó mis fuerzas al mínimo.

Me dejó flotando en una nube. Pidiendo agua. ¡Pero como nos divertimos!.

Estoy desnudo, con mí taparrabo. Sentado frente al monitor de mí computadora. Pablo ya anda por ahí. Bukowski bebe sentado en el suelo y Jukio sonríe detrás mío. Está vestido con su uniforme militar. De su ejercito de juguete, decían. Yo prefiero decir ejercito personal. De cualquier forma no habla.

Recuerdo que le dije...En un momento le dije:

"Ya no seré tu marido. Ya no tendremos hijos. De otra, seré de otra...".

Pabló me aconseja que le escriba cartas. Es un buen consejo, pero por ahora paso. Bukowski me dice que vaya a buscarla, que la tome del cuello, que le de algunas cachetadas y que luego le haga el amor hasta el amanecer. Sin importar que hora del día sea.

Gentilmente también rechazo su propuesta. La violencia no va conmigo. Ni tampoco con Laura. Tal vez en otra ocasión...

Jukio continua callado. Pero no es extraño en él. Sé que se caso para satisfacer a su madre. No le gustaban las mujeres.

En esta ocasión buscaré una alternativa a lo que me ofrecen mis gratos compañeros de insomnio. Siguiendo los consejos de John Cheever y teniendo en cuenta la evocación de Laura. Sabiendo que el recuerdo de Laura está en el aire, me escribiré una carta a mí mismo. Me haré el amor a mí mismo.

Estoy desnudo, con mí taparrabo. Sentado frente al monitor de mí computadora. Pablo escribe poemas en un rincón.

Bukowski está totalmente borracho, tirado en un rincón.

Jukio Mishima no habla. Sólo me muestra el brillo de su espada.


Autor: Dieche.

26 – 27 – 01 – 03.

E – mail: dieche2003@yahoo.com.ar

http://www.pagina.de/dieche

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Categoría: Poesia Erotica | Comentarios: 0 | Visto: 1854 veces

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