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LA DULCE PERLITA

Enviado por carlitoslopez el 14/5/2010

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LA DULCE PERLITA Publicado el 14/05/2010, por: carlitoslopez

LA DULCE PERLITA
Hola amigos, este es el primer relato que mando a su página; soy arquitecto, actualmente tengo 28 años y radico en una pequeña ciudad de mi país. Lo que a continuación les narraré lo viví hace como dos año con una chica llamada Perla, ella en ese tiempo tenía 18 años de edad.

Por esos días trabajaba yo para una constructora y me mandaron a una ciudad costera que se encuentra como a cinco horas por carretera de donde vivo, para encargarme de la edificación...

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de un hotel; junto conmigo llegaron también como encargados de la obra otros dos arquitectos de nombres Carlos y Alfredo, ellos venían de la ciudad capital de mi país. Hicimos amistad rápidamente, al día siguiente de nuestra llegada buscamos y encontramos un apartamento para ahí vivir los tres, el cual se encontraba a un lado de las oficinas de la constructora.

Mis dos compañeros y yo todos los domingos llegábamos por las noches a esa ciudad para el lunes temprano comenzar a trabajar, y los viernes por la tarde nos regresábamos a nuestras ciudades de origen. Gente de ese lugar nos recomendó un restaurante para ir a comer, nos dijeron que ahí guisaban rico, era un sitio pequeño, la dueña y cocinera de ese restaurante era una señora llamada Rosa, y la ayudaban a servir las mesas tres chicas, una de ellas era su hija de nombre Perla; pronto hicimos amistad con doña Rosa.
Perla era una chica linda y atractiva, media como un metro con setenta centímetro, aunque era de complexión delgada se le notaban unos voluminosos senos, su cintura era estrecha y remataba en unas caderas anchas formadas por unas grandes nalgas, redondas y bien paradas; su pelo era lacio de color negro brillante el cual se lo peinaba hacia atrás, le llegaba a la mitad de su espalda, de piel morena clara; tenía una hermosa carita de niña tierna, de ojos grandes color verde oscuro, rodeados por unas pestañas rizadas, de nariz chatita y de boca pequeña conformada por unos carnosos y gruesos labios de color rojizo.
Sus piernas eran alargadas y bien torneadas, con unas hermosas pantorrillas, casi siempre traía puestos vestidos sexys que dejaban ver las marcadas curvas de su cuerpo; su caminar era lento como si a propósito lo hiciera así para que uno pudiera observar su atractiva figura; su voz era suave y pausada. No cabe duda que esa chica tenía una belleza extraordinaria.
Todas las veces que llegábamos a comer a ese restaurante, doña Rosa mandaba a su hija Perla para que fuera ella la que nos atendiera, nunca iban las otras muchachas que ahí trabajaban. Desde la primera vez que Perla atendió nuestra mesa mis dos compañeros comenzaron a hacerle plática, ella en un principio se notaba muy reservada, apenas contestaba tímidamente las preguntas que le hacían, siempre con una sonrisa nerviosa que se le reflejaba en su rostro, el cual se le ruborizaba con facilidad.
Yo me mantenía al margen, solamente escuchando lo que mis compañeros le decían, hablaba con ella únicamente lo necesario. A pesar de que mis amigos notaban que Perla era seria, siguieron insistiendo en hacerle plática, principalmente Carlos, quien era muy hablantín y extrovertido. Esta chica poco a poco y conforme pasaba el tiempo nos fue tomando confianza, incluso transcurridos algunos días, después de atendernos, se quedaba unos minutos en nuestra mesa para conversar brevemente, aunque en su rostro se le seguía notando timidez.
En algunas ocasiones en que estábamos comiendo en ese restaurante, llegaba un chico más o menos de la misma edad de Perla, siempre la saludaba dándole un beso en la mejilla y platicaban durante algunos momentos tomados de las manos, luego el chico se iba de ahí, yo supuse que él era su novio, mis amigos se lo llegaron a preguntar, aunque ella sólo sonreía sin responder nada al respecto.
Hubo un día en que tomándonos unas copas en el apartamento, Carlos nos confesó a Alfredo y a mí que estaba perdidamente enamorado de Perla y que a pesar de que era casado le iba a pedir que fuera su novia. Al día siguiente luego de terminar de comer en ese restaurante, Carlos se quedó platicando con Perla en la mesa, Alfredo y yo lo estábamos esperando en la salida, pero al ver que se demoraba demasiado nos fuimos a las oficinas de la constructora.
Carlos llegó después de un rato y nos contó que había invitado a salir a Perla por la noche y que ella había aceptado; trabajamos por un rato más, luego Carlos se fue para acudir a su cita. Esa misma noche Alfredo y yo fuimos a cenar al restaurante de la mamá de Perla, después de que terminamos de cenar doña Rosa se fue a sentar a nuestra mesa para conversar un rato, dentro de la plática esa señora nos contó que su hija había salido con Carlos, que ella le había dado permiso porque estaba segura que él era un buen hombre.
Al continuar la plática le pregunté a doña Rosa si el chico que iba a visitar a Perla al restaurante era su novio, ella un tanto nerviosa me respondió: No se que sea ese muchacho de mi hija, pero lo que si se es que no vale la pena ni se merece que Perla se fije en él, es un bueno para nada, a mi me gustaría que ella formalizara algo con un hombre serio y maduro como don Carlos. Yo ya no pregunté más al respecto, seguimos conversando y luego nos fuimos de ahí.
Escuché que Carlos llegó al apartamento como a la una de la madrugada, por la mañana nos platicó a Alfredo y a mí, que su cita con Perla había sido todo un éxito y que esa noche la había concluido teniendo sexo con ella; yo muy en el fondo sentí un poco de envidia, y como no tenerla si esa chica era de las mujeres más hermosas que había visto en mi vida.
Pasados unos días Carlos nos contó que Perla y él ya eran novios formales, incluso en algunas noches salía diciéndonos que tenía cita con ella; aunque a mí se me hacía raro que cuando íbamos a comer al restaurante, nunca se abrazaban, ni se daban un beso o se decían alguna palabra de amor, solamente conversaban como desde antes lo hacían
En una ocasión hubo algo que me causó aún más extrañeza, ya que una tarde estando comiendo mis dos compañeros y yo en ese restaurante, el chico del que antes les hablé, llegó a ver a Perla y como era su costumbre se saludaron dándose un tierno beso en la mejilla y luego platicaron durante un rato tomados de las manos; obviamente Carlos se dio cuenta de esa situación sin que dijera ni una palabra al respecto. Yo realmente no sabía lo que estaba pasando aunque no hice comentario alguno.
Un día entre semana, nos avisaron que para el siguiente sábado por la noche, iba a llegar un material de construcción, necesario para la edificación que estábamos haciendo, material que por cierto era de un costo elevado, así que uno de nosotros se tenía que quedar para verificar que ese material viniera en buen estado, mis dos compañeros y yo lo dejamos a la suerte, siendo yo el que perdí, eso me molestó porque para ese fin de semana tenía algunos compromisos en mi ciudad natal; sin embargo, había perdido y tenía que cumplir.
El viernes llegó y mis dos compañeros por la tarde partieron hacia su ciudad de origen, yo me quedé trabajando en las oficinas de la constructora y por la noche fui a cenar al restaurante de doña Rosa y Perla, ellas al verme llegar se sorprendieron preguntándome porque no me había ido a mi casa, les platiqué lo sucedido al mismo tiempo en que me servían de cenar, cuando terminé se me hizo extraño que Perla se fuera a sentar conmigo a la mesa, ya que como les he dicho, ella y yo poco hablábamos.
Comenzamos a platicar y dentro de esa conversación Perla me preguntó qué lugares me gustaban de su ciudad, le respondí que conocía muy pocos, ya que casi todo el día estábamos trabajando, pero que antes de irme pretendía visitar varios sitios; ella me mencionó: Mmm, si dices que el material que esperas llega mañana en la noche, que te parece si al medio día te llevo a conocer algunos lugares.
Me sorprendió su propuesta, pero sin pensarlo mucho la acepté y quedamos de vernos al siguiente día; su mamá no había escuchado nuestra conversación, me despedí de ellas y me fui de ahí; durante el camino a mi apartamento no podía creer que Perla me hubiera invitado a salir, estaba más que contento, aunque por otro lado me remordía la consciencia el saber que saldría con la novia de mi amigo Carlos, aunque yo sabía que no íbamos a hacer algo malo, pensé en proponerla a Perla que no le dijéramos nada a él.
Habíamos quedado de vernos a las once de la mañana de ese sábado en la esquina de su casa, acudí puntual a la cita, iba en una de las camionetas de la constructora, Perla me estaba esperando en el sitio acordado, se subió a la camioneta y nos fuimos de ahí, me llevó a conocer algunas playas del lugar, durante ese rato platicamos de muchas cosas, me contó una buena parte de su vida; a pesar de su timidez, era tierna y dulce.
En momentos me le quedaba viendo admirando su belleza, ella cuando se daba cuenta que la miraba sonreía nerviosamente y bajaba su vista; ese día llevaba puesto un vestido blanco un tanto suelto, pero a pesar de ello, a través de él se le podían ver sus voluminosos senos y sus preciosas y anchas caderas, no traía medias lo que hacía que sus torneadas y bronceadas piernas de piel lisa y brillante se vieran espectaculares; en una de esas playas entramos a un restaurante para ahí comer, cuando terminamos ya eran como las seis de la tarde. .
Perla al darse cuenta de la hora me dijo que ya se tenía que ir a su casa, porque a su mamá le había dicho que iba a hacer un trabajo escolar y que regresaría a las cuatro de la tarde; pagué la cuenta y nos fuimos de ahí, cuando nos dirigíamos de regreso a su casa ella me dijo: Espero que no me haya visto alguien que conozca a mi novio y se lo diga, a veces no falta un lengua larga, él se fue temprano al rancho de su abuela y llega hasta mañana. Le respondí: Bueno, si se entera, no creo que haya problema puesto que no hicimos nada malo.
Perla me mencionó: Es que él es muy celoso, pero tiene que comprender que de vez en cuando puedo salir con algún amigo o amiga, y en esta ocasión no me arrepiento de haberlo hecho, me la pasé muy bien, eres una persona agradable. Le respondí: Yo también me divertí y lo mismo pienso de ti, espero no causarte problemas.
Le pregunté si su novio era el chico que la iba a ver al restaurante, ella me respondió que sí; en ese momento me quedé pensando en mi amigo Carlos con respecto a lo que él me había contado en relación a que ella era su novia, realmente no entendía lo que estaba pasando; luego de un rato Perla me preguntó: ¿Por qué te quedaste callado? Le respondí: Por nada en especial. Ella me mencionó: Me imagino que te acordaste de tu amigo Carlos y de lo que él les ha dicho de mí, Alfredo me platico ayer que Carlos les dijo que yo soy su novia y otras tonterías más que no sé de donde las sacó.
No le respondí nada, Perla continuó diciéndome: Ese tipo es un cretino, nunca creí que se atreviera a contar esas cosas de mí por dos veces que acepté salir con él, pero el lunes que lo vea me va a escuchar, no es justo que si yo le di cierta confianza y amistad se ponga a decir esas mentiras de mí.
Ella siguió diciéndome: No te niego que al principio que lo conocí me cayó bien, él me pidió que fuera su novia y como por esos días me había peleado con mi novio, pensé seriamente en su propuesta, pero resulta que una noche que fuimos al cine, al salir, me quedé esperando en su coche en lo que él pagaba el estacionamiento, en ese momento su teléfono celular que ahí había dejado comenzó a sonar y como vi que no regresaba se me hizo fácil contestarlo, se trataba de una chica, me dijo que era su esposa y que quería hablar con él.
Perla continuó contándome: Cuando Carlos regresó y le dije quien le había llamado, se puso pálido y no supo que decirme; imagínate, yo estuve a punto de terminar con mi novio quien realmente ha sido el amor de mi vida, por alguien que no vale la pena, fui muy estúpida y todavía encima de ello se pone a decir falsedades sobre mí, Alfredo también me dijo que les contó que había tenido sexo conmigo, siendo que ni siquiera un beso hubo entre nosotros, pero todo eso se lo voy a aclarar delante de ustedes el próximo lunes.
Yo no le respondí nada al respecto, sólo la estuve escuchando, luego me preguntó: ¿Tú sabías que él está casado? Voltee a verla y le sonreí sin contestarle. Ella me mencionó: Se que es tu amigo y no lo vas a delatar, no tuvo porque mentirme, simplemente me lo hubiera dicho y podríamos haber sido los mejores amigos. Para ese momento ya estábamos a una calle de su casa, Perla me dijo: Acá déjame, porque si mi mamá me ve bajándome de una camioneta me va a regañar.
Detuve la camioneta y antes de que ella se bajara le dije: Lastima que te tengas que ir. Perla me contestó: Sí, el tiempo se fue muy rápido, yo no quisiera irme pero…. En ese momento le pregunté: Si quieres podemos ir a tomarnos un café a mi apartamento y platicar un rato más. Dibujándosele en su rostro un gesto de sorpresa me respondió: ¿A tu apartamento? Noo, como se te ocurre. Le mencioné: Bueno, propongo ese lugar considerando lo que me platicaste con respecto a que tu novio es muy celoso, si vamos a algún sitio público eso te puede causar problemas.
Le continué diciendo: Estando en mí apartamento nadie nos vería, ahí podríamos platicar otro rato tranquilamente tomándonos un café. Perla sin bajarse de la camioneta se quedó callada por algunos instantes, luego vio su reloj y me dijo tímidamente: Es que ya son las seis y media de la tarde, mi mamá debe de estar enojada, mmm, quizás podría disponer como máximo de una hora más, peroooo, no me gustaría ir a tu apartamento, me daría vergüenza entrar ahí.
Le dije: ¿Por qué? En primer lugar nadie te va a ver entrar y en segundo lugar no tiene nada de malo que nos vayamos a tomar un café y platiquemos, yo me siento muy bien contigo y me gustaría alargar esto aunque fuera sólo por unos minutos más. Perla sin voltear a verme sonreía nerviosamente, y al cabo de unos instantes me mencionó: Esta bien, pero por favor en una hora me traes de regreso porque si no mi madre me va a matar.
Le dije que sí y nos fuimos de ahí. Les había pedido a las secretarias de la constructora que en cuanto llegara el material que estábamos esperando me telefonearan a mi celular, pero hasta ese momento no lo habían hecho, así que yo les llamé, me informaron que acababan de avisar que ese material llegaría hasta la mañana del día siguiente. Eran ya cerca de las siete de la noche cuando llegamos donde yo vivía, metí la camioneta a la cochera y entramos al apartamento.
Desde el día anterior se habían llevado los sillones de la sala para lavarlos, porque ya estaban muy sucios de las cervezas y copas de vino que en ellos habían derramado en la fiestas que en ocasiones por las noches hacíamos mis dos compañeros y yo en el apartamento, así que en ese momento no había donde nos sentáramos, le dije a Perla que pasara a mi habitación y se sentara en la cama, le expliqué lo que había sucedido con los sillones de la sala.
Noté que ella se puso aún más nerviosa de lo que de por sí ya estaba, se quedó parada en la entrada de la habitación, miraba para un lado y otro sin responderme nada, hasta que me dijo: Mejor vámonos, me siento nerviosa de estar en este lugar: Yo insistí diciéndole: Anda, ya estamos aquí, tomémonos un café y luego te voy a dejar. Perla un poco titubeante entró a la habitación y se sentó en la orilla de la cama, yo llevé una pequeña mesa de centro poniéndola junto a ella y le dije que me esperara un momento en lo que iba a preparar el café a la cocina.
Regresé a la habitación con dos tazas de café, las puse en la mesa de centro y me senté junto a Perla en la cama, encendí la televisión y le comencé a platicar cosas sin mucha importancia, tratando de darle confianza, la hice reír con algunas tonterías que le conté, poco a poco fui notando como se iba tranquilizando, llegó un momento en que dentro de la plática le pregunté: ¿Te agrada que tu novio sea celoso contigo? Ella me respondió: Heee, bueno, no es que me agrade, pero, eso me hace suponer que me quiere, aunque a veces dudo un poco sobre el amor que me tiene.
Le pregunté porque decía eso, Perla me contestó: Mmm, él es cariñoso conmigo, me trata bien y me consiente, me ha soportado muchas tonterías que he hecho, pero recientemente en dos ocasiones hemos estado en situaciones que me han desconcertado y la verdad no se qué pensar al respecto. Le dije: Si quieres puedes platicarme lo que sucedió. Ella sonrió y luego de darle un sorbo a su tasa de café me respondió: No sé si podría contarte esas cosas, quizás en otra ocasión.
Yo también tomé de mi café y luego le mencioné: Bueno, como tú quieras, aunque me vas a dejar con la duda, porque si dices que él se porta bien contigo, no me imagino que es lo que puede hacerte dudar de su cariño. Con una mueca de nerviosismo dibujada en su rostro me respondió: Haay, es que me daría vergüenza platicártelo. Le dije: Esta bien, tranquila, otro día será. Perla apretando notoriamente los músculos de su cara me mencionó: Mmm, bueno, te contaré un poco de lo que ha pasado, sólo un poco porque no te puedo dar detalles.
Siguió diciéndome: Heee, no sé cómo empezar, es decir, no sé cómo contártelo sin sentir vergüenza, pero, bueno, lo intentaré. Al mismo tiempo de mencionarme eso le daba sorbos apresurados a la tasa de su café. Continuó diciéndome: Como te dije hace un momento, ese chico ha sido muy bueno conmigo, en los dos años que tenemos de salir nunca que yo sepa me ha sido infiel, está estudiando y trabajando porque su plan es que nos casemos cuanto antes.
Perla siguió contándome: Me siento muy enamorada de ese chico, los días anteriores que salí con Carlos había roto con él por tonterías y berrinches míos, de lo cual estoy muy arrepentida, aunque sé que entre Carlos y yo no pasó la más mínima cosa, así que se puede decir que nunca le falté al respeto, y, hace poco en que estuve en una fiesta con mis amigas de la escuela, se pusieron a platicar de la primera vez que lo habían hecho con un chico; y, haaay, me da vergüenza, pero bueno, ya te lo estoy contando.
Continuó diciéndome: No pude platicarles a mis amigas nada de mí sobre ese tema porque nunca he tenido sexo; luego de esa platica, estuve pensando cosas locas por varios días. En ese momento Perla se quedó callada, yo le pregunté: ¿En qué cosas locas pensabas? Ella sonriendo nerviosamente me respondió: Pues, pensaba que si algún día tenía que hacerlo, mmm, tendría que ser con mi actual novio, porque él ha sido el amor de mi vida, y, tontamente decidí proponérselo, aunque, no sabía cómo, me daba vergüenza, pero un buen día me armé de valor y se lo dije.
Perla siguió contándome : Mi novio se quedó muy sorprendido de lo que le propuse, al ver su sorpresa ya no supe qué hacer, al poco rato me dijo que tenía que irse, nunca más volví a mencionarle nada al respecto, me sentía muy avergonzada, ni el tampoco me habló de ese tema; luego de unos días de aquel incidente, hubo una fiesta en la casa de una de sus primas, después de un rato de estar ahí no sé cómo sucedió pero el caso es que él y yo terminamos en una de las habitaciones de esa casa.
Continuó su relato: Y, bueno, mmm, resulta que dentro de esa habitación comenzamos a besarnos y a los pocos instantes ya estábamos sobre una cama que ahí había, y, heee, pensé que ya había llegado el momento en que lo haríamos, incluso noté a mi novio convencido de ello, pero, no sé qué pasó, lo único que recuerdo es que no pudo hacerlo y ahí terminó todo. En ese momento Perla guardo silencio, tomando de su café. Yo le pregunté: ¿Cómo que no pudo hacerlo? ¿A qué te refieres con eso?
Ella me respondió nerviosamente: Mmm, simplemente no pudo, todo estaba listo pero no pudo. Me quedé callado por un momento, luego le dije: Es que no entiendo ¿Te dijo que ya no quería? ¿O qué fue lo que sucedió? Perla me contestó: No, no me dijo eso, le mencioné que estaba lista, pero él lo intentó una y otra vez y no pudo. Le pregunté: ¿Te refieres a que no pudo penetrarte? Sonrojada de su cara me contestó: Sí, a eso me refiero, sólo que me daba vergüenza decírtelo.
Inmerso en esa plática le pregunté: ¿Te diste cuenta si su pene estaba erecto? Perla sonrió sorprendida respondiéndome: Nooo ¡Que pregunta! Yo estaba bien nerviosa, no me fijé en eso. Le dije: Quizás pasó algo que lo hizo sentir mal. Ella me contestó: Mmm, no recuerdo que haya pasado algo anormal, heee, sólo me acuerdo que me pidió que me desnudara y no quise hacerlo.
Le pregunté: ¿Por qué no quisiste? Me respondió: Haay, es que me daba vergüenza. Le dije: ¿Y entonces como lo iban a hacer si tenías tu ropa puesta? Me contestó, Bueno, no es que estuviera con toda mi ropa puesta, heee, llevaba un vestido y me había quitado mi ropa interior de abajo; haaay, sin querer ya te conté todo, que vergüenza. Le respondí: No te preocupes, estamos en confianza ¿Esa es la razón por la que tú crees que ese chico no te quiere?
Perla me contestó: Mmm, pues sí, es que pienso que si él no desea que haya algo íntimo entre nosotros, debe estar dudando del amor que me tiene; antes de que ese chico fuera mi novio, una amiga mía fue su novia y ella me platicó que habían hecho el amor varias veces, entonces sí con ella lo hizo porque supongo que en su momento la amaba, porque conmigo duda en hacerlo.
Le mencioné: Es que pueden estar pasando muchas cosas, quizás él si te ama, pero por ese amor que te tiene posiblemente se puso nervioso en el momento en que iba a hacer el amor contigo, a veces a los hombres nos llega a ocurrir que cuando nos presionamos demasiado, no podemos tener una erección, necesitas hablar con él y darle la confianza necesaria para que te platique que es lo que está sucediendo.
Perla me respondió: Pero, es que yo también me pongo nerviosa con facilidad y, no creo poder volver a hablar de ese tema con él. Ambos nos quedamos en silencio por un momento, hasta que ella me mencionó: No entiendo porque te platiqué esto, nunca se lo había contado a alguien. Para ese instante Perla estaba agachada, con su mirada hacia abajo, Le respondí: Es bueno que lo hayas hecho, te vas a sentir mejor. Al mismo tiempo de decirle eso, ahí sentado en la cama junto a ella, la abracé suavemente.
Perla no me reclamo nada, al contrario, al cabo de unos instantes se recostó dócilmente en mi hombro, le acaricié su pelo por un rato diciéndole que si amaba a ese chico hablara con él claramente sobre ese tema; luego, nos quedamos en silencio; pasado un momento muy despacio fui haciendo que enderezara su cabeza, me di cuenta que tenía sus ojos cerrados, lentamente acerqué mi boca a la suya y la besé, Perla entreabrió sus labios recibiendo ese beso que le estaba dando, transcurrido un medio minuto nuestras bocas se separaron.
Ella se quedó con su cabeza agachada y sus manos tomadas entre sí puestas sobre sus muslos por encima de su delgado vestido, no me decía nada, le pregunté si se sentía bien, nerviosamente me respondió: Creo que no debimos de hacer eso, tengo novio. La tomé de su barbilla e hice que levantara su rostro, su mirada la dirigía hacia un lado y otro sin verme a los ojos.
Despacio volví a acercar mis labios a los suyos y nos fundimos en un nuevo beso. Esta vez nuestras bocas se unieron de una manera más apasionada, me tomó de mis hombros y yo la abracé de su espalda; sin dejar de besarla poco a poco la fui haciendo hacia atrás hasta quedar recostados sobre la cama, ella boca arriba y yo encima de su cuerpo, en ese movimiento sus zapatillas negras que ese día traía puestas cayeron al suelo.
Podía yo sentir como sus voluminosos senos cubiertos por su delgado vestido se aplastaban contra mi pecho; sin dejar de besarla la fui moviendo sobre la cama hasta colocarnos los dos en medio de ella, estando encima de su cuerpo Perla me abrazó de mi espalda, mis labios los fui deslizando por su rostro hasta llegar a su cuello comenzándoselo a lamer amorosamente, ella lanzó un quejido y volteó su cara hacia un lado cerrando sus ojitos.
Al ir pasándole mi lengua por su espigado cuello sentí como apretó sus manos sobre mi espalda, gemía quedamente; mi pito estaba completamente erecto por debajo de mi pantalón, seguramente Perla podía sentirlo rozándole su vientre por encima de su vestido, el cual era todo abotonado en la parte de enfrente. Mi boca llegó a su pecho y luego al comienzo de sus enormes senos, ella seguía gimiendo suavemente: Huuum, haaa, haaay. Con una de mis manos le desabroché el primer botón de la parte de arriba de su vestido, Perla entre suspiros me dijo: Nooo, espera, nooo.
Continué lamiéndole su pecho y sin quitármele de encima le fui desabrochando los demás botones de su vestido, Perla continuaba quejándose quedamente por las lamidas que le daba al mismo tiempo que en voz bajita y entrecortada me decía: Haaay, nooo, esperaaa, no hagas eso. En pocos instantes le había desabrochado todos los botones de su vestido dejándoselo completamente abierto.
A pesar de sus reclamos, ella no había hecho nada para impedir lo que yo estaba haciendo; seguí encima de su cuerpo besándola apasionadamente, con su vestido abierto pude ver su sostén, el cual era blanco con delgados encajes en las orillas, de forma rápida bajé una de las copas de su sostén dejando al descubierto uno de sus enormes senos, Perla me dijo: Nooo, yaaa, esperaaa. Quiso enderezarse, pero de inmediato coloqué mi boca en su pezón y comencé a chupárselo.
Ella al sentir eso dejó caerse nuevamente de espaldas sobre la cama, escuche que de su boca salían gemidos más intensos: Haaa, haaay, haaa. Con sus manos me apretaba mi espalda; al mismo tiempo de estarle lamiendo su pezón le bajé la otra copa de su sostén, quedando sus dos senos al descubierto. Perla entre suspiros y gemidos seguía diciéndome que no lo hiciera, aunque sus palabras apenas se entendían.
Sus tetas eran enormes y de piel suave, sus pezones de color oscuro estaban formados por unas aureolas extendidas, con unas puntas grandes, las cuales en ese momento estaban completamente erectas; encima de su cuerpo le succionaba un pezón y luego el otro, mientras que con mis manos le acariciaba toda la demás carne de esos monumentales senos, llegó el momento en que ya no me decía nada, sólo se escuchaban sus gemidos.
Me fui deslizando hacia abajo sobre su cuerpo hasta comenzarle a lamer su lindo y sumido abdomen, Perla daba ligeros saltitos y leves gemiditos echando su cabeza hacia atrás en cada toque de mi lengua en su pancita, me tenía agarrado de mi cabeza.
Pude verle sus pantaletas, las cuales eran blancas con pequeños dibujitos color rosa tenue; seguí haciéndome hacia abajo sobre su cuerpo hasta colocar mi cara en sus piernas, le comencé a lamer la parte interna de sus muslos, podía observar como Perla enterraba sus uñas en el cobertor de la cama, al mismo tiempo en que me decía en voz bajita y temblorosa: Haaay, nooo, para, no hagas esooo.
Con mis manos delicadamente le fui abriendo sus exuberantes piernas, mi lengua llegó a sus ingles. Perla entre leves gemidos continuaba diciéndome que no lo hiciera, aunque no hacía nada para detenerme, ni intentaba irse de ahí.
Mantuvo sus piernitas abiertas, mientras que yo con mi cabeza metida en medio de ellas seguía chupándole su entrepierna; luego, hice hacia un lado la tela de su calzón a la altura de su vagina y le pasé mi lengua sobre su sexo, ella se enderezó de inmediato quedando sentada en la cama empujando mi cabeza con sus manos diciéndome: Noo, espera, noooo.
Me mantuve con mi boca puesta en su vagina, al mismo tiempo que con una de mis manos la empujaba levente de su pecho para que se volviera a recostar diciéndole: Déjame besarte un poquito, sólo un poquito. Perla me respondió: Nooo, no quiero. Al ver su negativa me enderecé, quedando hincado a un lado de ella, Perla sentada en medio de la cama de forma inmediata se subió las copas de su sostén cubriéndose sus tetas, se acomodó su calzón cubriéndose su vagina y luego, puso sus manos en su vestido para comenzárselo a abrochar.
Al darme cuenta de eso le tomé sus manos diciéndole: No te lo abroches mi amor. Perla con su cabeza agachada me respondió: Me da vergüenza estar así. Le mencioné: No tienes porque sentir vergüenza, estamos en confianza, además, te vez hermosa, eres lo más precioso que he visto en mi vida. Ella se quedó agachada sin decirme nada, le solté sus manos y ya no hizo ningún intento por abrocharse su vestido.
Permaneció sentada en medio de la cama, yo hincado junto a ella le pregunté: ¿Quieres que también me desnude? Perla no me respondió, sin decirle más rápidamente me quité los zapatos lanzándolos al piso, me saqué mí playera y poniéndome de pie sobre la cama me bajé los pantalones junto con mí bóxer, saltando de inmediato mí pito el cual continuaba totalmente erecto.
Ella de inmediato me dijo: Nooo, no hagas eso. Se volteó y se recostó de lado sobre la cama dándome la espalda, sin mirar lo que yo estaba haciendo; completamente desnudo, me acosté a un lado de ella, la jalé delicadamente hasta quedar ambos colocados de lado sobre la cama, con mi pecho pegado a su espalda y mi pito rozándole sus enormes nalgas cubiertas por su delgado vestido, ella quedamente me decía: Haay, espera ¿Qué haces? Aunque reclamaba nunca hasta ese momento había intentado irse de ahí; comencé a besarle su nuca y su cuello.
Casi de inmediato sus reclamos terminaron y fui escuchando como de su boca salían algunos leves gemidos, mi lengua y mis labios recorrían incesantemente toda su nuca, sus orejas y lo que podía de su hermoso y largo cuello, mi pito ya no podía estar más erecto, comencé a moverme despacio atrás de ella para que Perla pudiera percibir el roce de mi verga en su trasero.
Sin parar de besarla la fui moviendo hasta ponerle boca arriba subiéndome encima de su cuerpo, fundí mis labios en los suyos, ella los recibió cerrando sus lindos ojos, con su vestido abierto mi pito le rozaba sus pantaletas, mis labios descendieron a su cuello lamiéndoselo desesperadamente, Perla me abrazó sintiendo en mi desnuda espalda el roce de sus uñas.
Ella continuaba gimiendo; con mis manos de forma brusca le bajé de nueva cuenta las copas de sus sostén dejando al descubierto sus colosales tetas, Perla dijo quedamente: Haaay nooo. Sin dejar que reclamara más comencé a lamerle por todos lados esos exuberantes senos, ella enterró sus uñas en mi espalda y continuó lanzando gemidos de placer, yo hacía movimientos lentos sobre su cuerpo para que mi pito frotara su vagina cubierta por su calzón.
De nueva cuenta como la vez anterior fui descendiendo sobre su cuerpo lamiéndole su sumido abdomen hasta llegar con mi boca al inicio de sus muslos, poco a poco fui haciendo que abriera sus gruesas piernas metiendo mi cara en medio de ellas; en esta ocasión, sin mucho preámbulo y de forma rápida hice hacia un lado la tela de su calzón en la parte de su vagina, escuché que dentro de sus gemidos Perla lanzó un grito diciéndome: ¡Que haces? Noooo.
Sin embargo, esta vez, no intentó enderezarse, observé solamente que con sus puños puestos a los lados de su cuerpo apretó el cobertor de la cama; en la parte de arriba de su sexo había una tupida mata de vellitos negros, cortos, gruesos y rizados, alrededor de sus labios vaginales solo tenía unas pelusitas muy delgadas, las cuales estaban totalmente húmedas.
Toda su conchita se encontraba mojada de sus propios jugos, con mi lengua comencé a recorrerla, succionando los líquidos que en ella había, en mi boca se impregnó el sabor de su sexo, noté como Perla sin pedírselo abrió un poco más sus piernas, sus gemidos se hicieron muy intensos, ya no me decía nada; sus ojos los tenía cerrados y continuaba apretando con sus puños el cobertor de la cama.
Mi lengua recorría de arriba a abajo su mojada rajita, puse mis manos a los lados de esa hermosa concha y delicadamente se la abrí un poco para tener un mayor acceso a ella, en su parte interna sus labios vaginales eran de un color rojizo intenso.
Escuché en ese instante que dentro de sus gemidos me decía con palabras que apenas se entendían: Haaa, haaay, yaaa, me da vergüenza, yaaaa. A pesar de sus reclamos continuaba recostada de espaldas sin que hiciera ningún intento por irse de ahí; localicé su enrojecido clítoris y comencé a pasar mi lengua sobre él al mismo tiempo que con uno de mis dedos le recorría toda su demás panocha.
Perla continuaba gimiendo intensamente, incluso se atragantaba con su propia saliva, seguí lamiéndole su clítoris, observé que ella comenzó a mover su cabeza de un lado a otro, sus puños los apretó más fuerte en el cobertor de la cama, en momentos alzaba un poco su trasero como si tratara de presionar su vagina contra mi boca, yo metí mis manos por debajo de sus grandes nalgas.
Mi lengua recorría todo su sexo y en momentos arremetía yo chupándole y lamiéndole su clítoris; con mis manos metidas por debajo de sus voluminosas nalgas jalaba su calzón hacia un lado para que no me estorbara, sus gemidos se fueron convirtiendo en gritos y dentro de ellos me decía con palabras entrecortadas: Haaaay, ¿Qué me haceees? ¿Qué me haceees? Haaaaa.
Llegó un momento en que asentó sus nalgas en la cama y subió sus piernas sobre mis hombros entrecruzándolas apretándome con ellas mi cuello, yo continuaba con mis manos metidas por debajo de sus glúteos y mi cara puesta en medio de sus muslos, sin parar de lamerle por todos lados su rica vagina, hasta que Perla dio un grito largo y ahogado: Haaauuugg. Arqueó su cuerpo y apretó más fuerte sus piernas alrededor de mi cuello, al mismo tiempo que estiró sus manos hacia los lados arañando el cobertor de la cama.
Así arqueada como estaba se sacudió por algunos segundos apretando todos los músculos de su cuerpo, de su garganta salían sonidos extraños, como si se estuviera asfixiando, luego volvió a dejar caer sus nalgas y espalda sobre la cama quedando completamente suelta, dejó de apretarme mi cuello con sus piernas bajándolas de mis hombros dejándolas abiertas y estiradas sobre el colchón, se quedó en silencio e inmóvil, con su cara volteada hacia un lado y sus ojos cerrados.
Al observar eso, le di tres o cuatro besitos más a su concha y en seguida me enderecé, quedando hincado en la cama junto a ella; se veía hermosa, su vestido seguía desabotonado en la parte de enfrente, sus gruesas y largas piernas continuaban abiertas y estiradas sobre la cama, su calzón en la parte de su sexo se había quedado echo hacia un lado, pudiéndosele observar su velluda y húmeda vagina, sus senos seguían descubiertos con las copas de sus sostén bajadas.
No hacía ningún movimiento para cubrir esas hermosas partes de su cuerpo, seguía inerte con sus ojitos cerrados; me incliné para darle algunos besitos en su abdomen; luego, lentamente me subí sobre ella acariciándole su cara con mi rostro pegado al suyo; al estar encima de su cuerpo mi pito le rozaba su vagina ya que su calzón seguía echo hacia a un lado; Perla entreabrió sus ojos y me miró, en ese momento le pregunté: ¿Te gustó como te besé?
Ella me respondió tímidamente con voz apenas audible: Sí, perooo…. En ese momento volvió a cerrar sus ojos e hizo su cara hacia un lado; le pregunté: ¿Qué pasa? Sin abrir sus ojitos me contestó: Nada, ya llévame a mi casa. Sin bajarme de su cuerpo le dije: ¿No quieres hacer el amor conmigo? Perla se quedó en silencio por unos instantes y luego me mencionó de manera pausada: Tú sabes que tengo novio.
Le seguí acariciando su rostro, mi erecta verga continuaba colocada exactamente en la entrada de su vagina, sabía yo que sólo era cuestión de empujar un poco para comenzarla a penetrar, pero la vi insegura, así que no quise presionarla más y me bajé de su cuerpo recostándome a un lado de ella, ambos quedamos sobre la cama boca arriba; pensé que se levantaría pero no fue así, ahí permaneció, no se cubrió sus senos ni se corrió su calzón para taparse su vagina, estaba inmóvil.
Una de sus manos la puso en su cara tapándose los ojos, sin decirle nada le tomé su otra mano y despacio se la fui llevando hacia mi erecto pito, cuando sintió el roce de mi pene jaló su mano poniéndola dura, le dije: Tócalo, no te va a pasar nada. Perla me respondió: Pero….. ¿Para qué? Yo insistí pidiéndole que lo tentara y de nueva cuenta le jalé su mano, ella ya no opuso resistencia, se la coloqué sobre mi miembro y le dije que cerrara su puño en él; hizo le que le solicité, suavemente cerró su puño alrededor de mi pija.
Le mencioné: Mueve tu mano mi amor. Ella sin responderme comenzó a hacer un lento sube y baja de su puño sobre mi verga; continuábamos recostados boca arriba y ella seguía tapándose sus ojos con su otra mano; en esas lentas caricias que me estaba dando el prepucio de mi pene se bajó por completo dejando al descubierto la palpitante y rojiza cabeza de mi pito.
Una de mis manos la coloqué en su abdomen y luego la fui haciendo descender hasta llegar a su vagina, su calzón en esa parte continuaba recorrido hacia un lado, comencé a acariciarle su sexo, Perla no me reclamó, su conchita continuaba totalmente mojada.
Sin que dejáramos de acariciarnos le pregunté: ¿En verdad no quieres que lo hagamos? Perla con vececita suave me respondió pausadamente: No… Tengo novio y…..Aparte me da miedo. Le dije: ¿Miedo porque? Ella me contestó: Es que…Nunca he tenido sexo. Le mencioné: Yo no quiero tener sexo, quiero hacerte el amor. Perla se quedó callada, no quitaba la mano de sus ojos, ni su otra mano de mi pito, pasados unos instantes me respondió: No, no es el momento, mejor ya llévame a mi casa.
Al mencionarme eso soltó mi verga y se enderezó hincándose en la cama dándome la espalda, su otra mano la quitó de sus ojos, yo permanecí recostado boca arriba, observé como Perla de reojo miró mi erecto pene por unos instantes, al mismo tiempo en que se subía las copas de su sostén para cubrirse sus senos y se acomodaba sus pantaletas tapándose su vagina.
Antes de que se abrochara su vestido me enderece quedando sentado junto a ella diciéndole: Espera, mira como me dejas. Al mencionarle eso le señalé mi erecto pito. Ella lo volvió a observar, se le dibujo una mueca de nerviosismo en su rostro, al mismo tiempo en que me decía: Pero, es que, que quieres que haga. Le respondí: Me encantaría hacer el amor contigo, pero tampoco deseo forzarte, aunque ¿Podrías por lo menos acariciarme un poco más?
Ya no se abotonó su vestido, cerró sus ojos poniendo ambas manos en su cara respondiéndome con voz queda y temblorosa: Estoy demasiado nerviosa. Me puse de pie en la cama, Perla quedó hincada frente a mí cuerpo, mi erecto pito estaba a la altura de su rostro, en ese momento le mencioné: Relájate, te prometo que yo llego hasta donde tú quieras, así que no tienes porque sentirte nerviosa. Al decirle eso la tomé de sus brazos retirándole las manos de su cara, ella no se rehusó y dócilmente me permitió hacerlo.
Sus ojos los tenía cerrados, le dije: Abre tus ojos, quiero que mires mi pene, quiero que observes como está por ti. Perla fue abriendo sus ojos y se le quedó viendo fijamente, le mencioné: Lo ves, no pasa nada si lo miras, tampoco va a pasar nada si lo tocas, anda, hazlo. Levantó su vista mirándome a la cara tímidamente diciéndome con voz nerviosa: No puedo, me da vergüenza. Luego se agachó.
Le dije: Vamos, mi amor, ya hace un momento lo tocaste. Perla hincada frente a mí con su cabeza agachada, sin ya decirme nada, lentamente y de manera temblorosa fue dirigiendo una de sus manos hacia mi pito, suavemente lo tomó cerrando de manera delicada su puño en él, en instantes de reojo lo miraba aunque la mayor parte del tiempo su vista la tenía dirigida hacia abajo, comenzó a masturbarme despacio.
Parado en la cama frente a ella con una de mis manos empecé a sobarle sus senos cubiertos por su sostén, Perla no me reclamó, seguía masturbándome lentamente; bajé de nueva cuenta las copas de su sostén para dejar al descubierto sus senos, ella hincada frente a mí, volteó a verme a la cara y con una miradita de cierta suplica me dijo quedamente: Nooo, ya nooo. Sin embargo, ahí permaneció sobándome el pito, volvió a inclinar su cara mirando hacia abajo; con sus tetas al descubierto le acariciaba sus pezones y le daba apretones a sus erectas puntas de carne suave.
Sentí como apretó más su puño en mi pija sin que parara ni un instante de masturbarme; le dije: Mi amor, quiero que mi pene toque tus labios. Al escuchar eso soltó mi miembro sin responderme nada, ahí se quedó hincada frente a mí con sus ojos cerrados, tomé mi erecto pito con una de mis manos y de manera lenta y suave comencé a frotárselo en su pelo, Perla no me reclamó; luego, poco a poco fui dirigiéndolo hasta tocar con la punta uno de sus pómulos.
Al percibir eso ella apretó los parpados de sus ojos, aunque en ningún momento intentó retirarse de ahí, ni movió su rostro para otro lado; los líquidos lubricantes que salían de mi miembro iban humedeciendo la linda y suave piel de su hermosa cara, mi pija se fue deslizando hasta llegar a sus gruesos y carnosos labios de color rojizo, Perla apretó sus labios uno contra otro, le dije: Ábrelos mi amor, ábrelos un poco. De momento no hizo caso y siguió manteniendo su boca cerrada por completo.
La cabeza inflamada de mi pito le recorrió de un lado a otro en varias ocasiones sus sensuales labios; a pesar de que en su cara mantenía un gesto de cierta repulsión, me di cuenta que poco a poco fue abriendo su boquita hasta que la punta de mi pija la pudo penetrar, comencé a hacer movimientos lentos para que mi verga entrara y saliera en ese orificio, ella puso las palmas de sus manos sobre mis muslos.
Cada vez más porción de mi pene entraba y salía dentro de su boca la cual a su vez la iba abriendo gradualmente, sus ojos los mantenía cerrados con sus parpados apretados y con las palmas de sus manos puestas en mis muslos, comencé a escuchar como pujaba cuando mi pito penetraba su boca, los músculos de su cara se notaban tensos, la tenía yo tomada de su cabeza.
Llegó el momento en que su boca ya la había abierto por completo, pero a pesar de ello mi pene ingresaba forzadamente debido a que su boquita no era muy grande, provocando con ello que yo sintiera un roce intenso; sus pujidos se fueron convirtiendo en gemidos y el mete y saca se fue haciendo más rápido, mi excitación era tanta que comencé a sentir ganas de eyacular, así que detuve mis movimientos y saqué mi pija de su boca.
Al hacerlo entre sus labios y mi pito se estiraron algunos hilos gruesos de líquido seminal, Perla abrió sus ojos y levantó su cara mirándome a mi rostro tímidamente, le acaricié su pelo diciéndole que ella era lo más hermoso que había visto en mi vida, sonrió y bajó su mirada, controlé mis ganas de eyacular y le dije: Quiero sentir tu lengua por todo mi pene.
No me respondió nada, temerosamente sacó apenas la puntita de su lengua comenzando a recorrer con ella muy despacio todo el tronco de mi pito, sus ojos los tenía entrecerrados; le fui empujando suavemente su cabeza hasta hacer que colocara su boca en mis testículos diciéndole: Chúpalos mi amor. Parado frente a Perla mis huevos estaban colgando, sentí como su lengua llegó a ellos comenzándolos a lamer delicadamente.
Jalé una de sus manos poniéndosela en mi verga diciéndole que la moviera en ella, Perla accedió a lo que le pedí. Así que al mismo tiempo de estarme lamiendo mis testículos masturbaba lentamente mi miembro, no sacaba más que la punta de su lengua, pero con eso era suficiente para hacerme sentir en mis huevos una sensación delirante; luego retiró su boca de ahí y soltó mi pito.
Le dije: Bésame otro poco mi amor. Hincada frente a mí, con su mirada hacia abajo, se acomodó su pelo con movimientos nerviosos; enseguida, tomó de nueva cuenta mi miembro con una de sus manos y comenzó a lamerle la punta suavemente, su lengüita iba recorriendo despacio toda la rojiza e inflamada cabeza de mi pito; luego, fue introduciéndoselo en su boca y una vez que había succionado una parte de él comenzó a mamarlo lentamente, yo sentía que moría de placer, sus gestos que en un principio hacia ya habían desaparecido.
No podía creer que por sí sola hubiera empezado a mamármelo, lo hizo de forma lenta por un rato, pero llegó el momento en que fue tomando más velocidad, continuaba agarrando mi pito con una de sus manos en la base del mismo, mientras que más de la mitad de él entraba y salía de su boquita, se escuchaban los chasquidos que sus labios hacían al irse deslizando para atrás y para adelante, empezó a gemir con mi pito adentro de su boca, ya no paró ni un instante, el mete y saca fue constante, con su otra mano se detenía de uno de mis muslos.
Hubo un momento en que le dije: Mi amor, que rico siento. Perla con mi verga dentro de su boca abrió sus parpados y subió su vista para observar mi rostro con sus enormes ojos color aceituna, me miró por unos cuantos segundos y luego claramente vi como los echó en blanco volviéndolos a cerrar, yo la tenía agarrada de su cabeza.
Era todo un espectáculo estar ahí parado frente a ella y bajar mi vista para ver como la mitad de mi verga entraba y salía de su reducida boquita y mirar sus senos al descubierto meneándose con los movimientos que Perla hacía; el roce de sus carnosos labios era muy intenso, la ganas de eyacular aparecieron de nueva cuenta en mi, sabía que esta vez no podría detenerlas, estaba demasiado excitado, así que le dije: Haay mi amor, voy a terminaaar.
Al mencionarle eso ella subió su vista para mirarme, advertí su intención de sacarse mi pito, así que le dije: Sigue, mi amor, sigue, no lo saques. Noté su desconcierto y nerviosismo, detuvo sus movimientos aunque no retiró mi verga de su boquita, agarrado de sus orejas yo me continué moviendo, comencé a sentir como chorros de semen salían de mi miembro depositándoselos dentro de su boca.
Perla apretó los parpados de sus ojos, recibiendo sumisamente todos los disparos de esperma que de mi verga salían, terminé por completo dentro de ella, fue una sensación fenomenal que nunca en mi vida se me va a olvidar, detuve mis movimientos y me quedé parado, Perla estaba hincada frente a mí apretando aún los parpados de sus ojos, con la mitad de mi pito adentro de su boca.
Poco a poco fue deslizando sus labios hacia atrás sobre mi miembro hasta sacárselo por completo, me di cuenta que todavía mi semen estaba dentro de su boca porque sus labios los tenía apretados como no sabiendo que hacer, le dije: Pásatelo, no sucede nada si lo haces. Hincada frente a mi me miró reflejándosele en su rostro una mueca de nerviosismo, observé como poniéndose una mano en su garganta en tres tragos se pasó todo el semen.
Le acaricié su pelo, Perla no me mencionaba nada, me hinqué junto a ella y la besé en la boca; dándole ese beso la fui haciendo para atrás en la cama hasta quedar recostados, ella boca arriba y yo encima de su cuerpo. Deslicé mis labios a su cuello y enseguida a sus enormes tetas dándome un banquete con ellas.
Le comencé a bajar sus calzones, al mismo tiempo que mi lengua llegaba a su abdomen, Perla quedamente me decía: Nooo, no me los bajes. A pesar de ese reclamo no hizo nada para detenerme, sus calzoncitos quedaron a la altura de sus tobillos, le empecé a besar su rica conchita, chupándosela por todos lados, ella gemía con sus ojos cerrados y me acariciaba mi cabeza sin ya decirme nada.
Continué descendiendo sobre su cuerpo, lamiéndole a mi antojo sus carnosos muslos, enseguida, recorrí el camino de regreso hasta llegar de nueva cuenta a sus labios, Perla recibió mi boca con mucha pasión, la sentí totalmente entregada, nuestras lenguas hacían contacto de manera frenética.
Encima de su cuerpo mi pito otra vez estaba erecto y se frotaba en su vagina, sentí como Perla iba abriendo sus exuberantes piernas colocándose en posición para que la pudiera penetrar; balbuceando con mis labios pegados a los suyos le pregunté: ¿Quieres que lo hagamos? Ella con palabras entrecortadas por el beso que nos dábamos quedamente me respondió: Siií, métemelo poquito.
Sin separar nuestros labios, bajé una de mis manos y coloqué mi verga en la entrada de su cuevita, al mismo tiempo en que le decía que elevara y abriera más sus piernas, ella lo hizo colocando sus talones por encima de mis nalgas, mi pito comenzó a entrar en su mojada conchita; a pesar de la humedad que ahí había se sentía un orificio muy estrecho, Perla separó sus labios de los míos y echó su cabeza hacia atrás lanzando un quejido lastimero diciéndome: Huuuuy, me dueleeee.
La cabeza de mi pene le había entrado, pero se topó con algo que no dejaba que la penetrara más, empujé con fuerza mi cintura rompiendo ese obstáculo, sentí como toda mi verga le entró en su vagina, Perla dio un fuerte grito: Haaaay, noooo. Con sus manos apretó mi espalda y enterró sus uñas ahí, le comencé a besar su cuello al mismo tiempo en que le decía: Ya mi amor, ya pasó. Por unos momentos no me moví, tratando de que su orificio vaginal se acostumbrara a tener mi miembro adentro.
En esos instantes le decía palabras de amor y le hacía saber lo hermosa que era, Perla apretaba sus talones en mis nalgas, con sus manos me tallaba mi espalda y en momentos las colocaba hacia los lados jalando con sus puños el cobertor de la cama, sus ojos los tenía cerrados con sus parpados apretados y en su cara había un marcado gesto de dolor, le pregunté si le seguía doliendo ella me respondió: Siií, siií, me duele, me duele mucho. Le acaricié su carita y le dije que se relajara, que eso ayudaría.
Encima de su cuerpo comencé a moverme despacio, todo mi pito lo tenía adentro, una corta parte de él empezó a entrar y salir de su apretada vagina, Perla en cuento sintió ese movimiento me decía: Noo, noo, para, para por favor. Sus uñas las volvió a enterrar en mi espalda; continué moviéndome al mismo tiempo que le besaba su cuello, sus colosales senos estaban oprimidos contra mi pecho.
Metí mis manos por debajo de ella y le desabroché su sostén el cual le quedó suelto ahí en su pecho, liberando ahora si por completo sus tetas; en su estrecho orificio vaginal sus excesivos fluidos estaban sirviendo de mucho para que mi pito resbalara; continué moviéndome despacio, Perla seguía quejándose y diciéndome: Haay, haaay, mejor yaaa, yaaa. De sus ojitos le escurrían algunas lágrimas, sentía yo un intenso roce de su vagina en mi pene.
Comencé a lamerle sus senos, al mismo tiempo que con mis manos le acariciaba sus costados y sus enormes nalgas; cada vez me fui moviendo con más confianza encima de ella, podía yo percibir como su conchita se iba ensanchando, después de un rato sus uñas paulatinamente las dejó de enterrar en mi espalda, hasta mantenerse solamente abrazada de mí, sus quejidos de dolor poco a poco fueron disminuyendo.
Busqué su boca y la besé, nuestros cuerpos estaban completamente unidos, para ese momento mi verga casi en su totalidad entraba y salía de su caliente vagina, mis movimientos ya eran a una regular velocidad, cuando mi pito llegaba hasta adentro de su cuevita Perla pujaba, sus ojos los mantenía cerrados, aunque sus parpados ya no los tenía tan apretados, el gesto de dolor que minutos antes se le reflejaba en su rostro casi desaparecía.
Continué moviéndome, cada vez con más fuerza, separé mi boca de la suya para observar su hermosa cara, ella la hizo hacia un lado y en ese mete y saca comenzó a gemir: Huuy, haaa, haaa. Me enderecé quedando hincado en medio de sus lindas piernas las cuales se las tomé a la altura de sus tobillos una con cada mano abriéndoselas por completo, seguí moviéndome, metiendo y sacando mi verga en su rica concha, Perla con su carita hacia un lado continuaba gimiendo.
Los impactos de mis movimientos hacían que sus grandes senos se tambalearan hacía atrás y hacía adelante en un erótico vaivén, aparte de sus gemidos comenzó a jadear abriendo su boca, jalando y sacando aire precipitadamente; seguí empujándole mi verga de esa manera, cada vez más rápido, Perla empezó a mover su cabeza para un lado y otro jadeando y gimiendo, con sus puños apretaba el cobertor de la cama, bajé mi vista para observar, mi pito estaba manchado de sangre, lo mismo que los lados internos de sus muslos.
Llegó el momento en que boca arriba como ella estaba comenzó a arquear su cuerpo y a retorcerse sobre la cama, en su abdomen se le notaban espasmos, volteó su cara hacia un lado mordiendo el cojín en el que su cabeza estaba recargada, ahogando ahí sus gritos.
Arremetí con fuerza, Perla después de gritar, convulsionarse y retorcerse se fue quedando quieta y callada, cerró sus ojos; detuve mis movimientos soltándole sus piernas las cuales cayeron hacia los lados totalmente abiertas con las plantas de sus pies asentadas en la cama; dejándole mi verga adentro de su conchita me incliné hacia ella besándole amorosamente sus labios.
Perla no reaccionó, parecía como desmayada, sin bajarme de su cuerpo mi pito continuaba dentro de su cuevita, yo seguía muy excitado; la dejé descansar por unos instantes hasta que metí mis manos por debajo de su espalda y jalándola conmigo me di vuelta en la cama para colocarme boca arriba quedando Perla encima de mí.
Me dijo: Huuuy ¿Qué haces? Estaba arriba de mi cuerpo con sus piernas estiradas sobre las mías, mi pito lo seguía teniendo dentro, le expliqué como se debía acomodar para que quedara sentada sobre mí, se fue moviendo lentamente diciéndome: Haay ¿Por qué así? Tengo mucha vergüenza. En su cara volví a notar nerviosismo.
Cuando quedó arrodillada en la cama con sus enormes nalgas puestas sobre mis muslos y todo mi pito adentro de su conchita me preguntó con voz temblorosa: ¿Así está bien? Le respondí: Sí mi amor. Cerró sus ojos y se quedó inmóvil deteniéndose de mi pecho con las palmas de sus manos; continuaba con su vestido puesto, completamente abierto de la parte de enfrente, su sostén desabrochado de atrás lo tenía colgando en su pecho.
Recostado boca arriba como estaba le dije que se inclinara más hacia mí, ella lo hizo, recargando las palmas de sus manos a los lados de mi cabeza, le jalé su vestido hacia arriba y me agarré de sus nalgas, se sentían enormes y duras, su piel era muy suave; comencé a moverme debajo de ella haciendo que mi pito entrara y saliera en su apretada vagina, al mismo tiempo en que le lamía sus tetas por donde podía succionándole en instantes sus ricos pezones.
Perla comenzó a gemir; cada vez me fui moviendo más rápido, dejé de besarle sus senos y la abracé de su espalda, ella se recargó totalmente en mí, sus duras y enormes tetas se oprimieron contra mi pecho, se escuchaba el golpeteo de mis muslos en sus colosales nalgas en cada mete y saca de mi pito, junto con sus gemidos aparecieron otra vez sus jadeos, su carita estaba puesta a un lado de mi cabeza.
Nuestros cuerpos se encontraban empapados en sudor, le acariciaba su espalda y su trasero al mismo tiempo en que le besaba su cuello, todo esto sin dejarme de mover abajo de ella, sus gimoteos se fueron haciendo más intensos: Haaa, haa, huuuy, haaaauu. En ese momento le pregunté: ¿Te gusta? ¿Te gusta así mi amor? Ella jadeando, con palabras entrecortadas me respondió: Haaay siií, siií.
Durante varios minutos no dejé de moverme ni un instante, Perla tampoco paró de jadear y gemir; no podía creer que esa hembra tan hermosa estuviera ahí encima de mí cuerpo con mi verga metida en su conchita. Llegó el momento en que detuve mis movimientos y le dije: Enderézate amor, quiero ver que tú sola te muevas. Perla aún jadeando, sin responderme nada hizo lo que le pedí, se enderezó lentamente quedando sentada de forma recta sobre mí pito, sus ojos los tenía entreabiertos y con una mueca de cierto desconcierto me preguntó con voz nerviosa: Pero…. ¿Qué debo hacer?
Le mencioné: Primero quítate tú vestido, quiero verte toda desnuda. Ella me respondió suplicantemente bajando su mirada: Noo, eso no. Insistí diciéndole: Anda mi amor, por favor, yo estoy completamente desnudo, quiero que tú también así estés. Sin contestarme ya nada así sentada sobre mi verga como estaba, con movimientos lentos se desprendió de su vestido dejándolo en la cama, me enderecé un poco y le quité su sostén el cual le colgaba en su pecho.
Perla en cuanto se sintió sin ninguna prende de vestir, colocó sus manos sobre sus senos para tapárselos; recostado de espaldas como yo estaba le dije: Quita las manos de ahí, déjame observarte toda, eres muy hermosa. Ella sonrió nerviosamente, hizo su cabeza un poco hacia atrás y dirigió su mirada hacia el techo retirando lentamente las manos de sus tetas diciéndome con voz que apenas se escuchaba: Haay, no sé porque hago esto. En seguida le mencioné: Anda chiquita, muévete tú sola.
Perla me respondió pausada y nerviosamente: Pero….Es que no sé cómo hacerlo. Le dije: Sube y baja tú cintura para que mi pene entre y salga en tu cosita. Ella sonrió ligeramente con su vista hacia el techo, con lentos movimientos comenzó a hacer lo que le pedí, sus brazos los tenía estirados y tensos a los lados de su cuerpo, notándosele lo nerviosa que estaba, sus nalgas las elevaba un poquito y luego las asentaba en mis muslos, mi pito empezó a entrar y salir de nueva cuenta en su conchita.
Su cabeza la seguía teniendo un poco echada hacía atrás, cerró los parpados de sus ojos; le puse mis manos en sus exuberantes tetas, acariciándoselas; Perla poco a poco se fue moviendo con más soltura, comenzó a quejarse levemente, no elevaba mucho sus nalgas, por lo que una corta parte de mi pito era la que le estaba entrando y saliendo en su cuevita.
Cada vez que dejaba caer sus nalgas sobre mis muslos apretaba sus parpados y lanzaba un gemidito, ya no paró de moverse, por el contrario lo fue haciendo más y más rápido, sus gimoteos también aumentaron en intensidad: Haaa, huuu, haaay, haaay. Se fue inclinando hacia atrás, incluso llegó el momento en que con sus manos se detenía de mis muslos.
Subida sobre mí y así inclinada hacia atrás como Perla estaba me permitía ver como mi pene le entraba y salía de su velluda vagina, eso me excitó al máximo; al estarse deteniendo con sus manos de mis muslos sentía como me enterraba sus uñas ahí. En ese momento le pregunté: ¿Te gusta estar sentada en mi pito mi amor? Perla entre jadeos y suspiros me decía: Siií, haay, siií.
Ya no se le notaba vergüenza, se estaba moviendo casi como una experta, así echada hacía atrás sus enormes nalgas las frotaba en mis muslos haciendo entrar y salir a mi pija en su concha de una manera muy rica, sus parpados en instantes los entreabría, pero sólo se le veía lo blanco de sus ojos, sus senos se movían para un lado y otro.
Llegó el momento en que dentro de sus gemidos y jadeos me dijo: Huuuy, haaay, estoy sientiendooo, otra vez estoy sientiendooo, haaay. Al mencionarme eso movió su cintura más intensamente, apretó los parpados de sus ojos, notándosele varias sacudidas en su cuerpo; luego, poco a poco se fue quedándose quieta y en silencio, escuchándose sólo su respiración agitada, se hizo hacia un lado y se dejó caer sobre la cama saliéndose mi verga de su vagina.
Me enderecé quedando sentado en la cama, Perla se había colocado de lado dándome la espalda, la observé por unos momentos, completamente desnuda se veía hermosa, sus nalgas eran impresionantes, enormes, anchas y de piel reluciente; yo continuaba muy excitado, así que me recosté de lado atrás de ella pegando mi pecho a su espalda y tomando mi verga con una de mis manos se la puse en su trasero buscando el orificio de su vagina.
Cuando sintió eso me dijo con voz adormilada: Espera ¿Qué haces? Le respondí: Alza un poco tu pierna. Me preguntó: ¿Para qué? Haaaay. Me estaba diciendo eso cuando mi verga la volvió a penetrar, me agarré de sus hombros y comencé a moverme atrás de ella, Perla me decía: Huuuy, haaau, despacio, haaay, despacio. Con mi boca le lamía su nuca y su cuello, todo esto sin dejar de mover mi cintura haciendo que mi pito le entrara y saliera de su caliente conchita.
De lado como estábamos mis movimientos se hicieron más rápidos, una de mis manos se la pasé por debajo de su costado para acariciarle sus senos, mientras que mi otra mano se la coloqué en su vagina comenzándole a sobar su clítoris sin que parara de lamerle su cuello y su espalda, Perla gemía, al mismo tiempo en que me decía; Haaa, ¿Qué me haces? ¿Qué me haces? Haaay.
Arremetí con más fuerza en su vagina, la cama rechinaba y tronaba como si se quisiera romper, Perla gritaba y me decía: Haa, haaay, haaay, me duelee, me duelee. En ese momento le pregunté: ¿Quieres que paré? Ella me respondió: Nooo, noo, sigue, sigue, haaa, haaau.
Fue un instante de mucha excitación para mí, me imaginé en ese momento todo lo que hubiera dado Carlos o Alfredo por poseer de la manera como yo lo estaba haciendo a esa hermosa chica. Recostados de lado como estábamos, continué embistiendo por atrás la vagina de Perla con fuertes movimientos de mi verga, ella gemía y gritaba, mi abdomen chocaba contra sus enormes y redondas nalgas.
Mi dedo nunca dejó de sobarle su clítoris, sus piernas siempre las mantuvo juntas lo que hacía que el roce de mi pito en su concha fuera muy intenso, al cabo de un rato me di cuenta que otra vez comenzaba a sacudirse.
Jaló un cojín y lo mordió ahogando ahí sus gritos, en ese instante detuve por completo mis movimientos y sólo continué sobándole su clítoris, ella así de lado como estaba ahí junto a mí siguió moviendo sus nalgas por si sola estrellándolas contra mi vientre y muslos haciendo que mi miembro continuara entrando y saliendo de su vagina, al mismo tiempo que temblaba y se retorcía, mordiendo ese cojín, gritando palabras que no se entendían.
Luego de que se sacudió por varios segundos, fue deteniendo sus movimientos hasta quedarse otra vez quieta, soltó el cojín que estaba mordiendo y entre jadeos me dijo quedamente: Haay, haa, no sé porque grito. Pasados unos instantes, sin sacarle mi verga, delicadamente la empuje sobre la cama poniéndola boca abajo y yo encima de su cuerpo; luego, poco a poco la fui jalando de su cintura hasta colocarla en cuatro patas quedando hincado detrás de ella con mi pito dentro de su vagina.
Su cuerpo parecía como de trapo, en ese momento me decía: Haay ¿Por qué así? A pesar de su ligero reclamo quedó en esa posición, sostenida en el colchón con sus rodillas y las palmas de sus manos, la tomé de su ancho trasero y comencé a moverme muy despacio detrás de ella, hacía que mi pito saliera casi por completo de su cosita y luego de golpe se lo metía hasta el fondo, en cada empujón ella gritaba y me decía: Haaay, haaaauu, nooo, despaciooo, despaciooo. Al mismo tiempo le acariciaba sus enormes nalgas y su hermosa espalda.
Comencé a moverme más rápido, era todo un espectáculo verle su grandioso trasero de carne dura y firme pero a la vez suave como la de un bebé; jaló un cojín y de él se abrazó empinándose aún más de lo que de por sí ya estaba, sus nalgas se ensancharon por completo, agarrado de ellas continué empujándole mi verga, en ese momento le decía: Te vez hermosa mi amor. Ella gimiendo con voz entrecortada me respondió: Haay, haa, me da vergüenza haaay, que me veas así, haaauu.
Todo mi pito le entraba y salía velozmente, mis testículos revotaban en su vagina y se escuchaba el golpeteo de mi abdomen en sus colosales nalgas, la agarré de sus hombros para darle con más fuerza, Perla gemía y gritaba diciéndome: Haay, haaay, se siente muy grande, haaa, haauu. Sin parar de moverme le preguntaba: ¿Y te gusta? ¿Te gusta así? Ella me decía: Haay, me dueleee, me duele, pero, siií, siií me gusta, haaay.
Ya no podía moverme más rápido de cómo lo estaba haciendo, Perla soltó el cojín y estiró sus brazos y manos hacia el frente, enterrando su cara en el colchón, arañaba con furia el cobertor de la cama sin parar de gritar y jadear; a pesar de tanta lubricación que había en su sexo su vagina se seguía sintiendo demasiado estrecha.
En instantes se enderezaba deteniéndose sobre él colchón con las palmas de sus manos y luego dejaba caer su pecho, colocando sus manos hacia el frente, sin que parara de gritar; yo continuaba moviéndome rápidamente atrás de ella, le jalaba un poco su pelo para que levantara su cara, quería yo que ese momento nunca se acabara, era hermoso tenerla así.
Por los impactos de mis embestidas la fui empujando hasta dejarla totalmente tirada boca abajo en la cama, con sus piernas extendidas y entreabiertas y su carita pegada al colchón, yo quedé encima de su cuerpo con mi verga metida en su vagina; tomándola de sus hombros continué moviéndome vigorosamente, en esa posición podía sentir en mi abdomen lo abultado de su trasero, Perla continuaba gritando, yo ya no sabía si era de dolor o de placer.
Las ganas de eyacular aparecieron en mí, le dije: Mi amooor, voy a terminar. Ella con su carita enterrada en el colchón no me respondió. Sacudiéndome encima de su cuerpo comencé a lanzar chorros de caliente semen dentro de su apretada vagina, Perla se quedó inmóvil recibiendo esa lechita, sólo gemía y jadeaba.
Terminé por completo dentro de ella; me encontraba totalmente extasiado, Perla permaneció inmóvil, recostada boca abajo y yo encima de su cuerpo, sólo se escuchaban nuestras agitadas respiraciones, estábamos empapados en sudor, sentía como mi pito aún latía dentro de su vagina, no nos decíamos nada; lentamente me fui haciendo hacia un lado hasta bajarme de su cuerpo, quedé boca arriba a un lado de ella, Perla permaneció tirada boca abajo sin moverse, con su cara volteada hacia el lado contrario de donde yo me encontraba y con sus piernas entreabiertas.
Poco a poco mi respiración se normalizó, me levanté y fui al baño, cuando regresé me di cuenta que continuaba recostada boca abajo tal y como la había dejado, el sólo verla ahí desnuda era grandioso, tenía un cuerpo que podía excitar hasta un muerto, sus enormes nalgas seguían siendo lo que más me impresionaba, y saber que en ese momento las tenía a mi disposición; me subí a la cama y me hinqué junto a ella.
Le pregunté si dormía, me respondió con voz suave y ronca: No, estoy cansada. Le puse una mano en sus glúteos acariciándoselos y luego con uno de mis dedos le fui recorriendo la división de ese monumental trasero, mí dedo llegó hasta su vagina, le estaba escurriendo semen, se lo introduje comenzándoselo a meter y sacar lentamente, ella no me reclamó, sus piernas continuaban entreabiertas, podía yo verle su orificio anal, era de una tonalidad más oscura que su demás piel.
Pasado un momento le saqué mi dedo de su vagina el cual había quedado mojado por todos los fluidos que ahí tenía y se le empecé a frotar su ano, Perla, recostada boca abajo enderezó su cabeza volteándome a ver diciéndome con carita de asustada: Haay, espera ¿Qué haces? Le respondí: Tranquila, tenme confianza, déjame acariciarte. La piel de su culito se sentía muy suave, toda la humedad que había en mi dedo se le quedó embarrada en ese hoyito, comencé a meterle la puntita, en cuanto ella sintió cerró sus piernas y se hizo hacia un lado diciéndome: noooo, eso no.
Al moverse la punta de mi dedo se salió de su ano, en ese momento le dije: Relájate, déjame tocarte ahí un momento, te aseguro que no te va a desagradar, si te incomoda me dices y lo dejo de hacer, anda, por favor. Ella había quedado recostada de lado volteándome a ver, en su cara se le reflejaba cierto miedo, me respondió: Es que eso me va a doler. Le dije: Te prometo ser cuidadoso.
Perla se sentó en la cama, con movimientos titubeantes tomó su calzón, su vista la tenía hacia abajo, pensé que comenzaría a ponérselo, pero no fue así, se quedó con esa prenda de vestir en una de sus manos, yo insistí y le dije: Tenme confianza, te aseguro que no te vas a arrepentir.
Manteniendo su vista hacia abajo me respondió con voz temblorosa: Pero…Es que….No sé exactamente qué quieres hacer. Le respondí: Sólo relájate, anda, recuéstate boca abajo como estabas: Notoriamente nerviosa, sin ya decirme nada, lentamente se fue volteando en la cama hasta colocarse como le había pedido, quedó con su carita pegada al colchón volteada hacia el lado contrario de donde yo estaba.
Sin que se diera cuenta, hincado junto a ella, saqué un tarro de vaselina que había en el cajón del buro que se encontraba a un lado de la cama, me apliqué una buena cantidad en uno de mis dedos, le pedí que abriera un poco más sus piernas, Perla recostada boca abajo las entreabrió diciéndome quedamente: Me da vergüenza. El hoyito de su ano quedó a mi vista, delicadamente comencé a untarle en ese orificio la vaselina que tenía en mi dedo, sin moverse con voz temblorosa me dijo: Haaay ¿Qué me estas echando?
Le respondí: Sólo es un poco de crema. Tartamudeando me preguntó: Pero ¿Para qué? Le contesté: Ya quedamos que vas a confiar en mí. De momento se quedó en silencio, en una mano seguía teniendo su calzón apretándolo con su puño; mí dedo continuo suavemente deslizándose en la periferia de su ano, dejándole ahí toda la vaselina; luego, muy despacio comencé a metérselo, Perla presionó su cara contra al colchón al mismo tiempo en que me decía: Huuuy, me va a doleeer.
Le seguí pidiendo que se tranquilizara, pronto, más de la mitad de mi dedo estaba dentro de su culito, lo iba yo moviendo despacio, ella continuaba con su carita enterrada en el colchón lanzando quejidos temblorosos: Llegó el momento en que todo mi dedo ya se lo había metido, le pregunté: ¿Te duele? Perla me respondió: Aaauu, siento raro, haaaay.
Sin dejarle de mover lentamente mi dedo dentro de su ano me apliqué vaselina en toda mi verga; luego, metiendo mi mano por debajo de su abdomen delicadamente la fui levantando pidiéndole que se colocara en la posición de perrito, ella con voz nerviosa me decía: Haay espera, es qué no tengo fuerzas. A pesar de su reclamo quedó colocada en cuatro patas y yo hincado atrás de ella.
Retiré mi dedo de su culo, tomé mi verga con una de mis manos y se la comencé a frotar en ese orificio, Perla volteándome a ver, con voz temblorosa me preguntó: Haaay ¿Qué vas a hacer? Le respondí: Tranquila, voy a penetrarte un poquito. Ella con tono de suplica me dijo: Nooo, tengo miedo, me va a doler. Le respondí: Te prometo que no será así.
Mi verga se la Seguí frotando en su ano hasta que lentamente se la comencé a empujar, Perla se quejó dolorosamente: Huuuuy, haaaay, haaaau. Por la vaselina que había en su culo y en mi pito éste poco a poco fue resbalando dentro de ese orificio, pero a pesar de ello se sentía muy estrecho. Ella continuó quejándose al mismo tiempo en que me decía: Me dueleee, haaay, no la metas toda, por favor no toda, haaay, haaauuu.
Para ese instante más de la mitad de mi pija le había entrado; continué empujando, Perla seguía quejándose, soltó sus calzones y con sus puños apretó el cobertor de la cama; cuando todo mi pito ya estaba dentro, comencé a moverme despacio, ella gritó aún más fuerte: Haaay, haaaau, haaaay, yaaaa, yaaaa.
Agarrado de sus nalgas fui tomando velocidad, el roce en mi pene era más intenso que cuando se lo había metido por su vagina, Perla se inclinó en la cama enterrando su cara en el colchón, estirando sus manos hacia el frente, gritando sin parar, su enorme trasero se veía impresionante, yo sentía que mi verga iba a reventar por la estreches de ese orificio; sin embargo, continué moviéndome cada vez más rápido.
Llego el punto en que mi pene en su totalidad entraba y salía de su culito, ella gritaba moviendo su cabeza hacia un lado y otro: Haaay, haaaa, yaaa papito yaaaaa. Su pelo se le sacudía para todos lados; hincado atrás de ella como yo estaba, coloqué una de mis manos por debajo de su vientre y sin parar de embestirla por su ano le comencé a frotar su clítoris; luego, la jalé hacía mí haciendo que su espalda quedara pegada a mi pecho.
De esa forma se la seguí metiendo, al mismo tiempo en que le besaba su cuello, le frotaba su clítoris y con mi otra mano le masajeaba sus abultados senos, en ese momento le pregunté: ¿Te gusta? ¿Te gusta así mi amor? Perla seguía gritando desesperadamente, al mismo tiempo me decía: Haaay, siiií, pero yaaa, yaaaa papito yaaaa. Yo sentía que moría de placer, en cada embestida que le daba mi verga se le iba hasta adentro de su culo y mis testículos chocaban contra sus frondosas nalgas.
Así le di por un rato hasta que no pude soportar más y comencé a eyacular dentro de su ano; fue una de las sensaciones más ricas de mi vida, ella siguió gritando hasta el último momento; luego que terminé por completo, dejé de moverme, retirándole mi mano de su clítoris y mi otra mano de sus tetas, en cuanto la solté Perla se dejó caer hacia el frente, quedando tirada boca abajo sobre la cama, con sus piernas abiertas jadeando y cesando.
Yo también caí rendido a un lado de ella, estaba boca arriba, mi pito me ardía por tanto mete y saca, aún se escuchaban nuestras agitadas respiraciones; transcurridos unos instantes Perla se volteó hacia mí abrazándome, recargó su cabeza en uno de mis hombros y una de sus piernas la subió en las mías, no nos dijimos nada.
Sin sentirlo me quedé profundamente dormido junto con ella, hasta que el timbre de la puerta me despertó, al levantarme de la cama observé que ya había amanecido, eran las seis treinta de la mañana, fui a abrir la puerta, era una secretaria de la constructora, me dijo que desde hacía rato me estaban marcando a mi teléfono celular y que no lo contestaba, que el material de construcción tenía una hora que ya había llegado y que me necesitaban para que lo verificara.
Le mencioné que en un momento iba, me regresé a mi habitación para acabarme de vestir, Perla ya se había levantado, se notaba muy nerviosa y asustada por la hora que era, se comenzó a poner su ropa rápidamente diciéndome que su mamá debía estar muy preocupada, le pedí que me esperara un momento y que luego la iría a dejar, ella me respondió que no, que mejor se iba en un taxi.
Por lo que supe ese día tuvo muchos problemas con su mamá y con su novio, porque él había llegado desde la tarde anterior del rancho de su abuela y al ir a buscarla a su casa le dijeron que no había llegado, por lo que durante toda la noche junto con su mamá la anduvieron tratando de localizar.
Estuve todavía como un mes en esa ciudad, tiempo en el cual, nos vimos como seis o siete veces a escondidas, en todas esas ocasiones terminábamos yendo a un motel para hacer el amor; le mencioné que estaba enamorado de ella y que quería formalizar algo serio, Perla me decía que también me amaba, pero me pidió que le diera tiempo para terminar con su novio, me decía que él era una persona muy sensible, pero que poco a poco lo haría entender que ya no quería nada con él.
Esa situación no me gustaba; sin embargo, la esperé y en la última ocasión que nos vimos, al salir del motel en el que habíamos estado, me percaté que un coche nos seguía, se lo hice saber a Perla, al ella voltear a ver se dio cuenta que se trataba de su novio, se inclinó en el asiento para esconderse diciéndome que acelerara y lo perdiera, yo lo intenté, pero como no conocía bien la ciudad, me metí en una calle sin salida, no tuve más remedio que frenar la camioneta donde íbamos.
El coche que nos seguía se detuvo atrás de nosotros, Perla aparrada en el asiento se puso a llorar; esperando una inminente agresión de su novio me bajé de la camioneta, él también se bajó del coche y caminó hacia mí; sin embargo se pasó de largo sin decirme nada y se subió a la camioneta con Perla en el asiento donde yo venía, ellos comenzaron a hablar, fue una situación incómoda para mí, no sabía qué hacer, caminé hacia una banqueta y ahí me senté.
Perla y ese chico conversaron unos quince minutos; luego, ambos se bajaron de la camioneta, ella iba con la cara agachada sollozando, no volteó a verme ni me mencionó palabra alguna, se subió al coche junto con ese chico y se fueron de ahí; a los dos días de aquel incidente ya me tenía que ir, puesto que había concluido mi trabajo y me estaban esperando en otra ciudad para una nueva obra.
Durante esos dos días que aún estuve ahí, Perla no me habló ni me mandó mensajes a mi teléfono, yo tampoco lo hice, al día siguiente de que me había ido, me mandó varios mensajes diciéndome que me andaba buscando pero que le habían informado que ya no estaba ahí, que quería platicar conmigo para explicarme las cosas, que me amaba y no quería perderme, yo no le contesté, incluso me marcó varias veces al teléfono pero no atendí sus llamadas.
La verdad estaba molesto por la forma en que me había dejado abandonado en ese lugar sin decirme nada, a los pocos días cambié mi número por uno de la nueva ciudad en donde estaba, fue pasando el tiempo y ya no supe nada de ella, al final, en mí quedó un bello recuerdo de los días en que pude amarla y hacerla mía.
Si tienes algún comentario que hacer mi correo es:
lobomarron1980@hotmail.com

P.D. Ya estoy registrado en su página por lo que les pido dejen a mi relato mi respectivo correo electrónico, mi nombre de usuario es carlitoslopez.

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elquimico05

Largo relato pero muy entretenido. Lastima que esa chica no valoro lo que tenia al final. Muy bueno la verdad, de los mejores que he leido.

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tentation_coelho67

en serio me gusto muchisimo.. no se me izo para nada aburrido.. te felicito.. muy exitante e interesante..

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Miguelon

Magnifico relato, FELICITACIONES

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